Los golpes mediáticos “suaves”

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*Rafael Artigas
En los últimos años hemos sido testigos de una nueva ofensiva desestabilizadora contra algunos los países de América Latina con acento en Venezuela, luego Argentina, hace días en Ecuador y ahora Brasil, para que las fuerzas opositoras retomen el control de la región. Esa ofensiva seguramente generará la reconfiguración de la búsqueda del poder, a partir de la puesta en marcha de la Alianza del Pacífico.
A estos procesos desestabilizadores con matices diferentes se los ha llamado “golpes suaves”, porque su estrategia ya vino desde golpes judiciales, policiales hasta el método de “calentar las calles”, o lo que sucede en Venezuela, a través del ocultamiento y escasez de alimentos, para generar pánico y digan que no existe nada en los mercados de venta, cuando se ha comprobado que ingentes cantidades de artículos de primera necesidad, habían estado enterrados.
Este fenómeno de golpes suaves, lo encontramos también cercanamente a nosotros y, nuestros ojos y oídos son testigos. La coyuntura se ha puesto más difícil para Bolivia, el poder de algunos medios de comunicación ha creado un imaginario político de catástrofe y miedo y, con sus métodos sensacionalistas han ingresado en una fase donde muestran que se vive un estado de incredulidad de la democracia, inseguridad informativa, que no se respetan las libertades de opinión, de expresión, etc. ¡Entonces para estos, debemos estar en un gobierno de facto!
La demostración más evidente de ese golpe suave en los medios, lo amplifica todos los días el programa de Amalia Pando en ERBOL, los titulares de Página Siete y El Deber, sin quitarle mérito a otros agoreros del terror que también realizan su trabajo en Bolivia, incluso mimetizándose en las organizaciones sociales para agrandar los escándalos, con  analistas que les sirven de refuerzo a sus propuestas conspiradoras.
Esa manera de hacer comunicación, nada profesional, ese periodismo de consumo rápido, de insultos y manipulaciones que fluyen desde un programa de radio, elaborado a golpe de tuit, carente de elementos éticos, de equilibrio y de reflexión, han quedado claramente registrados, porque ese periodismo más bien, contribuye a minar la credibilidad de los oyentes y no genera opinión pública responsable.
A ello debemos añadir una evidente dejación de funciones del periodismo al abandonar su principal cometido de informar, de educar u orientar a la ciudadanía para centrarse únicamente en dirigir conceptos e ideas que rompen los principios de la ética, tal es así que se confirma que el tema de la ética está, o de vacaciones o ya no forma parte de los pilares en los que ERBOL, Página Siete y los otros se afirmaban hace un par de años.
La pérdida de credibilidad que padecen tanto la profesión como las y los periodistas coincide con un momento en el que afirman Jesús Sanz y Oscar Mateos: “el mundo que hemos tenido bajo nuestros pies en las últimas décadas parece estar desmoronándose a marchas forzadas”.
En este momento crucial en el que el periodismo es más necesario que nunca, éste ha dejado de ser guardián de la libertad para convertirse en guardián del poder. No es extraño el posicionamiento de estos medios encubiertos en el galimatías de “analistas”, pseudo profesión alimentada durante la época neoliberal-colonial.
Algunos mantienen su postura, sin sonrojarse y creen que atacando a este gobierno, los otros les aplaudirán porque tienen por detrás un sequito de alentadores del pasado y opositores que ahora los ponen a estos medios como sus fans. Sus acólitos locales, de lejos menores en el análisis, se esmeran por horadar el actual potenciamiento del discurso, es entendible que no lo comprendan, se precisa una mente abierta y descolonizada para aproximarse a esta manera de concebir esa realidad.
Esta forma de entender la comunicación, el periodismo, atenta directamente a los principios de los que ellos mismos, hasta hace un tiempo, se llenaban la boca hablando del respeto a la ética, a los preceptos democráticos, etc., ellos mismos patean el tablero y lo único que están haciendo en su caprichosa manera de hacer comunicación, es mostrarse víctimas de un sistema, siguiendo el libreto de los opositores.
La cruzada de ERBOL, como el que pide limosna, agitada por la periodista-vocera de esa radio, montando un escenario tragicómico de que se va y no se va, ya pone en evidencia el bajo nivel por el que atraviesan esos comunicadores, periodistas que hoy por hoy, nos muestran que ya dejaron de cumplir la misión de orientar, de promover el análisis, entonces ya no son ejemplo para las generaciones que un día creyeron en su palabra.  
La ciudadanía y los actores políticos y sociales deben estar atentos a esta manera de desarrollar el periodismo, sobre todo de éstos que dicen que fueron parte de la construcción de la democracia, de impulsar una conciencia ciudadana de ejercicio de los derechos y libertades, conceptos que se diluyen tras verificar una práctica falsa, sin plena legitimidad en la manera de desarrollar su práctica comunicativa.
El ciudadano de a pie, el oyente, el lector junto a la sociedad civil, deben mantenerse en vigía y contribuir a la construcción de un periodismo hecho desde abajo, riguroso y veraz, un instrumento al servicio de una comunidad con la que se comparte cotidianamente imaginarios y maneras de interpretar el mundo.
“Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. Ryszard Kapunścińsky
*Rafael Artigas, es comunicador e investigador orureño

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