Día: 20 octubre, 2021

Embargo y covid-19

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Gerardo Moyá Noguera*.- Sí, hay que recordarlo y decirlo claro y alto, Cuba sigue bloqueada económica, comercial y financiera desde hace más de 60 años y afirmar rotundamente que al terminar las últimas semanas en Cuba se han diagnosticado  20.000 personas menos. 



Decir también que esta disminución ha sido claramente intensa en todas las provincias de la Isla. Es una confirmación del lunes pasado del ministro de salud pública, el compañero José A. Portal Miranda, que a la vez coordina el primer ministro Manuel Marrero Cruz. Las vacunas cubanas han demostrado y siguen demostrando que han sido y son muy efectivas, desde la abdala a la soberana.  Los ciudadanos enfermos por la covid-19 ha disminuido considerablemente un 28,8% que en los anteriores días. Son datos irrefutables. Todas las provincias, excepto Camaguey han disminuido  su tasa  de incidencia por cada 100.000 habitantes. En cuanto al proceso de vacunación el ministro de salud pública afirma que sigue marchando muy bien, detallo también  que el 99,2%  de los ciudadanos cubanos habián recibido la primera dosis y el 84,2% la segunda. En definitiva, el control de la epidemia y a pesar de ser Cuba un país bloqueado y con muchas necesidades, resiste y avanza hasta llegar, pronto, a la inmunidad total. Como muy bien afirma el comandante de La Revolución, Machado Ventura, todo gracias a la unidad del partido & pueblo de Cuba.  

La marcha y la mancha

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Ricardo Riverón Rojas – La Jiribilla – Imagen: Tomada de Pixabay.- Me gustaría participar en una marcha donde se reclame justicia social, respeto a los derechos humanos, condena a la represión, libertad de expresión, libertad para los presos políticos, fin de la pobreza, igualdad de oportunidades… En mi país se convocó a una para el próximo mes, pero veo que la convocatoria no valora esos conceptos de la misma manera en que los asumimos la mayoría de los cubanos (el 85.5 %), ni mide con la misma vara su posible violación. No voy a participar, pues más que marcha sería, para mi fuero interno, mancha.


“Yo marcharía siempre que fuese necesario por la reivindicación de los más necesitados”.

Quien la convoca, si leo su currículo, ha sido beneficiario, en alto grado, de la justicia social y la igualdad de oportunidades que la política educacional y cultural de la Revolución desplegó para todos los cubanos desde sus primeros días hasta hoy; nunca fue discriminado ni censurado, sino todo lo contrario. Así lo reconoció en entrevista concedida a Raquel Caballero Ruiz para el periódico Juventud Rebelde el 24 de febrero de 2012:

Desde que empecé a hacer teatro en Holguín ingresé a la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Integrarme a esa organización me ofreció la posibilidad de participar en talleres, de compartir experiencia con otros creadores, hacer encuentros y publicar mis obras. (…) Tengo todos los motivos del mundo para agradecer el apoyo brindado, porque sin la Asociación no hubiese podido hacer la mayoría de mis trabajos.[1]

No le veo sentido a marchar para reclamar lo que ya poseen quienes, como él, demostraron talento, pero sospecho que tratar de convencerlo para que desista sería en vano. En otros momentos de la conversación, el joven confiesa que publicar sus libros y estrenar una decena de textos lo convierten en “un autor afortunado”. También se refiere a sus estudios, primero en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y posteriormente en la Universidad de las Artes (ISA), de donde egresó con título de oro. Comenta asimismo las posibilidades que ha tenido como guionista para audiovisuales y para participar en eventos e intercambios allende el mar.

“La masificación de la cultura, uno de los proyectos más osados y generosos que en el terreno cultural ha emprendido nuestro país en lo que va de siglo”

Evidentemente, el sistema propició su formación y su obra se ha reconocido, como la de tantos. Me gustaría marchar con él si reclamara que esas mismas oportunidades se abrieran para todos en aquellos sitios del mundo capitalista donde al desarrollo de la gran mayoría no lo respaldan políticas públicas inclusivas. Como bien sabemos, en esos predios por lo general el dinero, o el azar —no siempre concurrente—, son quienes desbrozan el camino a la academia. No creo que, desdeñando la amplitud de nuestras instituciones educativas, alguien con un mínimo sentido de la justicia se aventure a afirmar que quiere para los jóvenes talentos cubanos el mismo destino que tendrían en la mayor parte de este tercer mundo al que pertenecemos. Marchar para eso sería un descomunal contrasentido.

Claro, después de aquellas añejas afirmaciones, el todavía joven deriva de su visión, antes agradecida, hacia el cuestionamiento de la masificación de la cultura, uno de los proyectos más osados y generosos que en el terreno cultural ha emprendido nuestro país en lo que va de siglo. De paso, además de extraer un saldo nulo de aquella idea de Fidel, le mete caña —como le dicta una desgastada matriz peyorativa— al ideal guevarista del hombre nuevo. En otra entrevista, concedida a Alejandro Langape para la revista Árbol Invertido, el 18 de noviembre de 2020, lo afirmó. Llamo la atención sobre la autorreferencia, en ese mismo intercambio, a su obra Semen, premiada y puesta en escena dentro y fuera de Cuba. Supongo que quede claro que, al parecer, ante su puesta en escena y publicación, la cruenta censura comunista dormía o estaba entretenida con alguna que otra nimiedad.[2] Más allá de la pequeña cuota de razón que pudiera tener, sobre todo por las derivaciones no previstas con que opera el programa después de dos décadas de gestado, propongo leer un fragmento:

Para mí la Batalla de Ideas era la resurrección de aquel proyecto de hombre nuevo que pretendía, con la masificación de la cultura, atenuar los efectos de la degradación social que se percibía. La realidad, sin embargo, no muestra hoy evidencias de que seamos más cultos ni mejores (como sociedad) que en aquellos años. Semen es una reflexión en torno a esas preocupaciones. El texto fue ganador del premio Calendario, se publicó en La Habana y Buenos Aires, fue estrenado con mucho éxito por el grupo El Portazo, de Matanzas, y también ha sido llevado al cine por Juan Carlos Cremata.[3]

Yo marcharía —solo que en otros contextos— contra la censura, la falta de libertad de expresión, la existencia de presos políticos, y llevaría como ejemplo algunas de las obras más impugnadoras del dramaturgo convocante a la marcha en Cuba. El ejemplo cubano en eso de no censurar pudiera serles de utilidad, lo mismo en Madrid, pues en algunas de esas monarquías europeas contra sus majestades no se puede expresar nadie, porque la ley castiga al súbdito que se atreva. Igual podríamos marchar en Washington, o en Miami.

