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El 20 de octubre y el Himno Nacional

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Por Colectivo Miradas Encontradas

El 20 de octubre de 1868 el abogado Perucho Figueredo escribió las notas del Himno Nacional (La Bayamesa, Himno de Bayamo) cuentan que sobre un caballo ante el pedido de las bayameses, que eufóricos por la toma de Bayamo lidereada por Carlos Manuel de Céspedes tarareaban una marcha revolucionaria, le pidieron escribiera una letra para cantar. Al principio eran seis estrofas. Luego se redujo a dos, que son las primeras. La letra original es la siguiente:

Al combate corred, bayameses,
que la patria os contempla orgullosa.
No temáis una muerte gloriosa,
que morir por la Patria es vivir.

En cadenas vivir, es vivir
en afrenta y oprobio sumido.
Del clarín escuchad el sonido.
¡A las armas valientes corred!

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PRONUNCIAMIENTO DE LA ACCREVEN EN RECHAZO A LA ACCIÓN VANDÁLICA CONTRA LAS ESTATUAS DEL JOSE MARTÌ Y LUIS BRION

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Publicado por lacovacharoja el

Los hombres se dividen en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen.
Traigo en mi corazón las ideas del maestro

La Asociación de Cubanas y Cubanos Residentes en la República Bolivariana de Venezuela (ACCREVEN) rechaza enérgicamente el acto repudiable que ha sido llevado a cabo contra las estatuas de dos patriotas y próceres independentistas que hicieron suyas las causas libertarias de los pueblos de nuestra América; dos patriotas que dedicaron sus vidas a amar y fundar. Fueron cubiertas con sendas capuchas por hombres que odian y deshacen. La del más universal de todos los cubanos, molde y hechura de los valores más elevados de la espiritualidad de la nación cubana, bolivariano de corazón y raíz. Profundo antimperialista: José Martí, quien no escatimó en expresar su particular amor por Venezuela al solicitar le diera en qué servirla ya que en él tenía un hijo; y la de Luis Brión, patriota curazoleño, participante enérgico y diligente en la Guerra de independencia de Venezuela y la Gran Colombia, a quien debemos mencionar en esta ocasión porque nuestra cultura ética así lo exige y nos compromete con la dignidad de los pueblos de nuestra América.

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Relaciones Cuba-Estados Unidos, un análisis desde la Historia

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Las relaciones Cuba-Estados Unidos fueron tema de análisis durante el Simposio de Historia.El restablecimiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos fue el resultado del perfeccionamiento del Socialismo cubano”, afirmó hoy el doctor Luis René Fernández Tabío, del Centro de Estudios hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana.

En la última sesión del Simposio Internacional La Revolución Cubana, Génesis y Desarrollo Histórico, Fernández Tabío, recalcó que el proceso no fue un regalo para la Isla sino el producto de la pericia de su diplomacia.

Influyó, también, el reconocimiento por parte de los analistas de que el proceso cubano avanzaba a pesar de todas las dificultades, acotó el catedrático.

 

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Recordando la historia escrita…

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Extracto de la carta de José Marti a su hija Maria Mantilla.

…… Mucha tienda, poca alma. Quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera. Quien lleva mucho afuera, tiene poco adentro, y quiere disimular lo poco.
Quien siente su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa, y la belleza echa luz.
Procurará mostrarse alegre, y agradable a los ojos, porque es deber humano causar placer en vez de pena, y quien conoce la belleza la respeta y cuida en los demás y en sí.
Pero no pondrá en un jarrón de China un jazmín: pondrá el jazmín, solo y ligero, en un cristal de agua clara. Esa es la elegancia verdadera: que el vaso no sea más que la flor. (…) -Y esa naturalidad, y verdadero modo de vivir, con piedad para los vanos y pomposos, se aprende con encanto en la historia de las criaturas de la tierra. (…)Tu alma es tu seda…….

¿Dónde estás, Nueva York?

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Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Para David Brooks

¿Hacia dónde caminar en una ciudad inabarcable? ¿Por dónde empezar cuando un lugar ofrece tanto? ¿Hacia el Hudson o al East River? ¿Broadway o Wall Street? ¿El Parque Central o Greenwich Village? ¿Zuccotti Park o el Empire State? ¿La enorme cicatriz de Ground Zero o la Estatua de la Libertad? ¿Ver de todo un poco o un poco en profundidad? ¿Qué pasa si la caminas con un velo del Siglo XIX, educado por las crónicas de José Martí?  ¿O si, por el contrario, usas los lentes de Pete Hamill, el periodista que dice que Nueva York es nostalgia, que nada cambia tanto como esta ciudad? ¿Y si la memoria es de ayer, cuando leías en el diario La Jornada las crónicas sobre el movimiento Occupy y te ves alcanzado por los gases y por el grito de “somos el 99 por ciento”?

