La Mujer alma de la nación

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La mujer cubana siempre ha sido vanguardia, ejemplo ante la nacion.“Las mujeres constituyen un verdadero ejército al servicio de la Revolución…La mujer es una Revolución dentro de la Revolución … Cuando en un pueblo pelean los hombres y pueden pelear las mujeres, estos pueblos son invencibles, y la mujer de este pueblo es invencible.”.
                                                                                                                                       Fidel Castro Ruz

Daicar a tiempo completo

 Daicar no puede estar quieta en un lugar. Camina como si en ese movimiento le fuera todo, sus pasos son fuertes y ágiles, y en el trayecto no olvida sonreír. Ella es la mayor de las niñas de Daisy y Carlos y ríe cada vez que le cambian el nombre mientras reconoce la creatividad de sus padres para unir los suyos en el de su primogénita. Ella se llama Daicar Saladrigas González, es periodista y dirige un medio de prensa.

Llega de su casa a su otro hogar, el periódico Adelante, y revoluciona todo; saluda entre pomos de leche, jabas y carteras, al tiempo que pregunta por la cobertura que comenzaba a esa hora, por el carro desarmado en espera de una pieza… entra a la oficina para recibir los recados y el listado de quienes quieren verla como si las ocho de la mañana ya fueran las dos de la tarde. Sabe así que inició otro día.

Todo comenzó hace varios años. “Esta profesión empezó a interesarme en la secundaria, por la curiosidad y la tentación de decir cosas a la gente, de compartirles experiencias y saberes de otros, de influir en las personas. Luego, la Universidad y la práctica me mostraron que el Periodismo conecta a las personas con su mundo y transforma al mundo desde sus personas. Esa esencia ha sido regalo. En lo personal aprecio mucho la posibilidad que me da de conocer cubanos distintos, de ver la vida a través de sus vidas, de sus experiencias, y de hacer que otros cubanos los descubran”.

Años después regresó de Santiago con un título que le permitía comerse el mundo que Adelante le descubrió y con un periodista tunero, devenido fotógrafo de prensa, junto a quien “escribiría” sus tres mejores razones de vida: Claudia, Beatriz y Leandro.

“En el periodismo estoy empezando aún. Con Leo espero construir otros 40 años, el doble de los que hemos vivido, de intensidades diversas y de frutos como los que ahora nos colman en forma de hijos”.

Y en medio de todo, de toda su vida, ha estado siempre Adelante, ese periódico del que se enamoró “en primer año de la carrera, la primera vez que estuve de prácticas, me dieron mucha libertad de hacer, y además me atrapó su embrujo difícil de describir, sus buenas ‘plumas’ y sus ‘malas pulgas’, lo que quería imitar y lo que quería cambiarle, el misterio de tanta gente permaneciendo allí tanto tiempo, todo”.

Daicar tiene una prodigiosa memoria en la que organiza los tiempos según el nacimiento de sus hijos. Recuerda una edición, un evento, incluso una reunión o un informe porque sabe si fue antes o después de cada una de sus tres licencias de maternidad.

Aunque sus labores de dirección (4 años como jefa de Información y ya 8 como directora) le absorben el tiempo no deja de escribir. Su rigor personal para cada palabra que teclea lo lleva a cada letra que lee de otros, a cada edición del periódico que la desvela, incluso cuando friega “que es cuando me pongo creativa”, porque sabe la seriedad de lo que hace y respeta a Adelante, ese que “cumple cada enero los mismos años que la Revolución”.

Muchos de los que hemos tenido el privilegio de crecer —en todos los sentidos posibles— en Adelante, lo sabemos familia. Una familia inmensa que aumenta, nunca resta, por eso se suman los hijos, los nietos, los sobrinos de… a cada convite; por eso en medio de un cierre cinco o seis pequeños juegan a revisar planas del periódico o entrenan para una olimpiada en los pasillos, y la casa se siente más viva mientras se espera la última información o la foto que falta.

Por eso es fácil entregarse a ella, a lo que necesite. Por eso Daicar escribe menos y sueña más el periódico de mañana. “Acepté la dirección, primero, por la responsabilidad, el compromiso que entraña sentirte parte de un lugar y de su gente, y que ellos te convenzan de que puedes ser útil; luego, por la certeza de que ello no significaba irme de la redacción”.

