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Misión cumplida

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Liliana Ayalde. Buena candidata para desestabilizar a Ecuador.

El 13 de mayo de 2005, el Ministerio de Salud y Deportes de Bolivia otorgaba la Condecoración Nacional de la Salud Pública en el Grado de “Gran Oficial” a la ciudadana estadounidense Liliana Ayalde, quien dejaba el país tras 6 años como directora de la USAID.

Dos años antes, durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, Ayalde también había sido distinguida con la condecoración al mérito agropecuario por el entonces Ministerio de Asuntos Campesinos, Indígenas y Agropecuarios.

Contexto histórico

Durante los primeros años del Siglo XXI América del Sur vive momentos de ebullición social y política, en toda la región surgen líderes y gobiernos que por primera vez ponen en serio riesgo la hegemonía estadounidense.

Bolivia no será la excepción y desde 2002, Ayalde deberá hacer su máximo esfuerzo por evitar que el país caiga en manos del líder cocalero Evo Morales, quien amenazaba con aliar a esta nación ubicada en el corazón de Suramérica al bloque geopolítico bolivariano liderado por Hugo Chávez.

El 30 de junio de 2002 Bolivia vive elecciones presidenciales en las que Morales casi le arrebata la victoria a Gonzalo Sánchez de Lozada. El sistema político de partidos tradicionales queda seriamente afectado.

La embajada de Estados Unidos es la encargada de articular una alianza entre Goni y Manfred Reyes Villa -hasta ese momento enemigos irreconciliables- para conformar gobierno.

Menos de un mes después, el 26 de julio, la embajada despacha el siguiente cable hacia Washington.

Un proyecto de reforma de los partidos políticos preparado por la USAID apunta a la implementación de una ley boliviana que requiere que los procedimientos internos de los partidos políticos sean más democráticos y transparentes. El proyecto debería apoyar la plataforma de inclusión del MNR, y a largo plazo, ayudar a construir partidos políticos moderados y pro-democráticos que puedan servir como contrapesos al MAS radical o a sus sucesores.

Si interpretamos fielmente este cable, podemos entender el papel de la USAID y de Ayalde de un solo plumazo.

La encargada de organizar la ayuda internacional de Estados Unidos en Bolivia tiene responsabilidades que van mucho más allá de un simple instrumento de cooperación internacional.

Ayalde es la encargada de escribir un proyecto de Ley para perpetuar un sistema político acorde a los intereses estadounidenses en Bolivia, para evitar de esta manera la llegada de Evo Morales al poder.

El cable nos permite dimensionar el poder de la USAID en aquel entonces, su verdadera función injerencista y el perfil eminentemente político y conservador de Liliana Ayalde, encargada de preparar las leyes que debía aprobar el poder legislativo boliviano para definir cuál debía ser el sistema político del país.

La importancia geoestratégica de Bolivia crece y en 2004 la USAID abre en La Paz una oficina de la OTI (Oficina para las iniciativas hacia una transición) una dependencia de la USAID destinada justamente a evitar que países “amigos” de Washington caigan en manos de gobernantes indeseables.

Uno de los puntos declarados por la USAID era el de identificar o apoyar a nuevos líderes indígenas moderados que pudieran poner freno al avance de dirigentes como Evo Morales o Felipe Quispe, para lograr esos objetivos invirtieron 980 mil dólares sólo en 2004.

La OTI vuelca sus fondos para fomentar a los gobiernos locales de la media luna bajo un programa de apoyo a la descentralización de gobiernos democráticos. Destina nada más y nada menos que 12 millones de dólares en 2004 y 2005.

Durante la gestión de Ayalde y hasta el 2008, la USAID gastó la exorbitante suma de 97 millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses para financiar el proceso autonómico -léase a los separatistas de la media luna-.

Como ya mencionamos, Ayalde finaliza su misión en mayo de 2005 y pasa a dirigir la oficina de USAID en Colombia hasta 2008.

En 2008 es promovida a embajadora y su destino es Asunción, donde ocupa su oficina justamente 4 días antes del inicio del mandato de Fernando Lugo como presidente.

Embajadora en Paraguay

En Paraguay el poder de la USAID era igual de enorme que en Bolivia, en diciembre de 2009 Ayalde escribe a Washington:

“Actores políticos de todos los espectros nos buscan para oír consejos, nuestra influencia aquí es mucho mayor que nuestro rastro”.

Ejerciendo su influencia, el mismo cable deja entender que la embajadora de Estados Unidos hizo saber a las personas adecuadas su apoyo a la idea de un juicio político en contra de Fernando Lugo -que ya se perfilaba en el ambiente-.

“Hemos sido cuidadosos en expresar nuestro apoyo público a las instituciones democráticas de Paraguay y no a Lugo personalmente”.

Ayalde, también mencionó que fue aún más clara al afirmar que había advertido al ex obispo sobre los “beneficios” de mantener una relación cercana con los Estados Unidos, “sin permitir que utilice el apoyo de la embajada como salvavidas”.

La habilidad de Ayalde como operadora en las sombras sufrió un duro golpe 3 meses después; en marzo de 2010, la embajadora convocó a un almuerzo en la sede de su legación diplomática a la que asistieron distintos líderes políticos locales y generales estadounidenses del Comando Sur. Durante el encuentro el entonces vicepresidente Federico Franco no se privó de discursear sobre la necesidad de llevar adelante un juicio político contra Fernando Lugo.

Enterado de los sucesos, el entonces ministro de Defensa, Luis Bareiro Spaini, le expresó su indignación a la embajadora mediante una carta personal. Así lo refirió entonces el periódico ABC de Paraguay.

Bareiro Spaini cita al vicepresidente Franco como uno de los que intervinieron en la polémica y señala que “en su condición de público, notorio y acérrimo enemigo y cuestionador del presidente Fernando Lugo, con rencor y cólera evidentes, pretendió desmerecer, de forma sarcástica y denigrante, la función y tareas del presidente Lugo”. En el encuentro se llegó a decir “en sentido planfletario y demagógico” sobre “la pésima gestión administrativa del presidente  Lugo que lo hace merecedor de un urgente e innegociable juicio político”, según el texto de la carta. Bareiro Spaini cuestiona a Ayalde que no haya intervenido para  conciliar  en el encuentro que “el protocolo diplomático indica”.

Ayalde no se privó de expresar su malestar e informó que llamó al presidente Lugo para pedir una explicación y definir si las relaciones diplomáticas entre ambos países continuaban.

La polémica duró meses, los mismos legisladores que pronto destituirían a Lugo con cualquier excusa, iniciaron un juicio político contra el Ministro de Defensa quien finalmente debió dejar su cargo.

En 2013, cuando ya Lugo había sido destituido por un juicio político y quien comenzaba a enfrentar una situación de debilidad institucional era Dilma Rousseff, Washington designó a Ayalde como su embajadora en Brasilia.

Pese a todos estos antecedentes, el gobierno del PT no objetó el nombramiento.

El pasado 26 de mayo de 2016, 14 días después de la suspensión de Dilma Rousseff mediante un juicio político, Washington anunció que tiene a un nuevo candidato para reemplazar a Ayalde; su misión ha sido cumplida y como le gusta saber a ella, sin dejar rastros.

 

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