El mundo al borde de la destrucción. Cuba, octubre de 1962

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por: Rider Jesús Mollinedo
Hacia 1956-57 se establece el denominado “equilibrio del terror” cuando las dos grandes potencias se hallan en posesión de los medios necesarios para destruirse mutuamente
Hace 53 años el mundo estuvo más cerca que nunca de una guerra nuclear debido a una crisis originada de la lucha por la supremacía mundial entre el capitalismo estadounidense y el comunismo soviético. El epicentro del conflicto fue América Latina y uno de sus protagonistas fue el valeroso pueblo cubano liderado por el comandante de la revolución cubana, Fidel Castro Ruiz.

La era nuclear

Cuando el 6 de agosto de 1945 explotó la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el mundo cambio para siempre. Por primera vez en la historia humana un arma podía borrar del mapa una ciudad. Su uso criminal posibilitó la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto más sangriento de la historia humana y la emergencia de dos superpotencias: la Unión Soviética(URSS) y los Estados Unidos (EE.UU.).

El objetivo estratégico perseguido por el gobierno estadounidense era el de disuadir a los rusos de utilizar su poderío militar contra EE.UU. en el periodo de posguerra, sin embargo, impulsó la carrera armamentística como nunca antes: la Unión Soviética (URSS) detonó en 1949 su primera bomba atómica; Gran Bretaña en 1953; Francia en 1960; China en 1964; India en 1974.

Hacia 1956-57 se establece el denominado “equilibrio del terror” cuando las dos grandes potencias se hallan en posesión de los medios necesarios para destruirse mutuamente.

El factor Cuba

La Revolución Cubana de 1959 fue un acto de liberación nacional ante la total dependencia económica, cultural y política del país con respecto a EE.UU.

Cuba, en un principio, era un país totalmente ajeno a las tensiones internacionales entre potencias y la política de bloques, pero tras la nacionalización de sus recursos comenzó a sufrir una fuerte hostilidad de parte del gobierno de los EE.UU. (boicot a las exportaciones de azúcar, apoyo a los exiliados políticos contrarrevolucionarios cubanos, invasión territorial en 1961).

Por el contrario, la URSS apreció rápidamente la ventaja que conseguiría al contar con un aliado tan cercano a esa potencia enemiga (Cuba se hallaba a 150 km de EE.UU.) y empezó a ofrecer ayuda económica y militar a los cubanos. El ataque de 1961 no tuvo éxito, pero generó en las autoridades cubanas una sensación de inseguridad que motivó un mayor acercamiento hacia el lado soviético, al que solicitó protección. Fue entonces que el líder soviético Nikita Kruschev hizo una propuesta arriesgada al líder cubano Fidel Castro: la operación Anádir.

En aquellos tiempos, los EE.UU. tenían más de 20.000 cabezas nucleares, 10 veces más que la cantidad de armas nucleares en poder de los soviéticos. Asimismo, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tenía plataformas de lanzamiento de misiles balísticos instaladas en Gran Bretaña, Italia, Inglaterra y Turquía, lo que implicaba una seria amenaza para el mundo, pero ante todo, para el sistema-mundo soviético por lo que el contragolpe fue Anádir, operación secreta destinada a desplegar misiles balísticos, bombarderos y una división de infantería mecanizada en Cuba, para prevenir y defender la isla de un posible ataque estadounidense.

Fidel Castro decía: “Se podía apreciar inmediatamente la importancia estratégica que tenía la presencia de esos misiles en Cuba. Ya en esa época, secretamente también, los norteamericanos habían trasladado cohetes similares a Turquía. Yo pensé, si nosotros esperamos que los soviéticos luchen por nosotros, y corran riesgos por nosotros e incluso vayan a una guerra por nosotros, sería inmoral y seria cobarde de nuestra parte negarnos a aceptar la presencia de aquellos proyectiles.”

La Crisis de los Misiles de Octubre

En julio de 1962, partieron hacia Cuba los primeros barcos soviéticos de un total de 150 que transportaban ocultos en su interior misiles nucleares y más de 40.000 soldados. El 4 de octubre llegaron a la Isla 94 cabezas nucleares, suficientes para devastar las principales ciudades de los EE.UU.