Entonces la ciudad no es esto que caminas sino las réplicas y las representaciones que traes contigo, y lo que te importa realmente es el modo de fijar las imágenes nítidas que ya no ves, pero te habitan como las línea de tu mano, en las que están grabadas las esquinas, las rejas de las ventanas, los angelones tallados en los muros, los rascacielos, las salidas al laberinto urbano que están en las canciones de Bob Dylan, Jimi Hendrix, Patti Smith y los referentes de identidad que la canción popular emite en Washington Square Park.

Ya conoces Nueva York. Está descrita en el primer capítulo de Moby Dick, en El Gran Gatsby y en Mahattan Transfer, por supuesto. Es El guardian en el trigal, la ciudad como trasfondo del misterio de la adolescencia; Una pesadilla con aire acondicionado, según Henry Miller, y La hoguera de las vanidades, desde el horizonte de Tom Wolfe. Es Truman Capote, Toni Morrison y Richard Price. Sabes que nadie que se exprese en español ha superado las crónicas neoyorquinas que escribió en nuestro idioma José Martí: “Es la cultura sutil como el aire, y más es vaporosa que visible, y es como el perfume. Pero ya es señal de ella el desearla, y Nueva York anda en esto”, dijo en 1884 quien había estado “en los talleres encendidos, donde el país se fragua: con los que yerran, con los que enamoran, con los que roban, con los que viven en soledad y la pueblan; con los que construyen”.

Has visto esta ciudad de una y mil formas en las películas de Woody Allen que llegaron al cine de tu pequeño pueblo. La escuchaste en una canción, Moon river, cuando era la voz de una mujer con guitarra y pelo recién lavado en la ventana de Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany’s). La Gran Manzana es también un set de filmación a cielo abierto: tomas aéreas, vistas panorámicas, besos en la Quinta Avenida, King Kong acurrucando a Ann, los musicales en Broadway, asaltos de bancos, los neones de Times Square…

Todos tenemos una ciudad en el recuerdo que no se agota en este conjunto de islas comprado a los indígenas en 1626 por los holandeses y que ellos llamaron Nueva Ámsterdam, pero no por mucho tiempo. Los ingleses se la arrebataron en 1664 y le dieron su nombre definitivo. Y desde que Nueva York es Nueva York, monumental, clásica, moderna, vanguardista, lírica, hollywoodesca, capitalista, imaginativa y rebelde, trazar una ruta por sus calles no depende de lo que quieras, sino del tiempo.

En blanco y negro

Una de las imágenes más conocidas de Nueva York: la Estatua de la Libertad, de la cual Martí dijera: "Los que te tienen, oh libertad, no te conocen. Los que no te tienen no deben hablar de ti, sino conquistarte." Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Si buscas a José Martí en el bajo Manhattan la nostalgia es en blanco y negro. La mayoría de los edificios ya no están, y tienes que ir a buscarlos en las fotografías que ahora acaba de poner a disposición del público, por Internet, el Museo Municipal de Nueva York. Por ejemplo, el numero 756 de Broadway, redacción de la Revista América de la que fuera su director en 1882, tenía aires victorianos en ese año pero ahora es solo un adefesio gris.

Tampoco encontrarás la casa de la calle Front, la número 120, donde se instaló la dirección del periódico Patria y donde el pintor sueco Herman Norrman retrató a Martí con una pluma de ganso –inexplicablemente, porque ya entonces el cubano utilizaba una pluma de metal, en boga en EEUU desde principios de siglo-. Como ironía histórica a la casa número 77 de la calle William, donde se editó la revista para niños más hermosa de las Américas, La Edad de Oro, se la tragó con toda la manzana la sede matriz de Goldman Sachs, el banco rescatado por el gobierno de EEUU en el 2008 e involucrado en el origen de la crisis de la deuda soberana en Grecia.  Pero si no te asqueas y sigues por esa misma calle, hacia el sur, descubrirás que ha sobrevivido el Restaurante Delmonico’s, aquel donde Martí celebró su último cumpleaños, el 28 de enero de 1895.

