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Día: 30 agosto, 2015

América Latina, Cuba y la embestida de la derecha

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Omar Pérez Salomón

Memorial de América Latina Niemeyer

La desaparición de la URSS y el campo socialista en Europa del Este a principio de los 90, originó una enorme confusión y desorientación en la izquierda latinoamericana, y una euforia maliciosa de la derecha internacional, encabezada por el complejo militar industrial, que declaró  la clausura definitiva del socialismo y el triunfo total del capitalismo sobre todo tipo de modelo alternativo de desarrollo social.

La resistencia de los revolucionarios cubanos y el surgimiento de gobiernos progresistas a partir de finales de la última década del siglo XX, encabezados por figuras de la talla de Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Evo Morales y Rafael Correa, por citar solo algunos nombres, ha permitido una recuperación del trauma que representó ese acontecimiento, si bien es cierto que no es total, ni mucho menos.

Los avances de programas sociales en los últimos años en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Brasil y otros países de la región, ha traído como consecuencia la ofensiva actual de la derecha y la oligarquía latinoamericana, organizada y conducida por las fuerzas de poder del imperialismo estadounidense. La guerra económica y las acciones subversivas contra Venezuela, las manifestaciones opositoras en las calles de Quito, los intentos por sacar del gobierno a la presidenta brasileña, las presiones financieras contra Argentina y los intentos de paro del transporte público en El Salvador, son muestras de esa embestida.

Creo que Cuba está también en la mira de esa ofensiva; pero saben que los proyectiles utilizados tienen que ser de otro tipo. Los centros de estudio e investigación y los servicios especiales del imperio, saben que en la mayor de las Antillas la gran mayoría de la población defiende el proyecto revolucionario y el socialismo. ¿Cómo quebrar entonces la resistencia y cambiar el sistema político cubano si no existe una oposición interna que le haga este servicio?. Han optado por cambiar los métodos, la táctica y técnicas. El actual inquilino de la Casa Blanca tiene luz verde de los centros de poder del imperialismo para aplicar ese plan, al fin y al cabo el objetivo sigue siendo el mismo, destruir la Revolución.

El 12 de enero de 2009, Hillary Clinton, ex Secretaria de Estado aseguró en una declaración enviada al senador Richard Lugar,

“que el gobierno de Obama prevé realizar una revisión de la política estadounidense sobre Cuba y trabajar con miembros del comité y otros miembros del Congreso en la consideración de pasos adecuados para ayudar a avanzar los intereses y valores de E.U. en el contexto de las relaciones con Cuba”.

Más claro, ni el agua. Los revolucionarios cubanos no debemos caer en la tentación de negarse a sí mismos en los nuevos escenarios, más bien reafirmar principios con los cuales sí tenemos que ser intransigentes y firmes en su aplicación, como el antimperialismo, la solidaridad, la soberanía, la justicia y la igualdad.

Aquellos que con inaudita ingenuidad creen que Cuba y Estados Unidos ya no son enemigos ni rivales, sino vecinos, les recuerdo lo planteado por el padre de la patria, Carlos Manuel de Céspedes en 1870:(…)

“Por lo que respecta a Estados Unidos tal vez estaré equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España. Siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga y proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces y desinteresados” [1]

Y por el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, cuando expresó:

“No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra. Defender la paz es un deber de todos. Cualquier solución pacífica y negociada a los problemas entre Estados Unidos y los pueblos o cualquier pueblo de América Latina, que no implique la fuerza o el empleo de la fuerza, deberá ser tratada de acuerdo a los principios y normas internacionales. Defenderemos siempre la cooperación y la amistad con todos los pueblos del mundo y entre ellos los de nuestros adversarios políticos. Es lo que estamos reclamando para todos” (…).[2]

La meta histórica de la izquierda es y será la aniquilación del capitalismo y la construcción de un mundo mejor, no plegado a la hegemonía imperialista. Renegar de ello, o asumirlo a medias, sólo es hacerle el trabajo más facil a quienes no han renunciado, ni renunciarán jamás, a sus pretenciones de dominación.

[1] Tomado del libro de Abel Enrique González Santamaría: “La gran estrategia”, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2013, p.106.

