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Evo Morales obsequia a Francisco un Cristo sobre la hoz y el martillo

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El presidente de Bolivia, Evo Morales, obsequió al papa Francisco un peculiar crucifijo tallado en madera sobre la hoz y el martillo, símbolo del comunismo, durante una reunión que ambos sostuvieron este miércoles por la noche en la Casa de Gobierno y que fue transmitida por TV.

La talla contenía la imagen de un Cristo crucificado en el mango del martillo, según mostraron imágenes de la televisión estatal.

Morales se define como socialista y representa una corriente regional conocida como “Socialismo del siglo XXI”, que también profesan los gobiernos de Venezuela y Ecuador.

Junto a ese obsequio, el mandatario boliviano entregó también al pontífice un ejemplar del “Libro del Mar”, editado por el gobierno de Bolivia, que contiene un resumen histórico de la centenaria demanda del país andino contra Chile, que se dilucida en la Corte Internacional de La Haya.

Ya Morales había hecho alusión al tema marítimo en su discurso de bienvenida al papa en el aeropuerto de la ciudad de El Alto, ocasión en la que asimismo le obsequió una ‘chuspa’, una pequeña bolsa de tejido andino.

En el encuentro en la Casa de Gobierno, Morales también entregó al papa Francisco el Cóndor de los Andes, la condecoración máxima del país.

En retribución, el Obispo de Roma obsequió a Morales una reproducción del mosaico “Salus Populi Romani”, una imagen de la virgen con el niño en brazos, que desde 1611 ocupa la magnífica capilla Paulina de la Basílica papal de Santa María la Mayor.

