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Papa Francisco: En medio del dolor lacerante, palpamos la capacidad de bondad heroica

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Discurso del Papa Francisco en el Encuentro Interreligioso celebrado en el Memorial dedicado a las víctimas del 11 de Septiembre de 2001

Discurso del Papa Francisco en el Encuentro Interreligioso celebrado en el Memorial dedicado a las víctimas del 11 de Septiembre de 2001

Queridos amigos:

Distintos sentimientos, emociones, me genera estar en la Zona Cero donde miles de vidas fueron arrebatadas en un acto insensato de destrucción. Aquí el dolor es palpable. El agua que vemos correr hacia ese centro vacío nos recuerda todas esas vidas que se fueron bajo el poder de aquellos que creen que la destrucción es la única forma de solucionar los conflictos. Es el grito silencioso de quienes sufrieron en su carne la lógica de la violencia, del odio, de la revancha. Una lógica que lo único que puede producir es dolor, sufrimiento, destrucción, lágrimas. El agua cayendo es símbolo también de nuestras lágrimas. Lágrimas por las destrucciones de ayer, que se unen a tantas destrucciones de hoy. Este es un lugar donde lloramos, lloramos el dolor que genera sentir la impotencia frente a la injusticia, frente al fratricidio, frente a la incapacidad de solucionar nuestras diferencias dialogando. En este lugar lloramos la pérdida injusta y gratuita de inocentes por no poder encontrar soluciones en pos del bien común. Es agua que nos recuerda el llanto de ayer y el llanto de hoy.

Hace unos minutos encontré a algunas de las familias de los primeros socorristas caídos en servicio. En el encuentro pude constatar una vez más cómo la destrucción nunca es impersonal, abstracta o de cosas; sino, por sobre todo, tiene rostro e historia, es concreta, posee nombres. En los familiares, se puede ver el rostro del dolor, un dolor que nos deja atónitos y grita al cielo.

Pero a su vez, ellos me han sabido mostrar la otra cara de este atentado, la otra cara de su dolor: la potencia del amor y del recuerdo. Un recuerdo que no nos deja vacíos. El nombre de tantos seres queridos están escritos aquí en lo que eran las bases de las torres, así los podemos ver, tocar y nunca olvidar.

Aquí, en medio del dolor lacerante, podemos palpar la capacidad de bondad heroica de la que es capaz también el ser humano, la fuerza oculta a la que siempre debemos apelar. En el momento de mayor dolor, sufrimiento, ustedes fueron testigos de los mayores actos de entrega y ayuda. Manos tendidas, vidas entregadas. En una metrópoli que puede parecer impersonal, anónima, de grandes soledades, fueron capaces de mostrar la potente solidaridad de la mutua ayuda, del amor y del sacrificio personal. En ese momento no era una cuestión de sangre, de origen, de barrio, de religión o de opción política; era cuestión de solidaridad, de emergencia, de hermandad. Era cuestión de humanidad. Los bomberos de Nueva York entraron en las torres que se estaban cayendo sin prestar tanta atención a la propia vida. Muchos cayeron en servicio y en su sacrificio permitieron la vida de tantos otros.

Este lugar de muerte se transforma también en un lugar de vida, de vidas salvadas, un canto que nos lleva a afirmar que la vida siempre está destinada a triunfar sobre los profetas de la destrucción, sobre la muerte, que el bien siempre despertará sobre el mal, que la reconciliación y la unidad vencerá sobre el odio y la división.

Me llena de esperanza, en este lugar de dolor y de recuerdo, la oportunidad de asociarme a los líderes que representan las muchas tradiciones religiosas que enriquecen la vida de esta gran ciudad. Espero que nuestra presencia aquí sea un signo potente de nuestras ganas de compartir y reafirmar el deseo de ser fuerzas de reconciliación, fuerzas de paz y justicia en esta comunidad y a lo largo y ancho de nuestro mundo. En las diferencias, en las discrepancias, es posible vivir en un mundo de paz. Frente a todo intento uniformizador es posible y necesario reunirnos desde las diferentes lenguas, culturas, religiones y alzar la voz a todo lo que quiera impedirlo. Juntos hoy somos invitados a decir «no» a todo intento uniformante y «sí» a una diferencia aceptada y reconciliada.

