Coronavirus

La covid y las empresas: otro aprendizaje en la pandemia

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Todos asistimos en estos días con justa emoción al reconocimiento dado por la Asamblea Nacional del Poder Popular a los científicos que trabajaron en el control de la pandemia de COVID-19 y a la condecoración como Héroes del Trabajo de los principales protagonistas; y escuchamos con satisfacción las cifras de reducción de la cantidad de pacientes y de los fallecimientos, y de incremento de la cobertura de vacunación en adultos y niños, que cada mañana nos anuncia el MINSAP.

Es, sin dudas, una enorme victoria de nuestro Pueblo, que será dulce para los muchos cubanos que aman, y amarga para los pocos (aunque existentes) que odian.

Ahora tenemos que emprender la tarea intelectual de interpretar a fondo la experiencia de la COVID y extraerle todas las enseñanzas posibles, para que nos deje también vacunas contra escepticismos (a veces también infecciosos), pesimismos y apatías al mirar el futuro de la Patria.


Los componentes de ese análisis imprescindible de las experiencias de la COVID son muchos, inabarcables en un solo texto, y se relacionan con el perfeccionamiento de nuestro sistema de salud, el potencial de la atención primaria, las fortalezas y debilidades del sistema de producción y distribución de medicamentos, la demanda de ciencia, la cultura de higiene y prevención, la comunicación social, el fortalecimiento del sistema de instituciones del Poder Popular, las ciencias sociales, el protagonismo de la juventud, la respuesta social ante las tendencias demográficas, las dinámicas familiares, la informatización y la capacidad de gestión de datos, y muchos otros temas que habrá que ir exprimiendo uno por uno para extraerles enseñanzas y propuestas prácticas de acción.

No intentaré generalizaciones, para las cuales carezco de conocimientos y de datos. Otros compañeros lo harán. Usaré entonces este breve espacio para llamar la atención sobre uno de los componentes de la respuesta cubana a la COVID, uno solo entre muchos, pero uno al que muchas veces no miramos con suficiente profundidad: LAS EMPRESAS.

Algunos se preguntarán: ¿Qué tiene que ver la COVID con los temas económicos y empresariales que están siendo al mismo tiempo objeto de debate intenso en la sociedad cubana?

Pues sucede que hay mucha relación entre ambos debates:

¿Porqué pudimos crear vacunas en tiempo récord?. ¿Porqué pudimos llevar la producción a escalas suficientes para cobertura total?. ¿Porqué pudimos aplicar masivamente interferones en las etapas tempranas?. ¿Porqué aparecieron rápidamente y se ensayaron en pruebas clínicas anticuerpos monoclonales y péptidos para el control de la inflamación sistémica de la COVID? ¿Porqué se montó con agilidad la producción de hisopos? ¿Porqué se logró diseñar y producir respiradores de alta tecnología?

Muy cierto es que teníamos (y tenemos) lo más importante: La gente. Científicos y tecnólogos preparados y expertos, motivados por su labor, y exponentes de los valores morales de la Revolución y el Socialismo.

Pero aun teniendo eso, no hubiese sido suficiente si hubieran sido individuos aislados, o vinculados por relaciones de mercado, y con visiones estrechas de su campo de trabajo. Las personas son el punto de partida, sin lo cual nada es posible, pero después, en un plano superior, están las formas concretas en que las personas se agrupan y trabajan. La sociedad humana es más, mucho más, que una suma de individuos.

La fortaleza de esta historia es que también estaban las empresas, desde antes de la COVID.

Y no empresas cualesquiera, sino empresas:

  • Que eran (y son) propiedad socialista del todo el Pueblo, representado por el Estado
  • Que emergieron muchas de ellas dentro del sector académico presupuestado y se transformaron después en empresas
  • Que incluían la investigación científica dentro de la gestión empresarial
    Que crearon capacidades de producción propias
  • Que asimilaban permanentemente nuevas tecnologías
  • Que lograban, muchas de ellas, cerrar un ciclo económico de investigación, desarrollo de productos, escalado productivo y comercialización
  • Que lograban, cada una de manera descentralizada, balances financieros positivos en moneda nacional y en divisa para hacer sostenible su operación.
  • Que hacían, muchas de ellas, su propia gestión comercial exportadora
  • Que implementaron complejos y modernos sistemas de aseguramiento de calidad y recibieron inspecciones regulatorias de Cuba y de otros países
  • Que desplegaron inserción internacional en todo el ciclo de desarrollo, mediante colaboraciones científicas, cadenas productivas internacionales y empresas mixtas en el exterior
  • Que luchaban por combinar, en sus estructuras superiores (Frente Biológico- Polo Científico- Biocubafarma), un balance adecuado entre coordinación estratégica y descentralización operativa
  • Que participaban en espacios de coordinación sistemática entre ellas y con organizaciones del sector presupuestado, tanto del sistema de salud como del sistema de ciencia, tecnología e innovación
  • Que habían formado decenas de cuadros para esas diversas y complejas tareas.
  • Que mantenían una comunicación permanente y bidireccional con los altos niveles de dirección del país, fruto de la atención directa que les dio el Comandante en Jefe Fidel Castro desde los momentos fundacionales.

Todo eso existía antes de la COVID. Llegada la pandemia, esa artillería pesada apuntó al coronavirus. E hizo blanco.

En el enfrentamiento a la COVID recogimos bien la cosecha, pero las semillas estaban sembradas, décadas antes.

La lección a aprender es que formar organizaciones es tan importante como formar personas, que las personas son diversas pero las organizaciones también, que las personas deben ser innovadoras pero las organizaciones también, que las personas no deben envejecer temprano, pero las organizaciones tampoco.

¿Es todo esto una singularidad de la biotecnología? Seguro que no. Es una historia que hay que repetir en las tecnologías emergentes de la informática, la inteligencia artificial, los macro-datos, la robótica, las nanotecnologías, los nuevos materiales, la manufactura aditiva, la energía inteligente, y otras tecnologías de avanzada que dibujan la llamada “cuarta revolución industrial”, y que quizás tienen hoy todavía la inmadurez que tenía la biotecnología mundial en los 80, pero que ya comienzan a “parir” sistemas empresariales.

Es el momento: los cambios en el contexto jurídico de la economía cubana (atribuciones de la empresa estatal, empresas de alta tecnología, parques tecnológicos, diversidad de actores económicos, pequeñas y medianas empresas, atribuciones de los territorios y otros) abren el camino.

Los jóvenes tendrán que recorrerlo. Y rápido.

Abdala en La Habana: 92% de efectividad en pacientes graves

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Tras concluir la evaluación del impacto de la vacuna Abdala en la provincia de La Habana, las evidencias científicas demuestran una efectividad de un 92%, para la gravedad, y de un 90,7%, para el fallecimiento.

Así lo confirmó este martes el doctor Pedro Mas Bermejo, vicepresidente de la Sociedad Cubana de Higiene y Epidemiología, durante el encuentro que cada semana propicia el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, con el grupo de científicos y expertos que lideran en el país las actividades de ciencia e innovación tecnológica en el enfrentamiento a la COVID-19.

Según explicó Mas Bermejo, estos análisis se rigen por un documento emitido en mayo del 2020 por la Organización Mundial de la Salud, donde se hacen recomendaciones para evaluar los indicadores de la epidemia y también cómo influyen en su comportamiento las vacunas.

De acuerdo con los resultados presentados, en el caso de la positividad de las pruebas diagnósticas a través de PCR, el vicepresidente de la Sociedad Cubana de Higiene y Epidemiología recordó que mientras en el país ese número se mantenía por debajo de 5%, en La Habana estaba por encima de 15%.


Después del 15 de agosto del presente año —momento en que se terminó de administrar la tercera dosis en la capital—, empezó el descenso de este indicador, aseveró, el cual se ha mantenido en los días más recientes muy por debajo de 5%. “Eso habla de un control en La Habana”, dijo.