—¿Cómo se dirige al primer medio de prensa fundado después de 1959, sobre todo cuando todavía están en activo generaciones casi fundadoras?

—Ese es un gran compromiso porque Adelante no ha reflejado o acompañado a la Revolución, sino que ha sido en sí mismo la Revolución, se ha reinventado y ha sido consecuente con su tiempo, lo cual resulta igual de complejo en cualquiera de sus distintas épocas. La manera en que intento hacerlo es con el corazón. Releyendo las seis décadas de las que somos continuadores. Sabiendo que todo está por aprenderse todavía. Sintiendo que cada persona del colectivo es imprescindible y cada lector inconforme una buena razón para el día siguiente. Escuchando, inventando, convocando.

—Una mujer fue la primera directora de Adelante. Otra lo dirige a sus primeros 60. ¿Cómo quisieras que te recordaran a los 120?

—“Daicar: fue muy buena persona”. Ah! también pudiera ser “la primera mujer en la jefatura de Información”, que es la pequeña vanidad que me permito el 8 de marzo.

Con Daicar se cumple el dicho de que si la dejan hablar no la matan, y más de uno asegurará que cuando habla pierde el punto final. No es de quienes buscan escucharse, no; dice las palabras exactas, explica y analiza los sucesos con precisión forense, y convence; arrastra, a veces hasta sin proponérselo, y escucha, aunque nunca huye a un debate.

Quizás por practicar el ponerse primero para exigir después o porque lo hace de cuna y por convicción la descubro atónita cuando le menciono la condición de lidereza de que hace gala.

“Ni siquiera me creo con esa cualidad. La mayoría de las veces me descubro en medio de un proceso cuando ya estoy dentro, no es algo premeditado o intencional; participo, apoyo o protesto porque no sé ser indiferente a lo que pasa a mi alrededor. El activismo me viene por naturaleza y, sobre todo, por mi formación, por mis padres. Me funciona más el ejemplo, cuando las personas sienten que te involucras de verdad, se suman”.

Es por eso que sorprende; no solo la motivan los grandes retos sino las tareas comunes; en sus labios siempre hay un sí que deja pequeño el más arriesgado número de equilibrio circense ante el hecho de simultanear el ser madre, periodista, profesora universitaria, directora, delegada del círculo infantil… y diputada.

—¿Consideras un “defecto” no saber decir no?

—Algunos consideran que sí lo es, sobre todo en la familia, y a veces me “convencen” de que debería decir no. Pero los lectores —los que felicitan, pero sobre todo los que critican—, los alumnos, los subordinados, las familias del círculo infantil y más recientemente los ciudadanos, me dicen sin proponérselo que vale la pena; me enseñan a diario, me hacen crecer porque me exigen ser mejor en todo lo que hago o vivir en el intento, mejorarme intentándolo.

“Sin pretender que una sola persona hace el mundo, creo firmemente que nuestro mundo tendría más victorias si todos los que pueden dijeran sí, si cada cual creyera que en sus intentos va el destino de todos. Al inicio de esa larga lista de las personas a las que me debo, están mis hijos, que son los que más sufren mis muchos sí por el tiempo juntos que nos quitan, pero a ellos también trato de inspirarlos a que sean gente de sí”.

Su día pareciera tener más horas de las habituales entre tazas de leche, muñequitos, análisis de presupuesto, consejos de maternidad, dos charlas motivacionales por asuntos personales o coberturas difíciles, trazos escolares, clases de guitarra… recibir a las 11 de la noche la última llamada por trabajo, valorar las fotos recién editadas (posiblemente haber esperado a que el fotógrafo llegara del trabajo y acompañarlo durante el proceso). ¿Cómo alcanza un día para tanto?

“A veces no alcanza. Casi nunca nos las arreglamos para que alcance realmente, pero intentamos que no quede fuera lo esencial. Nos especializamos en prioridades, que en ocasiones es un texto, en otras ir al parque, y disfruto mucho cuando son las charlas. Los días me rinden más gracias a mis equipos, el equipo de la casa, que acompaña e inspira; el de Adelante, que empuja y respalda, el de la familia”.

