Día: 12 agosto, 2015

Mi amigo Fidel

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por: Redacción La Época
Ernesto Che Guevara se refirió, en numerosas ocasiones, a Fidel.

En su breve texto: Cuba: ¿Excepción histórica o vanguardia en la lucha contra el colonialismo?, el argentino-cubano analiza los factores que caracterizan la revolución cubana y señala como:

“El primero, quizás, el más importante, el más original, es esa fuerza telúrica llamada Fidel Castro Ruz, nombre que en pocos años ha alcanzado proyecciones históricas. El futuro colocará en su lugar exacto los méritos de nuestro primer ministro, pero a nosotros se nos antoja comparable con los de las más altas figuras históricas de toda Latinoamérica.

Y, ¿cuáles son las circunstancias excepcionales que rodean la personalidad de Fidel Castro? Hay varias características en su vida y en su carácter que lo hacen sobresalir ampliamente por sobre todos sus compañeros y seguidores; Fidel es un hombre de tan enorme personalidad que, en cualquier movimiento donde participe, debe llevar la conducción y así lo ha hecho en el curso de su carrera desde la vida estudiantil hasta el premierato de nuestra patria y de los pueblos oprimidos de América.

Tiene las características de gran conductor, que sumadas a sus dotes personales de audacia, fuerza y valor, y a su extraordinario afán de auscultar siempre la voluntad del pueblo, lo han llevado al lugar de honor y de sacrificio que hoy ocupa. Pero tiene otras cualidades importantes, como son su capacidad para asimilar los conocimientos y las experiencias, para comprender todo el conjunto de una situación dada sin perder de vista los detalles, su fe inmensa en el futuro, y su amplitud de visión para prevenir los acontecimientos y anticiparse a los hechos, viendo siempre más lejos y mejor que su compañeros.

Con estas grandes cualidades cardinales, con su capacidad de aglutinar, de unir, oponiéndose a la división que debilita; su capacidad de dirigir a la cabeza de todos la acción del pueblo; su amor infinito por él, su fe en el futuro y su capacidad de preverlo, Fidel Castro hizo más que nadie en Cuba para construir de la nada el aparato hoy formidable de la Revolución cubana.”

Antes de partir a luchar por la liberación del Congo, mediante una carta se despidió de Fidel señalando:

“Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos (…) Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento, será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo y que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos.”

Como se señala en el prólogo de Biografía del Tabaco Habano, de Gaspar Jorge García Galló: “La obra pierde algo de importancia en la actualidad, porque ya no somos el país del tabaco habano, sino que somos el país de Fidel Castro y la Revolución Cubana”.

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4771

El Marxismo de Fidel

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por: Néstor Kohan
Más allá de las numerosas anécdotas históricas, singulares e irrepetibles, la revolución cubana aporta enseñanzas de largo aliento y alcance general para el movimiento de nuestros días
El semanario La Época se comunicó con el escritor argentino Néstor Kohan, quien nos facilitó un trabajo en el que intenta desentrañar los aportes del líder de Fidel y la Revolución Cubana al marxismo en nuestra América. [1]

Fidel como estudiante rebelde

El joven Fidel vive sus primeras experiencias políticas como parte del estudiantado rebelde.

Su inicial aproximación a las ideas revolucionarias se nutre de la rebeldía estudiantil y de las ideas libertarias de justicia, así como de valores humanistas: la dignidad, el honor, la libertad, el decoro, la igualdad, la autoestima, la oposición contra toda humillación, abuso y dominación, etc.

Como a tantos otros líderes latinoamericanos, los ideales antiimperialistas y la rebeldía de la Reforma Universitaria contra la sociedad oficial lo marcan a fuego desde el inicio.

Su primera formación ideológica está impregnada de la revuelta juvenil basada en una escala de valores éticos cualitativos opuestos a las jerarquías de una sociedad clasista, racista y mercantilizada como la Cuba neolocolonial.

El joven Fidel adquiere conciencia insumisa y revolucionaria no por provenir de una clase proletaria o campesina, pobre y explotada, sino a partir de la rebeldía ética contra la sociedad capitalista neocolonial y sus injusticias.