Para eso necesitamos desterrar de nosotros sentimientos de odio, de venganza, de rencor. Y sabemos que eso solo es posible como un don del cielo. Aquí, en este lugar de la memoria, cada uno a su manera, pero juntos, les propongo hacer un momento de silencio y oración. Pidamos al cielo el don de empeñarnos por la causa de la paz. Paz en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestras escuelas, en nuestras comunidades. Paz en esos lugares donde la guerra parece no tener fin. Paz en esos rostros que lo único que han conocido ha sido el dolor. Paz en este mundo vasto que Dios nos lo ha dado como casa de todos y para todos. Tan solo, PAZ.

Así, la vida de nuestros seres queridos no será una vida que quedará en el olvido, sino que se hará presente cada vez que luchemos por ser profetas de construcción, profetas de reconciliación, profetas de paz.

Tomado de: http://www.radiorebelde.cu/noticia/papa-francisco-medio-dolor-lacerante-palpamos-capacidad-bondad-heroica-20150925/

El memorable discurso del Papa Francisco en la ONU

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El memorable discurso del Papa Francisco en la ONU
Ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, el Papa Francisco pronunció un discurso cargado de sabiduría, fe y esperanza, donde llamó a los líderes mundiales a evitar la guerra entre las naciones y los pueblos; y a sumar esfuerzos para combatir la pobreza y la desigualdad.

Su alocución, completamente en español, recibió varios aplausos prolongados, porque cada palabra suya alertó acerca de los graves problemas que afectan a la humanidad.

Su Santidad subrayó que la tecnología en manos equivocadas, en manos de tecnologías falsas, provoca grandes atrocidades.

Aseveró que la justicia es un requisito indispensable, y dedicó una buena parte de su discurso a mostrar que cualquier daño al medio ambiente, es un atentado contra la humanidad.

El Papa Francisco instó a los líderes mundiales a sumar voluntades para enfrentar el cambio climático, y enfatizó que el afán de riqueza lleva a destruir lo material y a los más débiles.

En su impactante intervención, consideró que el mundo reclama de los gobernantes pasos concretos para vencer el fenómeno de la exclusión social y económica.

El Sumo Pontífice de la Iglesia Católica reflexionó acerca de la impostergable necesidad de promover el desarrollo humano integral. Aseveró además, que la guerra es la negación de todos los derechos.

El Obispo de Roma abogó por un mundo sin armas nucleares, pidió detener las violencias contra las minorías étnicas y religiosas; y llamó a combatir el narcotráfico: una guerra-dijo-pobremente combatida.

El Papa Francisco declaró que nunca como hoy ha sido tan necesaria la conciencia moral del hombre. Convocó a la unión y a la amistad entre los pueblos y naciones.

Su Santidad pronunció un memorable discurso ante los Jefes de Estado y Gobierno, y personalidades del mundo, que asisten a los debates de la Asamblea General de Naciones Unidas.

A los gobernantes aseguró que no se pueden postergar las agendas para el futuro.

El Primer Papa latinoamericano es el cuarto Jefe de la Iglesia católica que visita la ONU. Pablo VI lo hizo en 1965; Juan Pablo II estuvo en Naciones Unidas en dos ocasiones, en 1979 y en 1995; y Benedicto XVI, en el año 2008.

Pero no hay dudas de que la alocución del Papa Francisco ya hace historia en la Organización que cumple setenta años; porque Francisco, como expresó el Secretario General de la ONU Ban Ki-Moon, es la voz de los refugiados y los pobres.

Tomado de: http://www.radiorebelde.cu/noticia/el-memorable-discurso-papa-francisco-onu-audio-20150925/

Impactante discurso de Francisco en el Congreso de EEUU: “Es mi deber construir puentes”

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El Papa Francisco se dirige al Congreso en el Capitolio en Washington. Foto: AP/Carolyn Kaster

Señor Vicepresidente,

Señor Presidente,

Distinguidos Miembros del Congreso, Queridos amigos:

Les agradezco la invitación que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesión conjunta del Congreso en «la tierra de los libres y en la patria de los valientes». Me gustaría pensar que lo han hecho porque también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común.

Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social. La de ustedes como Miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este País crezca como Nación. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política. La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.

Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen y semejanza plasmada por Dios en cada rostro.

En esta perspectiva quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aquí junto con sus Representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y –poco a poco– conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente a pagar sus impuestos, sino que –con su servicio silencioso– sostienen la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas espontáneas pero también a través de organizaciones que buscan paliar el dolor de los más necesitados.