Respecto a la tasa de incidencia de la enfermedad por cada 100 000 habitantes, refirió que después de la entrada a Cuba de la variante Delta también tuvo lugar un ascenso, llegando a ser de 1 200, cifra que en estos momentos es de 207.

De manera particular sobre los pacientes hospitalizados, comentó que se manifiesta una disminución considerable, incluidos quienes se encuentran en las unidades de cuidados intensivos. Los ingresos diarios en las unidades de atención al grave, acotó, empezaron a bajar a partir del pasado 18 de agosto, momento en que se produjo el pico con los mayores números en la capital. La tendencia a la disminución ha continuado, especificó.

Asimismo, se refirió a la relación entre las tasas de mortalidad e incidencia por cada 100 000 habitantes, las cuales empezaron a descender a partir del 3 de agosto. Ese comportamiento tuvo mucho que ver —precisó— con los días que transcurrieron desde que inició la inmunización en La Habana.

Los estudios que se han realizado en el país, adelantó, evidencian que el punto de inflexión de la epidemia comenzó cuando alcanzamos como promedio un 38% de vacunación. En el mundo, puntualizó, ese momento ha comenzado en el 60% de la vacunación.

Todavía hay muchas hipótesis que tendremos que seguir estudiando —subrayó– pero este ha venido siendo el comportamiento de la efectividad de la vacuna Abdala que se ha podido comprobar en la capital.

Teniendo en cuenta los indicadores epidemiológicos analizados, concluyó, la efectividad en La Habana mostró un valor elevado de la protección de Abdala ante la forma grave de la enfermedad y el fallecimiento.

“Son resultados muy elocuentes, que resumen el tremendo y extraordinario trabajo que se ha realizado”, subrayó Martha Ayala Ávila, directora General del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Vacunar a la población de la capital con la velocidad que se hizo —enfatizó— es realmente algo muy meritorio.

La ciencia en Cuba sigue buscando soluciones

Teniendo en cuenta lo arrojado por el estudio, en el transcurso del presente mes se ampliará el universo a estudiar en una fase siguiente de ensayo clínico.

Cada jornada constituye un nuevo reto para la ciencia cubana, y en cada una se encuentran motivaciones para desarrollar el conocimiento y ponerlo en función de la vida. Los resultados obtenidos del ensayo clínico exploratorio, controlado, aleatorizado, abierto y monocéntrico realizado para evaluar la seguridad y el efecto antiviral de la  Gammaglobulina anti SARS-CoV2 en pacientes graves con la COVID 19, también son una muestra de ello.

Según se dio a conocer en el encuentro —en el cual participó el miembro del Buró Político y Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz— este producto podría convertirse en el primer producto cubano como tratamiento específico para pacientes contagiados con el virus del SARS-CoV-2.

La doctora Beatriz Amat Valdés, del hospital militar Doctor Luis Díaz Soto —institución que sirvió de escenario para el estudio Fase I—, detalló que se incluyeron pacientes con diagnóstico positivo a la COVID-19, confirmados por PCR, que cumplieran al menos uno de los criterios de gravedad que establece el protocolo de actuación nacional.

Todos fueron mayores de 19 años y tenían menos de 10 días desde que iniciaron los síntomas, comentó. De acuerdo con su explicación, se trabajó con dos grupos: uno de ellos solo recibió el tratamiento que establece el protocolo de actuación nacional y al otro se le administró, además, la gammaglobulina en dosis única.

Entre otros aspectos, Amat Valdés señaló que ninguno de los enfermos que participó en el ensayo clínico necesitó de ventilación mecánica y solo se reportó un fallecido, mientras que en el grupo que no recibió el medicamento fallecieron cinco.

Ningún paciente incluido en el ensayo presentó eventos adversos graves asociados a la administración del producto, aseveró. “Eso nos permite afirmar que el medicamento es muy seguro”, valoró.

Teniendo en cuenta lo arrojado por el estudio, en el transcurso del presente mes se ampliará el universo a estudiar en una fase siguiente de ensayo clínico.

Los resultados obtenidos hasta el momento sugieren —explicó la doctora en Ciencias Consuelo Macías Abraham, directora del Instituto de Hematología e Inmunología—, que la Gammaglobulina anti SARS-CoV2 podría estar entre los medicamentos de primera línea para el tratamiento de la COVID-19.

Las cifras de la epidemia continúan su descenso

Al cierre de la pasada semana eran 3 892 personas, lo cual significa 1 839 menos que en igual periodo anterior.

Que por seis semanas consecutivas se mantenga una disminución de los contagios en el país, es una realidad que evidencia un mejor comportamiento de la enfermedad en todo el territorio nacional, aunque no constituye motivo para la confianza.

Así ratificó el ministro de Salud Pública, José Angel Portal Miranda, al comentar —durante la reunión del grupo temporal del trabajo para la prevención y control del nuevo coronavirus, que encabeza el Presidente Díaz-Canel y dirige el Primer Ministro— los aspectos más distintivos de la epidemia en la última semana.

Es un comportamiento que se manifiesta en todo el país y parece ser irreversible, había dicho con anterioridad en el encuentro con el grupo de científicos y expertos el doctor Raúl Guinovart, decano de la Facultad de Matemática y Computación.

En descenso continúa también, detalló Portal Miranda, el número de contagiados con la enfermedad que se encuentran ingresados. Al cierre de la pasada semana eran 3 892 personas, lo cual significa 1 839 menos que en igual periodo anterior.

Como un elemento significativo destacó que han seguido disminuyendo los ingresos en el hogar y en estos momentos la mayor parte de los confirmados tienen un ingreso hospitalario.

No obstante esa realidad, llamó la atención sobre provincias como Camagüey, Holguín, Sancti Spíritus, Villa Clara, Pinar del Río y Las Tunas, en las cuales se concentró el 72% de los casos diagnosticados en la última semana.

Ante el inminente escenario que se comenzará a vivir en Cuba, con el paso a la nueva normalidad y el incremento de varias actividades y servicios, el Ministro de Salud Pública enfatizó a las autoridades de las diferentes provincias en la importancia de no retroceder —por el incumplimiento de los protocolos— en el control que se ha logrado de la enfermedad.

En algunos lugares, subrayó, se empiezan a ver personas que no usan el nasobuco y es una medida básica que no podemos ignorar. “El control de la enfermedad no se puede dejar solo a las vacunas; nadie puede confiarse, es imprescindible seguir insistiendo en las medidas básicas de protección personal: no es solo exigirlas, sino también lograr que se cumplan”.

Más del 65% de la población cubana ha completado su esquema de inmunización

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El Ministerio de Salud Pública informó que al cierre del 1ro de noviembre se acumulan en el país 25 869 765 dosis administradas con las vacunas cubanas Soberana 02, Soberana Plus y Abdala.

Hasta la fecha, han recibido al menos una dosis de una de los inmunógenos cubanos mencionados, 9 963 447 personas, dentro de las que se incluyen las vacunadas con Soberana Plus como dosis única.

De ellas ya tienen segunda dosis 8 956 486 personas y tercera dosis 6 949 832 personas.


Cuba desarrolla una intensa campaña de vacunación masiva que incluye la población pediátrica de dos a 18 años, y que busca completar el 90 % de cobertura de inmunización anticovid para finales de noviembre.

Nuestros niños llegarán a las aulas vacunados; único país del mundo que podrá reiniciar las clases con sus hijos protegidos con vacunas hechas en el propio país. Foto: Archivo/Cubadebate.

No obstante, el control de la epidemia requiere disciplina en el acatamiento de las orientaciones sanitarias. El Ministro de Salud Pública, doctor José Angel Portal Miranda, dijo este lunes en el grupo temporal de trabajo que en algunos lugares se empiezan a ver personas que no usan el nasobuco y es una medida básica que no podemos ignorar.