La Ética en el ideario del joven Fidel

Aquellos ideales éticos que marcaron a fuego al joven Fidel permanecen invariables a lo largo de toda su trayectoria política. Medio siglo después de aquel primer aprendizaje, a inicios del siglo XXI, en varios discursos Fidel vuelve a insistir con que el sufrimiento del pueblo bajo el capitalismo no sólo debe medirse en términos materiales —por las pocas calorías que ingiere diariamente una persona de los sectores humildes— sino también en términos morales: por la humillación, el desprecio, la baja autoestima, la indiferencia, la marginación, etc. Lo mismo sucede cuando en estos discursos (por ejemplo el 17/11/2005) Fidel cuestiona la corrupción, el enriquecimiento, la diferencia de clases, el quiebre moral y el egoísmo que genera el mercado dentro del socialismo.

La historia me absolverá

Con La historia me absolverá [luego del Asalto al Cuartel Moncada, en julio de 1953] Fidel se convierte, de acusado en acusador. Su discurso y su prosa se inscriben en una antigua tradición del pensamiento crítico: la denuncia del poder y del statu quo. El gesto de Fidel recupera el ademán denuncialista del célebre Yo acuso de Émile Zola [1840-1902], paradigma moderno del enfrentamiento del intelectual contra los poderes establecidos. Pero a diferencia del intelectual francés que arremetió contra los militares y gobernantes de su época, el trabajo de Fidel no es sólo una denuncia. Al mismo tiempo, mientras critica los crímenes y legitima el derecho a la rebelión, va exponiendo todo el programa del Moncada (condensado en 5 futuras leyes revolucionarias).

Basándose en un análisis sociológico de la sociedad cubana, propone cambios radicales, sin hablar todavía de socialismo. En ese escrito de Fidel, sobresale su análisis sociológico de la categoría “pueblo”. Al analizarla, descompone sus diversas clases sociales. Su reflexión no es la fría descripción de un censo sino una concepción dinámica de “pueblo en lucha”, por eso repite una y otra vez la expresión “si de lucha se trata”. En su óptica, el pueblo de Cuba está conformado [en 1953] por: (a) 400.000 obreros industriales y braceros, (b) 500.000 obreros del campo, (c) 600.000 desempleados, (d) 100.000 pequeños agricultores, (e) 30.000 maestros y profesores (f) 20.000 pequeños comerciantes abrumados por deudas y (g) 10.000 profesionales jóvenes.

Fidel no incluye dentro del pueblo a la “burguesía nacional”: ¡esto es fundamental! Así marca sus distancias frente a los esquemas de la izquierda tradicional y del nacionalismo populista, pues ambas corrientes terminaban legitimando las alianzas con esa burguesía nativa.

Las enseñanzas de la Revolución Cubana

Más allá de las numerosas anécdotas históricas, singulares e irrepetibles, la revolución cubana aporta enseñanzas de largo aliento y alcance general para el movimiento social —latinoamericano y mundial— de nuestros días.

Algunas de sus enseñanzas son: (a) la dominación de los poderosos, incluso en el terreno militar, nunca es absoluta. ¡Se puede vencer! (b) para triunfar es imprescindible la unidad de los revolucionarios, respetar sus diferencias pero privilegiar lo que une; (c) en los países periféricos y dependientes se conjugan la lucha por la liberación nacional y el socialismo. No hay dos revoluciones separadas en el tiempo sino una sola que combina ambas tareas; (d) en América Latina se debe luchar al mismo tiempo contra el imperialismo y sus socios locales, las burguesías autóctonas o nativas; (e) todo anticomunismo es reaccionario; (f) hay que pensar con cabeza propia, priorizando los problemas irresueltos del propio país; (g) es necesario plantear una propuesta política como un proyecto ético y moral. Sin moral no se puede ganar ninguna lucha, ninguna guerra y ninguna revolución.