Me gustaría dialogar con tantos abuelos que atesoran la sabiduría forjada por los años e intentan de muchas maneras, especialmente a través del voluntariado, compartir sus experiencias y conocimientos. Sé que son muchos los que se jubilan pero no se retiran; siguen activos construyendo esta tierra. Me gustaría dialogar con todos esos jóvenes que luchan por sus deseos nobles y altos, que no se dejan atomizar por las ofertas fáciles, que saben enfrentar situaciones difíciles, fruto muchas veces de la inmadurez de los adultos. Con todos ustedes quisiera dialogar y me gustaría hacerlo a partir de la memoria de su pueblo.
Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres de buena voluntad conmemoran el aniversario de algunos ilustres norteamericanos. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y límites, estos hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegación y hasta con su propia sangre, por forjar un futuro mejor. Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica, una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.

Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.

Estamos en el ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que «esta Nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad». Construir un futuro de libertad exige amor al bien común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad.

Todos conocemos y estamos sumamente preocupados por la inquietante situación social y política de nuestro tiempo. El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Somos conscientes de que ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere. Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar. Y, por otra parte, puede generarse una tentación a la que hemos de prestar especial atención: el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores. El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos.

Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: No.

Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación, de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis geopolíticas y económicas que abundan hoy. También en el mundo desarrollado las consecuencias de estructuras y acciones injustas aparecen con mucha evidencia. Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia delante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.

El reto que tenemos que afrontar hoy nos pide una renovación del espíritu de colaboración que ha producido tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de tal desafío exige poner en común los recursos y los talentos que poseemos y empeñarnos en sostenernos mutuamente, respetando las diferencias y las convicciones de conciencia.
En estas tierras, las diversas comunidades religiosas han ofrecido una gran ayuda para construir y reforzar la sociedad. Es importante, hoy como en el pasado, que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada. Tal cooperación es un potente instrumento en la lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales.

Apelo aquí a la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. Toda actividad política debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en el respeto de su dignidad. «Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos está la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad» (Declaración de Independencia, 4 julio 1776). Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los aliento en este esfuerzo.

En esta sede quiero recordar también la marcha que, cincuenta años atrás, Martin Luther King encabezó desde Selma a Montgomery, en la campaña por realizar el «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos. Su sueño sigue resonando en nuestros corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de los «sueños». Sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos.
En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes.

Trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde el corazón de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi más alta estima y reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora en el mundo más noble y justo posible, mientras formamos las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los «vecinos», a todo lo que nos rodea. Construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca subsidiaridad, dando lo mejor de nosotros. Confío que lo haremos.

Nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la II Guerra Mundial. Lo que representa grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes» (Mt 7,12).

Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo.

Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino, porque cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse en la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito. Recientemente, mis hermanos Obispos aquí, en los Estados Unidos, han renovado el llamamiento para la abolición de la pena capital. No sólo me uno con mi apoyo, sino que animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.

En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.

¡Cuánto se ha progresado, en este sentido, en tantas partes del mundo! ¡Cuánto se viene trabajando en estos primeros años del tercer milenio para sacar a las personas de la extrema pobreza! Sé que comparten mi convicción de que todavía se debe hacer mucho más y que, en momentos de crisis y de dificultad económica, no se puede perder el espíritu de solidaridad internacional. Al mismo tiempo, quiero alentarlos a recordar cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza. También a estas personas debemos ofrecerles esperanza. La lucha contra la pobreza y el hambre ha de ser combatida constantemente, en sus muchos frentes, especialmente en las causas que las provocan. Sé que gran parte del pueblo norteamericano hoy, como ha sucedido en el pasado, está haciéndole frente a este problema.

No es necesario repetir que parte de este gran trabajo está constituido por la creación y distribución de la riqueza. El justo uso de los recursos naturales, la aplicación de soluciones tecnológicas y la guía del espíritu emprendedor son parte indispensable de una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. «La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común» (Laudato si’, 129). Y este bien común incluye también la tierra, tema central de la Encíclica que he escrito recientemente para «entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común» (ibíd., 3). «Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos» (ibíd., 14).