Con el velo del siglo XIX puedes recorrer la calle más maldecida de Nueva York, Wall Street, desde el mercado de los esclavos hasta la iglesia Trinity, como lo debió hacer muchas veces el Apóstol cubano, y verás por qué esta es la primera ciudad en contar con iluminación eléctrica, cómo unió las orillas del East River con el Puente de Brooklyn, inauguró las cabinas telefónicas y comenzó a crecer verticalmente con sus ciclópeas construcciones sobre los hombros de inmigrantes italianos, irlandeses, alemanes, chinos, mexicanos, judíos… que llegaron por oleadas y le dieron el merecido título de capital del mundo. Por ella, te diría Martí desde su columna en La América (1884) de Nueva York, “siglo de ferrocarriles, de electricidad y de máquinas es el nuestro”. Y así, gente interesante y con un talento fantasioso para la extravagancia, o solo con unas ganas enormes de cambiar el rumbo de su Isla, podía buscarse la vida en una ciudad que era próspera y peligrosa, pero también era barata y estaba llena de oportunidades.

Ahora que hay sucursales de bancos o de Starbucks en casi cada esquina, y que sobre las terrazas de los vecindarios fantasmales de entonces se levantan torres de vidrio para oligarcas y tiburones financieros de Wall Street, la nostalgia en blanco y negro tiene para ti la médula de una protesta política.

A color

La estatua ecuestre de José Martí en Central Park, de Nueva York, disfruta de una posición privilegiada: al centro de una suerte de plazuela sobre el Parque Central y entre las estatuas, ecuestres también, de Bolívar y San Martín, domina la Sexta Avenida, o Avenida de las Américas, que viene a morir a sus pies. La autora de esta escultura es Ann Hyatt Huntington, quien captó el momento de la caída del Apóstol en Dos Ríos.

“Como vecinitas parlanchinas que sacan la cabeza arrebujada después de la tormenta, asomaban las hojas” en el Central Park de José Martí. O eso dijo en otra de sus deslumbrantes crónicas para La Nación, de Buenos Aires. Te sonríes porque las hojas de una araucaria asustan a la paloma que vino a posarse sobre la estatua ecuestre de Martí, ubicada en el costado más transitado de este parque, el que da a la Avenida de las Américas.

Caminas unos pasos y ves el monumento dedicado a las víctimas del atentado contra las Torres Gemelas y te enteras entonces de que el día más importante en la historia contemporánea de la ciudad no fue el 11, sino el 12 de septiembre de 2001, cuando la solidaridad se instaló en sus calles y los neoyorquinos cruzaron puentes o se transportaron en ferries para llegar a sus trabajos, a pesar de todo, y ayudar en lo que podían, como si sintieran que estar del otro lado de la desgracia transformaba el ethos de sus habitantes. La gente se volvió más amable, pero en eso llegó George W. Bush y plantó su bandera: “Los que no están con nosotros están contra nosotros”.

Esa bandera en señal de conquista y ese gesto odioso no es Nueva York, te dicen, y ya estás entrando en el metro, que es como si hubieras pagado la entrada para la gran comedia humana. No se trata solamente de que ves la cara del mundo –te cuentan que en una ocasión un viajero del tren comenzó a gritar: “¿alguien aquí habla inglés?”, y nadie se dio la vuelta-. Estos túneles que horadan el subsuelo de la ciudad, que acogen todos los rostros y todas las lenguas del planeta, es el lugar donde la segregación se resquebraja y donde se tiene la certeza de que ningún apocalipsis es para ti, aunque vivas rodeado de sus signos. Pobres, ricos, viejos, adolescentes, negros, blancos, de Nueva Jersey, del Bronx o del Soho han de verse las caras bajo tierra. Pueden ir sentados, lado a lado, el yuppie de Wall Street que depreció la naranja en los mercados del mundo, y el que perdió su triste cosecha y terminó limpiando los baños de la Bolsa.

Te toca sentarte junto una muchacha que atravesará todo Manhattan después de hacer la limpieza en un salón de boxeo. Ella te cuenta que es de Puebla, que la agarraron cuando intentó entrar a Estados Unidos por la frontera y luego la soltaron, que tiene dos hijas sin papeles que no podrán ir a la universidad y que su esposo trabaja en la construcción.  Mientras conversa mece distraídamente un libro que obviamente leía antes de iniciar este diálogo. Seguramente nadie te creerá cuando lo cuentes: el título que tiene en sus manos es El poder de los sueños.

