Carne roja y riesgo de cáncer de mama

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Por Dr. Alberto Quirantes Hernández

La “carne roja” es aquella con un color rojo o rosado cuando se encuentra cruda. Desde el punto de vista nutricional, es la proveniente de los mamíferos. Por otros lado, la llamada “carne blanca” presenta un color pálido o blanquecino en estado crudo como son aquellas obtenidas de aves y pescados.

Los conceptos anteriores no se relacionan con la carne cocida, la cual pocas veces es de color rojo  tal como sucede cuando se cocina poco.  La carne de cerdo adquiere un color pálido al ser cocinada y  en el caso de carne de res se pone de color marrón.

VARIAS ALERTAS EN RELACIÓN A LA CARNE ROJA

El American Institute for Cancer Research y el World Cancer Research Fund afirma en su reporte Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Cancer: a Global Perspective, “que existe evidencia convincente de que el consumo excesivo de carnes rojas procesadas incrementa el riesgo de cáncer colorrectal, y que hay evidencia de que incrementa el riesgo de cáncer en el esófago, pulmones, páncreas y endometrio.”​

La Organización Mundial de la Salud (OMS) categoriza la carne roja procesada dentro del grupo 1, altamente cancerígenos, junto con las carnes procesadas y el tabaco.

La pirámide de la alimentación sana de la universidad de Harvard recomienda que el consumo de carnes rojas sea escaso.

También existe la recomendación de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer en 2015, donde declara a la carne procesada y curada como cancerígena y a la carne roja como probable cancerígena para humanos.

NUEVOS DATOS

El riesgo de sufrir cáncer de mama podría reducirse si se disminuye el consumo de carne roja, especialmente la muy hecha o la guisada. Así como de carne procesada y curada.

Según una reciente  investigación realizada por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública CIBERESP y del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, publicada en la revista Maturitas, en el estudio participaron 1,006 mujeres con cáncer de mama y 1,370 mujeres sanas.

Con la información obtenida, fue analizada la relación entre el riesgo de tener cáncer de mama y el nivel de consumo de carnes en general, considerando no solo la cantidad sino también las prácticas de su cocinado.

LOS RESULTADOS

Por una parte se estudió el consumo total de carne blanca como fueron las de pollo, pavo o pato; de carne roja, de vaca, ternera, cerdo, cordero, hamburguesas y albóndigas de cerdo o ternera, hígado de ternera y otros menudos; carne procesada o curada como es la carne sometida a alguna forma de conservación, incluyendo salchichas, perritos calientes, paté, foie gras; y embutidos como jamón cocido, jamón serrano, chorizo, fuet, salchichón, butifarra, mortadela, etc. así como la cantidad total consumida de todas las carnes antes nombradas.

Por otra parte, se analizó el punto de cocción de la carne considerándolas como poco hechas, hechas o en su punto, y muy hechas.

Finalmente, se valoraron los métodos de cocinado de la carne como fueron a la plancha o barbacoa, frito o rebozado, guisado, horno y otros métodos.

El riesgo de cáncer de mama aumentó para aquellas mujeres postmenopáusicas más consumidoras de cualquier tipo de carne pero fundamentalmente de carne roja  y sobre todo  de carne roja procesada o curada .

La cantidad de carne blanca y el punto de su cocción no se  relacionó con este tumor. En cambio, un mayor cocinado de la carne roja incrementó el riesgo de cáncer de mama.

En relación con los métodos de cocinado, el estudio confirmó un mayor riesgo por el consumo de carne roja guisada, sobre todo para los tumores hormonales.

SE DEBE TENER CUIDADO

La prevención sobre todo, y el diagnóstico precoz, son las mejores herramientas para luchar contra el frecuente cáncer de mama.

En cuanto a la prevención, es conocido cómo el riesgo de sufrir cáncer de mama se puede reducir de forma eficaz realizando ejercicio físico de forma regular, evitando el sobrepeso y la obesidad tras la menopausia y evitando el consumo habitual de alcohol.

Hasta el momento, el papel desempeñado por la dieta no estaba totalmente aclarado  en relación con el cáncer de mama. Nuevas investigaciones en este campo pueden servir para orientar una mejor prevención.

Los resultados de este trabajo confirman la necesidad de transmitir a la población, sobre todo a las mujeres, la necesidad de  reducir el consumo de carne, en concreto la roja y la procesada y curada. Y mientras más temprano mejor.

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