El gobierno estadounidense nunca pensó que la URSS asumiría un riesgo tan grande, mucho menos en las puertas de EE.UU, sin embargo, el 14 de octubre de 1962 las primeras fotografías de sus aviones espías U2 revelaron que los soviéticos estaban construyendo instalaciones de misiles balísticos en Cuba para almacenar proyectiles y que los mismos podían alcanzar los EE.UU. Durante los 14 días siguientes el mundo estuvo más cerca que nunca de una guerra nuclear.

Ya desde 1960, el contraespía soviético Oleg Penkovski (nombre en clave: agente Héroe) comenzó a entregar una enorme cantidad de datos rusos de alto secreto a los estadounidenses. Esa información, que se reveló vital en la crisis de octubre, puso en evidencia la tecnología soviética de misiles aire-tierra SS4 (alcance: 1500 km), la SS5 (alcance: 3500 km), así como la misma instalación de armas nucleares estratégicas en Cuba y el envío de personal militar masivo a la isla.

El 18 de octubre se confirmó que dos instalaciones de misiles SS4 estaban activas. Un primer ataque hubiera destruido todas las bases aéreas, las bases de bombarderos y todas las ciudades importantes de EE.UU.

El 22 de octubre, el presidente estadounidense John F. Kennedy denunció la estrategia soviética por televisión y anunció el bloqueo naval (cuarentena) sobre Cuba para el registro de todo barco que pretendiese ingresar a la Isla. A raíz del bloqueo, la URSS ordenó que sus fuerzas armadas se prepararan para el combate. Los contingentes del Pacto de Varsovia, equivalente comunista a la OTAN, siguieron su ejemplo. La Fuerza Aérea de EE.UU. llegó a cargar bombas atómicas en sus aviones de combate.

En Cuba se anunció una situación de emergencia de combate. Más de 250.000 personas se prepararon para repeler una invasión estadounidense. Fidel Castro pensaba que tras un desembarco e invasión sobre Cuba, el segundo paso norteamericano seria asestarle a la URSS un golpe nuclear. La gente en todo el mundo estuvo atenta a los acontecimientos en el Caribe, Washington y Moscú, al mismo tiempo que se preparaba para un posible holocausto nuclear.

En caso de que se produjera un ataque contra Cuba, Castro en un telegrama a Kruschev, le indicó que la URSS debía contraatacar con un ataque aniquilador a EE.UU. Fidel posteriormente señalaría que: “La guerra parecía inminente, o por lo menos un ataque. Pensé que, sí desgraciadamente se desata esta guerra, nosotros vamos a desaparecer del mapa”.

En la madrugada del 28 de octubre, tras varias llamadas y reuniones entre estadounidenses y soviéticos, Kennedy y su gabinete acordaron el desmantelamiento y retiro de los misiles de Turquía de la OTAN (que ocurrió luego de 6 meses), así como la garantía formal y pública de que EE.UU. no realizaría ni apoyaría una invasión al territorio cubano a cambio de que el gobierno soviético ordenase el desmantelamiento inmediato de sus misiles nucleares en Cuba y su envío de regreso a la URSS. Radio Moscú, a las 9 de la mañana del 28 de octubre, transmitió la noticia en voz del propio Kruschev.

Dispuestos al sacrificio

Hasta el 20 de noviembre se retiraron los barcos soviéticos, bajo estricta vigilancia estadounidense, llevándose los misiles nucleares a su país. Fidel Castro estuvo excluido de las reuniones de negociación a pesar de que los misiles pusieron en peligro de invasión y ataque nuclear a Cuba. Debido a esta “retirada soviética” los cubanos se sintieron indignados y guardaron un recelo bastante notorio con los rusos hasta los 70’.

En un documento escrito de esos días y no publicado hasta después de su muerte, el líder guerrillero Ernesto Che Guevara opinó alabando la actitud del régimen cubano y cuestionando a los gobernantes soviéticos durante la crisis: “Es el ejemplo escalofriante de un pueblo que está dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a sociedades nuevas y que cuando se hace, sin consultarlo, un pacto por el cual se retiran los cohetes atómicos, no suspira de alivio, no da gracias por la tregua; salta a la palestra para dar su voz propia y única, su posición combatiente, propia y única, y más lejos, su decisión de lucha aunque fuera solo”.

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4773

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