En Laudato si’, aliento el esfuerzo valiente y responsable para «reorientar el rumbo» (N. 61) y para evitar las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna duda de que los Estados Unidos –y este Congreso– están llamados a tener un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de estrategias para implementar una «cultura del cuidado» (ibíd., 231) y una «aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (ibíd., 139). La libertad humana es capaz de limitar la técnica (cf. ibíd., 112); de interpelar «nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder» (ibíd., 78); de poner la técnica al «servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (ibíd., 112). Sé y confío que sus excelentes instituciones académicas y de investigación pueden hacer una contribución vital en los próximos años.

Un siglo atrás, al inicio de la Gran Guerra, «masacre inútil», en palabras del Papa Benedicto XV, nace otro gran norteamericano, el monje cisterciense Thomas Merton. Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: «Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas».

Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.

En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios (cf. Evangelii gaudium, 222-223).

Igualmente, ser un agente de diálogo y de paz significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas.

Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios. Cuatro representantes del pueblo norteamericano.

Terminaré mi visita a su País en Filadelfia, donde participaré en el Encuentro Mundial de las Familias. He querido que en todo este Viaje Apostólico la familia fuese un tema recurrente. Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País. Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia.

De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia.
Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.

Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América.

El Vocero del Congreso John Boehner, de Ohio, en el encuentro con el Papa Francisco en el Capitolio. Foto: Bill Clark/Roll Call/ via AP, Pool

El Papa habla ante el Congreso. Foto: Evan Vucci/ AP

El Papa habla ante el Congreso. Foto: AP Photo/Susan Walsh

El Papa habla ante el Congreso. Foto: Pablo Martinez Monsivais

Aboga el Papa Francisco por una sociedad justa y tolerante durante su visita a la Casa Blanca

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El Papa destacó su historia “como hijo de inmigrante” y exhortó a cambiar un “sistema” que excluye a millones de personas. Foto: Pablo Martinez Monsivais/ AP

El Papa Francisco abogó en la Casa Blanca por cambiar un sistema excluyente de millones de personas y por construir una sociedad justa y tolerante.

Durante el encuentro con el presidente Barack Obama y unos 15 mil invitados, Su Santidad ratificó su responsabilidad en la lucha contra el cambio climático.

El Sumo Pontífice apeló al compromiso de los cristianos en la construcción de tales metas y aseguró que “La humanidad todavía puede trabajar de manera conjunta para construir nuestra casa común”, según reza una cita de su encíclica Laudato Si (Alabado Sea) sobre el cambio climático y sus efectos amenazadores.

El Papa Francisco reafirmó su solidaridad con los refugiados por conflictos bélicos y los desplazados por las penurias económicas, mientras que Estados Unidos continúa sus debates sobre una reforma para darle estatus legal a millones de indocumentados.

El Sumo Pontífice alabó también los esfuerzos de la administración de Barack Obama para restaurar sus relaciones con otros países, mientras que el presidente norteamericano agradeció el “invaluable apoyo” de Su Santidad para el “nuevo comienzo” entre Estados Unidos y Cuba, el cual permitirá una mayor cooperación hemisférica, según el mandatario.

Varios medios de prensa destacan en titulares el discurso que pronunciará hoy el Papa Francisco frente al Congreso y pronostican ataques por parte de los diputados conservadores.

El Sucesor de Pedro ha manifestado sus esperanzas por la visita a Estados Unidos y alentó a “todos los hombres y mujeres de buena voluntad a apoyar las iniciativas de la comunidad internacional para proteger a los más vulnerables y para suscitar modelos integrales e inclusivos de desarrollo”.

Tomado de: http://www.radiorebelde.cu/noticia/aboga-papa-francisco-por-una-sociedad-justa-tolerante-durante-su-visita-casa-blanca-video-20150924/#.VgP4DSbCXrc.facebook

Papa Francisco reconoce su “deber de construir puentes”

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Papa Francisco reconoce su “deber de construir puentes”

El Papa Francisco, primer Jefe de la Iglesia Católica que se dirige al Congreso de Estados Unidos, pronunció una alocución sin precedentes, donde llamó a los legisladores norteamericanos a ser promotores de la paz en el mundo.

El Primer Papa latinoamericano comenzó su discurso recordando que “es hijo de este gran continente, del que todos hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común”.

Ante las dos Cámaras del Congreso norteamericano y a través de su intervención en inglés, mostró preocupación por la inquietante situación social, económica y política de nuestro tiempo.