Marcharía también para denunciar esas cárceles donde mantienen durante años, sin instrucción de cargos y en no pocos casos sin delito, a prisioneros que deben enfrentar las condiciones más humillantes que podamos suponer; el de la base naval de Guantánamo sería mi ejemplo emblemático.

Claro que marcharía pacíficamente. Y también, pese al riesgo, contra los abusos policiales en esos sitios donde te pueden sacar un ojo con balas de goma, barrerte con un cañón de agua, caerte a golpes, asfixiarte bocabajo contra el piso con una rodilla sobre el cuello o despacharte con una bala de material menos “noble”. Como veo que no es hacia esos territorios que se enfilan los reclamos de quienes convocan a marchar en mi país, decido que no me mancho.

¿Y qué ha pasado en Cuba los últimos cinco años para que algunos piensen que es legítimo marchar para pedir cambios? Claro que hay que cambiar, a los revolucionarios no hay que pedírselo, pues no hay herramienta más valiosa que el cambio para que la Revolución como proceso emancipador no se detenga, se defienda e insista en su apuesta por el desarrollo.

Muchos de los cambios en nuestra economía en poco más de una década, que no son pocos ni de pequeña naturaleza, buscan hacerla funcionar eficientemente. En su totalidad han debido responder, de una manera u otra, además de a una nueva lógica global —no siempre socialista en el sentido ortodoxo—, a la agresividad del bloqueo, nunca ausente, sino más presente y atenazador que nunca tras las 243 medidas que nos regaló el republicano Trump, al parecer sin reversión demócrata. A quienes dicen que el bloqueo no es causa de nuestros agobios, los invito a recordar cómo nos abastecíamos en el período de distensión de ayer mismo (gobierno de Barack Obama) y cómo lo hacemos después del arribo a la Casa Blanca del magnate inmobiliario.

Han transcurrido menos de cinco años desde que, en 2017, asumió la presidencia de Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Desde entonces no ha parado de enfrentar adversidades de alta complejidad, timoneadas con bastante acierto, según creo. Apenas comenzaba su gestión cuando el accidente del avión de Holguín conmovió al país; acto seguido nos sorprendió el tornado en La Habana, que obligó al despliegue de cuantiosos recursos y recuperación en tiempo récord; nos fueron cayendo, en progresión creciente, las ya referidas medidas de Trump, con especial incidencia aquellas relacionadas con el abastecimiento de petróleo, las de carácter financiero y la clausura de los servicios consulares; en 2020 hizo su debut entre nosotros la pandemia, hasta la fecha de hoy combatida de manera ejemplar con vacunas y protocolos propios. Y por si fuera poco, irrumpieron los episodios de descontento inducido —con actos vandálicos y todo—, de los cuales solo sacan provecho quienes se niegan a incorporar la hostilidad de Estados Unidos en las variables de sus análisis sobre la situación de Cuba.

Para cada uno de los desafíos que menciono, el actual gobierno ha tenido una respuesta inmediata y abarcadora en la medida en que los recursos lo permiten. El actual programa de transformación de los barrios desfavorecidos (herencia del subdesarrollo y, quizás, de la no calibración, culposa y con retraso, de su magnitud) viene dando soluciones a problemas acumulados por más de una década, como el de materializar, de manera inmediata para sus habitantes, regularizaciones de diverso tipo.

Son muchos los problemas acumulados, y solo una acometida integral, priorizada y sostenida, permitirá ponerles fin. Yo estoy dispuesto a pedirles a los dirigentes cubanos, no en una marcha de dudosa inocuidad, sino en uno de los muchos espacios de diálogo que me propician, que no dejen que se pierdan la fuerza e intensidad con que trabajan hoy ante esa complejísima problemática social, sobre todo porque cuentan con el apoyo y participación de los pobladores.

Yo marcharía siempre que fuese necesario por la reivindicación de los más necesitados, pero evidentemente mis motivaciones no son las mismas de quienes pretenden hacerlo para que todo sea como es en esa buena parte de la humanidad que aún padece estatus colonial o neocolonial. A ciencia cierta, no sabemos con qué programa estos “rebeldes” se proponen gobernar mejor, con más respeto y justicia para todos. Lo que sí han dejado claro es que no quieren marchar por amor al deporte.

Notas:

[1] Yunior García Aguilera: “Escribo como si estuviera sentado en primera fila”, Juventud Rebelde, 24 de febrero de 2012. Entrevistado porRaquel Caballero Ruiz. Disponible en: http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2012-02-24/escribo-como-si-estuviera-sentado-en-primera-fila%5D.

[2] El 27 de noviembre de 2020 (según me confirman desde el Ministerio de Cultura) Yunior García Aguilera tenía cuatro obras en cartelera.

[3] Yunior García Aguilera: “El día que deje de cuestionarme, dejaría de ser yo”, Árbol Invertido, 18 de noviembre de 2020. Entrevistado por Alejandro Langape. Disponible en: https://arbolinvertido.com/entrevistas/yunior-garcia-dramaturgo-y-actor-el-dia-que-deje-de-cuestionarme-dejaria-de-ser-yo.


“Yo marcharía siempre que fuese necesario por la reivindicación de los más necesitados”.

Quien la convoca, si leo su currículo, ha sido beneficiario, en alto grado, de la justicia social y la igualdad de oportunidades que la política educacional y cultural de la Revolución desplegó para todos los cubanos desde sus primeros días hasta hoy; nunca fue discriminado ni censurado, sino todo lo contrario. Así lo reconoció en entrevista concedida a Raquel Caballero Ruiz para el periódico Juventud Rebelde el 24 de febrero de 2012:

Desde que empecé a hacer teatro en Holguín ingresé a la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Integrarme a esa organización me ofreció la posibilidad de participar en talleres, de compartir experiencia con otros creadores, hacer encuentros y publicar mis obras. (…) Tengo todos los motivos del mundo para agradecer el apoyo brindado, porque sin la Asociación no hubiese podido hacer la mayoría de mis trabajos.[1]

No le veo sentido a marchar para reclamar lo que ya poseen quienes, como él, demostraron talento, pero sospecho que tratar de convencerlo para que desista sería en vano. En otros momentos de la conversación, el joven confiesa que publicar sus libros y estrenar una decena de textos lo convierten en “un autor afortunado”. También se refiere a sus estudios, primero en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y posteriormente en la Universidad de las Artes (ISA), de donde egresó con título de oro. Comenta asimismo las posibilidades que ha tenido como guionista para audiovisuales y para participar en eventos e intercambios allende el mar.

