¿Por qué escogimos en Cuba el socialismo como sistema?

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¡Glorioso mil veces fue aquel día en que aquí se proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Fidel, Fidel, Fidel!”) Hoy tal vez habría sido demasiado tarde. La victoria del Primero de Enero de 1959 ofreció la excepcional oportunidad de hacerlo.

Sin el socialismo no habríamos podido reducir a cero el nivel de analfabetismo.

Sin el socialismo no tendríamos escuelas y maestros para todos los niños sin excepción alguna, hasta en los más apartados rincones del país, ni escuelas especiales para todos los que las requieren, ni el ciento por ciento de escolarización en la primaria, ni el 98,8% en la secundaria; ni escuelas vocacionales de ciencias exactas, ni preuniversitarios, ni Camilitos, EIDES y pre EIDES, ni de técnicos y profesores de educación física y deportes, ni escuelas de oficios, ni institutos tecnológicos y politécnicos de enseñanza profesional, ni facultades para la educación obrero-campesina, ni escuelas de idiomas, ni de arte, en todas las provincias del país.

Sin el socialismo Cuba no tendría hoy 700 000 graduados universitarios, 15 institutos superiores pedagógicos, 22 facultades de medicina; un total de 51 centros de enseñanza superior, más 12 filiales y facultades independientes, con 137 000 estudiantes universitarios.

Sin el socialismo no tendríamos 67 500 médicos, más de 250 000 profesores y maestros; 34 000 profesores de educación física y deportes, el mayor número per cápita de las tres categorías entre todos los países del mundo.

Sin el socialismo no sería el deporte un derecho del pueblo, ni Cuba ganaría más medallas de oro per cápita en los Juegos Olímpicos que cualquier otro país.

Sin el socialismo no hubiéramos podido alcanzar el alto nivel de cultura política que poseemos hoy.

Sin el socialismo no contaríamos con 30 133 médicos de la familia; 436 policlínicos; 275 hospitales clínico-quirúrgicos, pediátricos, maternos y de especialidades y 13 institutos especializados de medicina.

Sin el socialismo no habría en nuestra patria 133 centros de investigaciones científicas y decenas de miles de investigadores científicos, masters y doctores en ciencias.

Sin el socialismo 1 012 000 jubilados, 325 500 pensionados y 120 000 ciudadanos que reciben asistencia social, no estarían recibiendo, sin excepción alguna, los beneficios de la seguridad social, ni ésta abarcaría a la totalidad de los ciudadanos que, cuando la necesitan, pueden acudir a ella.

Sin el socialismo 163 000 campesinos no serían dueños de sus tierras, que explotan como parcelas individuales propias o en forma de Cooperativas de Producción Agropecuaria, ni 252 000 trabajadores agrícolas serían dueños de las instalaciones, los equipos y las cosechas en Unidades Básicas de Producción Cooperativa.

Sin el socialismo el 85% de los núcleos familiares no serían ya dueños de sus viviendas, no se habría electrificado el 95% del país, ni el agua potable alcanzaría al 95,3% de la población; ni habrían sido construidos 48 540 kilómetros de carreteras, ni existirían 1 005 presas y embalses, que retienen casi todas las aguas que pueden ser embalsadas para uso agrícola, industrial y doméstico.

Sin el socialismo la mortalidad infantil no estaría por debajo de 8 por cada 1 000 nacidos vivos; nuestros niños no estarían protegidos por vacunas contra 13 enfermedades, ni las expectativas de vida al nacer de nuestros ciudadanos serían de 76 años; no tendríamos un índice de SIDA de 0,03%, que contrasta con el 0,6% de Estados Unidos y otros países desarrollados y ricos, ni se hubiera contado con más de 575 000 donaciones voluntarias de sangre en el año 2000.

Sin el socialismo no podríamos prometer, como lo estamos haciendo ya, trabajo decoroso para el ciento por ciento de los jóvenes, con la única condición de que estén preparados, ni estarían desarrollándose los programas mediante los cuales todos tendrán la oportunidad de estarlo.

Sin el socialismo los trabajadores manuales e intelectuales, productores de los bienes materiales y espirituales indispensables para la vida de nuestra especie, no habrían ocupado jamás el papel de vanguardia que con justicia les corresponde en la sociedad humana.

Sin el socialismo las mujeres cubanas, ayer discriminadas y relegadas a trabajos humillantes, no constituirían hoy el 65% de la fuerza técnica del país, ni disfrutarían del principio de igual salario para igual trabajo, que no se aplica en la casi totalidad de los países capitalistas desarrollados.

Sin el socialismo no existirían las organizaciones de masas: de obreros y trabajadores, de campesinos, de mujeres, de vecinos organizados en Comités de Defensa de la Revolución, de pioneros, de estudiantes del nivel medio superior, universitarios, y de Combatientes de la Revolución Cubana, que comprenden la gran masa de nuestro pueblo y desempeñan un papel decisivo en el proceso revolucionario y en la participación verdaderamente democrática de todos los ciudadanos en la dirección y los destinos del país.