[2] Fidel Castro: “Para mis compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria”. www.cubadebate.cu, 26 de enero de 2015.

La Isla en femenino

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Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Por Isabel Moya

La adolescente que hoy ama sin barreras, defiende sus criterios con pasión y se sueña profesional o artista o trabajadora por cuenta propia, tal vez no es consciente de que goza de autonomía física, económica y política. Ella asume como natural estos derechos que sus bisabuelas, abuelas y madres conquistaron enfrentando los prejuicios de una sociedad profundamente machista.

Las que se reunieron hace 55 años en una calurosa tarde del 23 de agosto de 1960, cuando las mujeres de diferentes sectores crearon la Federación de Mujeres Cubanas,  en un céntrico teatro habanero, tampoco conocían los términos que se manejan en la actualidad para hablar de igualdad y justicia para las mujeres, pero heredaban una tradición que venía desde las mambisas y recorría el camino de las feministas de la primera mitad del siglo XX y de las combatientes de la sierra y el llano.  Tenían procedencias distintas pero un objetivo común: no ser solo beneficiarias sino protagonistas de sus propios destinos.

Al respecto Fidel ha señalado: “Las mujeres dentro de la sociedad, tienen intereses que son comunes a todos los miembros de la sociedad; pero tienen también intereses que son propios de las mujeres.  Sobre todo, cuando se trata de crear una sociedad distinta, de organizar un mundo mejor para todos los seres humanos… en el mundo que estamos construyendo, es necesario que desaparezca todo vestigio de discriminación de la mujer.”

La concepción teórico política sobre el tema de la discriminación de la mujer en Cuba parte de aunar el proceso emancipatorio de la nación con las especificidades de formas de opresión por motivos de raza, género,  orientación sexual,  discapacidad y otras lesivas a la dignidad humana.

Con ese agosto de 1960 comenzó, entonces, un proceso de cambios vertiginosos: las cubanas fueron a alfabetizar, se incorporaron al estudio en la Escuela para Campesinas Ana Betancourt o en los planes de beca, salieron a manejar tractores y el pueblo las llamó las pikolinas[1], asaltaron las universidades, aprendieron de planificación familiar, se hicieron científicas, fueron electas a las distintas instancias del gobierno.  Pero no fue un camino de rosas, ni una línea recta ascendente, hubo que enfrentar los juicios de valor patriarcales, cambiar las leyes, problematizar las relaciones de pareja tradicionales y cuestionar la doble moral.  Era necesario revisitarlo todo: la historia, el concepto de familia, la moda, la escuela, la letra de las canciones, los empleos considerados femeninos y masculinos, los juegos, los juguetes…Una revolución dentro de la Revolución.

Aunque, como he afirmado en otros comentarios, no debemos dejarnos seducir por las cifras que pudieran ofrecer un espejismo de que todo está logrado, las estadísticas revelan el salto cuantitativo.  Revisemos algunas de ellas: las mujeres son el 48,86 por ciento de las parlamentarias y presiden el gobierno en 10 de las 15 provincias, algunas de las principales carteras ministeriales la ocupan mujeres. Son mayoría no solo en sectores como la salud y la educación, sino en la fiscalía y la contraloría.

Se ha potenciado un  empoderamiento real que tiene como pilares fundamentales la igualdad en el acceso, la educación y la participación consciente y protagónica en el proceso de cambios lo que afianza la autoestima individual y el reconocimiento en los imaginarios socialmente compartidos.

De ahí que la universidad se feminiza, pero la presencia de mujeres en los empleos que requieren preparación universitaria también, o que la presencia en especialidades no tradicionales deja de ser anecdótica para convertirse en significativa. Se estrecha la brecha entre la igualdad normativa y la igualdad real.

Detrás de las cifras están las plurales historias individuales que ilustran el enfrentamiento a los prejuicios machistas, las barreras derribadas… la transformación de la familia y de las masculinidades que comienzan a incorporar formas no hegemónicas de relación, con paternidades más involucradas.

La Federación de Mujeres Cubanas ha sido un ámbito donde se han gestado y generado las estrategias y acciones propulsoras de estos cambios.  Por una parte, como mecanismo del estado cubano para el adelanto de la mujer[2], al proponer o impulsar legislaciones e interactuar con los organismos de la administración central del estado para visibilizar las problemáticas específicas de las mujeres. Por otro lado, en su labor como organización de masas que promovió la incorporación de las mujeres tocando puerta por puerta.