“La masificación de la cultura, uno de los proyectos más osados y generosos que en el terreno cultural ha emprendido nuestro país en lo que va de siglo”

Evidentemente, el sistema propició su formación y su obra se ha reconocido, como la de tantos. Me gustaría marchar con él si reclamara que esas mismas oportunidades se abrieran para todos en aquellos sitios del mundo capitalista donde al desarrollo de la gran mayoría no lo respaldan políticas públicas inclusivas. Como bien sabemos, en esos predios por lo general el dinero, o el azar —no siempre concurrente—, son quienes desbrozan el camino a la academia. No creo que, desdeñando la amplitud de nuestras instituciones educativas, alguien con un mínimo sentido de la justicia se aventure a afirmar que quiere para los jóvenes talentos cubanos el mismo destino que tendrían en la mayor parte de este tercer mundo al que pertenecemos. Marchar para eso sería un descomunal contrasentido.

Claro, después de aquellas añejas afirmaciones, el todavía joven deriva de su visión, antes agradecida, hacia el cuestionamiento de la masificación de la cultura, uno de los proyectos más osados y generosos que en el terreno cultural ha emprendido nuestro país en lo que va de siglo. De paso, además de extraer un saldo nulo de aquella idea de Fidel, le mete caña —como le dicta una desgastada matriz peyorativa— al ideal guevarista del hombre nuevo. En otra entrevista, concedida a Alejandro Langape para la revista Árbol Invertido, el 18 de noviembre de 2020, lo afirmó. Llamo la atención sobre la autorreferencia, en ese mismo intercambio, a su obra Semen, premiada y puesta en escena dentro y fuera de Cuba. Supongo que quede claro que, al parecer, ante su puesta en escena y publicación, la cruenta censura comunista dormía o estaba entretenida con alguna que otra nimiedad.[2] Más allá de la pequeña cuota de razón que pudiera tener, sobre todo por las derivaciones no previstas con que opera el programa después de dos décadas de gestado, propongo leer un fragmento:

Para mí la Batalla de Ideas era la resurrección de aquel proyecto de hombre nuevo que pretendía, con la masificación de la cultura, atenuar los efectos de la degradación social que se percibía. La realidad, sin embargo, no muestra hoy evidencias de que seamos más cultos ni mejores (como sociedad) que en aquellos años. Semen es una reflexión en torno a esas preocupaciones. El texto fue ganador del premio Calendario, se publicó en La Habana y Buenos Aires, fue estrenado con mucho éxito por el grupo El Portazo, de Matanzas, y también ha sido llevado al cine por Juan Carlos Cremata.[3]

Yo marcharía —solo que en otros contextos— contra la censura, la falta de libertad de expresión, la existencia de presos políticos, y llevaría como ejemplo algunas de las obras más impugnadoras del dramaturgo convocante a la marcha en Cuba. El ejemplo cubano en eso de no censurar pudiera serles de utilidad, lo mismo en Madrid, pues en algunas de esas monarquías europeas contra sus majestades no se puede expresar nadie, porque la ley castiga al súbdito que se atreva. Igual podríamos marchar en Washington, o en Miami.

Marcharía también para denunciar esas cárceles donde mantienen durante años, sin instrucción de cargos y en no pocos casos sin delito, a prisioneros que deben enfrentar las condiciones más humillantes que podamos suponer; el de la base naval de Guantánamo sería mi ejemplo emblemático.

Claro que marcharía pacíficamente. Y también, pese al riesgo, contra los abusos policiales en esos sitios donde te pueden sacar un ojo con balas de goma, barrerte con un cañón de agua, caerte a golpes, asfixiarte bocabajo contra el piso con una rodilla sobre el cuello o despacharte con una bala de material menos “noble”. Como veo que no es hacia esos territorios que se enfilan los reclamos de quienes convocan a marchar en mi país, decido que no me mancho.

¿Y qué ha pasado en Cuba los últimos cinco años para que algunos piensen que es legítimo marchar para pedir cambios? Claro que hay que cambiar, a los revolucionarios no hay que pedírselo, pues no hay herramienta más valiosa que el cambio para que la Revolución como proceso emancipador no se detenga, se defienda e insista en su apuesta por el desarrollo.

Muchos de los cambios en nuestra economía en poco más de una década, que no son pocos ni de pequeña naturaleza, buscan hacerla funcionar eficientemente. En su totalidad han debido responder, de una manera u otra, además de a una nueva lógica global —no siempre socialista en el sentido ortodoxo—, a la agresividad del bloqueo, nunca ausente, sino más presente y atenazador que nunca tras las 243 medidas que nos regaló el republicano Trump, al parecer sin reversión demócrata. A quienes dicen que el bloqueo no es causa de nuestros agobios, los invito a recordar cómo nos abastecíamos en el período de distensión de ayer mismo (gobierno de Barack Obama) y cómo lo hacemos después del arribo a la Casa Blanca del magnate inmobiliario.

Han transcurrido menos de cinco años desde que, en 2017, asumió la presidencia de Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Desde entonces no ha parado de enfrentar adversidades de alta complejidad, timoneadas con bastante acierto, según creo. Apenas comenzaba su gestión cuando el accidente del avión de Holguín conmovió al país; acto seguido nos sorprendió el tornado en La Habana, que obligó al despliegue de cuantiosos recursos y recuperación en tiempo récord; nos fueron cayendo, en progresión creciente, las ya referidas medidas de Trump, con especial incidencia aquellas relacionadas con el abastecimiento de petróleo, las de carácter financiero y la clausura de los servicios consulares; en 2020 hizo su debut entre nosotros la pandemia, hasta la fecha de hoy combatida de manera ejemplar con vacunas y protocolos propios. Y por si fuera poco, irrumpieron los episodios de descontento inducido —con actos vandálicos y todo—, de los cuales solo sacan provecho quienes se niegan a incorporar la hostilidad de Estados Unidos en las variables de sus análisis sobre la situación de Cuba.

Para cada uno de los desafíos que menciono, el actual gobierno ha tenido una respuesta inmediata y abarcadora en la medida en que los recursos lo permiten. El actual programa de transformación de los barrios desfavorecidos (herencia del subdesarrollo y, quizás, de la no calibración, culposa y con retraso, de su magnitud) viene dando soluciones a problemas acumulados por más de una década, como el de materializar, de manera inmediata para sus habitantes, regularizaciones de diverso tipo.

Son muchos los problemas acumulados, y solo una acometida integral, priorizada y sostenida, permitirá ponerles fin. Yo estoy dispuesto a pedirles a los dirigentes cubanos, no en una marcha de dudosa inocuidad, sino en uno de los muchos espacios de diálogo que me propician, que no dejen que se pierdan la fuerza e intensidad con que trabajan hoy ante esa complejísima problemática social, sobre todo porque cuentan con el apoyo y participación de los pobladores.

