Una deuda reparable con Mendive, el maestro del Maestro (+ Video)

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Por: María Carla O`connor Barrios

Rafael María de Mendive, el maestro.

“Y ¿cómo quiere que en algunas líneas diga todo lo bueno y nuevo que pudiera yo decir de aquel enamorado de la belleza, que la quería en las letras como en las cosas de la vida, y no escribió jamás sino sobre verdades de su corazón o sobre penas de la patria?”.

No existen palabras más dotadas de ternura y afecto sobre Rafael María de Mendive que las de José Martí, el eminente alumno que entregó la vida a la justa causa de alcanzar la independencia.

Tal desprendimiento solo pudo ser gracias a la mano fértil de aquel profesor del Colegio San Pablo, que supo sembrar la semilla de la independencia en el alma del joven Pepe.

Es por eso, quizás, que a Mendive se le reconozca más por su magisterio e influencia en el pensamiento de una generación de jóvenes, en la que descollara Martí, mientras poco se abunda en otras facetas de su vida intelectual.

El renovador del buen gusto

Mendive, el maestro del Maestro.

La periodista Josefina Ortega, en su artículo Rafael María de Mendive: un poeta, publicado en la revista cultural La Jiribilla, precisa que la trayectoria en la literatura del maestro espiritual del Apóstol, comenzó cuando estudiaba en el Real Colegio de San Carlos y luego en la Facultad de Leyes de la Universidad de La Habana.

De esa época, datan los primeros sonetos que publicó en la prensa del interior del país, por ejemplo, en El Correo de Trinidad. Historiadores y críticos literarios suponen que  quiso escapar de la rigurosa mirada de los conocedores de la capital; pero también, El Faro Industrial, publicación habanera, reprodujo algunos de estos poemas, con reseña favorable del  destacado profesor universitario y bibliógrafo, Antonio Bachiller y Morales.

“Incluso, el propio Mendive reconoció en una ocasión que gracias al estímulo de Bachiller y Morales perseveró en el cultivo de la poesía”, afirma el periodista Oscar Ferrer, Premio en Biografía y Memorias de la Editorial de Ciencias Sociales en 2004, quien estudia la figura del maestro espiritual de José Martí hace más de treinta años.

En 1847, el profesor del Colegio de San Pablo publicó su primer libro, Pasionarias, que le abrió las puertas al parnaso criollo de las letras. La poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, figura cimera del Romanticismo literario cubano, opinó sobre él: “Es un cantor sumamente tierno, cuya alma noble y apasionada se transparenta siempre en sus versos”.

Autores como Max Henríquez Ureña consideran que su obra poética no alcanza la profundidad de los grandes románticos del siglo XIX en la Isla, y disímiles textos solo citan a José Jacinto Milanés, Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), Domingo del Monte, Cirilo Villaverde y Gertrudis Gómez de Avellaneda, como los principales exponentes de dicha tendencia literaria.

Aimeé Almeida, profesora del Departamento de Estudios Lingüísticos y Literarios de la Facultad de Artes y Letras, en la Universidad de La Habana, explica que la lírica de Mendive fue reconocida internacionalmente por publicaciones de la época y lo calificaron como “el renovador del buen gusto, lo que explica que en 1851 sus versos fueran incluidos en la antología Poetas españoles y americanos del siglo XIX”.

El independentista cubano José Manuel Carbonell, discípulo del Héroe Nacional, lo define como “poeta de tono menor, su poesía, más propicia a la ternura del idilio que al estruendo de la tragedia y la epopeya (…) Modelo de equilibrio mental, y de buen gusto (…) Moderado siempre, a la derecha del romanticismo, jamás cayó en sensiblerías cursis, ni se adornó con trapos y floripondios cubiertos de lentejuelas”.

En torno a esto, el narrador, crítico y ensayista Cintio Vitier, deja constancia de que “gracias en buena parte a Mendive, los poetas cubanos dejaron descansar la trompa épica, para la que pocos tenían suficiente aire, y se acercaran con sencillas cítaras, como él, al arroyo”.

Mendive, periodista

Portada de la revista Flores del Siglo, dirigida por Rafael María de Mendive y José Gonzalo Roldán.

La obra intelectual del maestro del Maestro se centró en una etapa donde el surgimiento de revistas de corta duración con tendencia enciclopédica y romántica, era una constante. Ejemplos de ello fueron Guirnalda Cubana, Revista Habanera, Álbum de lo Bueno y lo Bello, El Correo de la Tarde y el Diario de La Habana.

“Estos folletos recogen los intentos de la intelectualidad criolla de buscar en los elementos folklóricos y costumbristas su afirmación. Sin embargo, se manifiestan permeados por la influencia neoclásica europea que dificulta la expresión de un contenido propio”, explica la Premio Nacional de Historia, María del Carmen Barcia, investigadora del Centro Fernando Ortiz.

El profesor del Colegio San Pablo incursionó como periodista en muchas de las publicaciones anteriores, asimismo, dirigió y fundó las revistas Flores del Siglo (1945-1846) y Revista Habanera (1853-1857). Sus textos respondían a las tendencias del periodismo de opinión, típico de la época, en la que el estilo tendía a lo literario y la presencia del autor era total.

