Golpes a tiempo

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No solo para cultivar y cosechar tabaco hay que hacer las cosas en el momento oportuno…

Golpes a tiempo
Al tabaco hay que darle los golpes a tiempo, pero aprenda también usted con los constructores, que el cemento necesita tiempo para endurecerse y fraguar. (Alfredo Martirena Hernández / Cubahora)

Terminada la zafra azucarera de 1970, los agricultores estatales y no estatales volvieron a concentrarse con intensidad en la siembra de tabaco, y también en la región central del país se rescataron áreas para dedicarla al cultivo de la aromática hoja.

Entrando en la década de los 80, se hizo necesario en algunas zonas construir edificaciones necesarias para disponer de una infraestructura que diera respuesta al incremento de las áreas dedicadas a plantaciones tabacaleras.

Los volúmenes de producción fueron aumentando de una temporada a otra, y por alguna razón, en uno de los municipios se atrasaron las obras necesarias para el momento “pico” de cosecha, y los constructores fueron llamados a mayores esfuerzos para concluir a tiempo las edificaciones.

En una reunión con nutrida concurrencia, a pie de obra, alguien dio una explicación detallada, con sólidos argumentos de que el tabaco es un cultivo muy delicado, que requiere esmero, experiencia y conocimientos como los campesinos y obreros agrícolas de la zona.

“Como dicen los vegueros, al tabaco hay que darle los golpes a tiempo”, se dijo para despertar la sensibilidad de los ejecutores encargados de realizar su tarea con cemento, piedra y arena, además de otros materiales y variados instrumentos que incluyen hasta mecanizados.

A manera de riposta, pero con palabras entrecortadas y sin facilidades de expresión, un constructor dijo que también en su faena había que actuar con delicadeza y precisión, haciendo cada cosa a su debido momento.

Al notar que sus palabras no consiguieron el efecto deseado y que insistían en terminar la edificación en una fecha que no interrumpiera el flujo de la cosecha, aquel hombre se dirigió a allí presentes: “Yo no sé hablar bien, pero aquí hay un arquitecto que puede traducirme”.

Quizás apremiado por las urgencias, prácticamente minimizaron la importancia de que hablara un especialista en construcciones, pues aunque estaban convocados por una emergencia agrícola, pretendían que fuera solucionada por los entonces muy frecuentemente llamados Dignos hombres de los cascos blancos.

Cuando terminó la reunión, varios asistentes comentaron a este periodista que la moraleja de esa historia era que cada cual tiene que saber de su trabajo, pero que cuando intervienen varias especialidades, hay que tener en cuenta las opiniones e ideas de cada uno para armonizar las acciones.

Así fueron las palabras finales (las dijo el arquitecto) de la asamblea: Yo no sé de agricultura y por supuesto nada de siembra de tabaco, pero es que usted tampoco sabe nada de construcción ni del tiempo que necesita el cemento para fraguar.

Y más o menos argumentó así: acabo de aprender con usted que al tabaco hay que darle los golpes a tiempo, pero aprenda también usted con los constructores, que el cemento necesita tiempo para endurecerse y fraguar. Lo mismo que usted no puede dejar de cortar el tabaco en la fecha exacta, nosotros tampoco podemos quitar el encofrado ni hacer el resto de las tareas si no es en la fecha exacta.

La obra no pudo terminarse en saludo a una efeméride que había por esos días, no pude publicar que avanzaba la construcción, y guardé (o añejé) los apuntes de aquella reunión hasta el día de hoy.

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