A Daicar la conozco hace 13 años. Entonces era mi profesora de Periodismo Impreso (capaz de erizarse hasta el alma con una crónica bien escrita), y de allá para acá pasó a ser mi jefa como antes mi tutora y en el camino mi amiga. Muchas han sido las veces que me ha instado, a mí y a otros, a “comer picadillo de corazón valiente” como metáfora a empinarme/nos o a “echarle un poquito de sal” a un texto para mejorarlo. También la he visto no solo dirigir sino educar a los más jóvenes reporteros y formar parte de esas construcciones colectivas que cimentan el Periodismo que nos toca en estos tiempos.

“Tenemos que rescatar con urgencia la autoestima del gremio, a fuerza de más profesionalidad y preparación, y también de voluntad, de creernos que podemos hacer mejor, de asomarnos con humildad a los buenos ejemplos contemporáneos y de estudiarnos el fructífero periodismo que nos antecedió. Pero a la vez debemos sacudirnos el mal hábito de culpar a los otros.

“Hoy la mayoría de los lastres que nos señalan los públicos dependen de nosotros, de quienes dirigimos los medios con rutina o con temores, y de quienes desde las redacciones se acomodaron o se cansaron; pues esos, en mayoría, no perdieron su talento ni su compromiso con el pueblo.

“Lo que promulgamos desde nuestras páginas para los demás sectores de la sociedad debemos aplicarlo a nosotros mismos, transformarnos, crecer, valorar lo que representamos para la nación. Hoy hay visión de país acerca del rol de la prensa y la necesidad de su autonomía, pero a veces todavía nos sorprendemos esperando indicaciones o notas oficiales, escribiendo relatorías de presidencia”.

Daicar es un ser transparente que lleva el sentido de la justicia al romanticismo de la mayor positividad posible. Nunca pide a nadie lo que sabe que no puede dar, y cumple como mantra lo que aprendió de Fidel, con quien tuvo el privilegio de compartir varias horas un día que inmortaliza la foto sobre su buró: “entre sus muchas enseñanzas, nos legó la de saber escuchar, la de querer aprender siempre y de todos, en cualquier lugar. Aquella madrugada, en una de esas sesiones de contarnos el futuro, me reafirmó otra de mis ‘fidelidades’ preferidas, el darse a los demás”.

Por eso ella se entrega en todo lo que hace y en todo lo que da: su tiempo, su espacio, sus hogares y sus familias. Dice que la caracteriza “la perseverancia, el compromiso y la sensibilidad”; me atrevo a sumarle su corazón y la verdad de perogrullo de que es madre, periodista y cubana a tiempo completo.

En la vía, ¿ellas más severas que ellos?

Aunque se hace cada día más común verlas en las calles encima de flamantes motos, con botines inmensos y uniformes ceñidos al cuerpo, aún existen varias percepciones y ¿por qué no?, mitos, sobre las oficiales del tránsito en Cuba.

Olaisi López Pozo es una de ellas. Tiene sólo 26 años, pero ya integra el Destacamento de Servicios Especiales, de la Dirección Nacional de Tránsito, cuya prioridad es el acompañamiento a caravanas con delegaciones cubanas y extranjeras que se encuentran en la capital para participar en cumbres, congresos o actividades similares.

Encima de su Suzuki blanca número 321, o la nave, como la llama con especial cariño, la joven artemiseña también recorre las principales avenidas habaneras “despejando” el tránsito ante el paso de automóviles que trasladan a presidentes o altas personalidades de otras naciones de visita en Cuba.

Se levanta cada día a las 3 y 45 de la mañana en Alamar (Habana del Este), donde vive, para desplazarse hasta la localidad de Cinco Palmas, en La Lisa, pues debe llegar poco antes de las seis a la unidad para acceder a su principal medio de trabajo y comenzar a “rodar”.

“Tengo que moverme prácticamente hacia el extremo opuesto de la ciudad por mi cuenta, en lo que aparezca”, dice. Ha dejado su moto debidamente estacionada junto a la acera y, aunque se nota que no está de servicio en ese momento, los autos disminuyen la velocidad a medida que se acercan y los choferes observan con cautela a la muchacha policía.

“Cuando no tenemos ningún servicio especial, por lo general lo que hacemos es trabajar en la vía; acudimos, por ejemplo, al lugar donde haya ocurrido algún accidente, o nos ubicamos en algún punto a regular el tránsito y aplicar medidas a quienes violen las leyes”.