El control de la enfermedad no se puede dejar solo a las vacunas; nadie puede confiarse, es imprescindible seguir insistiendo en las medidas básicas de protección personal: no es solo exigirlas, sino también lograr que se cumplan”.

Este 20 de octubre

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Celebramos este año el Día de la Cultura Nacional en medio de circunstancias excepcionales. Las restricciones impuestas por la pandemia obligaron a los creadores y a las instituciones a trasladar eventos, presentaciones y debates al ámbito virtual. La televisión apoyó ese gran esfuerzo, y puede decirse que no ocurrió el previsible “apagón” cultural. No obstante, el público acostumbrado a frecuentar los circuitos artísticos sufrió un cambio drástico en sus hábitos culturales  y una reducción de sus opciones de enriquecimiento espiritual. 

A la pandemia y sus secuelas de toda índole se sumaron los efectos del recrudecimiento del bloqueo, que se hizo más asfixiante que nunca. Enfrentamos limitaciones que obstaculizaron la participación de la población en los procesos culturales y la proyección social de escritores, artistas, instructores de arte y promotores, y de sus organizaciones e instituciones, desde la UNEAC, la AHS, la Brigada José Martí y los Institutos y Consejos del Ministerio de Cultura hasta la red de bibliotecas, museos, casas de cultura y demás entidades provinciales y municipales.


Si echamos un vistazo a nuestra región, advertiremos que el impacto de la epidemia de la covid-19 sobre el movimiento artístico ha sido devastador. Un mensaje circulado en julio de 2020 por la revista Conjunto de la Casa de las Américas denunció la situación desesperada del teatro latinoamericano:

“Mientras grupos y artistas generan iniciativas virtuales para sostener la actividad creadora y la comunicación con el público y con sus colegas de todas partes (…) como impulso vital para impedir que el teatro muera, muchos gobiernos neoliberales, carentes de políticas culturales humanistas e indiferentes a la necesidad de preservación y afirmación de la identidad de sus pueblos, dan la espalda a la cultura y a sus artistas.”

Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido allí donde reina el neoliberalismo, la cultura entre nosotros no ha quedado huérfana. En la Cuba satanizada por la maquinaria de mentiras de los medios y las redes sociales, la dirección del país ha seguido respaldando a creadores e instituciones. Protegió en particular a músicos y artistas escénicos no subvencionados, cuyos ingresos provenían de sus actuaciones en espacios públicos. Como dijo Díaz-Canel, “Con el cuerpo herido de dolencias y escaseces, Cuba no olvidó a sus artistas”.

Entretanto, en una clásica maniobra oportunista, el gobierno de los Estados Unidos y el núcleo fascista de Miami decidieron aprovechar la ocasión para reverdecer, con saña particular, su vieja aspiración de dividir a los sectores intelectuales cubanos, distanciar a los creadores de la institucionalidad revolucionaria y pregonar el debut de su quinta columna de “disidentes” tan largamente soñada.

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Llegamos en 2021 al Día de la Cultura Nacional después de conmemorar el aniversario 60 de “Palabras a los intelectuales” y de la fundación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y el 35 de la Asociación Hermanos Saíz.

Estas conmemoraciones no fueron rituales vacíos. Sirvieron para motivar un análisis riguroso y crítico en torno al protagonismo que deben asumir los escritores y artistas en el diseño y la conducción de los programas culturales.

En su discurso del 28 de junio a propósito de “Palabras a los intelectuales”, Díaz-Canel volvió sobre puntos vitales que Fidel había tocado seis décadas atrás. Resaltó que el único camino viable en términos de política cultural es el diálogo. No el “diálogo” falso, como show, que reclaman para las redes y los medios a su servicio los ruidosos anexionistas; sino el “verdadero”, el “real y honesto”.

El propio clima creado por Fidel para aquellos encuentros de junio de 1961, gracias a su humildad y a su capacidad de escuchar, significa, para Díaz-Canel, un ejemplo del modelo de comunicación que debe establecerse entre la vanguardia política y la vanguardia intelectual:

“Esa parte de su discurso es una lección de ética y de solidez cultural, de respeto al otro; es una prueba de cómo funciona el diálogo verdadero, con el oído atento a las voces inconformes o disonantes y la palabra dispuesta a responder, pero no para vencer, sino para aprender, aceptar, convencer: sin prepotencia y sin soberbias estériles. No impone, razona.”

Díaz-Canel, a su vez, reveló sus experiencias cotidianas en ese tipo de intercambios como ejercicio sistemático y fecundante “en el empeño de construir consensos y articular acciones”. Insistió en que continuaría compartiendo muchas ideas con la intelectualidad “en el diálogo vivo, que no ha cesado ni cesará”.

Mencionó al propio tiempo las decisiones tomadas por la dirección del país para preservar la cultura, en medio de las enormes dificultades y carencias del presente:

“No se esperó la demanda de los artistas [dijo]. Se pensó en todos y en sus necesidades fundamentales en un contexto plagado de incertidumbres y malas noticias económicas globales que mantienen en suspenso los magros ingresos de una nación pobre y bloqueada. (…) // Eso no tiene otro nombre que Continuidad. Aquel diálogo de 1961 está vivo, aunque en más de un momento en estos años lo hayamos descuidado, pospuesto, malentendido y puede que hasta maltratado”.

Despejó asimismo cualquier temor de que pudieran regresar las posiciones dogmáticas y sectarias que distorsionaron en una época nuestra política cultural.

Hay que aprender del pasado, dijo, “para que las experiencias negativas no se repitan y tampoco se eternicen en la memoria con efecto paralizador; para que las positivas se sistematicen; para que los miedos infundados no se tornen creíbles; para que los oportunistas y mediocres no tengan jamás poder sobre la creación; para que los mercenarios no desprestigien nuestro abanico cultural; para que la crítica se haga desde lo artístico y lo profesional y no desde las apreciaciones externas, que suelen ser estériles y producir reacciones contrarias; para que la Revolución que se hizo por la justicia y la  libertad no dé pie a confusiones que las nieguen”.

Subrayó además aspectos definitorios con respecto a la libertad de creación y al alcance del “dentro de la Revolución” formulado por Fidel y revisitado en la contemporaneidad:

“…la obra de arte tiene no solo el derecho sino la misión de ser provocadora, arriesgada, desafiante, cuestionadora, también enaltecedora y emancipadora. Someterla a la censura subjetiva y cobarde es un acto de lesa cultura. La libertad de expresión en la Revolución sigue teniendo como límite el derecho de la Revolución a existir”.

“Dentro de la Revolución”, ratificó, “sigue existiendo espacio para todo y para todos, excepto para quienes pretenden destruir el proyecto colectivo”. Martí “excluyó a los anexionistas de la Cuba con todos y para el bien de todos” y Fidel hizo lo mismo en 1961 con “los incorregiblemente contrarrevolucionarios”. Del mismo modo, “en la Cuba de 2021 no hay cabida para los anexionistas de siempre ni para los mercenarios del momento”.

Díaz-Canel desmontó el juego sucio del enemigo, sus intenciones, sus modos de actuar y de mentir, y adelantó los planes que han tramado para desestabilizarnos:

“No somos ingenuos. Está demasiado claro que nuestros adversarios tratan, por todas las vías, de provocar un estallido social y han escogido para inducir provocaciones un momento especialmente difícil para el país por los daños acumulados debido al reforzamiento criminal del bloqueo y el desgaste generado por el largo e intenso período de pandemia, asociado a los brotes y rebrotes de la COVID-19. (…) // Preservar, bajo el peor de los ataques, la independencia y la soberanía nacional seguirá siendo la primera prioridad para quien se sienta revolucionario y patriota, aunque esas palabras en ciertos círculos se consideren obsoletas. // Obsoleta es la dependencia, obsoleta es la humillación al poderoso. De todas las libertades, la más preciada es la que nos libera a todos los que compartimos un sentimiento, la que nos inflama de orgullo ante el triunfo de un compatriota, la bandera que se iza y el himno que se entona.”

