#BasesMilitares

Una aplicación deportiva revela la localización de bases secretas de EE.UU.

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Una aplicación para trazar en un mapa rutas de ejercicio físico ha desvelado la localización de bases secretas estadounidenses.

Strava, una app que ‘mapea’ el camino que hacen sus usuarios al hacer deporte, permite saber dónde están los que la usan y qué camino siguen, es decir, la forma que tienen las bases por dentro.

La aplicación se puede usar en todo tipo de dispositivos, incluidos los smartphones, y el mapa de calor que muestra está basado en trillones de datos. La empresa lo lanzó en noviembre de 2017. Leer el resto de esta entrada »

Llaman a erradicar bases militares de EE.UU. en América Latina

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La campaña deberá hacer frente a la contraofensiva restauradora del imperialismo y liberar a América Latina de las bases.

La campaña deberá hacer frente a la contraofensiva restauradora del imperialismo y liberar a América Latina de las bases. | Foto: tierraplus.com

Sacar las bases estadounidenses de América Latina no es un sueño ni una utopía, pues ya el presidente de Ecuador, Rafael Correa, demostró que es posible, al retirar la base estadounidense de Manta.

El sociólogo y politólogo argentino, Atilio Borón, hizo un llamado a realizar una campaña continental para erradicar las bases militares estadounidenses de la región, debido a que atentan contra la soberanía y la seguridad de los pueblos. Así lo señaló desde la Reunión de Partidos Comunistas y Revolucionarios de América Latina y el Caribe, que se celebra desde el 26 de agosto hasta este domingo 28 en Lima, Perú.

Borón hizo la convocatoria en un auditorio mayoritariamente repleto de jóvenes, en el marco de una visita como invitado a la Reunión organizada por los dos partidos comunistas peruanos.

>> Izquierda latinoamericana evalúa respuesta a situación regional

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En América Latina hay bases militares y bases mediáticas