Acabas donde empezaste y haciéndote las mismas preguntas de la mañana. Pero la noche en esta ciudad no puede irse si no es a lo grande. Entre el Hudson y el East River, cruce de los caminos que debió recorrer José Martí durante los 15 años más pródigos de su vida, suena un concierto de Bruce Springsteen dedicado a la obra de Pete Seeger y grabado en Dublin. Una poderosa banda llena de banjos, trompetas, violines y acordeones, entona con rabia el himno del movimiento de los derechos civiles, “Eyes on the Prize”: “The one thing we did was right/ Was the day we started to fight” (“Lo único que hicimos correctamente/ fue el día en que empezamos a luchar”). Y esto que escuchas con los pies adoloridos en realidad te dice que hay algo fuera del cine, la literatura, los periódicos y hasta de los libros de Historia. Hay una Nueva York que es solo tu Nueva York.

Calle 64 número 116 Lugar donde vivió Jose Marti. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

1880 8/01 Martí tiene 26 años cuando se radica en Nueva York. Vive en la casa de Manuel Mantilla en la calle 29 número 51 Este. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Imágenes de Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Imágenes de Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Imágenes de Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Imágenes de Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Imágenes de Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Imágenes de Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Imágenes de Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Imágenes de Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Imágenes de Nueva York. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Tomado de Cubadebate

Un auxilio silenciado: Cuba en la Independencia de los Estados Unidos

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independencia de eeuu

Una notable ausencia puede hallarse en la mayoría de los textos de historia que se utilizan en las escuelas norteamericanas sobre la ayuda que dio España, en primer lugar, y Cuba en particular, a la lucha independentista de las Trece Colonias contra la metrópoli inglesa. [i] Aunque también hay que reconocer que por desconocimiento mucha de la bibliografía histórica de Cuba ha carecido de esta hermosa página histórica de solidaridad del pueblo cubano.[ii] Un auxilio  que estuvo más allá del conflicto y los intereses de las potencias de la época: España y Francia de un lado, Inglaterra del otro.

El destacado historiador cubano Eduardo Torres Cuevas ha señalado que “la asistencia cubana a la independencia norteamericana no se limitó a la participación de las tropas habaneras en un hecho militar, por importante que éste resulte, sino que esa ayuda constituye un componente participativo en todas las esferas del proceso independentista norteamericano”.[iii]

En los momentos en que se inicia el proceso independentista en las Trece Colonias en 1775, ya existía toda una tradición de relaciones comerciales entre estos territorios y la isla de Cuba. Según Torres Cuevas, en la década de 1760-1770, las mieles cubanas encontraban en Rhode Island, 30 destilerías que anualmente producían, sólo para exportar al África, 1 400 bocoyes de ron. A su vez, los traficantes entre las dos regiones traían a Cuba importantes cargamentos de esclavos adquiridos, no pocas veces, con el ron fabricado en Norteamérica con la melaza de los ingenios cubanos; e implementos a bajos precios. [iv]

De esta manera, entre la oligarquía habanera y los comerciantes de las Trece Colonias se establecieron estrechos nexos de intercambio comercial. Nexos que defendieron con pujanza ante cada intento de la Corona británica de limitarlos, convirtiéndose dicho conflicto en una de las causas del movimiento independentista. Esto tuvo una expresión política en el hecho de que las principales figuras implicadas en ese intercambio, serían claves en el financiamiento, aprovisionamiento, espionaje y otras formas de apoyo al movimiento independentista de Norteamérica. Fueron sus más célebres exponentes: del lado norteamericano, Robert Morris, traficante negrero; el cerebro financiero de la guerra de independencia de los Estados Unidos, como se le llamaba, y por Cuba –aunque de origen español-, el comerciante Juan Miralles, primer representante de España ante los rebeldes.

Miralles sería uno de los hombres más admirados por George Washington, a tal punto que, por voluntad del propio líder norteamericano, fallecería en su casa en Morristown, Nueva Jersey, el 28 de abril de 1780, atendido por su esposa y médico personal, víctima de una mortal enfermedad. Al ocurrir su deceso, Washington ordenó que se le rindieran honores militares y en sus funerales participaron además del futuro primer presidente de los Estados Unidos, La Fayette, Hamilton, Morris y otros importantes líderes norteamericanos y oficiales franceses. “En este país se le quería universalmente y del mismo modo será lamentada su muerte”, expresó Washington ante la desaparición física de Miralles. [v]

Durante la lucha independentista de las colonias inglesas en Norteamérica, Miralles fue un activo agente al servicio del espionaje español.[vi] Su ayuda se concretó en la creación, junto a Robert Morris, de una amplia red de abastecimientos de ropa, alimentos, armas y medicinas para las fuerzas independentistas norteamericanas, que tenía en La Habana su epicentro fundamental.

