Repasadores: la otra escuela

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Las clases complementarias, pago mediante, se han convertido poco a poco en un fenómeno que forma parte del día a día de los cubanos

Cuando el curso escolar dice adiós, las primarias sustituyen el bullicio habitual por el suspiro aliviado de los maestros. Los pequeños en sus vacaciones solo recuerdan la escuela, ocasionalmente, para inquirir a sus compañeros por las calificaciones de los exámenes finales; aunque son las madres las más preocupadas por estos menesteres.

Cuando septiembre vuelve a abrir puertas el ajetreo también comienza: las mochilas listas, los libros forrados, la merienda en las modernas luncheras, las clases…

Y, por supuesto, desde hace un tiempo a la fecha de ningún cierre ni inicio de curso se ausenta la palabra repasador, un término bastante popular entre los cubanos desde que en el 2013 la Resolución No. 41 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ofreciera marco legal a esta modalidad del trabajo por cuenta propia.

Muchos son quienes alaban a estas personas que como requisito legal solo necesitan ser mayores de edad y no ejercer el magisterio. Es entonces cuando cabe preguntar: ¿qué sucede con los repasos? ¿Por qué son solicitados desde las primeras enseñanzas?
Saque usted sus propias conclusiones

“Los repasos han sido de gran ayuda para mi nieta en los períodos de pruebas finales. Mi hija es doctora y no le alcanza el tiempo para estudiar con ella”, comenta Zenaida, abuela de una niña de nueve años.

“No tengo a mi hija con ninguno porque yo misma soy quien lo hace. Me guío por las clases y si tengo duda en algo lo consulto con su maestra”, dice Dailenis Rocha, y segundos después sentencia con seguridad: “Los padres deben saber lo que necesitan sus hijos. Algunos ponen a los niños a repasar sin evaluar si para ellos con la escuela es suficiente”.

“Estoy en cuarto grado, estudio en una escuelita rural del municipio de La Sierpe; en mi aula somos 19 y solo tres no están en repasos —me cuenta Rosabel algo tímida, cual si revelara su mayor secreto—. Me explican por vías diferentes, mi maestra tiene 20 años y no le entiendo nada”.

“Es cierto, a veces hacen falta, mi hija mayor pudo coger la carrera gracias a su repasador de Matemática; pero también es verdad que eso ahora está de moda. Mi vecina, por ejemplo, tiene al niño en preescolar y ya lo repasan. No veo la necesidad…”, afirma María Ortiz, una señora de avanzada edad interesada al escuchar el diálogo sobre el asunto.

“Me vi obligado a llevar a Marquitos con un maestro del barrio que se dedica a esta esfera del cuentapropismo, le revisaba la libreta y había asignaturas con solo una clase. Y a todo esto se suma que la profesora escribe con pésima ortografía en la pizarra”, aclara Fernando Pérez, quien trabaja como enfermero.

Déficit de docentes, comodidad de los padres, deficiencia del claustro… son algunos de los motivos por los cuales, sea tendencia o pura necesidad, el repaso se ha vuelto un fenómeno que pica y se extiende, del que es difícil formarse una opinión dada la complejidad de matices que lo componen.
¿Qué dicen en la escuela?

La escuela es la academia donde se forma el individuo, una industria productora del pensamiento; de su funcionamiento depende también el desempeño de un país.

“Años atrás, cuando uno decía: soy maestro, se llenaba la boca de orgullo, ahora existe cierto rechazo a nuestra profesión por una sociedad que nos debe tanto”, manifiesta con pesar Margarita Otero, una repasadora a quien la mayoría de los espirituanos conocen.

Desde el envejecimiento de los educadores más abnegados hasta las bajas matrículas en los centros pedagógicos, el sistema educacional cubano se enfrenta a disimiles obstáculos que menoscaban todas las enseñanzas, incluida la Primaria. ¿Y qué papel asumen los repasadores en este contexto? ¿Llega a ser definitoria su labor?

“El maestro es el más importante, quien tiene la metodología, el espacio idóneo, la tarea de educar. Aunque esta clase de profesor particular exista, su función es meramente la de profundizar el contenido y consolidar los conocimientos recibidos por nosotros. Siempre en consecuencia con el programa, dado que ellos pueden acercarse en busca de actualización y ayuda metodológica”, argumenta Rosa Maytee González, jefa del Departamento de Primaria en Educación Provincial.

“Un maestro en activo funcionando como repasador y cobrando por ello es sancionado por el Reglamento Ramal de Educación”, aclara la directiva ante el comentario de que muchos profesores son repasadores de sus propios alumnos.

En cualquier caso, los padres acuden a ellos, ya sea con referencia de amigos o por renombre popular. A lo que Margarita Otero responde: “Los padres son bastante exigentes con este asunto, ellos quieren el mejor maestro para sus hijos y hacen cualquier cosa para tenerlo, generalmente la experiencia y el talento innato son nuestra carta de presentación”.
¿Repaso mientras no me repasen el bolsillo?

En la provincia espirituana la modalidad de Profesor por cuenta propia es practicada por más de una treintena de personas, con el mayor volumen en la cabecera provincial; sin sumar las modalidades de repasador de idioma, solfeo y otras que suman 28, según datos ofrecidos por la Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social.

“Repaso a 10 pesos como todos, nunca a mis alumnos, claro está. ¿Por qué?, lo de siempre: el salario y, como yo, muchos retirados del sector a quienes por la antigua ley la jubilación se les monta en 200 y poco más”, declara a Escambray bajo el anonimato una maestra de varias décadas de experiencia.

Asimismo, los costos de estos servicios varían entre los 10 pesos y los 50 en moneda nacional, en dependencia del tipo: sea de asignaturas, música o lenguas y las particularidades de frecuencia u horario, incluso si son a domicilio. En algunos sitios de la isla existen propuestas más extravagantes y costosas que fluctúan entre 3 y 10 CUC, de acuerdo con ofertas publicadas en páginas virtuales.

El que por su gusto muere…; no obstante, es triste pensar que estos chocantes precios puedan atentar contra el primer principio de la educación cubana: el de igualdad para todos.

Los repasos, muchas veces usados para demostrar estatus y posición social, pueden convertiste en simple especulación más que en un medio para desarrollar el conocimiento. A conciencia de todos —padres, repasadores y estudiantes— queda la decisión de si vale pagar o si es justo el valor fijado.

Como derecho y principal deber, el estudio acaba por convertirse en la respuesta a todas las preguntas. Ya sea con repasador, ayudado por los padres o de manera individual, es este y no otro el camino al éxito escolar. Si funcionan adecuadamente los mecanismos educacionales, no hay necesidad de buscar otra escuela o enviar un SOS a ningún repasador.

(Tomado de Escambray)

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