Yo marcharía siempre que fuese necesario por la reivindicación de los más necesitados, pero evidentemente mis motivaciones no son las mismas de quienes pretenden hacerlo para que todo sea como es en esa buena parte de la humanidad que aún padece estatus colonial o neocolonial. A ciencia cierta, no sabemos con qué programa estos “rebeldes” se proponen gobernar mejor, con más respeto y justicia para todos. Lo que sí han dejado claro es que no quieren marchar por amor al deporte.

Notas:

[1] Yunior García Aguilera: “Escribo como si estuviera sentado en primera fila”, Juventud Rebelde, 24 de febrero de 2012. Entrevistado porRaquel Caballero Ruiz. Disponible en: http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2012-02-24/escribo-como-si-estuviera-sentado-en-primera-fila%5D.

[2] El 27 de noviembre de 2020 (según me confirman desde el Ministerio de Cultura) Yunior García Aguilera tenía cuatro obras en cartelera.

[3] Yunior García Aguilera: “El día que deje de cuestionarme, dejaría de ser yo”, Árbol Invertido, 18 de noviembre de 2020. Entrevistado por Alejandro Langape. Disponible en: https://arbolinvertido.com/entrevistas/yunior-garcia-dramaturgo-y-actor-el-dia-que-deje-de-cuestionarme-dejaria-de-ser-yo.

«Las vacunas cubanas se basan en plataformas conocidas y muy seguras y ya está el proceso formal para que la OMS autorice su uso de emergencia»: José Moya Medina

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RT en Español.- «En América Latina hay 4 países con capacidades de producción de vacunas y los llamamos a mayor cooperación», cuenta José Moya Medina, representante de la OPS/OMS en Cuba, en ‘Entrevista’ de RT. ¿Por qué la gente tiene temor a vacunarse? ¿Cómo afrontar la desigualdad en el acceso a las vacunas contra la COVID-19? ¿Habrá cambios radicales en el financiamiento de los servicios de salud en América Latina?


Este 20 de octubre

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Celebramos este año el Día de la Cultura Nacional en medio de circunstancias excepcionales. Las restricciones impuestas por la pandemia obligaron a los creadores y a las instituciones a trasladar eventos, presentaciones y debates al ámbito virtual. La televisión apoyó ese gran esfuerzo, y puede decirse que no ocurrió el previsible “apagón” cultural. No obstante, el público acostumbrado a frecuentar los circuitos artísticos sufrió un cambio drástico en sus hábitos culturales  y una reducción de sus opciones de enriquecimiento espiritual. 

A la pandemia y sus secuelas de toda índole se sumaron los efectos del recrudecimiento del bloqueo, que se hizo más asfixiante que nunca. Enfrentamos limitaciones que obstaculizaron la participación de la población en los procesos culturales y la proyección social de escritores, artistas, instructores de arte y promotores, y de sus organizaciones e instituciones, desde la UNEAC, la AHS, la Brigada José Martí y los Institutos y Consejos del Ministerio de Cultura hasta la red de bibliotecas, museos, casas de cultura y demás entidades provinciales y municipales.


Si echamos un vistazo a nuestra región, advertiremos que el impacto de la epidemia de la covid-19 sobre el movimiento artístico ha sido devastador. Un mensaje circulado en julio de 2020 por la revista Conjunto de la Casa de las Américas denunció la situación desesperada del teatro latinoamericano:

“Mientras grupos y artistas generan iniciativas virtuales para sostener la actividad creadora y la comunicación con el público y con sus colegas de todas partes (…) como impulso vital para impedir que el teatro muera, muchos gobiernos neoliberales, carentes de políticas culturales humanistas e indiferentes a la necesidad de preservación y afirmación de la identidad de sus pueblos, dan la espalda a la cultura y a sus artistas.”

Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido allí donde reina el neoliberalismo, la cultura entre nosotros no ha quedado huérfana. En la Cuba satanizada por la maquinaria de mentiras de los medios y las redes sociales, la dirección del país ha seguido respaldando a creadores e instituciones. Protegió en particular a músicos y artistas escénicos no subvencionados, cuyos ingresos provenían de sus actuaciones en espacios públicos. Como dijo Díaz-Canel, “Con el cuerpo herido de dolencias y escaseces, Cuba no olvidó a sus artistas”.

Entretanto, en una clásica maniobra oportunista, el gobierno de los Estados Unidos y el núcleo fascista de Miami decidieron aprovechar la ocasión para reverdecer, con saña particular, su vieja aspiración de dividir a los sectores intelectuales cubanos, distanciar a los creadores de la institucionalidad revolucionaria y pregonar el debut de su quinta columna de “disidentes” tan largamente soñada.

2

Llegamos en 2021 al Día de la Cultura Nacional después de conmemorar el aniversario 60 de “Palabras a los intelectuales” y de la fundación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y el 35 de la Asociación Hermanos Saíz.

Estas conmemoraciones no fueron rituales vacíos. Sirvieron para motivar un análisis riguroso y crítico en torno al protagonismo que deben asumir los escritores y artistas en el diseño y la conducción de los programas culturales.

En su discurso del 28 de junio a propósito de “Palabras a los intelectuales”, Díaz-Canel volvió sobre puntos vitales que Fidel había tocado seis décadas atrás. Resaltó que el único camino viable en términos de política cultural es el diálogo. No el “diálogo” falso, como show, que reclaman para las redes y los medios a su servicio los ruidosos anexionistas; sino el “verdadero”, el “real y honesto”.

El propio clima creado por Fidel para aquellos encuentros de junio de 1961, gracias a su humildad y a su capacidad de escuchar, significa, para Díaz-Canel, un ejemplo del modelo de comunicación que debe establecerse entre la vanguardia política y la vanguardia intelectual:

“Esa parte de su discurso es una lección de ética y de solidez cultural, de respeto al otro; es una prueba de cómo funciona el diálogo verdadero, con el oído atento a las voces inconformes o disonantes y la palabra dispuesta a responder, pero no para vencer, sino para aprender, aceptar, convencer: sin prepotencia y sin soberbias estériles. No impone, razona.”

Díaz-Canel, a su vez, reveló sus experiencias cotidianas en ese tipo de intercambios como ejercicio sistemático y fecundante “en el empeño de construir consensos y articular acciones”. Insistió en que continuaría compartiendo muchas ideas con la intelectualidad “en el diálogo vivo, que no ha cesado ni cesará”.