No es posible hablar hoy del 20 de octubre sin detenerse en este texto tan hondo y convincente de Díaz-Canel.

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Para Fidel la cultura era la clave de la libertad de los seres humanos, de su capacidad para no ser engañados, y el mejor antídoto para sortear las trampas seductoras del consumismo. Podía ser un componente primordial de la calidad de vida, del nivel de vida, en una concepción de la felicidad muy diferente a la promovida por la publicidad capitalista, atada a la acumulación irracional de cosas materiales —con el consiguiente saqueo de los recursos naturales y el acelerado deterioro del medio ambiente.

Pero para Fidel la cultura representa algo más. La llamó más de una vez “escudo y espada de la nación”: el escudo, ese núcleo identitario que atesoramos, nos resguarda de las influencias desintegradoras, como dirían Cintio y Lezama; la espada, por su parte, es capaz de llegar muy lejos y transporta la verdad de nuestro país (y la defiende) en los sitios más remotos.

En 1993, en los días más amargos del Período Especial, Fidel dijo en la UNEAC aquella frase que ha sido recordada con frecuencia: “La cultura es lo primero que hay que salvar.”  Se refería al arte y a la literatura, sí, pero igualmente al vínculo cognoscitivo y afectivo entre cultura y nación y a la suma de conocimientos imprescindibles para que el ser humano pueda defender su libertad, su memoria, sus orígenes, y deshacer la vasta telaraña de manipulaciones que le cierran el paso día a día.

Unos cinco años después, en el VI Congreso de la organización, Fidel habló de la globalización cultural. Dijo que era “el más importante de todos los temas, la más grande amenaza a la cultura, no solo a la nuestra, sino a la del mundo”. Había que defender nuestras tradiciones, nuestro patrimonio, nuestra creación, ante el “más poderoso instrumento de dominación del imperialismo”. Y concluyó: “aquí todo se juega: identidad nacional, patria, justicia social, Revolución, todo se juega”.

A la luz de esta severa advertencia, comprendemos más cabalmente la envergadura de la frase sobre “lo primero que hay que salvar” y el impulso personal que dio Fidel a la formación a  escala masiva de instructores de arte, a introducir la apreciación artística en el programa televisivo “Universidad para todos”, a constituir talleres de ballet para niños de barrios humildes, a la multiplicación de editoriales en todo el país y a muchas otras iniciativas de difusión lo más amplia posible de la cultura.

Díaz-Canel está pensando en estas ideas de Fidel cuando, en el discurso ya citado, afirma que nuestro enemigo “no ha logrado jamás horadar el muro infranqueable de la sólida cultura e identidad nacional”. De ahí que se empeñe en insertar sus mensajes propios de la chatarra seudocultural, cargados de vulgaridad, “en esos espacios que dejamos vacíos, confiados en que la masificación de la educación y la cultura iban a resolver espontáneamente un acumulado histórico de desigualdades de siglos que no se curan ni en seis décadas de Revolución”.

Y reconoce, con franqueza y transparencia, que “somos responsables también de nuestros índices de marginalidad”. De ahí que no podamos abandonar en ningún momento “la querella abierta por Fidel contra la incultura” desde 1961 y “seguir apostando a la decencia y a la riqueza que aporta al ser humano la cultura artística, sin cansarnos”.

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Desde hace unos días, la “espada” certera e influyente que veía Fidel en la cultura nacional está en México, en el Festival Internacional Cervantino, donde Cuba es el país invitado de honor. Nuestro Ministro, el poeta Alpidio Alonso, preside una numerosa delegación. Entrevistado por el periódico La Jornada, respondió preguntas inevitables acerca de las campañas anticubanas que han querido implicar al sector cultural.

“No existe ningún tipo de confrontación entre las nuevas generaciones y los artistas de la isla con su gobierno”, asegura Alpidio. Y agrega: “el papel de la cultura es central para el proyecto de la revolución y el socialismo cubano que nació hace más de 60 años”.

“No tiene precedente [añade]: la manera en que se ha utilizado de forma perversa la tecnología en función de falsear las cosas y construir una narrativa que adultera todo. (…) El mejor mentís a las campañas de odio y desinformación es la obra misma de los artistas cubanos, con toda su complejidad y diversidad, pues el arte que se auspicia desde las instituciones culturales creadas por la revolución es crítico, no es un arte mojigato ni contemplativo…”

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El 22 de agosto de 1980, el Consejo de Ministros aprobó que el 20 de octubre fuera considerado oficialmente Día de la Cultura Nacional. Hart hablaba con mucho orgullo del significado de que se unieran en esa fecha el poderoso legado de la creación artística y literaria de nuestro país y la tradición patriótica y revolucionaria que se extiende desde 1868 hasta el triunfo de Enero del 59.

El itinerario que nos lleva de Céspedes y Perucho Figueredo hasta los jóvenes que hoy estudian en las escuelas de arte desemboca en Martí y en Fidel y pasa por Rubén, Lam, Alejo, Lezama, Virgilio, Guillén, Cintio, Fina, Alicia, Mariano, Fayad, Retamar, Haydee, Graziella, Barnet, Nancy, Alfredo, Eusebio, Torres Cuevas, Formell, Silvio, Choco y tantos otros. Tiene que ver con la identidad cubana, con sus esencias, con su perfil irrepetible, y tiene que ver de igual forma con los ideales de emancipación y justicia social que han inspirado a nuestros creadores.

Cintio nos recordó en el año sombrío de 1993 que no puede separarse el destino de la Revolución del destino de la patria:

“Lo que está en peligro, lo sabemos, es la nación misma. La nación ya es inseparable de la Revolución que desde el 10 de octubre de 1868 la constituye, y no tiene otra alternativa: o es independiente o deja de ser en absoluto.”

Nación y Revolución, patria y Revolución, no pueden concebirse separadas. Tampoco es posible imaginar la auténtica cultura cubana, la cultura nuestra, vigorosa y genuina, vendiéndose al Imperio, aliándose al anexionismo. Si es realmente cubana, si nace de nuestras raíces, si ha sido gestada por hombres y mujeres (vivan donde vivan) portadores de aquella cubanía que definió Fernando Ortiz, va a estar ligada indisolublemente al binomio de nación y Revolución, de patria y Revolución.

Responsabilidad y disciplina, para que no sea solo un mes con “buenos números”

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Las cifras de contagios por COVID-19 reportadas en Cuba durante el mes de octubre continúan su comportamiento al descenso. Dieciséis mil quinientas ochenta y dos personas fueron diagnosticadas con la enfermedad en la pasada semana, lo cual representa 10 321 casos menos que en los anteriores siete días.

Si bien durante la semana 41 del año se produjeron algunas variaciones en los números diarios, lo cierto es que las últimas cuatro semanas han mostrado de manera consecutiva una disminución sostenida de quienes enferman como consecuencia del SARS-COV-2.


Sin que esa realidad nos lleve a mirar el actual contexto epidemiológico con complacencia alguna, es válido destacar que la pasada semana también marcó un punto de giro en la cantidad de pacientes ingresados por ser positivos a la COVID-19. Ocho mil seiscientas ochenta y tres personas seguían siendo portadoras del virus, lo cual significa 8 292 pacientes menos que al concluir la semana 40 del año, es decir, menor cantidad de casos activos en un 28,8%.

Al cierre del 16 de octubre Cuba había aplicado 24 464 590 dosis de vacunas, lo que ha permitido que el 99,2% de la población vacunable haya recibido al menos la primera dosis de alguno de nuestros inmunógenos, y el 69,2% tenga completo su esquema de vacunación.