Su Santidad condenó los conflictos violentos, se refirió a la situación de los inmigrantes, a los derechos de los afrodescendientes, y a la actual crisis de refugiados, sin precedentes desde la II Guerra Mundial.

El Sumo Pontífice recordó la regla de oro: “Hagan ustedes con los demás, como quieran que los demás hagan con ustedes”.

El Obispo de Roma se refirió a otros medulares temas: la abolición de la pena de muerte, la lucha contra la pobreza y el hambre, así como el uso correcto de los recursos naturales para evitar los efectos más graves del deterioro ambiental causado por la actividad humana.

En cuanto a su compromiso con la paz, el Papa reconoció: “En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios. (cf. Evangelii gaudium, 222-223)”.

Un conmovedor mensaje emitió el Papa Francisco al hablar ante el Congreso de los Estados Unidos, con su palabra aguda y precisa, mostrando toda su sabiduría.
La intervención fue acompañada varias veces con prolongados aplausos de los miembros de las Cámaras de Senadores y Representantes.

Miles de personas siguieron la histórica alocución desde los alrededores del Capitolio, como muestra de respeto, admiración y simpatía por Francisco, un Papa que siente profundamente los problemas de la Humanidad.

Tomado de: http://www.radiorebelde.cu/noticia/papa-francisco-congreso-eeuu-20150924/

Papa Francisco en su discurso ante el Congreso de Estados Unidos

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En su discurso abogó por los inmigrantes, por la abolición de la pena de muerte y llamó a tomar consciencia sobre los daños que puede causar la actividad humana en el medio ambiente.

Durante su discurso ante las cámaras del Congreso estadounidense, el papa Francisco pidió hoy una actitud más responsable hacia el medio ambiente, el apoyo a los inmigrantes y la abolición de la pena de muerte.

El Pontífice llamó a hacer un uso correcto de los recursos naturales y corregir el daño que la actividad humana hizo a la naturaleza en lo que llamó “nuestro hogar común”, según reporta PL.

Habló como hijo de inmigrantes cuando dijo que no debe darse nunca la espalda a los vecinos y a la vez llamó a formar a las nuevas generaciones, con una educación inspirada en ese principio.

Abogó, también, por la abolición mundial de la pena de muerte -vigente en Estados Unidos- y señaló que un castigo justo y necesario nunca debe excluir la posibilidad de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.

De esta forma, el Sumo Pontífice se convirtió en el primero en pronunciar un discurso frente a los integrantes del Capitolio, en lo que constituyó uno de los momentos históricos de su visita a la nación norteamericana.

En el acto participaron también jueces del Tribunal Supremo, miembros del gabinete, diplomáticos, legisladores e invitados.

A las 16:00 horas (local) el papa Francisco debe partir hacia Nueva York, y a las 18:45 está prevista su presencia en la celebración de las Vísperas con el clero, religiosos y religiosas en la Catedral de San Patricio de esa urbe.

Tomado de: http://www.granma.cu/mundo/2015-09-24/papa-francisco-en-su-discurso-ante-el-congreso-de-estados-unidos

Estados Unidos: El Papa en su visita pide detener el tráfico de armas que genera dinero empapado en sangre

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Las declaraciones del Papa Francisco, popularmente conocido como el Papa Pacho, dan la vuelta al mundo. En su visita a Estados Unidos, ha hecho un llamado mundial para frenar el tráfico de armamento en el planeta.

Papa Francisco

“¿Por qué se venden  armas mortales a los que planean para infligir un sufrimiento indecible en los individuos y la sociedad? Lamentablemente, la respuesta, como todos sabemos, es simplemente por dinero: el dinero que está empapado en sangre, a menudo sangre inocente. Frente a este silencio vergonzoso y culpable, es nuestro deber de enfrentar el problema y para detener el tráfico de armas”, señaló el Papa Francisco en su visita a Estados Unidos.

Francisco condenó la industria de las armas en su primer día en los EE.UU., el mayor exportador de armas del mundo. En 2013, las ventas militares de Estados Unidos superaron los US $ 30 mil millones. En 2014, las ventas militares de Estados Unidos escaló a $ 34 mil millones.

Y es que uno de los principales legados de la política exterior de Obama,  será su escalada masiva en la venta de armas estadounidenses. Los EE.UU. ha vendido más de $ 170 mil millones en armas desde 2008.