Discurso del presidente Correa a la llegada del papa Francisco a Ecuador

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Discurso pronunciado por el presidente Rafael Correa en la pista del aeropuerto Mariscal Sucre el 5 de julio de 2015, a la llegada a Quito del papa Francisco.
“Bienvenido, papa Francisco, a nuestra América, a su América, a este tesoro de la Patria Grande, llamado Ecuador, que lo recibe con los corazones de todos los ecuatorianos desbordantes de alegría y esperanza. Bienvenido al país megadiverso más compacto del mundo. Por su ubicación geográfica, Ecuador es el ecocentro del planeta. Bienvenido a Quito, primer Patrimonio Cultural del Planeta y Capital de Sudamérica. Somos orgullosos de un mestizaje luminoso, somos geografía multicolor y tierra germinadora de pensamientos y acciones revolucionarias de quienes como usted, nos exasperamos por la injusticia y la exclusión.
Ecuador ama la vida. Nuestra Constitución obliga a reconocer y garantizar la vida, incluido el cuidado y protección desde la concepción. Establece reconocer y proteger a la familia como núcleo fundamental de la sociedad y nos compromete profundamente a cuidar nuestra casa común, al ser la primera Constitución en la historia de la humanidad en otorgar derechos a la naturaleza. El 20% de nuestro territorio está protegido en 44 reservas y parques naturales. La gama multicolor de nuestra flora y fauna se complementa y enriquece más con la diversidad de nuestras culturas humanas. Tenemos además de una mayoría mestiza, 14 nacionalidades indígenas con sus correspondientes lenguas ancestrales, incluyendo a dos pueblos no contactados, que han preferido el aislamiento voluntario en el corazón de la selva virgen. Nuestra Constitución define al Ecuador como un Estado unitario, pero plurinacional y multicultural. Los argentinos muy orgullosos dicen ‘El papa es argentino’; mi querida amiga Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, dice ‘Bueno, el Papa será argentino, pero Dios es brasileño’. Por supuesto que el Papa es argentino, probablemente Dios es brasileño, pero de seguro el paraíso es ecuatoriano’. Bienvenido, Su Santidad.
Querido Santo Padre, el gran pecado social de nuestra América es la injusticia. ¿Cómo podemos llamarnos el continente más cristiano del mundo, siendo a su vez el más desigual? Cuando uno de los signos más recurrentes en el Evangelio es compartir el pan. Por eso los obispos latinoamericanos, reunidos en Puebla hace 40 años, nos decían ‘Vemos a la luz de la fe como un escándalo y una contradicción con el ser cristiano, la creciente brecha entre ricos y pobres’. Nos llamamos un continente de paz, pero la insultante opulencia de unos pocos al lado de la más intolerable pobreza son también balas cotidianas en contra de la dignidad humana.
Usted, como un gigante moral para creyentes y no creyentes, nos dijo a los jefes de Estado reunidos en la Cumbre de las Américas en Panamá –cito- ‘la inequidad, la injusticia, la injusta distribución de las riquezas y de los recursos es fuente de conflictos entre los pueblos, porque supone que el progreso de unos se construye sobre el necesario sacrificio de otros, y que para poder vivir dignamente hay que luchar contra los demás. El bienestar así logrado es injusto en su raíz y atenta contra la dignidad de las personas’. Y agregó que mientras no se logre una justa distribución de la riqueza no se resolverán los males de nuestra sociedad. Nos insistió que la pobreza no se eliminará con limosnas, sino con justicia, al sostener que la teoría del goteo o del derrame se ha revelado falaz. No es suficiente esperar que los pobres recojan las migajas que han tirado los ricos.
Por ello, con claridad, usted sostiene que tiene que exigirse la distribución de la riqueza. Estas injusticias claman al cielo. La fundamental cuestión moral en América Latina es precisamente la cuestión social, más aún si por primera vez en la historia, la pobreza y la miseria en nuestro continente, no son consecuencia de la falta de recursos, sino de sistemas políticos, sociales y económicos perversos.
En ese maravilloso regalo que usted ha dado a la humanidad, su encíclica ‘Laudato si’, nos dice que la política no debe someterse a la economía y que necesitamos imperiosamente que la política y la economía en diálogo se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana. Nos recuerda a todos los fieles que la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada. Cita en su encíclica las palabras de San Juan Pablo II, quien nos visitó hace 30 años, cuando dice ‘Dios ha dado la tierra a todo el género humano, para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno’ y que –añade- la Iglesia defiende sí el derecho a la propiedad privada, pero enseña con no menor claridad que toda propiedad privada grava siempre una hipoteca social para que los bienes sirvan a la destinación general que Dios les ha dado.
Usted ha denunciado con fuerza la tragedia de la migración, la cual bien conoce nuestro país. No entiendo, Santo Padre, cómo los países ricos, muchos de ellos mayoritariamente cristianos, podrán justificar éticamente a la futuras generaciones la búsquedas cada vez mayor de mayor movilidad para mercancías y capitales, al mismo tiempo, que penaliza, e incluso criminaliza la principal de las movilidades, la movilidad humana. La solución, como tantas veces lo ha sugerido usted, no es más fronteras; es solidaridad, es humanidad, y crear las condiciones de prosperidad y paz que desincentiven a las personas a migrar. Vivimos, Santo Padre, una globalización inhumana y cruel, totalmente en función del capital y no de los seres humanos, ya que no busca no busca ciudadanos globales, sino tan solo consumidores globales. No busca crear una sociedad planetaria, sino tan solo crear mercados planetarios. Y que, sin adecuados mecanismo de control y gobernanta, puede destrozar países, como también lo menciona en su encíclica.
Santo Padre, el orden global no solo es injusto, sino inmoral. Todo está en función del más poderoso y los dobles estándares cunden por doquier. Los bienes ambientales producidos por países pobres deben ser gratuitos; los bienes públicos, producidos por los países hegemónicos como el conocimiento, la ciencia y la tecnología, deben privatizarse y ser pagados. Usted en su encíclica cuestiona el estilo de vida de los países ricos por insostenible y antihumano. Y acertadamente nos habla de la deuda ecológica que estos países tienen con los países pobres. La mejor forma de enfrentar este injusto orden mundial es con la unidad de nuestros pueblos. La construcción de la Patria Grande es impostergable, tal vez los europeos tendrán que explicar a sus hijos porqué se unieron, pero nosotros tendremos que explicarles a los nuestros porqué nos demoramos tanto. Santo Padre, en lo personal, jamás acabaré de darle gracias a Dios y a la vida por todos los privilegios que me ha dado. Entre ellos poder conocerlo y recibirlo en mi patria. El Evangelio dice ‘donde está tu tesoro, está tu corazón’. Tenga la seguridad que mi tesoro no es el poder, sino el servicio. Tener un país sin miseria, pero también sin lujuriosos derroches, un país que supere la cultura de la indiferencia, donde se acaben los descartables de la sociedad. En la cual trabajemos para los hijos de todos y así, juntos, alcancemos el Buen Vivir, el Sumak Kawsay de nuestros pueblos ancestrales.
La doctrina social de la Iglesia nos dice que el bien común es la razón de ser de la autoridad política. Es ese bien común el que hemos tratado de construir en Ecuador desde hace ocho años, considerando –cito- ‘al prójimo como otro yo’, cuidando primero de su vida y de los medios para vivirla dignamente, como nos dice la Constitución Pastoral. La Conferencia Episcopal Latinoamericana, reunida en Medellín, nos decía hace casi medio siglo ‘el Episcopado Latinoamericano no puede quedar indiferente ante las tremendas injusticias sociales existentes en América Latina, que mantienen a la mayoría de nuestros pueblos en una dolorosa pobreza cercana en muchos casos a la inhumana miseria. Un zurdo clamor brota de millones de hombres pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte’.
Gracias a Dios la Iglesia latinoamericana nos ha dado extraordinarios pastores, como Monseñor Óscar Arnulfo Romero, mártir de nuestra América recientemente beatificado por usted; nuestro Leonidas Proaño, el obispo de los indios, quien luchó por la verdad, por la vida, por la libertad, por la justicia, los valores del reino de Dios –como él los llamaba-. Nos dio un Hélder Câmara, ‘cuando doy de comer a los pobres me llaman Santo; cuando pregunto por qué hay pobres, me llaman comunista. Ahora esa iglesia nos la da usted, Francisco, el primer papa latinoamericano’, con su mensaje profético que si alguien quisiera callar, lo gritarán hasta las piedras.
Bienvenido a su casa, Santo Padre”.