Las medidas adoptadas, unido al avance de la campaña de vacunación emprendida por nuestro país, han permitido, además, que fallezcan menos enfermos como consecuencia del virus. Por seis semanas consecutivas menos familias cubanas han sufrido la muerte de alguno de sus miembros y hasta el 16 de octubre se acumulaba una letalidad de 0,86%.

Aun cuando de manera general se ha producido una mejoría incuestionable en todos los indicadores sanitarios, varias provincias son seguidas con especial interés por la incidencia que en ellas sigue teniendo la enfermedad. En la última semana, Camagüey, Pinar del Río, Sancti Spíritus, Holguín, Las Tunas y Villa Clara confirmaron 12 278 casos positivos, el 74% de los diagnósticos en ese periodo.

Más allá de los números globales del país en las más recientes jornadas, que evidencian un avance indiscutible en el control de la epidemia, el actual escenario es, ante todo, un nuevo reto para los profesionales de la Salud, las instituciones, el Gobierno y las familias cubanas.

La reapertura gradual de espacios y actividades que ha comenzado a vivir la nación necesita ser acompañada con responsabilidad y mucha disciplina en todos los escenarios, para que la disminución sostenida de diagnósticos que mantenemos en las últimas semanas no solo sea cosa de un mes con “buenos números”.

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COVID-19: Habrá que estar muy atentos para no retroceder

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“Todavía hay una batalla grande por ganar”. La expresión fue compartida este martes por el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, con el grupo de expertos y científicos que lideran las actividades de ciencia e innovación tecnológica en el enfrentamiento al nuevo coronavirus.

El Jefe de Estado, quien felicitó a sus interlocutores —los que junto a un ejército de mujeres y hombres consagrados y sabios han llevado al país a las actuales y alentadoras cifras alusivas a la epidemia—, habló de una batalla por delante no solo pensando en cómo hacer para no perder lo ganado cuando la Isla abra del todo sus compuertas al mundo: el dignatario estaba haciendo además una mirada al futuro cuando mencionó, en los primeros minutos del encuentro, el tema de la post—COVID-19, algo en lo que ya andan enfocados nuestros científicos.

El primer punto en la agenda del encuentro —que sesionó desde el Palacio de la Revolución y que también estuvo presidido por el Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz— versó sobre la actualización de los modelos de pronósticos, cuya exposición estuvo a cargo del Dr.C. Raúl Guinovart Díaz, decano de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana.

Los modelos están siendo elocuentes de “la eficacia de las vacunas que se están aplicando, y de los métodos de tratamiento a los pacientes”, dijo el Dr.C. Raúl Guinovart Díaz. Foto:Estudios Revolución.


Según afirmó el profesor, en sentido general la semana que ha terminado puede calificarse de buena en cuanto al control de la COVID-19. “Ha continuado en todas las provincias, dijo, la disminución de los casos confirmados; incluso aquellas provincias que mantienen todavía una incidencia alta de la transmisión, como Pinar del Río, Sancti Spíritus, Camagüey y Las Tunas, también han tenido un descenso”.

Tomando como apoyo esquemas sobre el comportamiento total de la enfermedad, el experto alertó que, aunque la tendencia de las cifras relacionadas con la COVID-19 es a disminuir, “la epidemia no ha acabado. Todavía nos queda mucho”: el descenso de las líneas —recalcó— ha sido bastante rápido, pero “para lo que nos queda de octubre y noviembre, todavía puede haber un número alto de casos”.

Los gráficos de pronósticos dan una buena noticia, apuntó Guinovart: “nosotros no llegaríamos, por lo menos en noviembre, a la cifra de los 10 000 fallecidos”. Eso significa que, según el matemático, se está “ralentizando” el crecimiento de ese número. Queda claro, como también dijo el experto, que los modelos están siendo elocuentes de “la eficacia de las vacunas que se están aplicando, y de los métodos de tratamiento a los pacientes”.

¿Qué ventajas tenemos en comparación con noviembre del año pasado?, preguntó el decano de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, para seguidamente hablar de que “hoy hay una gran cantidad de personas inmunizadas en la población”, y “esperamos que verdaderamente esa inmunización resista” la llegada de otras personas desde otras partes del mundo; resista ante una amenaza de propagación de la epidemia.

Entre otros datos alentadores, Guinovart hizo referencia a un modelo de pronóstico aportado por la Universidad de Sancti Spíritus, el cual ratifica que el número de casos confirmados muy posiblemente descienda a mediados de noviembre a cifras ostensiblemente bajas.

En cuanto a los niveles de recuperación de la enfermedad, Raúl Guinovart destacó que estos ya superan la cifra del 98%. De una semana a otra, el incremento de ese indicador ha sido del uno por ciento; pero en casos como estos, subir la cuesta, como reflexionó el experto, requiere de mucho trabajo.

“Para el próximo mes esperamos que estemos por debajo de los 2 000 casos diarios; y a mediados de noviembre, en unos 600 casos diarios aproximadamente, eso nos pondría en una situación muy favorable para enfrentar las nuevas medidas que se avecinan”, razonó el matemático, a propósito de lo cual el Presidente Díaz-Canel habló de congratularnos pero “sin confianza, sin extrema confianza”.

En esta hora —argumentó el mandarario— Cuba tiene ante sí varios retos: uno de ellos, ser eficientes en aplicar la dosis vacunal de refuerzo, para blindar a la población; y se impone, dijo, el adecuado tratamiento a quienes arriben al país, porque de bajarse la guardia, alertó, el escenario epidemiológico podría volver a complicarse.

La ciencia cubana no descansa

La Dra. C. Lisset Sánchez Valdés enunció que los estudios recientes confirman “el impacto positivo de la vacunación caracterizada por alta velocidad del proceso; y la universalidad de la estrategia vacunal. Foto:Estudios Revolución.

La actualización de indicadores de la enfermedad severa y la letalidad por COVID-19 en Cuba fue un tema que también formó parte de la agenda del encuentro con los expertos y científicos. La Dra. C. Lisset Sánchez Valdés compartió en tal sentido un enfoque cuantitativo, a través del cual, entre otras ideas, expresó que en estos momentos todas las provincias muestran cifras de  mortalidad de acuerdo con la incidencia de transmisión de la epidemia que presenta cada territorio.

A modo de resumen, la Doctora enunció que los estudios recientes confirman “el impacto positivo de la vacunación caracterizada por alta velocidad del proceso; y la universalidad de la estrategia vacunal, lo que de conjunto con el resto de las medidas clínicas y epidemiológicas, ha permitido mantener una baja letalidad”.

Igualmente comentó que las diferencias en los indicadores epidemiológicos entre los territorios del país, están demandando “nuevos análisis integrales”. Y a lo anterior sumó que “las acciones en los territorios más vulnerables deben ser reforzadas siguiendo el enfoque de riesgo”.

Por su parte la Dra. Ileana Morales Suárez, directora de Ciencia e Innovación Tecnológica del Ministerio de Salud Pública (Minsap), compartió el esquema de una escalera alusiva a las “nuevas premisas del protocolo” atemperado al presente: para el escalón de la población sana, el fin es que ella no enferme; para el escalón del paciente confirmado, el propósito es que no agrave; y para el paciente grave o crítico, la meta es que no fallezca. Y en todo esto, enfatizó, “una de las premisas fundamentales es vacunar”.

La experta habló de establecer un nuevo protocolo para los convalecientes. “Eso lleva, dijo, una estrategia particular que hemos estado reforzando”.