Luego de declarada la guerra entre España y Gran Bretaña, el 23 de junio de 1779, La Habana sería también un núcleo importante de las operaciones militares y el puente ineludible para intensificar la ayuda comercial, financiera y militar a los rebeldes, la cual se canalizaba a través de la Luisiana y por una ruta naviera creada desde 1778 por Miralles y Morris entre La Habana y Filadelfia.

El 27 de agosto de 1779, dos meses después de la declaración de guerra, el general español Bernardo Gálvez avanza sobre las Floridas. Va al frente de un ejército que conforman criollos de Cuba y suma victoria tras victoria. Refuerzan también sus tropas batallones de Pardos y Morenos de La Habana. Un año más tarde, Gálvez pone sitio a Pensacola, el punto más fuerte de los ingleses en la costa antillana de Norteamérica.

La victoria se alcanza gracias al refuerzo recibido de tropas de La Habana conducidas por el general Juan Manuel de Cajigal y Monserrate, que es el primero en entrar a la ciudad. Con el dominio de este enclave se garantizó el control del cauce del río Mississippi y, por lo tanto, la ruta de abastecimientos a los rebeldes que empleaban los barcos peninsulares, franceses, habaneros y norteamericanos.

Por su destacada participación en la acción, Cajigal sería el primer cubano en ser nombrado por la Corona española gobernador interino de la Isla, el 29 de mayo de 1781. En la toma de Pensacola y luego durante parte del tiempo en que fungió como Gobernador de la Isla, Cajigal tuvo como ayudante personal al venezolano Francisco de Miranda, quien posteriormente trascendería a la historia como el “Precursor de la Independencia de América Latina”.

Pero, sin lugar a dudas, la forma más elocuente en que se expresó la ayuda de la población cubana a la causa independentista de los Estados Unidos se materializó cuando hombres y mujeres acaudalados de La Habana auxiliaron financieramente al general francés, Jean Baptiste de Vimeur, Conde de Rochambeau, y al mismo Washington, quienes se habían quedado sin recursos para sufragar los gastos que implicaban sus planes de asestarle un golpe definitivo a los ingleses en Yorktown. Washington necesitaba alrededor de 1 200 000 libras esterlinas, para poder abastecer y pagar a sus tropas.

Después de fracasar varias gestiones realizadas para la obtención del dinero, el almirante Francois Joseph Paul, conde de Grasse, que había sido enviado con una poderosa flota francesa al Atlántico, ordenó que la fragata Aigrette se dirigiera a Cuba para comunicar la urgencia de la necesidad de este financiamiento. De inmediato, se realizó en la Isla una recaudación pública con la colaboración de las autoridades eclesiásticas y gubernamentales, junto a determinados sectores populares. Varias fuentes aseguran que las damas habaneras entregaron parte de sus joyas. También se refieren a una decisiva participación de Francisco de Miranda en la recogida de los fondos, aunque otros datos lo ponen en duda.[vii] En total se reunió la cifra de 1 800 000 pesos de ocho reales, que fueron entregados al joven oficial francés Claudio Enrique de Saint-Simon, el posterior famoso escritor y socialista utópico. Con esta importante suma de dinero se pudo pagar a las tropas independentistas, cubrir gastos de abastecimiento e iniciar el avance contra las fuerzas del general británico Charles Cornwallis en la región virginiana de Yorktown. Después de varios días de combate, las tropas británicas se rindieron y el 31 de octubre de 1781 firmaron la capitulación. [viii]

Finalmente en 1783, mediante el Tratado de París, los ingleses reconocieron la independencia de las Trece Colonias.

Basados en estos hechos históricos, que aun ameritan una mayor atención de los investigadores, podemos entonces afirmar, no solo que Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, como demostró en magistral ensayo el historiador Emilio Roig de Leuchesering, [ix]sino que la independencia de los Estados Unidos tiene mucho que agradecerle a los cubanos.

Notas


[i] También se obvia el apoyo de tropas haitianas.