El Estado laico en Bolivia

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por: Farit L. Rojas Tudela *
La tensión entre laicisimo y Estado confesional es una constante en la historia boliviana
La relación entre Estado y religión ha sido una de las más complejas en la historia moderno-europea del Estado. Una buena parte de la teoría política ha tratado esta relación. Así, Jean Bodin (1530-1596) propuso un monarca neutral que garantice la paz sin tomar partido por ningún credo religioso. Thomas Hobbes (1588-1679) propuso que la máxima autoridad del Estado (el Rey) se inmiscuya incluso a los asuntos de índole religiosa. John Locke (1632-1704) propuso que ningún individuo sea obligado a pertenecer a una Iglesia concreta, sino que la escoja libremente. Francois-Marie Arouet más conocido como Voltaire (1694-1778) condenó la intromisión de la religión en los asuntos públicos.

 

A momento de la revolución norteamericana y francesa la separación del Estado y la religión fue retratada bajo el denominativo de Estado laico y/o laicismo.

 

Por laicismo se entiende a la neutralidad religiosa en la vida pública, pretendida prácticamente con la supresión de la enseñanza religiosa en los establecimientos oficiales. Dieter Nohlen señala que el laicismo es la “doctrina defensora de la estricta separación entre Estado e Iglesia, así como también entre el individuo o la sociedad en el ámbito educacional frente a toda influencia obligatoria eclesiástica o religiosa” (Nohlen, 2006: 811).

