Fidel, recuerdos de infancia

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por: Redacción La Época
Muchos son los escritores que se han referido a la vida de Fidel, sin embargo, a partir de sus recientes memorias es que nos acercamos a su niñez
Contra lo que pudo sostener un amigo de Fidel y de Cuba como el francés Jean-Paul Sartre, en sus memorias, Guerrillero del tiempo, el líder histórico de la revolución principia confesándole a la escritora Katiuska Blanco que es un convencido de que el “hombre es hijo de las circunstancias, de las dificultades, de la lucha”.

El destino los hombres no lo manejan como desean (o pueden) y el adentrarse en la infancia de Fidel es acceder a la raíz de su personalidad, su carácter y rebeldía.

Birán

Fidel Castro Ruz nació a las dos de la madrugada, el viernes 13 de agosto de 1926, en el latifundio que tenía su padre, Ángel, en el caserío de Birán, en la actual provincia cubana de Holguín.

A Blanco le narra uno a uno sus recuerdos de aquel lugar, los que se remontan a 1929 –con sólo dos años– cuando le tocó asistir al velatorio de su tía Antonia, hermana de su madre, Lina, que murió al dar a luz. Cuenta que estaba expectante, que veía velas y no entendía mucho lo que pasaba, que sólo reconocía tristeza en los rostros de sus abuelos y su madre.

Pero Birán era un “mundo” aparte, al que sólo se podía llegar a través de un polvoriento camino real montándose en un caballo o con bueyes.

La casa la construyó su padre completamente de madera, y a la usanza “gallega”. Sostenida sobre pilotes de caguairán de casi dos metros de altura, cuenta que bajo ella dormían los animales y por la madrugada se ordeñaba a la treintena de vacas que tenía la lechería.

Las instalaciones, propiedad de don Ángel, contaban con una panadería, una taberna, talleres de herramientas y arados, y una gallería donde los trabajadores se apostaban los domingos y festivos a pelear gallos.

En la casa nunca contaron con electricidad y sólo lámparas de aceite alumbraban los nocturnos juegos de dominó y naipe. Cuando Fidel tenía 10 o 12 su padre compró el primer radio de la localidad.

Ángel y Lina

Fidel, como gran parte de los líderes de la revolución (Frank País, Abel y Haydée Santamaría, Camilo Cienfuegos, etc.) era hijo de español.

Don Ángel, de origen gallego, había sido un campesino muy pobre del poblado de Láncara, provincia de Lugo, Galicia.

Como muchos jóvenes pobres en su época, al parecer se dejó pagar por un joven rico para “reemplazarle” en los servicios militares que debía realizar en la Guerra contra Cuba (1895-98). De esta manera, arriba a la Isla como soldado español, siendo destacado al frente de guerra en la llamada “trocha” de Júcaro a Morón, línea divisoria fortificada con que los peninsulares intentaban contener los ataques de los independentistas cubanos llamados “mambíses”. Al culminar la guerra y ser desmovilizado y enviado a España, se regresa a probar suerte a Cuba.

Huérfano de madre, trabaja como obrero agrícola en las plantaciones cañeras de la United Fruit Company, a la que pronto le ofrecerá servicios –junto a otros españoles– de maderas para las calderas de los ingenios azucareros y desmonte. Llega a tener bajo su mando a 300 trabajadores.

Fidel recuerda que su padre aprendió a leer y escribir de forma autodidacta y como un hombre “corto de genio, espíritu modesto y trabajador”. No olvidará la generosidad para con los peones agrícolas que quedaban desempleados luego de las cosechas, a los que siempre les tenderá una mano y les empleará en su finca de Birán.

Convertido en agricultor, don Ángel llega a poseer 900 hectáreas de su propiedad y otras 10 mil en arriendo, explotando bosques madereros y cultivos agrícolas.

Lina, segunda esposa de don Ángel (casados cuando Fidel cumple 17 años), aunque era hija de canarios había nacido en Pinar del Río, región occidental de Cuba.

Fidel la retrata con un cariño especial, era la que disciplinaba a los hijos, la que les preparaba los cocimientos para aliviar enfermedades, la cómplice de sus correrías y a que noche a noche los tapaba en sus camas. Alegre y bromista, siempre tendrá un apego especial con cada uno de ellos.

Los nombres de Fidel

En Todo el tiempo de los cedros, paisaje familiar de Fidel Castro, Katiuska Blanco cuenta que el nombre de Fidel se debió a que el eventual padrino de la creatura sería el amigo de don Ángel, Fidel Pino Santos, inmigrante canario y gran comerciante.

A los tres años de edad el niño será inscrito como: Fidel Casiano. Aunque cinco años más tarde, al ser bautizado en Santiago de Cuba se le llamará: Fidel Hipólito. Tanto Casiano como Hipólito corresponden al Santo del día en que nació Fidel, 13 de agosto.

Antes de matricularse en la universidad, en un nuevo registro personal, figura su actual nombre: Fidel Alejandro Castro Ruz.

Alejandro será el nombre/clave que utilizó en los preparativos del asalto al Cuartel Moncada y durante toda la lucha guerrillera en Cuba.

La infancia

En pocas páginas refiere con tanto detalle sus recuerdos de infancia como en el Guerrillero del tiempo.

Las palabras de Fidel logran trasladarnos a esas épocas remotas de su Birán natal, haciéndonos sentir aromas y hasta el calor de la región oriental.

Cuenta como a partir de los 3 años acompañará a sus hermanos mayores, Angelita y Ramón, a la escuela donde aprenderá a leer; en un caserío donde menos del 20% eran alfabetizados.

Asimismo, con particular atención recuerda como cada noche don Ángel tenía el hábito de pelar naranjas para luego depositarlas en el techo y a temprana hora de la mañana recogerlas y comerlas cubiertas de rocío. Tradición gallega, al parecer.

Pero, también Birán fue “escuela política” de un adolescente Fidel que tenía que leerle a los cocineros y otros trabajadores españoles el día a día de la guerra civil que había estallado en su país. Don Ángel tomará parte de los franquistas pero el cocinero Antonio García será un ferviente admirador de los republicanos. Otro que intervendrá en las discusiones será un “asturianito”, único hombre ilustrado del caserío y que dominaba siete idiomas. Trabajador agrícola como la gran mayoría, será encarcelado acusado de comunista.

Otros recuerdos que invaden su memoria son las correrías en su caballo Careto, para fugarse a los pinares.

Pese a ser el hijo del dueño del fundo, el niño y adolescente hace amistad y juega con los hijos del resto de los obreros agrícolas en un ambiente que el recuerda de pobres. Así, rememorará con afecto las escapadas a las grandes casas, que en realidad eran como bodegas con techo de hojas de palma, en las cuales vivían los trabajadores haitianos, con los cuales comía maní tostado.

Tempranamente cursará estudios en Santiago de Cuba, donde dará paso a sus primeras rebeliones. Eso es asunto para otra historia.

Tal como le hizo notar a Blanco, son sus padres, la finca, las amistades con negros y blancos, las jugarretas con los hijos “siempre descalzos” de los trabajadores los que irán conformando su carácter y destino.

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4777

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