El Dr.C. Pedro Más Bermejo hizo referencia a la importancia de estudiar, con luz larga, el impacto de la COVID-19 en la población: “Todavía están por ver los resultados de Cuba ante esta pandemia”; lo dijo, por ejemplo, pensando en cómo la Isla no es homologable con ningún otro país en cuanto al alcance y rapidez con que ha asumido el proceso de vacunación.

“Hay tres experiencias fundamentales que hemos ganado aquí en este combate —explicó el Doctor Agustín Lage—: una es la importancia de tener un protocolo integral estratificado, que combina intervenciones farmacológicas y las no farmacológicas. La otra experiencia es el reposicionamiento de los productos de nuestra industria. Y la tercera es trabajar la ciencia del lado de la demanda; es decir, pedir a los científicos lo que queremos que investiguen”.

Además de la del convaleciente —enfatizó Agustín Lage— hace falta la estrategia con el adulto mayor que no está enfermo. Foto:Estudios Revolución.

El científico señaló el tema del adulto mayor como algo que se deriva de la COVID-19 y merece especial atención: “En esta epidemia el pico de la edad juvenil no está”, solo está presente “el pico del adulto mayor, y el problema es que esta es una mortalidad diferente”. Tenemos que replantearnos, aseveró, qué vamos a hacer con esa población vulnerable, que ya son 2.3 millones de cubanos, con miras a futuras pandemias.

Además de la del convaleciente —enfatizó Agustín Lage— hace falta la estrategia con el adulto mayor que no está enfermo: “Necesitamos un programa para el adulto mayor sano, y aplicar allí las experiencias que hemos ganado”.

Luis Velázquez Pérez, Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba, razonó que “estamos en una etapa interesante”, la cual “refleja el esfuerzo que se ha venido haciendo” incluso desde mucho tiempo atrás. Sobre la estimación de la carga de secuelas, el científico recordó que “la pandemia ha afectado mucho a los pacientes”, lo cual conduce a la pertinencia de “aprovechar los servicios que tenemos para una atención más integral, para una rehabilitación más intensiva”.

En la misma línea de pensamiento de librar batallas por la  vida tuvo lugar, después, la reunión del Grupo de Trabajo Temporal del Gobierno para el enfrentamiento a la COVID-19, encabezada por el Presidente de la República y por el Primer Ministro. Las cifras compartidas en el encuentro por el titular de Salud, José Angel Portal Miranda, siguen siendo alentadoras, y la vacunación no se detiene; pero, como ha alertado la dirección del país, Cuba tendrá que estar muy atenta a cómo no retrocede en sus indicadores epidemiológicos cuando vuelva a abrir sus puertas a los visitantes de las más diversas latitudes.

Cuba tendrá que estar muy atenta a cómo no retrocede en sus indicadores epidemiológicos, se insistió en el encuentro. Foto:Estudios Revolución.

La economía cubana está entrando en una fase gradual de recuperación, informó Gil Fernández

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En conferencia de prensa el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández. Foto: Cubadebate.

“Estamos entrando en una fase gradual de recuperación de la economía cubana, con una diversificación del tejido productivo y mayor participación de los emprendimientos estatales y no estatales”, informó este martes Alejandro Gil Fernández, viceprimer ministro y titular de Economía y Planificación.


En conferencia de prensa el ministro explicó que este comportamiento tiene que ver con el control de la covid-19, el esfuerzo de los científicos y médicos, y con los resultados del proceso de vacunación.

Si bien no se pueden crear falsas expectativas, porque la caída del PIB en el entorno del 11% que sufrió el país el año pasado “no se recupera en corto plazo, ni en un mes ni dos”, el titular aseguró que están creadas las condiciones para iniciar un proceso gradual de recuperación de la actividad económica”.

El ministro adelantó que aspiran a que el PIB crezca este año en el entorno de un 2.2%, quedándose por debajo del 6% previsto.

Este crecimiento moderado con respecto al 2020 iniciaría una etapa gradual de recuperación de la economía, reiteró y pronosticó números favorables para el próximo año.

“Poco a poco iremos recuperando los niveles de actividad perdidos en el transcurso de los últimos dos años, así como los niveles de oferta a la población de determinados productos que han escaseado desde mediados del 2019”.

Gil Fernández dijo que los resultados previstos para el actual calendario transitan por abrir determinados servicios, además del turismo, y por la concreción de un grupo de medidas que el Gobierno ha ido implementando, entre ellas las profundas transformaciones en el funcionamiento y diseño de la empresa estatal (actor principal de la economía) y en el sector no estatal: cambios en el trabajo por cuenta propia, constitución de las primeras mipymes y ampliación de las cooperativas no agropecuarias.

Confirman resultados de ensayo clínico fase III desarrollado por el Instituto Pasteur de Irán: 91,7% de eficacia de Soberana 02 y Soberana Plus frente a la cepa Delta

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Como parte de una colaboración entre el Instituto Pasteur de Irán y el Instituto Finlay de Vacunas sobre las vacunas de la serie Soberana, un comité independiente desarrolló el ensayo clínico fase III en la población iraní de 18 a 80 años.

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El ensayo a doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo, incluyó 24.000 sujetos a los que se le aplicó la vacuna Soberana 02 en un régimen de dos dosis en ocho ciudades y una dosis de refuerzo (régimen de tres dosis) con la vacuna Soberana Plus en otras dos ciudades. Durante el ensayo, la variante Delta, julio (71,9%) y agosto (95,4%), fue ampliamente predominante.

El análisis intermedio mostró que la eficacia de la vacuna para prevenir la hospitalización confirmada por COVID-19 en el régimen de dos dosis fue del 76,8% (IC del 95%: 50,6 a 89,1) y en el régimen de tres dosis fue del 91,7% (IC del 95%: 20,7 a 99,1). En el 87,9% de los participantes en el grupo de régimen de dos dosis y en el 98,8% de los participantes en el régimen de tres dosis, se observó un aumento de 4 veces en el título sérico o un cambio de negativo a positivo en el título sérico.

(Tomado de Instituto Finlay de Vacunas)

COVID-19 en Cuba: Septiembre podría marcar punto de giro favorable, pero el peligro continúa latente

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Con la confirmación de 48 108 casos positivos a la COVID-19 menos que en agosto, el mes de septiembre podría significar un punto de giro favorable en la actual situación epidemiológica que vive el país. No obstante esa realidad, la COVID-19 en Cuba es mucho más que cifras. Si bien los números de septiembre hablan de avances en el control de la transmisión de la enfermedad en la mayoría de las provincias cubanas, ello no constituye motivo para pensar que hemos superado el peor momento de la epidemia. Tampoco puede convertirse en justificación para confiarnos y descuidar las medidas para contener el virus. La regresión que en el control de la enfermedad han manifestado en diferentes momentos algunas provincias, demuestra que cuando se incumplen las acciones diseñadas, las consecuencias casi siempre son lamentables para las familias. De lo sucedido en septiembre podemos destacar que el promedio de casos confirmados por día disminuyó de 8 552 en agosto, a 7 434.