El  experto William Hartung observa, Obama ha aprobado más armas para la venta que cualquier presidente desde la Segunda Guerra Mundial, y  el 60% de este tipo de armas que van a Oriente Medio.

Técnicamente, los EE.UU. tiene la obligación legal de prohibir la venta de armas a países que comúnmente  violan los derechos humanos; en la práctica, sin embargo, estas leyes son a menudo ignoradas.

De hecho, muchas de las ventas de armas más grandes del 2014 realizadas por los EE.UU. fueron a países con una reputación de graves abusos contra los derechos humanos. Por ejemplo, los EE.UU. vendió armas a  Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos por sobre $ 15.5 mil millones de dólares. Estos son los mismos países que ahora se dedican a la campaña militar saudí contra  Yemen, campaña para  la que la  ONU declaró que ya se han asesinado a más  a 1.500 civiles desde junio de 2015.

Arabia Saudita tiene una larga historia de violar los derechos humanos. Por ejemplo, en agosto se informó de que Arabia Saudita está ejecutando una persona cada dos días, ello bajo el nuevo rey saudí. Es importante tener en cuenta que Arabia jugó un papel importante en la violencia aplastar la sublevación 2011 Primavera Árabe en Bahrein.

A su vez se puede ver que la venta de armas a los países del Golfo se ha disparado con Obama. En sus primeros seis años de mandato, los EE.UU. vendieron más de $ 64 mil millones en armas y servicios militares a los países del Golfo, con más de $ 15 mil millones de dólares más de ventas autorizadas,  en los últimos años.

En un caso, el Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó la venta de casi $ 6 mil millones en armas para Arabia Saudita , tal como Human Rights Watch publicó  en un informe detallando los crímenes de guerra de la coalición liderada por Arabia en Yemen.

Human Rights Watch también ha documentado el uso de municiones de racimo suministradas por Estados Unidos a Arabia Saudita en Yemen. Estas armas están prohibidas por la mayoría de los países, pues violan  las “reglas” de la guerra.

La asistencia militar estadounidense a Medio Oriente está en el punto más alto desde el fin oficial de la guerra en Irak.

Los EE.UU. ha vertido más de $ 25 mil millones en armas y entrenamiento a los servicios militares en Irak desde 2003, con miles de millones en armas capturadas por ISIS en el último año.

Francisco continuará su visita a los EE.UU. con la visita a Nueva York y Filadelfia.El Papa Francisco  es el cuarto Papa en la historia que visita Nueva York.

Tomado de: http://www.elciudadano.cl/2015/09/24/214816/estados-unidos-el-papa-en-su-visita-pide-detener-el-trafico-de-armas-que-genera-dinero-empapado-en-sangre/

Obama destaca rol del Papa en nueva relación con Cuba

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El Pontífice junto con el presidente Obama en la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos (EEUU), Barack Obama, ha destacado ayer el “inestimable apoyo” del papa Francisco en el “nuevo comienzo” de las relaciones Washington-La Habana.
“Santo Padre, estamos agradecidos por su inestimable apoyo a nuestro nuevo comienzo con el pueblo cubano, que ofrece la promesa de mejores relaciones entre nuestros países, una mayor cooperación en todo el continente y una vida mejor para el pueblo cubano”, ha señalado Obama.
Por su parte, el Pontífice ha elogiado los esfuerzos de la administración estadounidense “realizados recientemente para reparar relaciones rotas” entre Cuba y EEUU.
El Papa llegó el martes a ese país para iniciar una visita oficial de seis días, procedente de un viaje de cuatro a Cuba, donde visitó La Habana (capital), Holguín y Santiago de Cuba.
“Los esfuerzos realizados recientemente para reparar relaciones rotas y abrir nuevas puertas a la cooperación dentro de nuestra familia humana constituyen pasos positivos en el camino de la reconciliación, la justicia y la libertad”, ha subrayado durante su primer discurso en la Casa Blanca.
Las afirmaciones del Papa hacen alusión al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana, anunciado el 1 de julio por Obama y por su homólogo cubano, Raúl Castro, después de 54 años.
INMIGRACIÓN
Por otra parte, el Obispo de Roma ha puesto sobre la mesa el tema de la inmigración, subrayando frente al mandatario norteamericano que viene como “hijo de una familia de inmigrantes”.
“Como hijo de una familia de inmigrantes, me alegra estar en este país, que ha sido construido en gran parte por tales familias”, ha dicho al inicio de su alocución ante 15.000 personas.
Así, ha instado a Estados Unidos a edificar una sociedad “verdaderamente tolerante e inclusiva” y a rechazar la discriminación.