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Fernando Buen Abad es doctor en filosofía, semiólogo, escritor, especialista en medios de ComunicaciónENTREVISTA a Fernando Buen Abad. El filósofo
mexicano analiza la actualidad de los medios en la región. Afirma
que las bases mediáticas son más peligrosas y efectivas que las
bases militares. América Latina frente a un “Plan Cóndor
Comunicacional”.
Fernando Buen Abad es doctor en filosofía,
semiólogo, escritor, especialista en medios de Comunicación. Ha
sido fuente de consulta de varios presidentes, entre ellos Hugo
Chávez y Manuel Zelaya. En una extensa charla -que formará parte de
un libro sobre pensadores de Nuestra América-, el intelectual de
origen mexicano, analiza el rol del los medios, afirma que la
comunicación es un problema de seguridad regional y asegura que “los
medios de comunicación, son realmente armas de guerra ideológicas”.
-¿Por qué afirma que en la actualidad la
comunicación es un problema de seguridad regional?     
-En lo que va del siglo XXI, tenemos ya cinco
golpes de Estado en América Latina donde el ariete han sido las
estructuras monopólicas mediáticas. Eso es una alerta a la que
estamos llegando tarde.
-¿Cuál ha sido el rol de la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP) en estos hechos?    
-En el caso de la SIP, trato de no exagerar su
papel, a pesar de que se trata de una alianza de empresarios de
medios. El problema no es que los empresarios se organicen, el
problema es que tienen una impronta y una currícula como la de una
antología del terror. Cada uno de ellos es un compendio de horrores
espantosos, no solamente en lo individual, sino por los medios a los
que representan y por los proyectos que tienen en mente. No obstante,
creo que siguen siendo una instancia bastante menor respecto del otro
problema que es el megaproyecto global de dominación mediática, que
si es un proyecto imperial. En ese contexto, la SIP es apenas un peón
que hace cosas horrorosas, pero que conforman sólo una parte de ese
megaproyecto.
Digo eso para que ubiquemos el tamaño de lo que
representa la SIP, pero en su escala quienes la integran son autores
de prevenciones enormes. Ellos han sido el ariete del proyecto que
hemos denominado como El Plan Cóndor Comunicacional.
-¿Qué implicaría El Plan Cóndor
Comunicacional? 
-En los años recientes hubo una “metástasis”
de las bases militares en América Latina, sobre ellos han hecho
análisis muy precisos Atilio Boron y Ana Esther Ceceña, detallando
el mapa de las bases militares en la región. Estados Unidos, que
siempre pensó que México era parte de su anillo de seguridad, ahora
quiere que lo sea todo el continente que, además, es un territorio
de seguridad con 500 millones de personas cautivas para ampliar su
proyecto de mercado.
Una forma de controlar todo tipo de resistencia
es mediante las capacidades de desembarco acelerado de fuerzas
militares en la región. La formula ya la vimos en Irak, ya la vimos
en Libia, en Siria, en Ucrania. El ariete, la punta de lanza de esto,
son los medios. Se trata de empezar a acusar de dictadores a todos
los que están ahí, convencer al mundo de que “alguien tiene que
hacer algo”, y el día que eso pase todo, el mundo aplaudirá y
dirá: “Por fin ya quitaron a ese dictador”. Esa formula ya la
vimos. Esa formula es la que está apuntándole a Nicolás Maduro y
que le apuntó a Hugo Chávez. Es la formula que le apunta a Evo
Morales, a Daniel Ortega, a Rafael Correa, a Raúl Castro, a Dilma
Rousseff y a Cristina Fernández. Está claro quienes son los
enemigos para ellos en este escenario.
-¿Qué rol les corresponde en ese contexto a
los medios de comunicación? 
-Los medios de comunicación, son realmente
armas de guerra ideológicas y han ido reposicionándose en el
continente. En América Latina hay bases militares y bases
mediáticas. Las bases mediáticas tienen varias ventajas sobre las
otras. Tiene mayor capacidad de articulación, de manera más rápida
y ubicua. Hacen estallar un comentario difamador en Venezuela, esa
misma mañana en una radio de un barrio de Buenos Aires la repiten,
haciendo operar de esa manera la agenda en el territorio, al mismo
tiempo que el Grupo Prisa de España reproduce la misma nota en
Madrid, la CNN la reproduce en Estados Unidos, en México la replica
Televisa y Clarín hace lo suyo en Argentina. Es decir, hay velocidad
y sincronicidad, eso es básicamente estrategia militar. Hay una
lucha territorial al mismo tiempo que hay una lucha semántica. A eso
es a lo que denomino el Plan Cóndor Comunicacional. Porque ahora las
fuerzas de represión comunicacional tienen una capacidad de
virulencia y coordinación muy rápida.
Acabo de ir a una ciudad que se llama Azul, y
mientras desayunaba en el hotel, la señora que atendía me comentaba
que estaba muy preocupada porque ella veía que “los rusos se han
vuelto el demonio” y que “Putin es un Satanás que amenaza a todo
el mundo”. Esa señora, que atendía ese humilde hotel, ya tenía
la carga ideológica en sincronía con lo que se está diciendo en
gran parte del planeta. Ese es Plan Cóndor Comunicacional, que ya ha
hecho la tarea de posicionarse en el terreno del imaginario
colectivo.
-¿Cómo estructura?      
-Estoy seguro que si tuviéramos dinero e
instituciones fuertes para hacer estas tareas de investigación
identificaríamos estructuras semánticas y sintácticas idénticas.
Una que he trabajado es la siguiente, cuando ganó las elecciones en
México Peña Nieto dijo: “Hemos sembrado una semilla, de la que
crecerá un árbol, de la que tendremos los frutos”. Esa es la
misma frase que dijo en Venezuela Henrique Capriles, cuando perdió
las elecciones frente a Hugo Chávez, y también en Argentina, en
Tigre, Sergio Massa, dijo exactamente la misma frase en uno de sus
discursos: “Estamos sembrado una semilla, de la que crecerá un
árbol, de la que tendremos los frutos”.
Si tuviéramos la posibilidad de hacer una
“tomografía computada” del discurso que está corriendo en
América Latina en estas bases mediáticas continentales, veríamos
que hay matrices que tienen una orientación y que pasan por el Grupo
Random de Colombia, por CNN en Estados Unidos y que viene del Grupo
Prisa, donde están los laboratorios de guerra ideológica y
psicológica más poderosos del mundo.
Por: Héctor Bernardo    
Publicado en Diario Contexto
Tomado de: http://www.telesurtv.net/bloggers/En-America-Latina-hay-bases
-militares-y-bases-mediaticas-20150601-0002.html.

El cerco del Comando Sur: datos sobre las bases gringas en América Latina

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En ese momento se puso en evidencia el funcionamiento operativo de la red de bases estadounidenses, coincidiendo con una serie de cambios tácticos y de estrategia del Pentágono a nivel mundial, como se vio en Siria donde privilegió la guerra a distancia en vez de una invasión, lo cual debe ser analizado para entender el contexto de asedio de espectro completo actual contra Venezuela, descrita por la doctrina militar estadounidense como parte del “Arco de Inestabilidad” a nivel mundial.