Sin el socialismo no habría sido posible una sociedad sin mendigos abandonados en las calles, sin niños descalzos o pidiendo limosnas, o ausentes de las escuelas, trabajando para vivir, o siendo objeto de explotación sexual, o utilizados como instrumentos para la comisión de delitos, o integrando pandillas, tal como ocurre en otras partes del mundo, incluidos los Estados Unidos.

Sin el socialismo Cuba no ocuparía hoy un lugar destacado en su lucha creciente, tenaz y sostenida por la preservación del medio ambiente.

Sin el socialismo el patrimonio cultural estaría indefenso, sometido a saqueo o destrucción; las partes históricas de las ciudades más antiguas de Cuba habrían sido sustituidas por edificios ajenos totalmente al entorno arquitectónico. La parte más antigua de nuestra capital, que hoy los visitantes admiran cada vez más por el esmero con que se restaura y conserva, no existiría. La grosera edificación construida detrás del Palacio de los Capitanes Generales, donde una centenaria instalación universitaria fue destruida para edificar en su lugar un helipuerto, es la mejor prueba de lo que estoy afirmando.

Sin el socialismo no habríamos sido capaces de resistir la aplastante influencia extraña que se impone progresivamente a muchos pueblos del mundo, ni seríamos testigos del pujante movimiento cultural y artístico que se está desarrollando hoy en nuestra patria: el Instituto Superior de Arte, prestigiosa institución creada por la Revolución, se restaura y amplía; se imparten valiosos conocimientos en 43 Escuelas de Arte Vocacionales y Profesionales en todo el país, que se incrementarán en un futuro próximo; 4 000 jóvenes acaban de ingresar en el primer curso de 15 escuelas de instructores de arte (Exclamaciones), con capacidad para más de 15 000 alumnos, creadas el pasado año, donde se graduarán, además, como bachilleres en humanidades. Un número igual de 4 000 jóvenes ingresará cada nuevo curso.

Tenemos ya 306 Casas de Cultura funcionando; 292 museos; 368 bibliotecas públicas abiertas a la población y 181 galerías de arte.

Sin el socialismo no habría hoy Universidad para Todos, cuyos primeros programas se inician con un impactante efecto y como una gran promesa en la búsqueda de una cultura general integral que convertirá a los cubanos en el pueblo más culto del mundo.

Trescientos Joven Club de computación ya están funcionando y 20 000 computadoras se están distribuyendo ya en las escuelas secundarias y de nivel medio superior. Los conocimientos de computación se masificarán y serán impartidos desde el preescolar hasta el último curso de nivel universitario.

Larga e interminable sería la lista de comparaciones y contrastes, pero hay algunas que no puedo dejar de mencionar por su valor patriótico, internacionalista y humano:

Sin socialismo Cuba no habría podido resistir 42 años la hostilidad, el bloqueo y la guerra económica del imperialismo, mucho menos un período especial de 10 años no concluido todavía; no habría podido revalorizar su moneda, de 150 pesos por un dólar en 1994, a sólo 20 por un dólar en 1999, logro no alcanzado por país alguno; ni hubiese sido posible, en medio de increíbles dificultades, iniciar un crecimiento económico modesto, pero sostenido y sólido.

Sin el socialismo Cuba no sería hoy el único país del mundo que no necesita del comercio con Estados Unidos para sobrevivir, e incluso avanzar, tanto en el terreno económico como en el terreno social. En este último campo, es en la actualidad imposible que ni siquiera los países más ricos e industrializados puedan emular con Cuba.

Somos uno de los pocos países del mundo que no pertenece ni quiere pertenecer al Fondo Monetario Internacional, convertido en celoso guardián de los intereses del imperio. Nada de lo que he referido habría sido posible atados de pies y manos a esa tenebrosa institución de Bretton Woods, que arruina políticamente a los que tienen que acudir a ella, desestabiliza y destruye gobiernos, y de la que no pueden escapar los que están atados al doble yugo del FMI y del neoliberalismo, ambos expresión del injusto e irracional orden económico impuesto al mundo.

Sin el socialismo cada ciudadano no tendría el mismo derecho a recibir gratuitamente cualquier servicio de educación y salud, cueste lo que cueste, y sin que para ello jamás alguien le pregunte cuáles son sus ideas religiosas o políticas.

Sin el socialismo no tendríamos un país sin drogas, prostíbulos, casinos de juego, delincuencia organizada, desaparecidos, Escuadrones de la Muerte, linchamientos ni ejecuciones extrajudiciales.

Sin el socialismo las familias cubanas no podrían ver crecer a sus hijos sanos, instruidos, preparados, sin temor a que alguien los induzca a la droga, o al vicio, o puedan morir en sus escuelas a manos de sus propios compañeros.

Sin el socialismo Cuba no sería, como lo es hoy, la más sólida barrera en el hemisferio contra el tráfico de drogas, en beneficio incluso de la sociedad norteamericana.

