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Masacre de San Juan: 47 años de la heroica resistencia minera a la dictadura

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Un grupo de mineros durante la celebración de una noche de San Juan.

La historia de Bolivia está escrita con sangre de minero”, reconoce un comunicado emitido ayer por el Ministerio de Minería, a nombre del Gobierno, en homenaje a los caídos en la masacre de San Juan,  arremetida armada acontecida la madruga del 24 de junio de 1967.

Para el historiador Jesús Llusco, el asalto militar a los campamentos mineros del Siglo XX y Catavi en el Departamento de Potosí, durante la Noche de San Juan, “es la expresión de la resistencia de la clase minera contra la dictadura” imperante en esos años.

Temor y masacre

El presidente de facto de entonces, general René Barrientos Ortuño, consideraba que en los centros mineros se estaba gestando un nuevo movimiento guerrillero similar al del Che Guevara y por ello decide cortar de raíz cualquier posibilidad de una nueva guerrilla en Bolivia.

Fue tal el temor que tiene – relata el historiador  – que decide junto a su alto mando tomar por sorpresa los centros mineros, y así terminar con cualquier amenaza a su gobierno. “Los grupos de poder de aquel tiempo se sentían susceptibles al ver este tipo de reuniones porque tenían miedo de perder el control”, afirma Llusco.

La noche del 23 de junio, las familias mineras se retiraban a dormir después de haber festejado el solsticio de invierno, las celebraciones de la noche de San Juan, alrededor de las fogatas, donde se bailó y cantó al ritmo de cuecas y wayños, acompañados con ponches de alcohol, comidas típicas, coca, cigarrillos, cachorros de dinamita y cuetillos, cuenta el historiador.

No sospechaban que el Ejericito ya se encontraba rodeándolos. Así, la madrugada del 24 de junio, fracciones del regimiento Rangers y Camacho de Oruro bajaban de los vagones del tren, empezando la ocupación los campamentos mineros.

Los obreros fueron sorprendidos por un nutrido tiroteo en la zona de Llallagua y La Salvadora y confundieron las ráfagas de las ametralladoras con los cuetillos y el estampido de los morteros con la explosión de las dinamitas.

La luz eléctrica fue cortada aquella madrugada para que las radios no pudiesen transmitir ninguna alarma a los pobladores. En tanto que los soldados, ocuparon a fuego los campamentos, la Plaza del Minero, la sede del sindicato y la radio “La Voz del Minero”, donde fue asesinado el dirigente Rosendo García Maisman, quien parapetado detrás de una ventana, defendió la radio con un viejo fusil en la mano.

En medio del caos y el espanto, los mineros, en un intento desesperado por defender sus familias, se armaron de dinamitas y capturaron a algunos soldados, a quienes les despojaron de sus uniformes y les quitaron sus armas. No obstante, todo hacía suponer que era demasiado tarde para preparar una resistencia organizada. En la Plaza del Minero se llenaron los soldados y la jurisdicción de la provincia Bustillo fue declarada “zona militar”.

La matanza a hombres, mujeres y niños duró varias horas bajo el sol de aquel 24 de junio.

Reconocimiento

Según Llusco, la historia de Bolivia no podría ser contada sin tomar en cuenta la lucha de la clase minera. “Es por eso que hasta hoy, los mineros siguen definiendo la política boliviana en puntos de inflexión”, afirma el historiador.

“En la memoria del pueblo boliviano  está vivo el dolor por la Masacre de San Juan, uno de los episodios más cruentos de nuestra historia. El recuerdo de los valerosos mineros nunca quedará en el olvido. Hermanos mineros, nuestro más profundo homenaje y reconocimiento”, expresa el comunicado del Ministerio de Minería.

Tomado de: http://www.cambio.bo/?q=masacre-de-san-juan-47-a%C3%B1os-de-la-heroica-resistencia-minera-la-dictadura