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Duelo mundial de hipocresías

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Escrito por José Manzaneda

“Fraude” , “pucherazo” repetía la gran prensa internacional tras los dos recientes procesos electorales en Venezuela. Ni oposición ni medios llegaron a presentar una sola prueba de ello . Pero gobiernos y titulares condenaban de nuevo al gobierno de Caracas y lo calificaban como “dictadura” o “régimen ilegítimo” .

Ahora imaginemos que en Venezuela el Consejo Nacional Electoral hubiera tardado ocho días en dar los resultados . Que, con el 57 % de los votos contados y llevando la oposición un 5 % de ventaja, el sistema informático se hubiera caído durante más de diez horas  y, a su regreso, como por arte de magia, la mayoría hubiera pasado a la candidatura del gobierno.

También imaginemos que, ante las protestas, el gobierno hubiera respondido con un toque de queda para impedir la circulación de personas tras las 6 de la tarde . Y, sobre todo, con mucha represión: 13 muertos y más de 500 personas detenidas .

Nos podemos imaginar qué hubieran dicho los medios, la OEA , la Casa Blanca y la Unión Europea  si hubiera ocurrido todo esto en Venezuela. Pero como ha sido en Honduras, el “fraude” electoral aparece en los titulares –por ser una hipótesis, una opinión- siempre entrecomillado . En Venezuela, a pesar de no existir prueba ninguna, las comillas del supuesto fraude… sobraban .

Nos han dicho siempre que Internet es el gran espacio para la libertad de expresión. Y que por eso es temido y controlado por gobiernos… como el de Cuba . Un espacio, eso sí, bien vigilado por las multinacionales del sector con sede en EEUU. Una de ellas, Google, eliminaba recientemente de YouTube las cuentas del canal iraní HispanTV . Y anunciaba que penalizará en sus buscadores al canal Russia Today , cuya publicidad, a su vez, ha sido vetada por la empresa Twitter . Son evidencias de cómo los intereses geopolíticos occidentales marcan el límite de la libertad de prensa. Y de cómo estos canales públicos –ruso e iraní- están haciendo mella en dichos intereses, al llevar a extensos públicos informaciones y opiniones censuradas en la gran prensa internacional.

Hace unos días, la CNN emitía imágenes de un aberrante negocio: el de la subasta de personas esclavas en Libia. Un país –recordemos- cuya Guardia Costera recibirá 46 millones de euros de la Unión Europea para controlar la salida de migrantes. La nación que consiguió tener la mayor renta per cápita y el mayor índice de desarrollo humano de África. Que hoy es un caos social, político y económico absoluto. Del que la mitad de su población ha emigrado y buena parte de la que queda vive en situaciones de pobreza no conocidas antes. Es el resultado de la operación que acabó con el gobierno incómodo de Muammar el-Khadafi: Occidente y las monarquías del Golfo armaron primero al yihadismo. Después, meses de mentiras y propaganda anestesiaron a la opinión pública para los bombardeos de la OTAN. Fue el papel de poderosos medios… como CNN. El canal que ahora nos arranca lágrimas de indignación con sus imágenes de los mercados de esclavos. Los que jamás habrían existido sin su participación criminal en la destrucción de países como Irak, Siria y Libia.

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