Sin el socialismo Cuba no sería un país en el que durante 42 años no se ha conocido la represión, ni la brutalidad policial, tan común en Europa y otras partes donde carros antimotines, hombres con extrañas escafandras que parecen llegados de otro planeta, con escudos, bastones y balas de goma, gas lacrimógeno, gas pimienta u otros medios, arremeten contra la población.

A los occidentales les cuesta trabajo comprender por qué en Cuba no ocurre nada parecido. No tienen siquiera la menor idea de lo que es capaz de aportarle a la sociedad humana la unidad, la conciencia política, la solidaridad, el desinterés y el desprendimiento, el patriotismo, los valores morales y los compromisos que emanan de la educación, la cultura y toda la justicia que aporta una verdadera Revolución.

Sin el socialismo cientos de miles de cubanos no habrían cumplido misiones internacionalistas, ni nuestra patria habría podido aportar un solo grano de arena en la lucha contra el colonialismo en Africa, ni sus hijos habrían derramado una sola gota de su sangre combatiendo contra las fuerzas al parecer invencibles del oprobioso sistema del apartheid, el racismo y el fascismo.

Ni uno solo de los que entonces comerciaban e invertían y hoy poseen grandes riquezas en Sudáfrica y otros países de ese continente —donde Cuba no buscó, ni posee ni desea una sola pulgada de tierra— aportó la más mínima cuota de sacrificio. Ni siquiera la enorme distancia que nos separa de Africa fue obstáculo insalvable para el espíritu solidario de la pequeña isla bloqueada y hostigada.

Sin el socialismo más de 40 000 trabajadores de la salud no habrían prestado su noble colaboración internacionalista en más de 90 países, ni se estarían llevando a cabo hoy planes integrales de salud en 16 países de América Latina, el Caribe y África gracias al inmenso capital humano creado por la Revolución.

Sin el socialismo no habrían sido graduados en universidades cubanas 15 600 estudiantes procedentes del Tercer Mundo, ni en la actualidad estarían cursando estudios superiores en Cuba 11 000 estudiantes procedentes de esos países.

Sin el socialismo no existiría hoy la prestigiosa Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, donde estudian en la actualidad jóvenes de 24 países y 63 etnias indígenas, ni estarían ingresando en ella más de dos mil nuevos estudiantes cada año.

Sin el socialismo no se habría inaugurado ni existiría tampoco la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física, con capacidad de 1 500 alumnos, donde hoy cursan el primer año 588 jóvenes de 50 países.

Sin el socialismo no habrían sido atendidos en Cuba 19 000 niños y adultos de las tres Repúblicas afectadas en el accidente nuclear de Chernobil, ocurrido en 1986, la mayoría de ellos atendidos en pleno período especial, y 53 personas dañadas por el accidente radiológico del Estado de Goiás en Brasil.

Lo que hemos compartido con otros pueblos no nos ha impedido que uno solo de nuestros compatriotas haya tenido la posibilidad de formar parte de los millones de técnicos de nivel medio y profesionales universitarios con que cuenta hoy Cuba. Ello demuestra que con poco se puede hacer mucho y que con mucho menos recursos que los que hoy gasta el mundo en publicidad comercial, armas, drogas y gastos excesivamente suntuarios, se podría hacer todo.

Sin el socialismo Cuba, aunque sin pretenderlo, no se habría convertido en ejemplo para muchas personas en el mundo y en el vocero leal y constante de las causas más justas; un pequeño país que goza del envidiable privilegio de ser casi el único que en cualquier foro o tribuna internacional puede denunciar con entera libertad, sin temor alguno a represalias y agresiones, el orden económico injusto y la política insaciable y rapaz, hipócrita e inmoral del gobierno de la superpotencia hegemónica.

Sin el socialismo Cuba no habría podido resistir la hostilidad de nueve Presidentes de Estados Unidos que, con excepción de Carter —debo decirlo con toda honestidad— fueron hostiles o sumamente agresivos y hostiles contra nuestra patria. Habría que añadir al que acaba de acceder al trono presidencial que, a juzgar por los primeros pasos dados en la esfera internacional y el lenguaje de sus asesores y sus aliados de la mafia terrorista de Miami, se evidencia que podríamos estar ante una Administración belicosa y carente totalmente de ética.

Un día como hoy sería bueno recordar aquella frase inmortal del Titán de Bronce: “¡Quien intente apoderarse de Cuba, sólo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la contienda!” (Exclamaciones y aplausos.)

El pueblo cubano de hoy, heredero de su pensamiento, junto al de José Martí y al de toda la legión de héroes que trazaron el largo camino recorrido hasta ahora, está en condiciones de afirmar que los que intenten apoderarse de Cuba no recogerían hoy ni siquiera el polvo de nuestro suelo anegado en sangre, porque no tendrían otra alternativa que perecer en la contienda (Aplausos y exclamaciones de: “¡Fidel, Fidel, Fidel!”).

Tomado del:  Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, en el acto en conmemoración del aniversario 40 de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, efectuado en 12 y 23, el 16 de abril del 2001

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