La unidad de los revolucionarios

Fidel sabe que la unidad de los revolucionarios resulta siempre imprescindible —en Cuba y en cualquier otra experiencia— para alcanzar la victoria. Los enemigos de la revolución tratan de sembrar desconfianza, recelos, enemistades y competencias entre quienes aspiran a cambiar la sociedad.

“Divide y vencerás”, es la consigna del imperialismo y de las burguesías que agitan el miedo al comunismo, al “terrorismo”, a la “subversión” y a los “infiltrados extremistas” para dividir los movimientos populares.

En Cuba el M 26/7 logra el apoyo del Directorio Revolucionario (DR) liderado por Echeverría, que firma junto a Fidel la “Carta de México” el 29/8/1956, comprometiéndose a apoyar la lucha insurreccional. Poco antes del triunfo, en junio de 1958, Carlos Rafael Rodríguez se entrevista en la Sierra con Fidel: el M 26/7 logra sumar al Partido Socialista Popular (PSP). Una vez en el poder, las tres agrupaciones conforman —bajo liderazgo de Fidel— las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), germen del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS), embrión del nuevo Partido Comunista cubano (PCC), creado en 1965.

En todas estas organizaciones Fidel predica la unidad: “Hemos hecho una revolución más grande que nosotros y que cada una de nuestras organizaciones. Debemos unirnos y estar a la altura de nuestra revolución” (discurso del 26/3/1964).

¿Dos revoluciones o un mismo proceso ininterrumpido?

Aunque la revolución cubana no se declara socialista desde el 1/1/1959, sino recién el 16/4/1961, su radicalización ininterrumpida la conduce a confrontar desde el inicio con el imperialismo y la burguesía nacional. Ya desde el 17/5/1959, cuando se promulga la primera ley de reforma agraria, Fidel choca con los propietarios locales y sus socios norteamericanos, desplegando el abanico de contradicciones de una sociedad capitalista dependiente, semicolonial y periférica. Ese choque confirma la inviabilidad de un “capitalismo nacional, independiente y autónomo”: las burguesías autóctonas están unidas por un cordón umbilical a la dominación imperial (ya en los ’60 y todavía mucho más hoy en día [2006]).

La revolución comienza con un programa social radical de emancipación nacional. Sin detenerse avanza al socialismo. Haciendo un balance, Fidel explica: “Había que hacer la revolución antiimperialista y socialista. La revolución antiimperialista y socialista sólo tenía que ser una, una sola revolución, porque no hay más que una revolución. Esa es la gran verdad dialéctica de la humanidad: el imperialismo y frente al imperialismo el socialismo” (comparecencia ante la televisión cubana, 1/12/1961

Fidel y el movimiento revolucionario del Tercer Mundo

Desde su inicio Fidel imprime a la revolución cubana un punto de vista tercermundista multidimensional. Su política hacia el Tercer Mundo tiene tres vertientes, simbolizadas en el fusil, la maestra y el médico. Cuba envía armas a todos los rebeldes que se alzan contra las injusticias del capitalismo —lo más conocido— pero también envía miles y miles de médicas, maestros y ayuda humanitaria a los rincones más alejados del mundo periférico que lucha contra el imperialismo. Funda hospitales, escuelas de medicina o centros de salud en: Vietnam, República Popular Democrática de Yemen, República Árabe Saharauí Democrática, República del Níger, Gambia,

Senegal, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Tanzania, entre otros innumerables países.

A su vez Cuba recibe en su Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas miles de jóvenes humildes de toda América Latina que estudian en La Habana gratuitamente.

Junto con esa ayuda humanitaria, Fidel intenta agrupar, aglutinar y unir un inmenso y variado abanico de países sometidos al saqueo del neocolonialismo.

Por eso será, durante mucho tiempo, uno de los principales líderes mundiales del Movimiento de los países no alineados (MNA).

Fidel y la construcción política de la hegemonía

En gran parte de su vida el liderazgo de Fidel se encuentra ante encrucijadas similares a las que vivió Lenin. Al principal dirigente bolchevique también se le presentaron polémicas encendidas y muchas veces tuvo que optar no por sus propias posiciones personales —las más radicales— sino por soluciones de compromiso para garantizar la alianza de obreros y campesinos y el consenso de la revolución.