[ii] La mayoría de los textos históricos utilizados en los distintos niveles de enseñanza de las escuelas cubanas no comprenden esta historia. El Dr. Eduardo Torres Cuevas ha sido uno de sus mayores divulgadores y logró incluir una síntesis de estos pasajes en su libro –en coautoría con el Dr. Oscar Loyola Vega- Historia de Cuba 1492-1898. Formación y liberación Nacional, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2001, t.1, pp.120-124.

[iii] Eduardo Torres Cuevas, “Lo que le debe la independencia de Estados Unidos a Cuba. Una ayuda olvidada”, en: En Busca de la Cubanidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006, t.1, p.133.

[iv] Ibídem, p.155.

[v] Ibídem, p.169.

[vi]La figura de Miralles aún no ha sido suficientemente investigada, como bien afirma Torres Cuevas. Si Herminio Portell Vilá le rinde especiales honores en su obra, Historia de Cuba. En sus relaciones con los Estados Unidos y España, t.1, el propio Torres Cuevas lo cataloga como “uno de los más inescrupulosos comerciantes y contrabandistas de La Habana”, en: Ob.cit, p.157.

[vii] Véase Ernesto Limia, Cuba Libre. La Utopía Secuestrada, Ediciones Boloña, La Habana, 2013, pp.33-41.

[viii] Eduardo Torres Cuevas, Ob.Cit, pp.168-169

[ix] Emilio Roig de Leuchsenring, Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, Ed. La Tertulia, La Habana, 1950.

Tomado de: http://www.cubadebate.cu/opinion/2015/07/10/un-auxilio-silenciado-cuba-en-la-independencia-de-los-estados-unidos/#.VaMTzZP7tC0

La misteriosa historia de cómo llegó el símbolo del Ojo en la Pirámide al billete de un dólar

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We are led to believe in a lie, when we see not though the Eye.

William Blake

El símbolo del Ojo en la Pirámide que aparece en el reverso del billete de un dólar y en el Gran Sello de los Estados Unidos es posiblemente el símbolo esotérico más reconocido del mundo, asociado actualmente con todo tipo de conspiraciones. En realidad este símbolo trasciende credos y filiaciones políticas y su origen se pierde en el tiempo entre la iconografía religiosa de todas las eras. Es, por supuesto, el Ojo de la Providencia, un símbolo utilizado por el cristianismo a lo largo de la historia. Guarda relación también con el Ojo de Horus, un símbolo que aparece en los complejos ritos fúnebres egipcios. Horus, es el hijo de Isis y Osiris y simboliza la conquista de la muerte por parte de Osiris que renace a través de él.  Esta deidad solar pierde su ojo luchando contra Seth, pero luego Thoth (el Hermes egipcio) restaura este ojo, simbolizando la luz interior que debe desarrollarse para cruzar las regiones oscuras del Am Duat, el ultramundo.  En términos generales, es un claro símbolo solar , ya que el ojo es concebido por la mayoría de las culturas como un sol microcósmico; y,  también, un símbolo de la visión mística o de los estados de percepción más elevados que son alcanzados desarrollando lo que se conoce como el “tercer ojo”, ubicando comúnmente en la glándula pineal dentro de la anatomía esotérica.

En 1782 se decidió que el símbolo de un ojo sobre una pirámide truncada con 13 escalones fuera parte del Gran Sello de Estados Unidos; a esta imagen le acompañó la rúbrica en latín de “Annuit Coepti”, que se traduce como “aprueba nuestro comienzo” o “aprueba nuestra misión”, posiblemente queriendo decir: la providencia (el ojo en la pirámide) aprueba la fundación y el proyecto de nación; abajo dice Novus Ordo seclorum, una frase adaptada de Virgilio, que significa literalmente el “nuevo orden de los siglos”. En la otra parte del sello aparece una águila con una rama de oliva y treces flechas (los estados originales). Esta águila, según dice, Manly Hall, en un principio estuvo inspirada en un fénix renaciendo de sus cenizas.

El Gran Sello de Estados Unidos es el resultado de tres comités que se formaron desde 1776 con la intención de definir este símbolo. La base del símbolo, incluyendo el Ojo en la Pirámide y la leyenda en latín, fue ideada por Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y John Adams, quienes recurrieron para el diseño al dibujante Pierre Eugene Du Simitiere. Estos tres “padres fundadores” de Estados Unidos han sido vinculados con los masones de manera bastante contundente. Manly P. Hall, a quien consideramos una autoridad en estos temas, señala en su libro America’s Secret Assignment with Destiny que, en la época en que se redactó la constitución de Estados Unidos, 50 de 55 miembros del Congreso eran masones. El historiadorRobert Allan Campbell cuenta en su libro Our Flag que un misterioso hombre conocido como “The Professor” tuvo un rol decisivo en la selección de la bandera estadounidense, ejerciendo gran influencia den Washington y Franklin. Hall cree que este hombre, de quien se dice que era vegetariano y tenía un refinado carácter, debía de ser un mítico maestro Rosacruz, de quien también se dice que fue clave en la redacción de la Declaración de la Independencia. Este es uno de los episodios más extraños de la historia de Estados Unidos, y quizás sólo sea un mito para engrandecer la leyenda esotérica del “destino secreto de Estados Unidos”. De cualquier forma, no hay duda que para los fundadores de Estados Unidos la masonería y la simbología oculta era importante. Por ejemplo, en el George Washington Memorial Museum se muestra la indumentaria masónica de Washington, y se puede ver en su traje el símbolo del Ojo de la Providencia.

El símbolo del Ojo en la Pirámide tardaría cerca de 150 años en imprimirse también en el billete de un dólar y la historia de cómo llegó ahí no es menos fascinante. Fue la insistencia de Henry Wallace, secretario de Agricultura y Vicepresidente de Estados Unidos bajo Roosevelt, lo que llevó este poderoso símbolo al papel de mayor circulación en el mundo. Wallace creía que Estados Unidos debía de cumplir su destino divino y llevar al mundo a un nuevo y más alto orden bajo la ley del Gran Arquitecto. Por supuesto, Wallace también era masón. Sin embargo, curiosamente fue la influencia de otro místico, el pintor ruso Nicholas Roerich, la que probó ser decisiva en este caso.

 

Wallace quedó encantado por la refinación espiritual y los conocimientos esotéricos de Roerich, quien había viajado por todo el mundo, incluso en búsqueda del mítico reino del cielo en la Tierra, Shambhala (en el que se basa la película de Capra sobre Shangri-la). En este lugar en lo alto de los Himalayas supuestamente hay una ciudad de maestros ascendidos en la que reina la Gran Hermandad Blanca. La pintura de Roerich refleja los mitos y paisajes de este nodo espiritual planetario.

La amistad esotérica de Wallace y Roerich los llevó a celebrar reuniones en el penthouse del museo del pintor ruso en la ciudad de Nueva York (a cuya inauguración habían asistido jefes de estado, Einstein, Tagore, etc.). Se dice que a estas reuniones asistieron entre otros el presidente Roosevelt, que quedó muy impresionado con Roerich, y el historiador hermético Manly P. Hall, quien fundara la Philosophical Research Society, en cuyas instalaciones podemos ver una estatua de Roerich y una de Blavatsky.

Fue la recomendación de Roerich de que pusieran el símbolo del Ojo que Todo lo Ve dentro de la pirámide incompleta en una moneda, lo que llevó al entonces secretario de Agricultura, Henry Wallace ,a mostrarle la imagen del Gran Sello al presidente, Wallace escribe en una carta:

Mientras Roosevelt veía una reproducción a color del Sello lo que primero le llamó la atención fue el “Ojo Omnividente”, una representación masónica del Gran Arquitecto del Universo. Luego le impresionó la idea de que la fundación de un nuevo orden de las edades había sido sentado en 1776 pero sería completado solo bajo el Ojo del Gran Arquitecto. Roosevelt como yo era un masón grado 32. Sugirió que en vez de una moneda, pusiéramos el símbolo en el billete de un dólar.

Roosevelt no sólo era masón, era miembro de la sociedad secreta de los “Shriners” (Ancient Arabic Order of Nobles of the Mystics Shrine). En la inscripción Novus Ordo Seclorum, Roosevelt vio un analogía con su “New Deal”, el Nuevo Trato lo que podía verse como sinónimo de Nuevo Orden.

La confianza y la injerencia de Roerich en Wallace y quizá en Roosevelt estaban fincadas en su promesa de obtener la “piedra del destino”. En una serie de cartas en las que llamaba a Roerich “gurú” y que más tarde serían filtradas por la prensa, afectando su campaña a la presidencia, Wallace escribió:

He pensado en la advertencia de ‘Espera la Piedra’. Esperamos la Piedra y te recibimos otra vez con los brazos abiertos a esta gloriosa tierra del destino.