“Si paras a 40 conductores en el día, 38 te elogian”

Olaisi integra el Destacamento de Servicios Especiales, de la Dirección Nacional de Tránsito. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Una creencia generalizada entre los choferes es aquella de que las agentes motorizadas son más severas que los hombres al imponer alguna sanción a los infractores. Algunas tienen que lidiar con malas caras y hasta las groserías de algún “indignado”, sólo que son los pocos, porque, según Olaisi, la mayoría se comporta amablemente.

“Si paras a 40 conductores en el día, 38 te elogian por cualquier cosa, las uñas o el pelo, siempre están atentos a si vas arreglada, es la manera que buscan para que una sea más flexible”. En ocasiones, ha debido recordarles a los más “subiditos de tono” que están en presencia de una autoridad policial, y deben respetarla.

“Las mujeres nos caracterizamos por tener a veces un carácter fuerte, no nos dejamos dominar, y a eso se añade que al vestir un uniforme y cumplir con una tarea tan fuerte e importante los hombres no saben a veces cómo llegar o hablarnos, y optan por los halagos”.

Refiere que al momento de hacer cumplir con lo establecido en las leyes, las oficiales de tránsito tienen la misma responsabilidad que los hombres.

“Tenemos igualdad de deberes y condiciones que ellos, y también poseemos la capacidad de entender cuando un chofer nos plantea determinada situación porque, ante todo, somos humanos, pero si hay algo que siempre defiendo es que a la hora de conducir los problemas se quedan en la casa y hay que cumplir las leyes, porque se ponen muchas cosas en riesgo”.

Otra cuestión que está en el ideario es aquella de que existe una “cuota” de multas al día. Nada más alejado de la realidad. “No tenemos tal meta como muchos piensan; tampoco nos pagan de acuerdo con la cantidad de sanciones que impongamos en cada jornada”.

Una historia de nueve años

Aunque a la vista es bastante menuda de peso, Olaisi se mueve con agilidad mientras se monta en la “321” y la arranca de un solo golpe con el pie. Maneja su moto hace cinco años; sin embargo, su ingreso a las fuerzas del Ministerio del Interior (MININT) ocurrió desde hace nueve, cuando tenía 17 y decidió que no continuaría estudiando y así lo comunicó a su familia.

“En la culminación de las últimas pruebas en el preuniversitario, los compañeros de selección y captación del MININT visitaron mi escuela para explicarnos sobre los múltiples órganos y especialidades de la institución; me gustó la relacionada con tránsito, realicé todas las pruebas y las vencí. Finalmente ingresé en agosto de 2010”.

Luego de un curso de 11 meses en las academias de la Policía Nacional Revolucionaria “Mártires de Tarará” y la de Barbosa, la ubicaron en la unidad donde radica la Dirección Nacional de Tránsito. Entonces era “infante” y trabajaba en las garitas de las avenidas 5ta., Paseo y 42.

“Era una misión bastante complicada porque debías tener los cinco sentidos funcionando, imagina que por esas calles pasan los máximos dirigentes del país, además de diplomáticos porque son zonas donde hay muchas embajadas”.

Explica que cuando se trabaja como infante, es en dos turnos de seis horas al día -con relevo-, porque en la noche no hacen guardias. Uno de los dos “tragos amargos” que ha tenido en sus años de servicio fue precisamente en esa etapa.

“En una ocasión detuve un vehículo por indicación de otra compañera, pues el chofer había cometido una infracción y a ella no le había dado tiempo hacerlo”.

Recuerda que el conductor se bajó bastante indispuesto, y de manera irrespetuosa se negó a facilitarle la documentación hasta que ella no le explicara el porqué de la detención.

“En forma muy descompuesta él comenzó a manifestarse contra la policía, aunque finalmente me dio los documentos; pero cuando vio que iba a ponerle la notificación, se me lanzó encima para empujarme y me los arrebató de las manos”.

Aquel percance no terminó de la manera más desafortunada gracias a que una mujer que venía en el mismo carro intercedió, y luego al agresor se le impuso la sanción correspondiente con su comportamiento.

Trabajo diario y una carrera que comienza

Los oficiales de tránsito trabajan todos los días del año. El tráfico en las calles no cesa. “Si se puede, descansamos un día a la semana. A las mujeres casi siempre se nos da la posibilidad de recesar los domingos, pero eso es si no hay ningún servicio”.

“Mi pareja trabaja conmigo, aunque en otro destacamento, apenas nos vemos, salvo en la casa”.