Nuevo enfoque

Es importante empezar por la base de Manta ya que es un símbolo de las modificaciones en la estrategia de la doctrina operativa del ejército norteamericano a nivel mundial, donde se privilegian bases pequeñas con poca cantidad de efectivos y la suficiente infraestructura para recibir un importante despliegue aéreo, marítimo y de infantería, de ser necesario, de acuerdo al documento “Estrategia Nacional para una Nueva Era”, firmado durante la Administración de Bill Clinton.

Esto formalmente comienza cuando caduca el acuerdo militar con Panamá gracias al acuerdo Torrijos-Carter en el que se establecieron plazos para que Washington traspase el control del Canal de Panamá. El Pentágono, en consecuencia, bases-eeuu-america-latinatuvo que reordenar sus bases en Florida (Estados Unidos), Soto Cano (Honduras), Puerto Rico, Comalapa (El Salvador), Reina Beatriz, (Aruba), Hato Rey (Curazao) y Manta (Ecuador), donde se pone en marcha lo que se conoce como el establecimiento de Centros Operativos de Avanzada (FOL, por sus siglas en inglés) para que tengan un pequeño número de militares, una desconocida cantidad de contratistas, una continua actividad de inteligencia vía monitoreo, rastreo satelital, patrullaje; activas para despliegues rápidos si es necesaria una intervención directa en el lugar de la base u otros sitios cercanos o distantes, como hubiese sido utilizada la base de Palanquero (Colombia), para enviar grandes aviones hacia parte de África en caso de una eventualidad.

Bajo la “lucha contra el narcotráfico” es que se vendió la permanencia y aumento de la presencia militar estadounidense con el desembarco de la IV Flota y la formación de miembros del aparato de seguridad de otros países, una clásica forma de intervención de Washington. Así fue cómo se continuó con la ampliación de su influencia y control en las áreas estratégicas sobre los recursos naturales de América Latina, como el Amazonas, la Faja del Orinoco y el Acuífero Guaraní, entre otras.

Para esto hay un sistema de bases militares o convenios de cooperación que se basa en privilegiar pequeños sitios, delegar la adjudicación a contratistas para vincularse después y tapar los rastros que vinculen al Pentágono en estas relaciones que supuestamente son para luchar contra el narco o tareas humanitarias, de acuerdo al libro Territorios vigilados de la investigadora argentina Telma Luzzani. Así, a las bases convencionales como las conocemos (gran número de militares, equipamiento, aviones, buques, entre otras condiciones ya conocidas), se le suman las FOL.

Despliegue y guerra irregular

Y estas más de 80 bases operan desde México hasta Chile, pasando por Paraguay en Mariscal Estigarribia, donde está la mayor pista de aterrizaje de América Latina, y Chile con Fuerte Aguayo, sólo por nombrar algunos de los sitios que se conocen entre la maraña de desinformación, donde, por ejemplo, se intenta ocultar que Perú y Colombia son paradas de aprovisionamiento de la IV Flota, y se envía 250 marines a Honduras de las Fuerzas de Tareas Especiales para “luchar contra el narcotráfico, tareas humanitarias y formar a otras fuerzas”.

Este despliegue en Honduras es parte del reenfoque de la Administración Obama, en el cual se privilegia el uso de intervenciones encubiertas en vez de las directas, luego de que se comprobara que Estados Unidos ya no puede predominar en escenarios de invasión, como sucedió en Irak y Afganistán. De acuerdo al analista militar cubano David Ignacio Martín, los últimos documentos militares y las declaraciones de altos rangos militares estadounidenses destacan la Guerra No Convencional, o irregular, como la doctrina predominante de las Fuerzas Armadas estadounidenses, que para fines prácticos comenzó a ser publicada justo antes que iniciaran las “primaveras árabes” y se dieran los escenarios libios y sirios.

En este sentido, el desembarco en Honduras apunta a fortalecer el papel del Comando de Operaciones Especiales, que durante la Administración de Obama pasó de operar en 60 países a 150 con los múltiples objetivos de asesinar, secuestrar, realizar supuestas “misiones humanitarias” y formar a ejércitos de otros países (o fuerzas irregulares destinadas a iniciar movimientos armados contra los gobiernos enemigos) para que sustituyan a Estados Unidos en el campo de batalla, tal como lo explica una norma secreta firmada por el ex jefe del Pentágono, luego de la CIA y finalmente destituido por un escándalo de faldas y correos electrónicos, el general David Petraeus.