Esta piedra del destino, es la también llamada Piedra Chintamani, la cual legendariamente fue traída del cielo y entregada al Rey del Mundo en Shambhala, Sumat Kumara, según la teosofía. En otra carta Wallace le escribió a Roerich:

La búsqueda, ya sea por la palabra perdida de la masonería, el Santo Grial o el potencial del porvenir, es un objetivo supremamente valioso. Todo lo demás es deber kármico. Pero seguramente todos somos un potencial Galahad. Así que esmerémonos por el Cáliz y la llama arriba de el.

Wallace, de manera controversial para su carrera política, financió los viajes de Roerich por Asia (esto acabaría costándole caro, como menciona este artículo del New York Times). La historia en este punto se complica y entra en una fase completamente esotérica que se oscurece entre la niebla metafísica y la especulación. Nicholas Roerich aparentemente sostuvo haber encontrado la piedra y viajó al Tibet para reunir la piedra Chintamani a su piedra madre, una enorme joya, en el corazón de Shambhala. Sin embargo, también se dice que Roerich no habría llegado a Shambhala y sólo a Shigatse, por cuyas cuevas se asciende a Shambhala y en dónde estudió Blavatsky. En la piedra, según Roerich, yace la siguiente inscripción (traducida del sánscrito):

Through the Stars I come. I bring the chalice covered with the shield. (A través de las estrellas he venido. Traigo el cáliz cubierto con el escudo.

Las expediciones de Roerich en busca de Shambhala cubrieron más de 25 mil km de 1923 a 1928. En 1934 había regresado en representación de la Secretaría de Agricultura de Estados Unidos, aparentemente para llevar de regreso la piedra su lugar de origen; aunque en este punto hay versiones encontradas y se dice también que esta expedición podría haber tenido como fin traer la piedra del destino a Estados Unidos (o al menos es lo que creía Wallace). En 1933 se había impresó el nuevo billete de dólar con el ojo en la pirámide truncada. La inclusión de este poderoso símbolo en el billete del dólar ha generado una impronta en todo el planeta, reflejando un misterioso designio y convirtiéndose en el emblema de las teorías de la conspiración bajo el nombre paraguas de los Iluminati, la sociedad secreta fundada curiosamente también el mismo año de la Declaración de Independencia, en 1776, en Bavaria por Adam Weishaupt. El símbolo del Ojo en la Pirámide, la leyenda del nuevo orden mundial y el águila-fénix en el dólar son una constelación de símbolos centrales en la época reciente a lo que podemos llamar la historia secreta de este eón; una oscilación confusa entre lo que parece ser un verdadero misterio esotérico (con sus claves iniciáticas) y una enorme cantidad de desinformación que ha desvirtuado y empantanado la posibilidad de acceder a la verdad, al menos para cualquier que se acerca a esto sin contar con información privilegiada.

En 1935 los fondos se Roerich fueron retirados, al parecer Wallace se había desencantado de su gurú. Demasiado tarde puesto que eventualmente le costaría la elección a la presidencia. Roerich, sin embargo, logró establecer el Roerich Peace Pact en 1935, un pacto que obliga a las naciones a respetar museos, catedrales, librerías y universidades de la misma manera que se hacía con los hospitales; más tarde sería aceptado por las Naciones Unidas.

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La piedra Chintamani, en la tradición budista, es considerada como una piedra capaz de conceder cualquier deseo, una joya (mani) filosófica. Se dice que la piedra cayó del cielo durante el reino de Lha Thothori Nyantsen. En Internet existen todo tipo de especulaciones en torno a un supuesto origen extraterrestre (se habla de la estrella Sirio); al igual que numerosas asociaciones entre esta piedra y el santo grial (el lapis exilis) o la piedra filosofal de los alquimistas. Sobra decir que aquí se mezclan metáforas y alegorías filosóficas con interpretaciones literales. Un conocimiento preciso sobre la verdadera naturaleza de esto último –de la piedra, de Shambhala y el secreto de las naciones– va más allá de lo que podemos encontrar investigando someramente y quizás sea imposible de dilucidar a través de la investigación bibliográfica. Probablemente requiera del desarrollo del mismo símbolo utilizado en el billete de un dólar, de ese ojo omnividente que logra penetrar los misterios.

Tomado de: http://www.elciudadano.cl/2015/06/27/181436/la-misteriosa-historia-de-como-llego-el-simbolo-del-ojo-en-la-piramide-al-billete-de-un-dolar/