Como parte de sus tareas, cuatro días en el mes recibe una preparación sobre la Ley 109 Código de Seguridad Vial, “porque aunque la dominamos, siempre puede surgir cualquier duda en cuanto a la manera de interpretar sus artículos”.

“También damos clases de conducción, defensa personal, psicología… ya que debemos estar preparados para todo”.

Por mera curiosidad le pregunto si tiene otras perspectivas más allá de “velar” por la seguridad y el orden vial encima de su “321”.

“Me fascina mi trabajo, y más en el destacamento en el que me desempeño, aunque también curso el primer año de Derecho pues se nos da la posibilidad de estudiar en una filial universitaria”.

Aunque ahora no piensa más que en terminar la carrera y en un futuro no descarta trabajar en dicha especialidad en el MININT, afirma que eso no es lo que quiere.

“Me gustaría mantenerme como ciclista; aunque a lo mejor cuando tenga hijos piense de otra manera y quizás quiera dedicarle más tiempo a ellos, pero creo que eso no es una limitante para continuar con mi trabajo, sé que puedo llevarlo a la par porque tengo compañeras que así lo hacen”.

“El tiempo decidirá, pero ahora mismo opto por quedarme, porque aquí todos los días se aprende algo nuevo”.

Además de su chaleco reflectante, botas de goma, capa y tablilla con la documentación para las notificaciones, Olaisi lleva en uno de los cajones de su moto un lápiz labial para permanecer arreglada. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Olaisi siempre busca un momento para permanecer acicalada. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Reina de domingo a domingo

Reina Salermo, madre, esposa y abuela recién estrenada, le han confiado responsabilidades tan altas como ser diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular e integrante del Consejo de Estado. Además, es miembro del Comité Provincial del Partido en Holguín y, desde hace ocho meses, encabeza la Empresa Azucarera de ese territorio.

Salermo, quien es ingeniera química (graduada de la Universidad de Camagüey en 1988), funge como máxima responsable del quehacer azucarero holguinero, uno de los de mayor peso en la producción nacional del ramo.

Cubadebate quiso entrevistar a esta mujer dulce por partida doble, dadas sus maneras y la labor que realiza. La localizó en una oficina típica de empresaria, entre muebles y bolígrafos. “Arropada” por informes. Pero ella no se haya detrás de un buró, es evidente.

Aunque sigue vinculada a la industria que la hizo crecer desde todo punto de vista, extraña las molidas de su central o el olor cotidiano a bagazo. El asentamiento Naranjo 11, de la zona cañera de Tacajó, en el municipio holguinero de Báguano, marca su origen humilde, el mismo que la ha acompañado en su proceder durante 53 años de vida.

—¿Cómo fue su primera experiencia en el área azucarera, luego de graduarse de Ingeniería Química?

—“Entré como adiestramiento laboral en el ‘88. Procedía de un batey y estaba vinculada desde pequeña a las tradiciones de zafra comunitaria. Hasta pertenecí de pionera a círculos de interés azucareros y había hecho mis prácticas laborales y la tesis de pregrado en centrales.

“Por esas razones, no entré en cero a la industria, sabía que venía a quedarme. En el ingenio Fernando de Dios, de Tacajó, me ubicaron luego de graduada. Hasta el 2016 permanecí allí. Transité por varias posiciones, empezando por las técnicas y terminando en la dirección”.

—Fue durante un tiempo la única mujer al frente de un central en Cuba. ¿Cuánto le aportó esa etapa?

—“Adquirí mucha experiencia y vínculos con los colectivos laborales. Gané en entrega al trabajo, dedicándole muchas horas. Obtuve conocimientos integrales de dirección y de la zafra como tal, que es un período bien complejo, con muchas aristas. Las empresas azucareras eran abarcadoras porque tenían producción de azúcar y caña, renglones agropecuarios y fuerzas constructivas”.

—¿La maternidad está reñida con las faenas duras?

“Lo que hace falta es contar con una familia detrás, que apoye. Tener a mi hija no me limitó. Embarazada trabajé hasta los siete meses y medio. Caminaba todo el central. Subía escaleras observando procesos. Siempre los compañeros estaban cuidándome, diciéndome que cogiera por el camino más seguro, mas trabajé a plena capacidad hasta que me acogí a la Licencia de Maternidad”.

—Siempre se dice que los hombres respetan a las féminas dirigentes. ¿Cómo ha sido en su caso?