En ese propio mes fueron diagnosticadas con la enfermedad 223 013 personas, en tanto en agosto, el peor mes de la epidemia en Cuba, se habían confirmado 265 121 pacientes. Aun así, las provincias de Pinar del Río, Sancti Spíritus, Camagüey, Las Tunas, Artemisa, Mayabeque y Villa Clara, tuvieron elevadas tasas de incidencia de la enfermedad por cada 100 000 habitantes. En esos siete territorios se constataron las tasas más altas del país, todas por encima de 2 000. El peligro, lo hemos reiterado en numerosas ocasiones, continúa latente. Como un elemento positivo considero oportuno referir que la tendencia a la disminución de casos confirmados que se manifestó durante el noveno mes del año se mantiene en los días que han transcurrido de octubre. Similar comportamiento se constata en la cantidad de pacientes que permanecen ingresados positivos a la COVID-19: al cierre de la pasada semana estaban activos 23 832 casos, lo cual significa una disminución de un 30,3% respecto a la anterior. Recordemos, además, que en el mes de septiembre inició la campaña de vacunación en edades pediátricas, la cual avanza satisfactoriamente. Asimismo, comenzó la vacunación de los alérgicos al tiomersal y de los convalecientes de la enfermedad. Hasta el pasado 2 de octubre se habían aplicado en Cuba 21 516 690 dosis de alguna de nuestras vacunas o candidatos vacunales. El 97% de la población vacunable tenía administrada al menos la primera dosis y el 55,7% tenía completo su esquema de vacunación. Acompañar con responsabilidad ese proceso de vacunación y los esfuerzos que los trabajadores de la Salud y el Gobierno realizan desde hace casi dos años para contener la epidemia tiene que ser un compromiso de cada uno de los cubanos. La apertura gradual del país, y junto a ello el regreso a las aulas de los más jóvenes, es un nuevo reto para nuestra sociedad, que requiere del apoyo y la participación de todos para poder retomar paulatinamente la cotidianidad de la nación y también de nuestras familias.

Imagen: Minsap.

¿Qué ha sucedido con la primera fábrica de nasobucos en Cuba radicada en Matanzas?

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Hace unos meses atrás, por varios canales comunicativos se promocionó la noticia con mucho bombo y platillo de que en Matanzas se instalaría la primera fábrica de mascarillas de Cuba gracias a la gestión de la empresa de confecciones textiles Unymoda, perteneciente al grupo empresarial Gardis.
Entre los medios de prensa que reprodujeron tal noticia se encuentra el periódico Girón, que el 23 de abril publicó la entrevista “Nasobucos cubanos con alma siria”, concedida por el proveedor de las máquinas Lway Aboradan, un ciudadano sirio radicado en Cuba.

A tres meses de su funcionamiento, la primera fábrica de mascarillas de Cuba aún no ha comercializado el primer nasobuco. Foto: Periódico Girón.

Esta instalación, ubicada en la Universidad de Matanzas, sede Camilo Cienfuegos, despertó interés por su evidente utilidad y por constituir una lucrativa oportunidad de negocios. Sin embargo, con el tiempo acabó el furor, pues se desconocía sobre su comportamiento productivo y su destino final. Por tales motivos, el periódico Girón decide realizar un seguimiento informativo al tema.

Entre los resultados más impactantes descubiertos se halla que a tres meses de su puesta en funcionamiento aún no se ha comercializado el primer nasobuco. En estos momentos, en los almacenes de la instalación se acumulan más de 250 000 mascarillas, cifra aportada por Liudmila Pérez Montero, administradora de la entidad.


Entre junio, julio y agosto Matanzas sufrió el cuarto rebrote de la covid-19. Las cifras de contagiados por jornada superaban los 1 000 y el sistema de Salud se resintió de tal manera, que sus profesionales, de todo el país, debieron trasladarse hasta este occidental territorio para prestar socorro.

Durante semanas la provincia se posicionó en el foco epidemiológico y mediático de Cuba. En dicho tiempo la fábrica ya se encontraba en funcionamiento. No obstante, ni un solo cubrebocas se empleó para contribuir a la protección de los médicos o de la población.

Además, a menos de 500 metros de esta unidad del Grupo Gardis radica uno de los centros de aislamiento más importantes del territorio, el de la Universidad de Matanzas. Todo esto sucedió a pesar de que la directora de Unymoda, Maribel Rodríguez Argüelles, afirmó en varias declaraciones que la prioridad para su institución consistía el colaborar con el sector de la Salud.

Este equipo investigó no solo la demora en comercializar los nasobucos en el pico pandémico; sino, también, ciertas irregularidades en el proceso de puesta en marcha de las dos líneas de confección y el bajo de nivel de producción que mantienen hasta el momento.

Negocios a simple vista ventajosos

El proyecto de la fábrica de nasobucos se origina en marzo de 2020, cuando coinciden Lway Aboradan y el Grupo Empresarial Gardis.

“Fue en Matanzas por casualidad. Nosotros estábamos aquí en la Feria del Libro y conocimos al grupo Gardis. Vimos que tienen un trabajo vinculado con los textiles. Cuando llegó la pandemia, lo primero que se nos ocurrió fue hacerle una propuesta para la fábrica de mascarillas. Ellos tuvieron mucho empeño y le dieron seguimiento”, explica Aboradan.

En un primer momento se concibió que sería una Asociación Económica Internacional. La demora y lo complicado de algunos trámites, provocó que el empresario actuara, al final, solo como proveedor de la maquinaria y de la materia prima. “Muchísimos, muchísimos obstáculos y el proceso es tan largo que si hubiéramos ido por el camino de la asociación aún no hubiéramos tenido la fábrica”, ahonda Lway.

El país ha llamado en reiteradas ocasiones a buscar la inversión extranjera como una vía para realizar negocios lucrativos para la Isla; sin embargo, aún restan trabas burocráticas que no hacen factible o, por lo menos, sencillas estas iniciativas.

Según explica la directora de Unymoda, la oferta de Aboradan se sometió a licitación. Dicho trámite lo llevó a cabo la empresa importadora Consumimport. De entre todas las propuestas que se buscaron la del comerciante sirio resultó la más acorde.

Ello se debió a que aceptó que se le pagara en CUC la maquinaria, moneda todavía en circulación en ese tiempo; aunque cuando comenzó la tarea ordenamiento debieron, entonces, pagarle en moneda nacional.

Además, la materia prima la entregaría en consignación, es decir cobraría a la medida en que se vendieran los productos (hasta ahora él no ha recibido aún el primer pago). Por último se comprometió a encargarse del montaje de las plantas.

Lway Aboradan se relaciona con la Isla desde hace 30 años. Aquí estudió Licenciatura en Farmacia y su esposa es cubana. Según él confiesa su deuda con el país es inmensa, por ello las condiciones tan ventajosas que ofreció para el negocio. Incluso, aunque el contrato concebía la importación de una sola planta, él regaló una extra. Sin embargo, no podemos olvidar que en última instancia también es un comerciante.

La inversión realizada por Unymoda ascendió a más de 5 000 000 de pesos. A simple vista, por causa del contexto sanitario que vivimos se percibe que resultaba un proyecto con gran potencial. Quizás por estas razones duela tanto las irregularidades y demoras a la hora de producir y luego comercializar los nasobucos.

Infortunios y mala praxis

Pudiera alegarse que la falta de capacitación es la causa de las continuas paradas. Foto: Periódico Girón.

Pudiera alegarse que la falta de capacitación es la causa de las continuas paradas. Foto: Periódico Girón.

Un estudio de factibilidad intenta establecer de antemano los pasos necesarios para que un negocio avance sin tropiezos, avizorando cada posible escollo en el camino. Si bien la fábrica de nasobucos de la Empresa Unymoda realizó dicho estudio, no ha podido concretar un arranque que regale cierta estabilidad a la industria. Y para mayor desgracia, producen insuficientes mascarillas, que descansan el sueño eterno en un almacén.

Al parecer, las planificaciones previas no fueron objetivas y las variables analizadas para la puesta en marcha de los equipos más que mascarillas, producen desconcierto a cada paso.

La primicia que representaba contar con la primera fábrica de este tipo en el país se ha diluido en el tiempo. A estas alturas muchos se preguntan por qué un proyecto que beneficiaría a tantos no ha logrado el impacto deseado.

La puesta en marcha no ha sido del todo feliz. Los desperfectos se han sucedido una y otra vez. Pudiera alegarse que la falta de capacitación es la causa de las continuas paradas, impidiendo que las líneas de producción alcancen la capacidad máxima de 120 mascarillas por minuto.