Estados Unidos, Cuba y Francisco

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Por: Vicente Manue Prieto Rodríguez

Por estos días la expectativa prácticamente mundial ha estado dirigida hacia el periplo del papa Francisco por países de Nuestra América, especialmente por su paso por Cuba y Estados Unidos. Estos dos países, enemigos mortales desde hace más de cinco décadas, caminan lentamente rumbo a una posible reconciliación en la cual muchos han visto los buenos oficios del Pontífice.

Durante la visita de Francisco a Cuba, la comunidad internacional junto a la prensa estuvieron pendientes de sus mensajes y declaraciones, tendientes en su mayoría hacia la reconciliación, el diálogo, el amor entre hermanos, agradeciendo al pueblo cubano por la acogida y el calor humano recibido durante su estancia.

El Papa no se reunió con la pequeña contrarrevolución interna, lo cual constituyó “la noticia” de una gran cantidad de medios extranjeros liderados por CNN, quienes magnificaron este hecho e intentaron ocultar al mundo la verdadera esencia de la actitud del Pontífice, quien dijo claramente que no fue a Cuba a dar audiencias, sino a llevar su mensaje de paz y misericordia.

Tal vez Francisco también se ha dado cuenta de que esa minoría compuesta por contrarrevolucionarios mercenarios del imperio vecino, no representan al pueblo de Cuba de ninguna manera, ya que, gracias a las jugosas “donaciones” monetarias de la ultraderecha norteamericana y los llamados “cubanoamericanos” estos elementos antisociales viven mucho mejor que el resto del verdadero pueblo afectado por las medidas unilaterales de quienes los solventan y son tolerados por el Gobierno, lo cual se demuestra en las declaraciones que hacen a la prensa extranjera y las marchas y “protestas” que organizan. Para los grupúsculos contrarrevolucionarios de Cuba la visita del Sumo Pontífice fue otro escenario perdido y una derrota moral de grandes dimensiones.

Sin embargo, Francisco sí se dio tiempo para reunirse e intercambiar opiniones con el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, encuentro que destrozó los rumores acerca de la supuesta desaparición física del ícono revolucionario del siglo XX.

Ahora el Papa se encuentra en Estados Unidos, donde lo esperaban entre optimistas y críticos, dada cuenta de que, desde que asumió como principal figura de la Iglesia Católica, el argentino Bergoglio se ha dedicado a remover los cimientos de la vieja religión, con conceptos “revolucionarios” dentro de una institución tradicionalmente conservadora. Eso no les gusta a muchos ultraconservadores, quienes le critican al Papa la ausencia de un discurso “duro” contra la Revolución cubana y lo acusan de marxista disfrazado.

En la lógica imperialista norteamericana no cabe la idea de que la Iglesia Católica abandone su rol social ancestral de mantener el statu quo del poder de las minorías oligárquicas sobre las mayorías trabajadoras y explotadas, a través de la fe.

Además de las misas de rigor, las visitas a hospitales, escuelas y otros lugares de interés histórico y social, el Papa Francisco se reúne con el presidente Barack Obama. Los temas que abordarán el Pontífice y el mandatario de los Estados Unidos podrían estar centrados en el acuerdo internacional sobre el programa nuclear iraní, el cambio climático, la inmigración, la situación humanitaria en el oriente medio y las nuevas relaciones entre USA y Cuba. No obstante, a pesar de la intervención del Papa y las buenas intenciones de Obama, el restablecimiento total de relaciones entre la potencia del norte y la pequeña isla revolucionaria, pasa por cuestiones que la ultraderecha yanqui no quiere reconocer: el levantamiento total del bloqueo genocida, unilateral pero extraterritorial contra Cuba; la devolución del territorio ocupado ilegalmente en Guantánamo; indemnización al pueblo cubano por los más de 50 años de afectaciones y respeto total a la soberanía y las decisiones sin injerencias de ningún tipo. Si no se cumplen esas condiciones básicas, ni la mediación papal podrá lograr lo que pide a gritos la comunidad internacional.