Más de medio siglo después enfrenta la necesidad de adecuarse a los tiempos actuales, a los desafíos que las metas alcanzadas imponen.  Entre ellos pudiéramos enumerar: abordar a las mujeres en su diversidad, atraer a las jóvenes, desterrar la percepción de que el funcionamiento se concreta en reuniones y utilizar formas nuevas de convocar y actuar, propiciar el debate teórico sobre género y feminismo desde la mirada cubana,  ampliar la incidencia de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia.  La Federación deberá velar porque en los procesos de actualización del modelo económico no se pierda lo logrado hasta ahora por las mujeres, y que se propicie una verdadera cultura de la igualdad como postulan los objetivos de la Conferencia del Partido.

Por otra parte, debe asumir que, si bien, es en las relaciones de pareja y en el hogar donde más se evidencian los rezagos de una ideología patriarcal esta se manifiesta aún en muchos aspectos de la vida social. A nivel ideológico se superponen las tradicionales visiones de lo considerado femenino y masculino con los nuevos modelos.  Pudiéramos hablar de un híbrido en el que se están gestando, tal vez, los nuevos paradigmas.  Me refiero, por supuesto, a tendencias, pues como en todo proceso social el espectro abarca desde los sujetos más apegados a la cultura patriarcal hasta los más transgresores de las asignaciones de género.

La ideóloga de este proceso, su más genuina representante, una de las más importantes defensoras de las mujeres en el continente en el siglo XX, Vilma Espín, explicaba que la labor sería cada vez más difícil, pues habría que continuar hasta alcanzar toda la justicia.

Por eso las muchachas de hoy, que llegan a la FMC,  una organización que cuenta con más de cinco decenios de trabajo y cuatro millones de mujeres en su membresía, deben imprimirle las dinámicas que los cambios imponen.  Pero como sus abuelas y madres, se reconocerán en los versos de Dulce María Loynaz:

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…

Si me quieres, quiéreme negra
y blanca.
Y gris, y verde, y rubia, y
morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

Notas
1 Los tractores en ese momento eran marca Pikolinos

2 Lo que en otros contextos se conoce como ministerios o secretarías de la mujer.

Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubana en el Latino, disfrutando de un juego de béisbol. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Marta Valdés, una joya de la música popular cubana, junto a su sobrina nieta Lena. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubanas en Camagüey. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Desfile por el Primero de Mayo en La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Madre e hija. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Campesina cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Han transcurrido 55 años desde que un 23 de agosto se fundara la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), en la que se unieron distintas organizaciones femeninas existentes en la nación antes de 1959. Organización que en estas décadas logra un amplio desarrollo económico y social de la gran masa femenina que ahora forma parte indispensable de todos los sectores del país. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Pruebas a la Leche de la Cooperativa de Créditos y Servicios Fortalecida (CCSF) Bienvenido Pardillo de Sancti Spíritus. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Los golpes mediáticos “suaves”

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*Rafael Artigas

En los últimos años hemos sido testigos de una nueva ofensiva desestabilizadora contra algunos los países de América Latina con acento en Venezuela, luego Argentina, hace días en Ecuador y ahora Brasil, para que las fuerzas opositoras retomen el control de la región. Esa ofensiva seguramente generará la reconfiguración de la búsqueda del poder, a partir de la puesta en marcha de la Alianza del Pacífico.

A estos procesos desestabilizadores con matices diferentes se los ha llamado “golpes suaves”, porque su estrategia ya vino desde golpes judiciales, policiales hasta el método de “calentar las calles”, o lo que sucede en Venezuela, a través del ocultamiento y escasez de alimentos, para generar pánico y digan que no existe nada en los mercados de venta, cuando se ha comprobado que ingentes cantidades de artículos de primera necesidad, habían estado enterrados.

