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La semana de Almagro, la conexión Honduras

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Justamente el día en que se reunía la Comisión Permanente de la OEA para discutir la bochornosa propuesta de Luis Almagro de aplicar la Carta Democrática a Venezuela, un distinguido miembro de la mafia cubana en Miami, Marco Rubio, visitaba Tegucigalpa para tener reuniones del más alto nivel. Para mantener las apariencias visitó antes el Ministerio Público, encargado de dar curso a los expedientes abiertos por corrupción a muchos funcionarios públicos hondureños

De la visita de este funesto personaje, solo podemos rescatar las declaraciones finales que brinda a la prensa junto al jefe del régimen, Juan Orlando Hernández, en las que afirmaron que las relaciones entre ambos países son “cada vez mejores”. Unos días después tiene lugar la reunión de la Asociación de Estados del Caribe, AEC, en La Habana, en la que Hernández participa.Mientras tanto, en un intento descarado de propiciar un Golpe de Estado en Venezuela, Estados Unidos ordena a Luis Almagro, personaje gris de la diplomacia latinoamericana que funge como secretario general del Ministerio de Colonias Imperial, que escale la arremetida contra el gobierno legítimo de Nicolás Maduro, invocando la Carta Democrática de la OEA. En el término de una semana, Almagro pasa de escandalosas e irrespetuosas declaraciones en los medios a activar la dichosa Carta.

El gobierno de Honduras patrocina, el mismo día y a la misma hora que arriba Marco Rubio a Tegucigalpa, un proyecto injerencista liderado por la Argentina de Macri, en el que, básicamente, esta trágica organización reconoce a la burda y criminal oposición venezolana como una parte beligerante con la que el gobierno constitucional debe dialogar. En ese movimiento, a pesar de la impresión de derrota a la jugada Almagro, se abre una peligrosa puerta que se tendrá que vigilar muy de cerca.

Siendo un país pequeño y muy pobre, gobernado por un cartel mafioso que obedece a ciegas las directrices del Comando Sur de Estados Unidos, puede jugar un rol muy explosivo en los ataques contra la independencia y la autodeterminación del resto de naciones latinoamericanas y del caribe. Ese papel no es nuevo, ya lo jugo activamente en la década de los ochenta del siglo anterior como punta de lanza de la guerra contra la revolución sandinista de Nicaragua y contra las fuerzas revolucionarias salvadoreñas, ahora en el gobierno del FMLN.

En el caso Almagro se dan dos asuntos relevantes acerca de la participación hondureña, que la opinión pública no debe olvidar: 1) El único antecedente de aplicación de la famosa carta democrática, es justamente Honduras en 2009 por el Golpe de Estado Militar que derrocó al gobierno constitucional de José Manuel Zelaya, y; 2) Que los golpistas de aquel momento están entronizados en el poder político en Honduras, comenzando por el mismo Juan Orlando Hernández.

Puesto en perspectiva, los golpistas hondureños de 2009, maniobran hoy para producir un nuevo Golpe de Estado contra otro miembro del ALBA, el más grande, Venezuela.  Sería bastante ingenuo a estas alturas creer que el Golpe en Honduras en 2009 fue producto de una crisis interna, o que el mismo fue un hecho aislado. Es más lógico verlo como el inicio de una gran ofensiva para detener el avance de los pueblos en América Latina, que hoy concentra todas sus baterías en derrotar la revolución bolivariana.

Por otro lado, el sostenimiento de los golpistas en el poder en Honduras por siete años, ha causado a este país daños cuantiosos, que implican el soporte permanente de los Estados Unidos a una estructura criminal que ha destruido todas las instituciones, ha consolidado al crimen organizado como un poder fáctico determinante, y ha costado la vida de decenas de miles de hondureños en una limpieza de clase solamente comparable con la tragedia que le ha tocado vivir al pueblo colombiano.

Lo peor es que los intereses regionales, necesitados de una integración que propicie espacios de paz, imprescindibles para el desarrollo, han obligado a los gobiernos progresistas a incorporar al peligroso vecino pobre hondureño en las instancias de integración, como CELAC, en las cuales, más temprano que tarde, los golpistas hondureños volverán a jugar un papel funesto. No es casualidad que los Estados Unidos subdividieron a Centroamérica y hablaran de la Alianza para la Prosperidad, en el triángulo norte de la región, donde se incluyen a Guatemala (país sumido en gran inestabilidad política), Honduras y El Salvador.

En este triángulo norte centroamericano, donde el gobierno del FMLN luce como la víctima siguiente, se ha impuesto una agenda de supuesto “combate a la corrupción” y defensa de legalidades que sencillamente no existen, y son usadas a discreción de los sirvientes del Comando Sur. Como en una burla al mundo, los individuos más corruptos son los jueces y fiscales, los paladines que “luchan” la cruzada contra la corrupción. Nunca antes había sido tan clara la naturaleza de clase de las leyes, y el uso del Estado como ente represor al servicio de la clase dominante.

En esa tan cacareada guerra contra la corrupción, vuelve a aparecer la tristemente célebre OEA, de Luis Almagro, sí, el mismo golpista contra Venezuela, con una Misión Anti Corrupción en Honduras (MACCIH) que está instalada, pero solo parece estar presente para validar la persecución política contra Manuel Zelaya Rosales y sus exfuncionarios. Otra vez, los asesinos acusan y condenan a sus víctimas. Y esto sucede justo en el momento en que Zelaya se perfila con ventaja como contendor de Juan Orlando Hernández para las elecciones de 2017.

La existencia de un estado paria en el corazón del continente ha pasado de ser una alerta potencial a un peligro inminente. El Golpe de Estado Militar tenía un propósito de gran envergadura que ahora amenaza directamente a la revolución bolivariana (no solamente desde la OEA), así como para los vecinos El Salvador y Nicaragua. Hace cinco años escribimos un artículo en el que argumentamos que el Golpe en Honduras amenazaba directamente al gobierno y al pueblo nicaragüense; hoy esa verdad es aún más clara.

Honduras y su gobierno han sido refugio de terroristas por mucho tiempo; aquí estuvo Posada Carriles, y para él pidieron asilo político a Manuel Zelaya Rosales cuando Mireya Moscoso lo indulto unas horas antes de dejar el poder en Panamá. Aquí, el Congreso presidido por Juan Orlando Hernández condecoro a Maria Corina Machado, y aquí se recibió a Guillermo Fariñas como héroe. Que aparezca Marco Rubio no debería sorprender a nadie, si debería llamar la atención el momento en el que sucede la aparición, y la connotación de la misma para nuestra seguridad.

Bajo las circunstancias, no sería aconsejable tomarnos la conexión hondureña a la ligera, y se debería dar seguimiento atento a la situación interna de este país centroamericano.

 

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