 

La primera Constitución boliviana de 1826 tomó como base esencial el proyecto de constitución remitido por Simón Bolívar. En el discurso de Constitución del Congreso de Bolivia de 25 de mayo de 1826, Bolívar señala:

¡Legisladores! Haré mención a un artículo que según mi consciencia, he debido omitir. En una Constitución política no debe prescribirse una profesión religiosa: porque, según las mejores doctrinas sobre las leyes fundamentales, ésta son las garantías de los derechos políticos y civiles y, como la religión no toca a ninguno de estos derechos, ella es de naturaleza indefinible en el orden social, y pertenece a la moral intelectual. La religión gobierna al hombre en la casa, en el gabinete, dentro de sí mismo: sólo ella tiene derecho de examinar la conciencia íntima. Las leyes, por el contrario, miran la superficie de las cosas: no gobiernan sino fuera de la casa del ciudadano. Aplicando estas consideraciones, ¿podrá un Estado regir la conciencia de los súbditos, velar por el cumplimiento de las leyes religiosas y dar el premio o castigo, cuando los tribunales están en el cielo y cuando Dios es el juez? La inquisición solamente sería capaz de reemplazarlas en este mundo. ¿Volverá la inquisición con sus teas incendiarias? La religión es la ley de la conciencia. Toda ley sobre ella la anula porque, imponiendo la necesidad al deber, quita el mérito a la fe que es la base de la religión. Los preceptos y los dogmas sagrados son útiles, luminosos y de evidencia metafísica; todos debemos profesarlos, mas este deber es moral, no político. Por otra parte, ¿cuáles son en este mundo los derechos del hombre hacia la religión? Ellos están en el cielo; allá el tribunal recompensa el mérito, y hace justicia según el código que ha dictado el legislador. Si todo esto de jurisdicción divina, me parece a primera vista sacrílego y profano mezclar nuestras ordenanzas con los mandamientos del señor. Prescribir, pues, la religión no toca al legislador; porque éste debe señalar penas a las infracciones de las leyes, para que no sean meros consejos. No habiendo castigos temporales, ni jueces que los apliquen, la ley deja de ser ley. El desarrollo moral del hombre es la primera intención del legislador; luego que este desarrollo llega a lograrse el hombre apoya su moral en las verdades reveladas, y profesa de hecho la religión, que es tanto más eficaz, cuanto que la ha adquirido por investigaciones propias. Además, los padres de familia no pueden descuidar el deber religioso hacia sus hijos. Los pastores espirituales están obligados a enseñar la ciencia del cielo: el ejemplo de los verdaderos discípulos de Jesús es el maestro más elocuente de su divina moral; pero la moral no se manda ni el que manda es maestro, ni la fuerza debe emplearse en dar consejos. Dios y sus ministros son las autoridades de la religión que obra por medios y órganos exclusivamente espirituales; pero de ningún modo el cuerpo nacional que dirige el poder público a objetos puramente temporales (Bolívar, 2011: 170- 171- 172).

 

 

Sin embargo, como señala Ciro Félix Trigo:

 

 

Los constituyentes de 1826 incorporaron al Código Fundamental el artículo 6, concebido en los siguientes términos: ‘La Religión Católica Apostólica Romana es la de la República, con exclusión de todo otro culto público. El gobierno la protegerá y hará respetar reconociendo el principio de que no hay poder humano sobre las conciencias’. Si se proclama el principio de libertad de creencias, ¿por qué se excluía a todo otro culto? En este punto incurriéndose en un manifiesto contrasentido, fácil de explicar debido al criterio de intolerancia religiosa que a la sazón primaba (Trigo, 2003: 60).

 

Esta tensión entre el laicismo y el Estado confesional se mantendrá en parte de la historia constitucional boliviana.