A Fidel se le presenta ese mismo desafío a la hora de mantener viva y recrear día a día la hegemonía de la revolución, la unidad de las diversas corrientes revolucionarias frente al imperialismo, su consenso sobre la sociedad civil y su ejemplo ante otros pueblos rebeldes. No obstante priorizar el consenso por encima de su opinión personal, Fidel se inclina en el debate por el Che sobre Bettelheim.

Por eso, invirtiendo los esquemas “ortodoxos”, señala: “Nosotros no nos ofendemos si nos incluyen entre los países subdesarrollados. Porque el desarrollo de la conciencia, nuestro desarrollo social y cultural general, se va convirtiendo en un prerrequisito de nuestro desarrollo económico e industrial. En este país, al igual que cualquier otro país en condiciones similares, el desarrollo del pueblo en la política y en la conciencia se vuelve requisito «sine qua non» para ganar la batalla del subdesarrollo económico” (discurso del 12/1/1968).

Frente a la antiutopía capitalista: el socialismo

Así como en la política interna de EE.UU. recrudece el maccartismo, el monopolio absoluto de los medios de comunicación, la vigilancia de las personas, la apertura de la correspondencia privada, las escuchas telefónicas, el control de los emails y de los libros que se retiran de las bibliotecas, y cualquier ciudadano común se convierte en un “sospechoso”; hacia el exterior se fortalece el intervencionismo descarado de los militares yanquis y la OTAN. En nombre de “la globalización” se multiplican guerras por el petróleo, bases militares, campos de concentración y tortura en varios países. Enfrentando esta sombría antiutopía capitalista de nuestros días que haría palidecer el Mundo feliz de Huxley, el Fahrenheit de Bradbury o el 1984 de Orwell; a inicios del siglo XXI Fidel Castro hace entonces un llamado a la lucha mundial contra el neoliberalismo, la guerra y las inclinaciones neofascistas del imperialismo contemporáneo.


1 Este material, facilitado a La Época por el autor, forma parte del libro: Fidel para Principiantes (2006).

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4774

El mundo al borde de la destrucción. Cuba, octubre de 1962

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por: Rider Jesús Mollinedo
Hacia 1956-57 se establece el denominado “equilibrio del terror” cuando las dos grandes potencias se hallan en posesión de los medios necesarios para destruirse mutuamente
Hace 53 años el mundo estuvo más cerca que nunca de una guerra nuclear debido a una crisis originada de la lucha por la supremacía mundial entre el capitalismo estadounidense y el comunismo soviético. El epicentro del conflicto fue América Latina y uno de sus protagonistas fue el valeroso pueblo cubano liderado por el comandante de la revolución cubana, Fidel Castro Ruiz.

La era nuclear

Cuando el 6 de agosto de 1945 explotó la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el mundo cambio para siempre. Por primera vez en la historia humana un arma podía borrar del mapa una ciudad. Su uso criminal posibilitó la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto más sangriento de la historia humana y la emergencia de dos superpotencias: la Unión Soviética(URSS) y los Estados Unidos (EE.UU.).

El objetivo estratégico perseguido por el gobierno estadounidense era el de disuadir a los rusos de utilizar su poderío militar contra EE.UU. en el periodo de posguerra, sin embargo, impulsó la carrera armamentística como nunca antes: la Unión Soviética (URSS) detonó en 1949 su primera bomba atómica; Gran Bretaña en 1953; Francia en 1960; China en 1964; India en 1974.

Hacia 1956-57 se establece el denominado “equilibrio del terror” cuando las dos grandes potencias se hallan en posesión de los medios necesarios para destruirse mutuamente.

El factor Cuba

La Revolución Cubana de 1959 fue un acto de liberación nacional ante la total dependencia económica, cultural y política del país con respecto a EE.UU.