“Los hombres siempre me han respetado. Pero el respeto hay que ganárselo respetando. No se puede esperar respeto cuando se irrespeta. Soy estricta con la disciplina y eso hace que me gane la consideración. Nunca he sentido rechazo o incomodidad de parte de ellos. Más bien he logrado que se sumen a las metas trazadas”.

—Usted afirmó que en la zafra no hay puesto de trabajo que no pueda ocupar una mujer…

“Cualquier puesto de trabajo es posible que sea desarrollado por ellas. Las hay macheteras, operadoras de combinadas, choferes de camiones. No hay ningún rol para el que no estemos aptas en la actualidad. Hoy, en la industria azucarera cubana, hay cientos de mujeres vinculadas a esta”.

—¿Cuán significativas son en su vida las trayectorias de Celia Sánchez y Vilma Espín?

“Todas las mujeres cubanas, con sentimientos revolucionarios, deben sentirse identificadas con el patriotismo y las características de ambas. Ellas resumen el prototipo de fémina integral. Son mis paradigmas en mi vida personal y profesional. En el caso de Vilma, me llaman la atención sus facetas como esposa y madre, aspectos aparejados a su recorrido como luchadora. De Celia me motiva la capacidad que tenía de organizar y crear, habilidades que, en la dirección de empresas, son necesarias; era una compañera emprendedora”.

—Estuvo en Brasil en un intercambio de experiencias, en 2006. ¿Cree que Cuba debe actualizar su modo de hacer zafra?

—“Fui porque el ‘Fernando de Dios’ hizo la mejor zafra integral de Cuba y recorrí varias instalaciones, centrales, de Brasil. Todavía tenemos situaciones tecnológicas que no van a la misma velocidad que en otros países. Pero los ingenios se parecen bastante. Los azucareros cubanos son superiores en la preparación técnica. Vi personal que no poseía los conocimientos nuestros.

“En un central cubano, prácticamente, la mayoría de los obreros son técnicos medios o tienen calificaciones superiores. Allá todavía prima la cosecha manual y, un ejemplo, en Holguín ya todo ese proceso es mecanizado. Queman cientos de hectáreas de caña y eso contamina el medioambiente, práctica que acá no se lleva a cabo, y ocurre solo en casos extraordinarios”.

—¿Cómo se planifica para cumplir con tantas tareas?

—“La Empresa que dirijo requiere de mucha dedicación y tiempo. Por lo que, prácticamente, mi vida es trabajar de domingo a domingo. Ser azucarero incluye sacrificios. Hay que tener determinados valores. Se disfrutan mucho los momentos productivos positivos, ya sean intermedios o el cumplimiento integral de la contienda. Se vive el día a día. Pero un día malo de zafra uno lo sufre, porque esta es una actividad tradicional de Cuba”.

—¿Cuál es su punto de vista, como parlamentaria, sobre la nueva Constitución que refrendamos los cubanos hace pocos días?

—“La Constitución, como ha dicho Díaz-Canel más de una vez, es un producto del pueblo, salió de este. La Comisión que la redactó hizo muy bien su trabajo y todos tuvimos posibilidades de referirnos a la futura Carta Magna. Esta refleja de verdad las aspiraciones cubanas”.

—¿Cumplirá Holguín su plan de producción de azúcar en la presente contienda, teniendo en cuenta que ya superó las 100 mil toneladas (al 60 por ciento de cumplimiento)?

—“Haber llegado a esta cifra en esta etapa nos sitúa en una mejor situación para materializar el cumplimiento del plan. Más cuando no enfrentamos ahora al mes más productivo de la zafra, marzo. Si aprovechamos estos días, es posible que desfilemos el Primero de Mayo con el cumplimiento del Plan alcanzado.

“Debemos terminar la actual contienda a alrededor del 10 de mayo. Los estimados de caña en el sur, de los centrales Urbano Noris y Cristino Naranjo, son altos, por lo que, mientras las condiciones meteorológicas lo permitan, estaremos moliendo”.

—¿Se considera dura de carácter?

—“No es que sea dura. Es que me importa la disciplina pareja para todos. Me gusta ser justa. Soy la primera que cumplo lo orientado. Por eso muchos me ven con esa firmeza de carácter. Aunque al final me relaciono muy bien con mis compañeros y trato de que reine la solidaridad y que el trabajo sea prioridad”

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