CUBA ESTADOS UNIDOS MAS ALLA DE LA PROFECIA

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Por Joaquín Santander

En 1973, el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro respondió a un periodista de una agencia británica con una frase profética: “Estados Unidos vendrá a dialogar con Cuba cuando tenga un presidente negro y haya en el mundo un Papa Latinoamericano”.

Fue necesario aguardar al 20 de enero de 2009 para que la Casa Blanca, después de 43 presidentes anteriores, tuviera un inquilino negro, Barack Obama, y esperar al 13 de marzo de 2013 para que, tras 265 papas, el Obispo de Roma fuera un latinoamericano, el argentino Jorge Mario Bergoglio.

Con Francisco en la Santa Sede y Obama en la Casa Blanca se dieron los primeros pasos del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, hechos públicos el 17 de diciembre de 2014 a través del propio Presidente estadounidense y el mandatario cubano, Raúl Castro.

La liberación de los tres antiterroristas cubanos que aún guardaban prisión en el país del norte y el regreso desde Cuba del contratista Allan Gross fueron, tal vez, los primeros pasos de un acercamiento que aún tiene muchas cosas pendientes.

Cuba abrió su embajada en Washington, y Estados Unidos hizo lo mismo en La Habana en medio de miles de flashes de disímiles agencias de prensa y ante la mirada atenta del mundo, pero la normalización de las relaciones entre dos Estados va más allá y requiere de otros aderezos con los cuales condimentar el acercamiento.

Sin embargo, la apertura de las respectivas sedes diplomáticas constituye un primer e importante paso en el camino de las negociaciones, en las cuales vale destacar el papel desempeñado por Cuba, que obligó a Washington al diálogo sin ceder en sus posiciones de principio.

Mientras, el propio presidente Obama admitió que la política de su país contra Cuba constituyó un fracaso durante décadas, en las cuales la isla caribeña fue sometida a agresiones y a un férreo bloqueo económico, que constituye en la actualidad el principal obstáculo para la normalización de las relaciones.

La Habana insiste en el levantamiento del bloqueo, condenado año tras año por abrumadora mayoría en la Asamblea General de Organización de las Naciones Unidas, al tiempo que pide la devolución de la base naval de Guantánamo, un enclave militar del cual se apropió Estados Unidos desde principios del siglo anterior y que ahora usa como prisión ilegal para reos de su campaña contra Al-Qaeda.

Al mismo tiempo, Cuba reclama que su pueblo sea indemnizado por los daños humanos y materiales provocados por más de cinco décadas de bloqueo.

Aunque el mejoramiento de los vínculos entre Cuba y Estados Unidos favorece al resto de las naciones de la región, porque crea un mejor ambiente en el área y ofrece más posibilidades al entendimiento, la extrema derecha estadounidense se opone abiertamente, incluso con la advertencia de que si gana los comicios de 2017 le darán marcha atrás a todo el proceso.

Junto a lo más reaccionario de la política norteamericana se alinean los cubanoamericanos en el Congreso, quienes olvidan que Cuba cuenta con una sólida sociedad civil y que no es necesario introducir otra, movida por intereses monetarios desde el exterior.

Durante su recién terminada visita a La Habana, Holguín y Santiago de Cuba, el Papa llamó a crear “puentes de diálogo y reconciliación”, términos que pueden ser comunes en su estancia estadounidense.

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