Cuba, en un principio, era un país totalmente ajeno a las tensiones internacionales entre potencias y la política de bloques, pero tras la nacionalización de sus recursos comenzó a sufrir una fuerte hostilidad de parte del gobierno de los EE.UU. (boicot a las exportaciones de azúcar, apoyo a los exiliados políticos contrarrevolucionarios cubanos, invasión territorial en 1961).

Por el contrario, la URSS apreció rápidamente la ventaja que conseguiría al contar con un aliado tan cercano a esa potencia enemiga (Cuba se hallaba a 150 km de EE.UU.) y empezó a ofrecer ayuda económica y militar a los cubanos. El ataque de 1961 no tuvo éxito, pero generó en las autoridades cubanas una sensación de inseguridad que motivó un mayor acercamiento hacia el lado soviético, al que solicitó protección. Fue entonces que el líder soviético Nikita Kruschev hizo una propuesta arriesgada al líder cubano Fidel Castro: la operación Anádir.

En aquellos tiempos, los EE.UU. tenían más de 20.000 cabezas nucleares, 10 veces más que la cantidad de armas nucleares en poder de los soviéticos. Asimismo, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tenía plataformas de lanzamiento de misiles balísticos instaladas en Gran Bretaña, Italia, Inglaterra y Turquía, lo que implicaba una seria amenaza para el mundo, pero ante todo, para el sistema-mundo soviético por lo que el contragolpe fue Anádir, operación secreta destinada a desplegar misiles balísticos, bombarderos y una división de infantería mecanizada en Cuba, para prevenir y defender la isla de un posible ataque estadounidense.

Fidel Castro decía: “Se podía apreciar inmediatamente la importancia estratégica que tenía la presencia de esos misiles en Cuba. Ya en esa época, secretamente también, los norteamericanos habían trasladado cohetes similares a Turquía. Yo pensé, si nosotros esperamos que los soviéticos luchen por nosotros, y corran riesgos por nosotros e incluso vayan a una guerra por nosotros, sería inmoral y seria cobarde de nuestra parte negarnos a aceptar la presencia de aquellos proyectiles.”

La Crisis de los Misiles de Octubre

En julio de 1962, partieron hacia Cuba los primeros barcos soviéticos de un total de 150 que transportaban ocultos en su interior misiles nucleares y más de 40.000 soldados. El 4 de octubre llegaron a la Isla 94 cabezas nucleares, suficientes para devastar las principales ciudades de los EE.UU.

El gobierno estadounidense nunca pensó que la URSS asumiría un riesgo tan grande, mucho menos en las puertas de EE.UU, sin embargo, el 14 de octubre de 1962 las primeras fotografías de sus aviones espías U2 revelaron que los soviéticos estaban construyendo instalaciones de misiles balísticos en Cuba para almacenar proyectiles y que los mismos podían alcanzar los EE.UU. Durante los 14 días siguientes el mundo estuvo más cerca que nunca de una guerra nuclear.

Ya desde 1960, el contraespía soviético Oleg Penkovski (nombre en clave: agente Héroe) comenzó a entregar una enorme cantidad de datos rusos de alto secreto a los estadounidenses. Esa información, que se reveló vital en la crisis de octubre, puso en evidencia la tecnología soviética de misiles aire-tierra SS4 (alcance: 1500 km), la SS5 (alcance: 3500 km), así como la misma instalación de armas nucleares estratégicas en Cuba y el envío de personal militar masivo a la isla.

El 18 de octubre se confirmó que dos instalaciones de misiles SS4 estaban activas. Un primer ataque hubiera destruido todas las bases aéreas, las bases de bombarderos y todas las ciudades importantes de EE.UU.

El 22 de octubre, el presidente estadounidense John F. Kennedy denunció la estrategia soviética por televisión y anunció el bloqueo naval (cuarentena) sobre Cuba para el registro de todo barco que pretendiese ingresar a la Isla. A raíz del bloqueo, la URSS ordenó que sus fuerzas armadas se prepararan para el combate. Los contingentes del Pacto de Varsovia, equivalente comunista a la OTAN, siguieron su ejemplo. La Fuerza Aérea de EE.UU. llegó a cargar bombas atómicas en sus aviones de combate.