Según palabras de Maribel Rodríguez Argüelles, los empleados contaron con 15 días de adiestramiento, aunque reconoce que lo ideal hubiese sido que viajaran a China, o que desde el Gigante asiático llegara algún especialista. La pandemia frustró ambas variantes.

Para Diosdado Abreu Falcón, director del Grupo Empresarial Gardis, los contratiempos han sido menores. “Yo no creo que haya ningún problema. Las máquinas se van adaptando a un período de trabajo, que se llama en la industria un proceso de adaptación de la maquinaria.”

En cambio, el sirio Lway Aboradan, no sabe cómo explicar la nula eficacia si partimos del objetivo primordial de la planta: la comercialización del producto.
“No está a su máxima capacidad porque hubo muchos inconvenientes por los mismos procesos de preparación de la instalación, la preparación de las personas que estaban al frente”.

Severo en sus planteamientos, Aboradan explica que quienes montaron la planta no se guiaron estrictamente por las indicaciones que traía el equipo. “La desprogramaron y empezaron a usar una como repuesto de la otra”, agrega el euroasiático.

Los inconvenientes que afectaron el montaje, según relata, iniciaron desde la propia llegada de las máquinas, las que se extrajeron del embalaje antes de asumir las labores constructivas en la edificación, ello provocó que se enfrentaran al polvo.

El propio día de la llegada del segundo compresor (el primero no lograba distribuir el aire necesario para el funcionamiento de las dos líneas) sufrió una avería en uno de los relojes que miden la presión, por mala manipulación durante el traslado.

Se suma, además, que la empresa no contaba con el importe necesario para adquirir equipos de climatización, entre las indicaciones ineludibles para la operación y conservación de la planta. ¿Y los estudios de factibilidad no lo previeron?, se preguntaría uno.

Si bien gracias a la gestión del propio suministrador de la materia prima, la fábrica contó finalmente con tres aires acondicionados, todavía no se logra instalar un tercero que completaría las ocho toneladas requeridas para el buen desempeño de la instalación. Este detalle imprescindible pudiera acarrear roturas en el futuro.

“La máquina está preparada para un clima bajo, a mayor nivel de producción genera más calor y se puede sobrecalentar al no estar en un clima adecuado”, reconoce Liudmila Pérez Montero, administradora de la planta.

Aunque el comprador de la moderna línea de producción aseguró durante nuestra entrevista que el equipamiento funcionaba días antes de salir de viaje, y para corroborar el hecho mostró una grabación en su celular, Liudmila Pérez Montero justificaba el funcionamiento de una sola línea “porque la otra había sufrido un desperfecto técnico en un tornillo, así que como cubanos hemos tenido que innovar”.

Lejos de enaltecer el ingenio nacional produce un poco de estupor, porque apenas se ha logrado pagar la inversión, incluso no se ha comercializado un producto, y la falta de pericia y capacitación en el manejo se hace evidente.

Se coleccionan mascarillas

A las evidentes complejidades técnicas, deficiencias en la manipulación y demás inconvenientes de la puesta en marcha habría que añadirle una paradoja lamentable: no ha llegado a la población o personal de la Salud alguna de las más de 200 000 mascarillas acumuladas durante ese período.

Resultan justamente las limitaciones y deficiencias en la comercialización de este producto uno de los puntos débiles más evidentes de la añorada inversión.
En principio las irregularidades de la puesta en marcha truncaron, incluso, posibilidades de exportación con países del área, interesados en la compra de casi 4 000 000 de mascarillas.

Sin embargo, en las entrevistas realizadas, este equipo conoció de las fallidas gestiones de la dirección de Unymoda y el Grupo Gardis, para cumplir con el objeto social de la fábrica de llevar el imprescindible accesorio a sectores prioritarios como la Salud y el Turismo, con quienes aún no existen contratos.

Por otra parte, de las empresas y entidades mencionadas por Maribel, con las que supuestamente se procesa la venta de las mascarillas, solo la Rayonitro confirmó el pedido de compra de 200 mascarillas, todavía por formalizar.

Mientras, la producción pese a los contratiempos avanza y se acumula más de medio millón de mascarillas sin destino inmediato.

Este asunto no preocupa a Diosdado y Maribel, quienes explican que como empresarios el tiempo estimado para reponer la inversión aún les permite otros meses, incluso años de producción estancada, que aseguran, con especial optimismo, venderán en algún momento.

“Con las mascarillas que tenemos ahora si las vendiéramos al mismo precio que otros en La Habana, tendríamos 3 000 000 de pesos, y esta fue una inversión de 5 000 000 para pagar en cinco años. Es decir, no tenemos preocupaciones como empresa. Nosotros salimos adelante, porque se van a vender. Además, tenemos otras entradas en divisas y contamos con materia prima para 3 000 000 de mascarillas, lo que equivaldría entonces a 15 000 000.”

Este aspecto no lo comprende, por el contrario, Lway Aboradan, quien ofreció a esta empresa facilidades de pago que favorecen dichos procesos de comercialización.

“Yo di tiempo de pago para que compraran la materia prima, fabricaran, vendieran y después me pagaran. Como empresario extranjero no entiendo, cómo un nivel de producción en medio de un momento de crisis aquí no se vendió, ¿por qué no se vendió?, yo pregunto igual que ustedes.

Para Maribel el principal inconveniente resulta la forma de pago en MLC, moneda en la que se adquiere la materia prima, y aunque afirma que se valora la venta a la población, esta parece depender del mercado priorizado en MLC.

“Hicimos nuestros cálculos y hay un por ciento que podemos venderle a la población, es decir, que cada tres mascarillas que vendamos en MLC podemos venderle una mascarilla a la población”, asegura, un razonamiento del que se deduce continuaremos esperando para adquirir las mascarillas matanceras.

En tanto, Consumimport, quien almacena la materia prima a pocos metros de la fábrica matancera, también ha hecho sus cálculos y ha trasladado, hasta la fecha, buena parte de los insumos inicialmente importados hacia otros talleres que con menos capacidad de producción, sí logran vender las mascarillas.

“Yo garanticé a Cuba seis meses de producción a razón de 120 mascarillas por minuto por dos —porque son dos líneas— en una jornada laboral de ocho horas, que suman 1 500 000 mascarillas por mes. No es lógico que dos entidades del país, una de ellas con una sola máquina que no produce ni 40 por minuto ya comprara dos o tres veces y aquí aún estén almacenando mascarillas”, cuestiona Aboradan.

Y mientras allí se almacenan la demanda persiste, tanto que se comercializa en el sector no estatal alrededor de los 25 CUP, casi cinco veces del precio estimado para la venta por Unymoda.

Según explicó a Girón Aboradan, en los inicios del proyecto Cuba compró 2 000 000 de mascarillas a unos 48 centavos dólar como promedio, unos 960 000 en total, cifra que de haberse producido en Cuba solo hubiese ascendido a 160 000.

Conclusiones

La fábrica de mascarillas contaba con el contexto, con los recursos y la voluntad para convertirse en un proyecto altamente oportuno. Más allá de un valor puramente financiero, también, hubiera tenido una gran utilidad social. Nunca sabremos cuánto dinero en concepto de importación de mascarillas le hubiera ahorrado al país o cuántos profesionales de la Salud o pueblo en general se hubieran podido beneficiar de sus productos en medio del más violento brote de covid-19 que ha sufrido la Isla.

Gran parte de la responsabilidad de la llegada a buen puerto de estos proyectos depende de factores que no se pueden violentar como el cuidado a cada detalle, la claridad en lo que se desea, la previsión y la preparación del personal. En ocasiones las buenas intenciones no resultan suficientes. Hay que recordar que el dinero empleado para la compra de las maquinarias y su puesta en funcionamiento, aunque lo maneje Gardis le pertenece al pueblo y, por tanto, su uso debe ser lo más inteligente y cuidadoso posible.

(Tomado de Periódico Girón)