El eslabón entre Varela y Martí

El eminente alumno y el maestro.

Enrique Román, periodista y profesor de la asignatura Historia de la Prensa en la Facultad de Comunicación, de la Universidad de La Habana, respecto a la influencia de la lírica y la prosa de Mendive en la obra del Apóstol expresó que “no existe ninguna conexión entre uno y otro, en cuanto a temas y estilos poéticos. Es más fácil de explicar si se ven como dos caminos distintos. No fue Mendive gran poeta; de hecho, sus cualidades intrínsecas palidecían cuando se empeñaba en ser poeta civil. Escritos como A Italia, en la muerte del Conde de Cavour y Benito Juárez, no tienen méritos sobresalientes.

“Martí, sin embargo, realiza un proceso inverso, ya que se inicia como escritor con Abdala, una llave maestra dentro de su obra y la literatura cubana del siglo XIX, y está demás hablar del resto de sus creaciones literarias”.

-¿Qué rol desempeñó entonces en la vida del joven Pepe?

“Rafael María de Mendive estudió en el Colegio San Carlos, donde el padre Félix Varela elaboró la doctrina emancipadora, que dio una nueva definición a la ética en Cuba. Mendive es un eslabón intermedio entre las ideas políticas y filosóficas de la Ilustración católica, y Martí”.

-Si Mendive predicaba las ideas independentistas, ¿por qué se dice que al final de sus días se unió al autonomismo?

“El autonomismo, a pesar de que no defendía la independencia, fue un movimiento reformista que realizó grandes críticas a la metrópoli y al sistema político de la Isla, por lo que tampoco se puede juzgar como una corriente conformista y lacaya a la corona.

“También, hay que tener en cuenta que durante la Tregua Fecunda, Mendive era un hombre de aproximadamente sesenta y tantos años, considerado bastante mayor en una época donde las personas morían a temprana edad. Sucedió en más de una ocasión que muchas figuras del independentismo se aliaron a esta corriente porque no tenían posibilidades de conexión con el movimiento separatista. Ese pudo ser el caso del maestro del Colegio San Pablo”.

¿Distanciamiento ideológico o solo físico?

Antiguo Colegio de San Pablo, que próximamente será la Escuela Primaria Rafael María de Mendive. Foto: Alexis Rodríguez/ Habana Radio.

Otro aspecto de la vida de Rafael María de Mendive poco tratado es la ausencia de contactos posteriores con José Martí. Se conoce la íntima relación profesor-alumno que sostuvieron, y cómo el adolescente junto a otros estudiantes del Colegio San Pablo, acompañaron siempre a la esposa del maestro a la prisión del Castillo del Príncipe donde fue encarcelado, tras los sucesos del teatro Villanueva, el 22 de enero de 1869, en que se escucharon vivas a Cuba y a Carlos Manuel de Céspedes, durante la representación de la obra El perro huevero.

Sin embargo, Pedro Pablo Rodríguez, investigador del Centro de Estudios Martianos y Premio Nacional de Historia, afirma que no hay constancia de una correspondencia epistolar entre el maestro y el aventajado alumno, años después, tras el destierro de Mendive en 1869, y del Apóstol, en 1871.

Agrega que si no quedaron evidencias de diálogo escrito en la extensa bibliografía martiana, recogida por diversos historiadores es porque no existe, a pesar del constante intercambio de cartas que mantuvo el Apóstol con figuras como Manuel Mercado, Juan Gualberto Gómez y la familia Mantilla, entre otras.

Salvador Arias, también investigador del Centro de Estudios Martianos, sugiere que la ausencia de contacto pudo deberse a la inclinación de Mendive hacia el autonomismo, tras la culminación de la Guerra de los Diez Años. Pero coincide que no debió ser la causa ya que el Hombre de Dos Ríos mantuvo amistad con figuras como Nicolás Azcárate, declarado seguidor de la corriente, a quien no convenció de abandonarla.

La única referencia conocida, escrita por José Martí sobre su maestro, es el artículo publicado en el diario El Porvenir, de Nueva York en 1891, en aniversario de la muerte del mentor, donde  aseveró: “De su vida de hombre yo no he de hablar, porque sabe poco de Cuba quien no sabe cómo peleó él por ella desde su juventud…”.

Queda claro que en el despertar del joven Pepe al mundo del pensamiento más avanzado de su época, Rafael María de Mendive ocupó un lugar cimero, lo cual bastó para ganarse un sitio especial en la historia de Cuba. Su obra intelectual merece también reconocimiento y mayor divulgación.

No por gusto, José Martí expresó:

“Prefiero recordarlo, a solas, en los largos paseos del colgadizo, cuando, callada la casa, de la luz de la noche y el ruido de las hojas fabricaba su verso; o cuando, hablando de los que cayeron en el cadalso cubano, se alzaba airado del sillón, y le temblaba la barba”.

(Tomado del blog Isla al Sur)

En video, visite el antiguo Colegio de San Pablo

 

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