En Cuba se anunció una situación de emergencia de combate. Más de 250.000 personas se prepararon para repeler una invasión estadounidense. Fidel Castro pensaba que tras un desembarco e invasión sobre Cuba, el segundo paso norteamericano seria asestarle a la URSS un golpe nuclear. La gente en todo el mundo estuvo atenta a los acontecimientos en el Caribe, Washington y Moscú, al mismo tiempo que se preparaba para un posible holocausto nuclear.

En caso de que se produjera un ataque contra Cuba, Castro en un telegrama a Kruschev, le indicó que la URSS debía contraatacar con un ataque aniquilador a EE.UU. Fidel posteriormente señalaría que: “La guerra parecía inminente, o por lo menos un ataque. Pensé que, sí desgraciadamente se desata esta guerra, nosotros vamos a desaparecer del mapa”.

En la madrugada del 28 de octubre, tras varias llamadas y reuniones entre estadounidenses y soviéticos, Kennedy y su gabinete acordaron el desmantelamiento y retiro de los misiles de Turquía de la OTAN (que ocurrió luego de 6 meses), así como la garantía formal y pública de que EE.UU. no realizaría ni apoyaría una invasión al territorio cubano a cambio de que el gobierno soviético ordenase el desmantelamiento inmediato de sus misiles nucleares en Cuba y su envío de regreso a la URSS. Radio Moscú, a las 9 de la mañana del 28 de octubre, transmitió la noticia en voz del propio Kruschev.

Dispuestos al sacrificio

Hasta el 20 de noviembre se retiraron los barcos soviéticos, bajo estricta vigilancia estadounidense, llevándose los misiles nucleares a su país. Fidel Castro estuvo excluido de las reuniones de negociación a pesar de que los misiles pusieron en peligro de invasión y ataque nuclear a Cuba. Debido a esta “retirada soviética” los cubanos se sintieron indignados y guardaron un recelo bastante notorio con los rusos hasta los 70’.

En un documento escrito de esos días y no publicado hasta después de su muerte, el líder guerrillero Ernesto Che Guevara opinó alabando la actitud del régimen cubano y cuestionando a los gobernantes soviéticos durante la crisis: “Es el ejemplo escalofriante de un pueblo que está dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a sociedades nuevas y que cuando se hace, sin consultarlo, un pacto por el cual se retiran los cohetes atómicos, no suspira de alivio, no da gracias por la tregua; salta a la palestra para dar su voz propia y única, su posición combatiente, propia y única, y más lejos, su decisión de lucha aunque fuera solo”.

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4773

Fidel, artífice de la cultura cubana

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por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez
La política cultural siempre tendió hacia la reafirmación y desarrollo de la identidad nacional que fortalecería la ideología revolucionaria
“Una Revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas”

Fidel Castro Ruz

Cuando se habla de la cultura cubana, sobre todo fuera de la isla, muchos se remiten automáticamente a los nombres de Silvio Rodríguez, Alicia Alonso, la Orquesta Los Van Van o alguna que otra película al estilo de “Fresa y Chocolate”. Son innegables muestras de la cultura revolucionaria, pero el desarrollo de la cultura en la Cuba de Fidel va mucho más allá de nombres puntuales para trascender en acciones que posicionaron a la isla como referente de un crecimiento cultural nunca antes visto en una pequeña y subdesarrollada isla caribeña.

Al tomar el poder, el pueblo cubano se encontraba con un alto nivel de analfabetismo, un 30 por ciento de la población no sabía leer ni escribir y el 60 por ciento eran analfabetos funcionales, sólo el 10% poseía acceso a la cultura y su comprensión.

Fidel, en su proyecto netamente martiano, ya había avizorado la realidad del postulado de José Martí según el cual “ser cultos es la única manera de ser libres”. Por eso, el primer paso para la democratización y masificación de la cultura en Cuba, fue la Campaña de Alfabetización de 1961, que en alrededor de un año enseñó a leer y escribir a más de un millón de personas, posibilitando que el país se convirtiera en el primer territorio libre de analfabetismo en América Latina. Hoy Cuba posee más de 60 universidades que matriculan alrededor de 500 mil estudiantes y acogen alumnos de casi toda Latinoamérica y el mundo.