Mencionó al propio tiempo las decisiones tomadas por la dirección del país para preservar la cultura, en medio de las enormes dificultades y carencias del presente:

“No se esperó la demanda de los artistas [dijo]. Se pensó en todos y en sus necesidades fundamentales en un contexto plagado de incertidumbres y malas noticias económicas globales que mantienen en suspenso los magros ingresos de una nación pobre y bloqueada. (…) // Eso no tiene otro nombre que Continuidad. Aquel diálogo de 1961 está vivo, aunque en más de un momento en estos años lo hayamos descuidado, pospuesto, malentendido y puede que hasta maltratado”.

Despejó asimismo cualquier temor de que pudieran regresar las posiciones dogmáticas y sectarias que distorsionaron en una época nuestra política cultural.

Hay que aprender del pasado, dijo, “para que las experiencias negativas no se repitan y tampoco se eternicen en la memoria con efecto paralizador; para que las positivas se sistematicen; para que los miedos infundados no se tornen creíbles; para que los oportunistas y mediocres no tengan jamás poder sobre la creación; para que los mercenarios no desprestigien nuestro abanico cultural; para que la crítica se haga desde lo artístico y lo profesional y no desde las apreciaciones externas, que suelen ser estériles y producir reacciones contrarias; para que la Revolución que se hizo por la justicia y la  libertad no dé pie a confusiones que las nieguen”.

Subrayó además aspectos definitorios con respecto a la libertad de creación y al alcance del “dentro de la Revolución” formulado por Fidel y revisitado en la contemporaneidad:

“…la obra de arte tiene no solo el derecho sino la misión de ser provocadora, arriesgada, desafiante, cuestionadora, también enaltecedora y emancipadora. Someterla a la censura subjetiva y cobarde es un acto de lesa cultura. La libertad de expresión en la Revolución sigue teniendo como límite el derecho de la Revolución a existir”.

“Dentro de la Revolución”, ratificó, “sigue existiendo espacio para todo y para todos, excepto para quienes pretenden destruir el proyecto colectivo”. Martí “excluyó a los anexionistas de la Cuba con todos y para el bien de todos” y Fidel hizo lo mismo en 1961 con “los incorregiblemente contrarrevolucionarios”. Del mismo modo, “en la Cuba de 2021 no hay cabida para los anexionistas de siempre ni para los mercenarios del momento”.

Díaz-Canel desmontó el juego sucio del enemigo, sus intenciones, sus modos de actuar y de mentir, y adelantó los planes que han tramado para desestabilizarnos:

“No somos ingenuos. Está demasiado claro que nuestros adversarios tratan, por todas las vías, de provocar un estallido social y han escogido para inducir provocaciones un momento especialmente difícil para el país por los daños acumulados debido al reforzamiento criminal del bloqueo y el desgaste generado por el largo e intenso período de pandemia, asociado a los brotes y rebrotes de la COVID-19. (…) // Preservar, bajo el peor de los ataques, la independencia y la soberanía nacional seguirá siendo la primera prioridad para quien se sienta revolucionario y patriota, aunque esas palabras en ciertos círculos se consideren obsoletas. // Obsoleta es la dependencia, obsoleta es la humillación al poderoso. De todas las libertades, la más preciada es la que nos libera a todos los que compartimos un sentimiento, la que nos inflama de orgullo ante el triunfo de un compatriota, la bandera que se iza y el himno que se entona.”

No es posible hablar hoy del 20 de octubre sin detenerse en este texto tan hondo y convincente de Díaz-Canel.

3

Para Fidel la cultura era la clave de la libertad de los seres humanos, de su capacidad para no ser engañados, y el mejor antídoto para sortear las trampas seductoras del consumismo. Podía ser un componente primordial de la calidad de vida, del nivel de vida, en una concepción de la felicidad muy diferente a la promovida por la publicidad capitalista, atada a la acumulación irracional de cosas materiales —con el consiguiente saqueo de los recursos naturales y el acelerado deterioro del medio ambiente.

Pero para Fidel la cultura representa algo más. La llamó más de una vez “escudo y espada de la nación”: el escudo, ese núcleo identitario que atesoramos, nos resguarda de las influencias desintegradoras, como dirían Cintio y Lezama; la espada, por su parte, es capaz de llegar muy lejos y transporta la verdad de nuestro país (y la defiende) en los sitios más remotos.

En 1993, en los días más amargos del Período Especial, Fidel dijo en la UNEAC aquella frase que ha sido recordada con frecuencia: “La cultura es lo primero que hay que salvar.”  Se refería al arte y a la literatura, sí, pero igualmente al vínculo cognoscitivo y afectivo entre cultura y nación y a la suma de conocimientos imprescindibles para que el ser humano pueda defender su libertad, su memoria, sus orígenes, y deshacer la vasta telaraña de manipulaciones que le cierran el paso día a día.

Unos cinco años después, en el VI Congreso de la organización, Fidel habló de la globalización cultural. Dijo que era “el más importante de todos los temas, la más grande amenaza a la cultura, no solo a la nuestra, sino a la del mundo”. Había que defender nuestras tradiciones, nuestro patrimonio, nuestra creación, ante el “más poderoso instrumento de dominación del imperialismo”. Y concluyó: “aquí todo se juega: identidad nacional, patria, justicia social, Revolución, todo se juega”.

A la luz de esta severa advertencia, comprendemos más cabalmente la envergadura de la frase sobre “lo primero que hay que salvar” y el impulso personal que dio Fidel a la formación a  escala masiva de instructores de arte, a introducir la apreciación artística en el programa televisivo “Universidad para todos”, a constituir talleres de ballet para niños de barrios humildes, a la multiplicación de editoriales en todo el país y a muchas otras iniciativas de difusión lo más amplia posible de la cultura.

Díaz-Canel está pensando en estas ideas de Fidel cuando, en el discurso ya citado, afirma que nuestro enemigo “no ha logrado jamás horadar el muro infranqueable de la sólida cultura e identidad nacional”. De ahí que se empeñe en insertar sus mensajes propios de la chatarra seudocultural, cargados de vulgaridad, “en esos espacios que dejamos vacíos, confiados en que la masificación de la educación y la cultura iban a resolver espontáneamente un acumulado histórico de desigualdades de siglos que no se curan ni en seis décadas de Revolución”.

Y reconoce, con franqueza y transparencia, que “somos responsables también de nuestros índices de marginalidad”. De ahí que no podamos abandonar en ningún momento “la querella abierta por Fidel contra la incultura” desde 1961 y “seguir apostando a la decencia y a la riqueza que aporta al ser humano la cultura artística, sin cansarnos”.

4

Desde hace unos días, la “espada” certera e influyente que veía Fidel en la cultura nacional está en México, en el Festival Internacional Cervantino, donde Cuba es el país invitado de honor. Nuestro Ministro, el poeta Alpidio Alonso, preside una numerosa delegación. Entrevistado por el periódico La Jornada, respondió preguntas inevitables acerca de las campañas anticubanas que han querido implicar al sector cultural.