 

En 1844, mediante ley de 11 de noviembre [1], se declaran vigentes los concordatos celebrados entre el Rey de España con la Corte de Roma [2]. Asimismo, en el Artículo 2 de la reforma de 1871 se señala que: “El Estado reconoce y sostiene la religión Católica, Apostólica y Romana. Se prohíbe el ejercicio público de todo otro culto, excepto en las colonias que se formaren en lo sucesivo”. La aparición de esta tolerancia se relaciona con el fomento a la migración y el desarrollo de las zonas despobladas. Luego será suprimida en la reforma de 1878, pero será restaurada en el texto constitucional de 1880. Veinte años más tarde, por ley de 27 de agosto de 1906, se autorizó el ejercicio libre de cualquier otro culto.

 

En 1920, José Carrasco propuso el siguiente texto para su inclusión en la Constitución: “Ningún culto o Iglesia gozará de subvención oficial ni tendrá relaciones de dependencia y alianza con el Estado”. En 1947 Carlos Walter Urquidi propone otro texto para su inclusión en la Constitución: “No hay religión oficial en Bolivia. Todas pueden establecerse en ella, a sola condición de no contrariar la ley y las buenas costumbres. Ninguna de las reformas constitucionales tomó estas propuestas”. La Iglesia en Bolivia pidió la tolerancia a otras creencias, así se llevan a cabo las reformas constitucionales de 1967, 1994 y 2004, sin ninguna variante significativa en alguna de ellas. Recién en el proceso constituyente del año 2006 retornan los debates sobre Estado Laico, aunque, desde mi opinión el resultado no fue la constitución de un Estado Laico, sino de un Estado con pluralismo religioso.

 

Una resumida introducción, pero muy documentada, se encuentra en el breve texto del Dr. José Luís Baptista denominado: Supresión de la religión oficial del Estado, de donde se han tomado estos datos.

Bibliografía

 

• Baptista, José Luís. 2006. Supresión de la religión oficial del Estado. La Paz – Bolivia: Publicación de Católicas por el derecho a decidir.

 

• Bolívar, Simón. 2011. Discurso de Constitución del Congreso de Bolivia 25 de mayo de 1826, en Hugo Chávez presenta a Simón Bolívar. 2011. La revolución bolivariana. Madrid – España: Akal.

 

• Nohlen, Dieter. 2006. Diccionario de Ciencias Políticas. D.F. – México: Porrúa.

 

• Trigo, Ciro Félix. 2003. Derecho Constitucional Boliviano. La Paz – Bolivia: Fondo Editorial de la Biblioteca y Archivo Histórico del Honorable Congreso Nacional.

 


 

* Abogado.

 

1 Mediante esta ley también se declararon vigentes las leyes de la Recopilación de las Indias y de Castilla.

 

2 Estos son los concordatos celebrados el 11 de enero de 1753 entre el papa Benedicto XIV y el Rey de España Fernando VI (Baptista, 2006).

Misa del Papa Francisco en Bolivia será en quechua, aymara, guaraní y castellano

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La misa que oficiará el papa Francisco en la ciudad de Santa Cruz será traducida simultáneamente en tres idiomas y se extenderá por al menos dos horas y media, por lo que la recomendación a los que asistan al acto religioso es que se lleven comida y agua, informó el ministro de Culturas, Marko Machicao, quien añadió que la misa empezaría a las 10.00 del 9 de julio.

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“Esta misa, que durará aproximadamente dos horas y media, tiene las características de que va a ser en cuatro idiomas, es decir castellano, quechua, aymara y guaraní, de modo tal que tiene una duración mayor a lo que habitualmente es una misa”, explicó la autoridad en una entrevista con la emisora Panamericana.

El Papa llegará a Bolivia el 8 de julio y permanecerá hasta el mediodía del 10 de julio para luego dirigirse a Paraguay. Cumplirá el 8 una apretada agenda a su arribo a La Paz, que contemplará –según el cronograma inicial- un encuentro con miles de fieles en El Alto, la visita a la Catedral y una reunión con el presidente Evo Morales en Palacio de Gobierno.