El Comandante en Jefe de la Revolución vio previsoramente, que el fortalecimiento cultural garantizaría, junto con las medidas económicas y sociales, el futuro del proyecto socialista y por ello impulsó una serie de acciones destinadas a aumentar el nivel cognoscitivo universal en la población cubana. Fruto de esta actitud gubernamental nace el Consejo Nacional de la Cultura, en 1961, el cual se encargaría de la política de desarrollo cultural iniciando el proceso de democratización en ese campo; paulatinamente surgieron el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) que potenció la realización del cine nacional (algunos recuerdan “Memorias del subdesarrollo”, “Las 12 sillas”, etc.); la Casa de las Américas, institución destinada al desarrollo de las relaciones socioculturales con los pueblos hermanos de la región; y la Escuela Nacional de Arte, determinante en la expansión de la enseñanza artística de donde han surgido cientos de valores culturales y artísticos hasta los días presentes.

Los principios que regirían la cultura cubana y su desarrollo quedaron firmemente decididos en la reunión que tuvo Fidel Castro con los artistas y escritores que decidieron quedarse en el país y echar su suerte al lado del pueblo revolucionario, en 1961, decisiones que quedaron plasmadas en el texto denominado “Palabras a los intelectuales”.

En 1989 se produjo un proceso de reorganización en el campo de la cultura, cuando los cimientos socialistas mundiales se resquebrajaron y amenazaron con arrastrar a Cuba detrás de sus fatídicas consecuencias. Surgieron entonces nuevas instituciones como el Instituto Cubano de la Música, el Consejo Nacional del Patrimonio Cultural, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, que reorientarían el trabajo en cada dirección cultural y dotaría de estabilidad y continuidad a la política cultural cubana.

Luego de la caída de la Unión Soviética y el sistema socialista mundial, Cuba se abocó a la llamada “Batalla de Ideas”, convocada por Fidel para no ser absorbidos por el remolino que dejaba atrás el hundimiento del socialismo internacional. En esta etapa se potenció la enseñanza universitaria masiva, que involucró a personas de toda edad y a los medios de comunicación, elevando aún más el nivel cultural de los cubanos.

En resumen, la política cultural cubana, bajo la mirada de Fidel, siempre tendió hacia la reafirmación y desarrollo de la identidad nacional junto a una vocación universal, latinoamericana y caribeña que fortalecería la ideología revolucionaria. Han sido muy importantes en el desarrollo cultural cubano la conservación y difusión del patrimonio cultural, el reconocimiento a la diversidad cultural, fomento y estímulo a la creación artística y literaria y la afirmación del papel de la cultura en el impulso y orientación de los procesos socioeconómicos. Ésas han sido y son las claves de una revolución cultural que ha permitido a Cuba sobrevivir los fuertes embates del imperialismo mundial. Tampoco en eso se equivocó Fidel.

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4775

Pronunciar la palabra “desarrollo” en una lengua originaria

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por: Redacción La Época
Dos meses intensivos en cursos de aymara y lo que sé decir son cosas como: maya, paya, kimsa, los números hasta el cien; los denominativos a la familia; y algunos saludos. Respecto al quechua, algunas caseras en Cochabamba me ayudaron a entender: imay nalla. Mi abuela me decía: kalincha imilla y al ser mamá comprendí el hacer chis.

Más que aprender a decir ¿cuál es tu nombre? ¿Cuántos años tienes? ¿Quiénes son tus papás? También se debe aprender cómo se piensa en esse ejja, en quechua, en guaraní. Adoptar una lengua es adoptar una forma de ver el mundo, de describirlo. Existen innumerables estudios sobre la importancia del lenguaje en la estructuración de las relaciones de poder y dominación, pero también sobre su papel liberador.

Se trata de una pieza en el eje descolonizador del gobierno. A contramano de la ideología homogeneizarte que acompañó al Estado nacionalista post 52 y la educación bilingüe que tenía el objetivo de diluir, en vez de reafirmar, identidades.