“No existe ningún tipo de confrontación entre las nuevas generaciones y los artistas de la isla con su gobierno”, asegura Alpidio. Y agrega: “el papel de la cultura es central para el proyecto de la revolución y el socialismo cubano que nació hace más de 60 años”.

“No tiene precedente [añade]: la manera en que se ha utilizado de forma perversa la tecnología en función de falsear las cosas y construir una narrativa que adultera todo. (…) El mejor mentís a las campañas de odio y desinformación es la obra misma de los artistas cubanos, con toda su complejidad y diversidad, pues el arte que se auspicia desde las instituciones culturales creadas por la revolución es crítico, no es un arte mojigato ni contemplativo…”

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El 22 de agosto de 1980, el Consejo de Ministros aprobó que el 20 de octubre fuera considerado oficialmente Día de la Cultura Nacional. Hart hablaba con mucho orgullo del significado de que se unieran en esa fecha el poderoso legado de la creación artística y literaria de nuestro país y la tradición patriótica y revolucionaria que se extiende desde 1868 hasta el triunfo de Enero del 59.

El itinerario que nos lleva de Céspedes y Perucho Figueredo hasta los jóvenes que hoy estudian en las escuelas de arte desemboca en Martí y en Fidel y pasa por Rubén, Lam, Alejo, Lezama, Virgilio, Guillén, Cintio, Fina, Alicia, Mariano, Fayad, Retamar, Haydee, Graziella, Barnet, Nancy, Alfredo, Eusebio, Torres Cuevas, Formell, Silvio, Choco y tantos otros. Tiene que ver con la identidad cubana, con sus esencias, con su perfil irrepetible, y tiene que ver de igual forma con los ideales de emancipación y justicia social que han inspirado a nuestros creadores.

Cintio nos recordó en el año sombrío de 1993 que no puede separarse el destino de la Revolución del destino de la patria:

“Lo que está en peligro, lo sabemos, es la nación misma. La nación ya es inseparable de la Revolución que desde el 10 de octubre de 1868 la constituye, y no tiene otra alternativa: o es independiente o deja de ser en absoluto.”

Nación y Revolución, patria y Revolución, no pueden concebirse separadas. Tampoco es posible imaginar la auténtica cultura cubana, la cultura nuestra, vigorosa y genuina, vendiéndose al Imperio, aliándose al anexionismo. Si es realmente cubana, si nace de nuestras raíces, si ha sido gestada por hombres y mujeres (vivan donde vivan) portadores de aquella cubanía que definió Fernando Ortiz, va a estar ligada indisolublemente al binomio de nación y Revolución, de patria y Revolución.

Responsabilidad y disciplina, para que no sea solo un mes con “buenos números”

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Las cifras de contagios por COVID-19 reportadas en Cuba durante el mes de octubre continúan su comportamiento al descenso. Dieciséis mil quinientas ochenta y dos personas fueron diagnosticadas con la enfermedad en la pasada semana, lo cual representa 10 321 casos menos que en los anteriores siete días.

Si bien durante la semana 41 del año se produjeron algunas variaciones en los números diarios, lo cierto es que las últimas cuatro semanas han mostrado de manera consecutiva una disminución sostenida de quienes enferman como consecuencia del SARS-COV-2.


Sin que esa realidad nos lleve a mirar el actual contexto epidemiológico con complacencia alguna, es válido destacar que la pasada semana también marcó un punto de giro en la cantidad de pacientes ingresados por ser positivos a la COVID-19. Ocho mil seiscientas ochenta y tres personas seguían siendo portadoras del virus, lo cual significa 8 292 pacientes menos que al concluir la semana 40 del año, es decir, menor cantidad de casos activos en un 28,8%.

Al cierre del 16 de octubre Cuba había aplicado 24 464 590 dosis de vacunas, lo que ha permitido que el 99,2% de la población vacunable haya recibido al menos la primera dosis de alguno de nuestros inmunógenos, y el 69,2% tenga completo su esquema de vacunación.

Las medidas adoptadas, unido al avance de la campaña de vacunación emprendida por nuestro país, han permitido, además, que fallezcan menos enfermos como consecuencia del virus. Por seis semanas consecutivas menos familias cubanas han sufrido la muerte de alguno de sus miembros y hasta el 16 de octubre se acumulaba una letalidad de 0,86%.

Aun cuando de manera general se ha producido una mejoría incuestionable en todos los indicadores sanitarios, varias provincias son seguidas con especial interés por la incidencia que en ellas sigue teniendo la enfermedad. En la última semana, Camagüey, Pinar del Río, Sancti Spíritus, Holguín, Las Tunas y Villa Clara confirmaron 12 278 casos positivos, el 74% de los diagnósticos en ese periodo.

Más allá de los números globales del país en las más recientes jornadas, que evidencian un avance indiscutible en el control de la epidemia, el actual escenario es, ante todo, un nuevo reto para los profesionales de la Salud, las instituciones, el Gobierno y las familias cubanas.

La reapertura gradual de espacios y actividades que ha comenzado a vivir la nación necesita ser acompañada con responsabilidad y mucha disciplina en todos los escenarios, para que la disminución sostenida de diagnósticos que mantenemos en las últimas semanas no solo sea cosa de un mes con “buenos números”.

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COVID-19: Habrá que estar muy atentos para no retroceder

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“Todavía hay una batalla grande por ganar”. La expresión fue compartida este martes por el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, con el grupo de expertos y científicos que lideran las actividades de ciencia e innovación tecnológica en el enfrentamiento al nuevo coronavirus.

El Jefe de Estado, quien felicitó a sus interlocutores —los que junto a un ejército de mujeres y hombres consagrados y sabios han llevado al país a las actuales y alentadoras cifras alusivas a la epidemia—, habló de una batalla por delante no solo pensando en cómo hacer para no perder lo ganado cuando la Isla abra del todo sus compuertas al mundo: el dignatario estaba haciendo además una mirada al futuro cuando mencionó, en los primeros minutos del encuentro, el tema de la post—COVID-19, algo en lo que ya andan enfocados nuestros científicos.

El primer punto en la agenda del encuentro —que sesionó desde el Palacio de la Revolución y que también estuvo presidido por el Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz— versó sobre la actualización de los modelos de pronósticos, cuya exposición estuvo a cargo del Dr.C. Raúl Guinovart Díaz, decano de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana.

Los modelos están siendo elocuentes de “la eficacia de las vacunas que se están aplicando, y de los métodos de tratamiento a los pacientes”, dijo el Dr.C. Raúl Guinovart Díaz. Foto:Estudios Revolución.