Este fenómeno de golpes suaves, lo encontramos también cercanamente a nosotros y, nuestros ojos y oídos son testigos. La coyuntura se ha puesto más difícil para Bolivia, el poder de algunos medios de comunicación ha creado un imaginario político de catástrofe y miedo y, con sus métodos sensacionalistas han ingresado en una fase donde muestran que se vive un estado de incredulidad de la democracia, inseguridad informativa, que no se respetan las libertades de opinión, de expresión, etc. ¡Entonces para estos, debemos estar en un gobierno de facto!

La demostración más evidente de ese golpe suave en los medios, lo amplifica todos los días el programa de Amalia Pando en ERBOL, los titulares de Página Siete y El Deber, sin quitarle mérito a otros agoreros del terror que también realizan su trabajo en Bolivia, incluso mimetizándose en las organizaciones sociales para agrandar los escándalos, con  analistas que les sirven de refuerzo a sus propuestas conspiradoras.

Esa manera de hacer comunicación, nada profesional, ese periodismo de consumo rápido, de insultos y manipulaciones que fluyen desde un programa de radio, elaborado a golpe de tuit, carente de elementos éticos, de equilibrio y de reflexión, han quedado claramente registrados, porque ese periodismo más bien, contribuye a minar la credibilidad de los oyentes y no genera opinión pública responsable.

A ello debemos añadir una evidente dejación de funciones del periodismo al abandonar su principal cometido de informar, de educar u orientar a la ciudadanía para centrarse únicamente en dirigir conceptos e ideas que rompen los principios de la ética, tal es así que se confirma que el tema de la ética está, o de vacaciones o ya no forma parte de los pilares en los que ERBOL, Página Siete y los otros se afirmaban hace un par de años.

La pérdida de credibilidad que padecen tanto la profesión como las y los periodistas coincide con un momento en el que afirman Jesús Sanz y Oscar Mateos: “el mundo que hemos tenido bajo nuestros pies en las últimas décadas parece estar desmoronándose a marchas forzadas”.

En este momento crucial en el que el periodismo es más necesario que nunca, éste ha dejado de ser guardián de la libertad para convertirse en guardián del poder. No es extraño el posicionamiento de estos medios encubiertos en el galimatías de “analistas”, pseudo profesión alimentada durante la época neoliberal-colonial.

Algunos mantienen su postura, sin sonrojarse y creen que atacando a este gobierno, los otros les aplaudirán porque tienen por detrás un sequito de alentadores del pasado y opositores que ahora los ponen a estos medios como sus fans. Sus acólitos locales, de lejos menores en el análisis, se esmeran por horadar el actual potenciamiento del discurso, es entendible que no lo comprendan, se precisa una mente abierta y descolonizada para aproximarse a esta manera de concebir esa realidad.

Esta forma de entender la comunicación, el periodismo, atenta directamente a los principios de los que ellos mismos, hasta hace un tiempo, se llenaban la boca hablando del respeto a la ética, a los preceptos democráticos, etc., ellos mismos patean el tablero y lo único que están haciendo en su caprichosa manera de hacer comunicación, es mostrarse víctimas de un sistema, siguiendo el libreto de los opositores.

La cruzada de ERBOL, como el que pide limosna, agitada por la periodista-vocera de esa radio, montando un escenario tragicómico de que se va y no se va, ya pone en evidencia el bajo nivel por el que atraviesan esos comunicadores, periodistas que hoy por hoy, nos muestran que ya dejaron de cumplir la misión de orientar, de promover el análisis, entonces ya no son ejemplo para las generaciones que un día creyeron en su palabra.

La ciudadanía y los actores políticos y sociales deben estar atentos a esta manera de desarrollar el periodismo, sobre todo de éstos que dicen que fueron parte de la construcción de la democracia, de impulsar una conciencia ciudadana de ejercicio de los derechos y libertades, conceptos que se diluyen tras verificar una práctica falsa, sin plena legitimidad en la manera de desarrollar su práctica comunicativa.

El ciudadano de a pie, el oyente, el lector junto a la sociedad civil, deben mantenerse en vigía y contribuir a la construcción de un periodismo hecho desde abajo, riguroso y veraz, un instrumento al servicio de una comunidad con la que se comparte cotidianamente imaginarios y maneras de interpretar el mundo.

“Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. Ryszard Kapunścińsky

*Rafael Artigas, es comunicador e investigador orureño