En horas la noche viajará a la ciudad de Santa Cruz y se alojará en la casa del Cardenal Julio Terrazas. Está previsto que oficie desde las 10.00 una misa en la rotonda de El Cristo, donde se calcula la presencia de miles de fieles del interior y exterior de  Bolivia. La recomendación, como para El Alto, es que los asistentes se lleven comida y agua, destacó.

Para las 15.00 está previsto que sostenga una reunión con los miembros de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) y a las 17.30 participará de la clausura de un encuentro internacional de movimientos sociales que emitirá una posición sobre las temáticas del empleo, techo y tierra. Morales también asistirá al encuentro organizado por el Gobierno.

La mañana del 10 acudirá al penal de Palmasola y pasado el mediodía estaría abandonado suelo boliviano con destino a Paraguay, informó Machicao.

Papa Francisco convertirá la lucha por el medio ambiente en un imperativo moral

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El Papa Francisco publicará la semana próxima la encíclica más esperada en décadas, se trata de un texto clave en el que abordaría los efectos del cambio climático y llamaría a todas las personas a ser “colaboradores de la creación”.

Al convertir en un imperativo moral la protección del medioambiente, la intervención de Francisco podría llevar a los 1.200 millones de católicos del mundo a hacer presión ante los líderes de sus países por temas ecológicos.

Francisco ya ha empleado su papado de dos años para referirse a asuntos como la reanudación de los lazos diplomáticos entre Cuba y Estados Unidos, un acercamiento impulsado por el Vaticano.

El Papa ha dicho que quiere que el documento, que se divulgará el jueves bajo el título “Laudato Si (Alabado sea), Sobre el Cuidado de Nuestro Hogar Compartido”, sea parte del debate que se desarrollará en una cumbre de Naciones Unidas sobre el cambio climático este año.

Francisco tomó su nombre de San Francisco de Asís, patrono de la ecología, y el título de la encíclica proviene del “Cántico de las Criaturas”, una de las oraciones del santo en alabanza a la naturaleza.

El domingo, ante decenas de miles de personas en la Plaza de San Pedro, Francisco dijo que el texto iba “dirigido a todos” y que esperaba que pudiera generar una “renovada atención a situaciones de degradación ambiental y su recuperación” y conducir a una “mayor responsabilidad por el hogar compartido que Dios nos ha confiado”.

“Yo no sé si es todo (culpa del hombre) pero la mayor parte sí lo es (…)”, dijo el Papa. “Creo que el hombre ha ido demasiado lejos (…), gracias a Dios que hoy hay voces que lo están denunciado”, declaró.

Fuentes con acceso a la encíclica dicen que aborda el impacto del cambio climático sobre las personas más pobres y que discute las desigualdades de la riqueza, un tema que ya es una de las prioridades para el primer pontífice de América Latina, región donde la pobreza está muy extendida.

El documento pedirá a las naciones ricas que revisen sus estilos de vida basados en el “desperdicio” de recursos.

Si bien el mundo político reconoce el rol de la religión en el debate ambiental, algunos conservadores en materia religiosa y escépticos sobre el cambio climático, en particular en Estados Unidos, han criticado la Papa por inmiscuirse en temas de ciencia.

“Si a uno le importa Dios, (que es) un creador, y su creación, entonces le tiene que importar que su creación no sea destruida”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Laurent Fabius, quien será el anfitrión de la cumbre, que se desarrollará en París entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre.

Se espera que la primera encíclica papal dedicada al ambiente tenga una influencia particular en las naciones de América Latina, cuyos votos podrían ser decisivos en la cumbre.

Buena parte del interés previo a la publicación de la encíclica se concentra en lo que podría decir sobre el cambio climático. Personas con conocimiento del texto dicen que tácitamente le da crédito al consenso científico de que gran parte del calentamiento global es causado por la actividad humana.

(Tomado de Cubadebate)