Según afirmó el profesor, en sentido general la semana que ha terminado puede calificarse de buena en cuanto al control de la COVID-19. “Ha continuado en todas las provincias, dijo, la disminución de los casos confirmados; incluso aquellas provincias que mantienen todavía una incidencia alta de la transmisión, como Pinar del Río, Sancti Spíritus, Camagüey y Las Tunas, también han tenido un descenso”.

Tomando como apoyo esquemas sobre el comportamiento total de la enfermedad, el experto alertó que, aunque la tendencia de las cifras relacionadas con la COVID-19 es a disminuir, “la epidemia no ha acabado. Todavía nos queda mucho”: el descenso de las líneas —recalcó— ha sido bastante rápido, pero “para lo que nos queda de octubre y noviembre, todavía puede haber un número alto de casos”.

Los gráficos de pronósticos dan una buena noticia, apuntó Guinovart: “nosotros no llegaríamos, por lo menos en noviembre, a la cifra de los 10 000 fallecidos”. Eso significa que, según el matemático, se está “ralentizando” el crecimiento de ese número. Queda claro, como también dijo el experto, que los modelos están siendo elocuentes de “la eficacia de las vacunas que se están aplicando, y de los métodos de tratamiento a los pacientes”.

¿Qué ventajas tenemos en comparación con noviembre del año pasado?, preguntó el decano de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, para seguidamente hablar de que “hoy hay una gran cantidad de personas inmunizadas en la población”, y “esperamos que verdaderamente esa inmunización resista” la llegada de otras personas desde otras partes del mundo; resista ante una amenaza de propagación de la epidemia.

Entre otros datos alentadores, Guinovart hizo referencia a un modelo de pronóstico aportado por la Universidad de Sancti Spíritus, el cual ratifica que el número de casos confirmados muy posiblemente descienda a mediados de noviembre a cifras ostensiblemente bajas.

En cuanto a los niveles de recuperación de la enfermedad, Raúl Guinovart destacó que estos ya superan la cifra del 98%. De una semana a otra, el incremento de ese indicador ha sido del uno por ciento; pero en casos como estos, subir la cuesta, como reflexionó el experto, requiere de mucho trabajo.

“Para el próximo mes esperamos que estemos por debajo de los 2 000 casos diarios; y a mediados de noviembre, en unos 600 casos diarios aproximadamente, eso nos pondría en una situación muy favorable para enfrentar las nuevas medidas que se avecinan”, razonó el matemático, a propósito de lo cual el Presidente Díaz-Canel habló de congratularnos pero “sin confianza, sin extrema confianza”.

En esta hora —argumentó el mandarario— Cuba tiene ante sí varios retos: uno de ellos, ser eficientes en aplicar la dosis vacunal de refuerzo, para blindar a la población; y se impone, dijo, el adecuado tratamiento a quienes arriben al país, porque de bajarse la guardia, alertó, el escenario epidemiológico podría volver a complicarse.

La ciencia cubana no descansa

La Dra. C. Lisset Sánchez Valdés enunció que los estudios recientes confirman “el impacto positivo de la vacunación caracterizada por alta velocidad del proceso; y la universalidad de la estrategia vacunal. Foto:Estudios Revolución.

La actualización de indicadores de la enfermedad severa y la letalidad por COVID-19 en Cuba fue un tema que también formó parte de la agenda del encuentro con los expertos y científicos. La Dra. C. Lisset Sánchez Valdés compartió en tal sentido un enfoque cuantitativo, a través del cual, entre otras ideas, expresó que en estos momentos todas las provincias muestran cifras de  mortalidad de acuerdo con la incidencia de transmisión de la epidemia que presenta cada territorio.

A modo de resumen, la Doctora enunció que los estudios recientes confirman “el impacto positivo de la vacunación caracterizada por alta velocidad del proceso; y la universalidad de la estrategia vacunal, lo que de conjunto con el resto de las medidas clínicas y epidemiológicas, ha permitido mantener una baja letalidad”.

Igualmente comentó que las diferencias en los indicadores epidemiológicos entre los territorios del país, están demandando “nuevos análisis integrales”. Y a lo anterior sumó que “las acciones en los territorios más vulnerables deben ser reforzadas siguiendo el enfoque de riesgo”.

Por su parte la Dra. Ileana Morales Suárez, directora de Ciencia e Innovación Tecnológica del Ministerio de Salud Pública (Minsap), compartió el esquema de una escalera alusiva a las “nuevas premisas del protocolo” atemperado al presente: para el escalón de la población sana, el fin es que ella no enferme; para el escalón del paciente confirmado, el propósito es que no agrave; y para el paciente grave o crítico, la meta es que no fallezca. Y en todo esto, enfatizó, “una de las premisas fundamentales es vacunar”.

La experta habló de establecer un nuevo protocolo para los convalecientes. “Eso lleva, dijo, una estrategia particular que hemos estado reforzando”.

El Dr.C. Pedro Más Bermejo hizo referencia a la importancia de estudiar, con luz larga, el impacto de la COVID-19 en la población: “Todavía están por ver los resultados de Cuba ante esta pandemia”; lo dijo, por ejemplo, pensando en cómo la Isla no es homologable con ningún otro país en cuanto al alcance y rapidez con que ha asumido el proceso de vacunación.

“Hay tres experiencias fundamentales que hemos ganado aquí en este combate —explicó el Doctor Agustín Lage—: una es la importancia de tener un protocolo integral estratificado, que combina intervenciones farmacológicas y las no farmacológicas. La otra experiencia es el reposicionamiento de los productos de nuestra industria. Y la tercera es trabajar la ciencia del lado de la demanda; es decir, pedir a los científicos lo que queremos que investiguen”.

Además de la del convaleciente —enfatizó Agustín Lage— hace falta la estrategia con el adulto mayor que no está enfermo. Foto:Estudios Revolución.

El científico señaló el tema del adulto mayor como algo que se deriva de la COVID-19 y merece especial atención: “En esta epidemia el pico de la edad juvenil no está”, solo está presente “el pico del adulto mayor, y el problema es que esta es una mortalidad diferente”. Tenemos que replantearnos, aseveró, qué vamos a hacer con esa población vulnerable, que ya son 2.3 millones de cubanos, con miras a futuras pandemias.

Además de la del convaleciente —enfatizó Agustín Lage— hace falta la estrategia con el adulto mayor que no está enfermo: “Necesitamos un programa para el adulto mayor sano, y aplicar allí las experiencias que hemos ganado”.