El uso y despliegue de fuerzas de operaciones especiales y la utilización de Centros de Operaciones Avanzadas (FOL) se enlaza con otros ingredientes pregonados por la Administración Obama, en la que se hace énfasis seis puntos: operaciones de las fuerzas especiales, aviones no tripulados, espías, socios civiles, guerra cibernética y combatientes subrogados (ejércitos irregulares que, en el caso venezolano, pueden ser identificados con el paramilitarismo, en el caso ucraniano con el movimiento nazi, y en el mundo árabe-musulmán con el Estado Islámico, Al Qaeda y diversos grupos yihadistas implicados en Libia y Siria, por ejemplo).

Toda esta nueva doctrina, en la que también funcionan las contratistas militares (mercenarios), es conocida en la actualidad como la guerra híbrida, posmoderna o líquida, en la que campañas de comunicación 2.0 se combinan con cyberterrorismo, manifestación de calles de “los socios civiles” (ONGs, políticos, estudiantes, periodistas, académicos, entre otros) financiados por Washington a través de la Usaid, la NED o Freedom House y acciones encubiertas de agentes especiales, privados o combatientes subrogados para en primer lugar intentar quebrar el frente interno vía “revoluciones de colores”, o llevar progresivamente al “enemigo o adversario” a un escenario de guerra civil en la que los costos no sean altos en intervención y todo el peso político, social y económico caiga en las espaldas del país atacado.

Bajo esta lógica es que funciona el Comando del Sur, y este es el tipo de función que cumplen sus bases.

El cerco a Venezuela

La guerra irregular se escenifica aquí desde el terreno de las comunicaciones y medios digitales, los espías (cuyo punto más visible fue la detención del agente de la CIA, Thimoty Tracy), la guerra cibernética (escenificada a gran escala con el hackeo al CNE el 14 de abril de 2013 y las denunciasdel presidente de Conatel, William Castillo), los socios civiles financiados por Washington y los combatientes subrogados, que andan vestidos de paramilitares luego de haber sido formados en Colombia para la guerra sucia.

Estos no sólo asumen tareas militares, como los paramilitares, sino que también apuntan a respaldar el ataque a la moneda, el bolívar, y la economía venezolana con teorías, rumores, matrices de opinión y denuncias falsas, acordes a la guerra económica emprendida por el gran capital financiero y el eje Madrid-Miami-Bogotá.

También hay indicios de que existirían contratistas militares como Dyncorp involucrados en planes golpistas, como sucedió con el alquiler del avión Tucano destinado a bombardear  Miraflores, así como monitoreo satelital y de comunicaciones sobre Venezuela bajo el modelo denunciado por Edward Snowden, entre otros hechos comprobables donde se pone en funcionamiento la estructura de las bases militares en la región bajo una perspectiva global.

Con base a esto, se presta apoyo logístico y de “ideas”, además de acciones tácticas, a los grupos destinados a sabotear la economía, la infraestructura y los servicios, como se ve en la constanteguarimba eléctrica, los ataques cibérneticos al sistema alimentario armado por el Estado venezolano y los saboteos contra la estatal Pdvsa, por nombrar los casos más evidentes.

Por citar una eventualidad: hoy en día, esta estructura militar estadounidense permitiría montaruna Sala de Operaciones Especiales (la que en términos de operaciones psicólogicas ya existe) para planificar y ser los ojos de las acciones militares en el terreno de un ejército irregular que inicie una guerra en Venezuela.

Este es el modelo de guerra no convencional aplicado en Siria para apoyar a los yihadistas islámicos y que toma puntos operativos alrededor del país, como Turquía, Jordania e Israel, donde existe presencia militar estadounidense. Por caso, esto mismo podría ser replicado tanto en Colombia, como en Aruba, Curazao, Panamá, Honduras o Perú.

Lo paradójico es que, al igual que en 2002, Estados Unidos desembarca más de 3 mil militares y un portaviones nuclear en Perú (el país que sustituyó el papel de Manta en Ecuador) en el mismo momento que declara a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria” para su “seguridad nacional“, y en paralelo la Exxon Mobile (Rockefeller) intenta crear un escenario de conflicto con Guyana, que acaba de participar en un ejercicio militar conjunto con el Comando Sur.

Esta orden ejecutiva, en términos militares, formaliza implícitamente la activación de toda su mecánica de poder blando y duro, y sus más de 80 bases militares en la región tienen su papel a cumplir, si se tiene en cuenta que éste es sólo un paso formal enmarcado en la “Doctrina de Guerra Irregular de la Armada de Estados Unidos“, donde se califica a Venezuela como uno de los “campos de batalla”.

Las evidencias hablan por sí solas: