Modas

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La recurrencia de las modas es un asunto curioso; los modos de hacer, de vestir, de divertirse y hasta de amar, se pueden repetir como un ciclo impreciso a lo largo de los años, haciendo que los viejos critiquen a los jóvenes; quienes, a su vez, no se percatan que luego serán los críticos de las generaciones futuras.

Cada época tuvo sus modismos, tuvo gente ¨muy a la moda¨ otros no se atrevieron a sumarse a lo más moderno o retador y algunos no se percataron de que la cosa no era para ellos, aunque les sobrara voluntad y ganas de lucir, por decirlo de alguna manera, actualizados.

Tulio Campanario al que le decíamos Radiación, porque usaba un espendrú como un hongo atómico, fue el tipo más exagerado en eso de usar los pantalones campana (tal vez tenía que ver con su apellido) yo recuerdo, ya al final de 1980 cuando se extinguía esa forma de vestir, una tarde en que se quedó dormido en un banco del cabaret mientras ¨LOS ALBINOS¨ tocaban la conocida melodía ¨El Mechón¨ y los muchachos le levantaron con cuidado la parte baja y acampanada que cubría uno de sus pies y cuál no fue la sorpresa al descubrir allí, tranquilamente dormido, el gato que ya hacia ratos buscaba afanosamente la hija del administrador del quiosco donde vendían cerveza.

Milbia, alias La Copa, por la notable desproporción entre ancho de espaldas y ancho de caderas, fue la más desesperada ante la inevitable llegada de una invasión multicolor de licras que se nos venía encima, hubiera o no hubiera ¨materia glútea¨ para que la dichosa prensa de vestir hiciera su mejor papel; nada, que la muchachita agarró el uno en la cola de la ferretería y se fue con tres de aquellas vestiduras las cuales por penosa casualidad eran roja, verde y amarilla, lo que le valió el mote adicional de: El semáforo escuálido.

La ropita de playa también ha tenido sus momentos estelares y cuando aparecieron las famosas ¨Tangas¨, que dicho sea de paso, generaron algunas buenas ¨tánganas¨ a nivel matrimonial; después que algunos esposos, no muy precavidos, se detuvieron más tiempo del necesario en días de arena y mar observando una de esas diminutas piezas de baño y no precisamente en el cuerpo de sus enfadadas esposas.

Antonia ¨el Tornillo¨ Pérez, poseedora de numerosas rosquitas entre abdomen y barbilla, se apareció una mañana de agosto luciendo una de las susodichas tanguitas, llevadas ¨irresponsablemente¨ a su mínima expresión, la verdad que aquello no le quedaba nada bien e incluso una amiga cercana trató, con bastante tacto, de hacerle desistir de su estreno dominical, pero ella alegó que ese era: EL ÚLTIMO GRITO DE LA MODA y creo que tenía algo de razón, pues después de aquel alarido, la moda debe haberse muerto.

Otras cosas hicieron época, en la música, en el baile y hasta en la cocina, pero algo siempre ha estado de moda entre los cubanos y es ese corrientazo que nos sacude y nos enciende el pecho, cuando se habla mal de este país, de su historia y de su gente. Hasta los que viven bajo otro cielo por diversas circunstancias, sienten esa picazón criolla tan difícil de aguantar, escuchando a algún guanajo de cuatro plumas cuando vocifera, más por odio que por convicción, la mentira venenosa contra el pueblo de Martí.

(Tomado de La Bicicleta)

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