Luis Velázquez Pérez, Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba, razonó que “estamos en una etapa interesante”, la cual “refleja el esfuerzo que se ha venido haciendo” incluso desde mucho tiempo atrás. Sobre la estimación de la carga de secuelas, el científico recordó que “la pandemia ha afectado mucho a los pacientes”, lo cual conduce a la pertinencia de “aprovechar los servicios que tenemos para una atención más integral, para una rehabilitación más intensiva”.

En la misma línea de pensamiento de librar batallas por la  vida tuvo lugar, después, la reunión del Grupo de Trabajo Temporal del Gobierno para el enfrentamiento a la COVID-19, encabezada por el Presidente de la República y por el Primer Ministro. Las cifras compartidas en el encuentro por el titular de Salud, José Angel Portal Miranda, siguen siendo alentadoras, y la vacunación no se detiene; pero, como ha alertado la dirección del país, Cuba tendrá que estar muy atenta a cómo no retrocede en sus indicadores epidemiológicos cuando vuelva a abrir sus puertas a los visitantes de las más diversas latitudes.

Cuba tendrá que estar muy atenta a cómo no retrocede en sus indicadores epidemiológicos, se insistió en el encuentro. Foto:Estudios Revolución.

Bolivia denunció que varios implicados en el asesinato de Jovenel Moïse estuvieron en La Paz para atentar contra Luis Arce

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El Gobierno de Bolivia denunció este lunes que varias personas implicadas en el magnicidio del expresidente de Haití, Jovenel Moïse, estuvieron en La Paz en víspera de las elecciones de octubre de 2020, para intentar atentar contra el entonces candidato y actual presidente, Luis Arce.

En una rueda de prensa, el ministro de Gobierno, Carlos Eduardo Del Castillo, confirmó que el 16 de octubre del año pasado, dos días antes de los comicios generales en Bolivia, ingresaron varios de los mercenarios acusados de asesinar a Moïse en Haití. “Lograron identificar que se estaba gestando un plan desestabilizador con el objetivo de no permitir que nuestro presidente asumiera el poder, en caso de ganar las elecciones”, apuntó.

Según la investigación, uno de los implicados en hacer los contactos con los mercenarios fue el exministro de Defensa del Gobierno de facto de Jeanine Áñez, Fernando López, allegado del opositor Luis Fernando Camacho. La participación de uno de los miembros del gabinete en estos planes ya había sido difundida a mediados de este año por el portal The Intercept.


De acuerdo a las revelaciones de ese medio, que accedió a correos electrónicos y grabaciones de llamadas, López habría estado dispuesto a desplegar fuerzas militares extranjeras para impedir la asunción de Arce, o atacar a su Gobierno incluso después de que tomara el poder.

En la comparecencia, Del Castillo difundió otras grabaciones en las que se escucha al exministro negociar sobre el traslado de paramilitares y sicarios a Bolivia, que permitieran evitar el triunfo de Arce.

Para esta operación se habría pactado un pago de 125 000 dólares al año a los mercenarios, además de bonificaciones y reembolso de gastos, con la mediación de un hombre identificado bajo las siglas de J.E.P., que permanece actualmente recluido a una cárcel de máxima seguridad boliviana, y Luis Suárez, apodado como ‘ciber rambo’, que habría realizado trabajos para el Gobierno de Jeanine Áñez.

¿Quiénes son los implicados?

Presidente de Haití, Jovenel Moïse, junto a su esposa Martine Moïse. Foto: Andres Martinez Casares / Reuters / Archivo

El Gobierno cruzó los datos proporcionados por The Intercept con reportes de inteligencia para determinar que había existido una coordinación para atentar contra el mandatario, cuando aún era candidato.

Aunque el ministro de Gobierno no ofreció detalles del resto de funcionarios de Áñez que se reunieron con los mercenarios, en vista de que la investigación aún está en curso, sí ofreció la identidad de varias personas que aparecen actualmente implicadas en el magnicidio a Moïse.

Una de esas personas es German Alejandro Ribera García, excapitán colombiano detenido en Haití, y Arcangel Pretel Ortiz, quien ha sido señalado por Martine Moïse como uno de los implicados en el asesinato de su esposo. Ambos habrían estado en Bolivia entre el 16 y el 19 de octubre de 2020.

“Este [Germán Ribera], quien aceptó haber participado del asesinato del presidente de Haití, llegó a Bolivia dos días antes de las elecciones nacionales [de 2020]. Eso no es todo, entre las fechas 16 y 19 de octubre, también logramos identificar el ingreso al país de otros señores”, dijo.

En la lista de personas que viajaron a La Paz por esas fechas también figura el opositor venezolano Antonio Intriago Valera, dueño de la empresa CTU Security (registrada como Counter Terrorist Unit Federal Academy LLC), quien contactó a los mercenarios que mataron al expresidente haitiano y también estuvo vinculado a la fallida Operación Gedeón en Venezuela. Ronald Salamandra y Enrique Galindo Arias engrosan el registro de ciudadanos que viajaron a Bolivia desde EE.UU. y vía terrestre por Viru Viru (Santa Cruz).

“La intención principal de estos señores era acabar con la vida del presidente”, insistió el actual ministro de Gobierno tras detallar que Ramírez y Arias se alojaron en un hotel de la capital boliviana, muy cercano a la concurrida Plaza Murillo, donde Arce realizaba concentraciones. Sin embargo, informes de inteligencia dentro del propio partido alertaron del peligro y el comando de campaña del MAS decidió no realizar más actos al aire libre.

De acuerdo a otros informes de inteligencia, que aún son parte de las pesquisas del caso, revelaron que varios de los señalados se habrían hospedado en el hotel Marriott de Santa Cruz con varias autoridades del Gobierno de Áñez, desde el 19 hasta el 23 de octubre, cuando finalmente abandonaron el país con destino a EE.UU. y Colombia.

“Como teníamos conocimiento de la presencia de grupos armados, la mayoría de las apariciones públicas del presidente fueron en lugares cerrados. Para el día de su posesión, creamos anillos de seguridad, incluso dentro de la Asablea Legislativa Plurinacional”, precisó Del Castillo, quien reiteró que “en Bolivia hubo un intento de magnicidio”.

“No es coincidencia –aseveró el ministro– que quien está detenido en Haití por haber participado en el asesinato de un presidente, haya estado en Bolivia días previos y posteriores a las elecciones en las que ganó el presidente Arce, y que el señor Fernando López, que fue una cuota de poder de Luis Fernando Camacho en el Gobierno de Áñez, haya tenido contactos constantes con estos grupos irregulares y paramilitares, mediante empresas tercerizadoras”.

En video, ¿Qué hay detrás del magnicidio de Moïse?

En video, Implicados en el magnicidio de Jovenel Moïse estuvieron en La Paz

(Tomado de RT en Español)Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en WhatsAppCompartir en Telegram