Pero, ¿preguntando el nombre en aymara a otra persona estaré descolonizada? ¿Respondiendo a la casera del mercado en quechua marcaré un diferencia en la percepción de identidad? Sí, lo estaremos haciendo, pero claro que no significa únicamente aprender durante dos meses intensivos una lengua que probablemente no se use. Debe ser una política integral, más profunda en dimensiones. Es, después de todo, un inicio.

“Antes de aprender estas lenguas deberíamos aprender inglés o chino mandarín” dice Samuel, demostrando una vez más su total falta de compresión de los tiempos que vivimos. El efecto nacionalizador de una lengua, de muchas lenguas, dentro de nuestro Estado puede ser sólo comparado con el efecto democratizador de la imprenta a finales de la Edad Media.

Las clases deben estar de acuerdo a cada una de las profesiones que alberga nuestro Estado, a cada una de las regiones de nuestro país, además de estar acompañado por la cosmovisión y paradigmas que cada una de éstas encierra. Puede que no todo el mundo tenga el interés de aprender estas lenguas, pero se trata de una política de compromiso al desarrollo integral del país.

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4776

Fidel, recuerdos de infancia

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por: Redacción La Época
Muchos son los escritores que se han referido a la vida de Fidel, sin embargo, a partir de sus recientes memorias es que nos acercamos a su niñez
Contra lo que pudo sostener un amigo de Fidel y de Cuba como el francés Jean-Paul Sartre, en sus memorias, Guerrillero del tiempo, el líder histórico de la revolución principia confesándole a la escritora Katiuska Blanco que es un convencido de que el “hombre es hijo de las circunstancias, de las dificultades, de la lucha”.

El destino los hombres no lo manejan como desean (o pueden) y el adentrarse en la infancia de Fidel es acceder a la raíz de su personalidad, su carácter y rebeldía.

Birán

Fidel Castro Ruz nació a las dos de la madrugada, el viernes 13 de agosto de 1926, en el latifundio que tenía su padre, Ángel, en el caserío de Birán, en la actual provincia cubana de Holguín.

A Blanco le narra uno a uno sus recuerdos de aquel lugar, los que se remontan a 1929 –con sólo dos años– cuando le tocó asistir al velatorio de su tía Antonia, hermana de su madre, Lina, que murió al dar a luz. Cuenta que estaba expectante, que veía velas y no entendía mucho lo que pasaba, que sólo reconocía tristeza en los rostros de sus abuelos y su madre.

Pero Birán era un “mundo” aparte, al que sólo se podía llegar a través de un polvoriento camino real montándose en un caballo o con bueyes.

La casa la construyó su padre completamente de madera, y a la usanza “gallega”. Sostenida sobre pilotes de caguairán de casi dos metros de altura, cuenta que bajo ella dormían los animales y por la madrugada se ordeñaba a la treintena de vacas que tenía la lechería.

Las instalaciones, propiedad de don Ángel, contaban con una panadería, una taberna, talleres de herramientas y arados, y una gallería donde los trabajadores se apostaban los domingos y festivos a pelear gallos.

En la casa nunca contaron con electricidad y sólo lámparas de aceite alumbraban los nocturnos juegos de dominó y naipe. Cuando Fidel tenía 10 o 12 su padre compró el primer radio de la localidad.

Ángel y Lina

Fidel, como gran parte de los líderes de la revolución (Frank País, Abel y Haydée Santamaría, Camilo Cienfuegos, etc.) era hijo de español.

Don Ángel, de origen gallego, había sido un campesino muy pobre del poblado de Láncara, provincia de Lugo, Galicia.

Como muchos jóvenes pobres en su época, al parecer se dejó pagar por un joven rico para “reemplazarle” en los servicios militares que debía realizar en la Guerra contra Cuba (1895-98). De esta manera, arriba a la Isla como soldado español, siendo destacado al frente de guerra en la llamada “trocha” de Júcaro a Morón, línea divisoria fortificada con que los peninsulares intentaban contener los ataques de los independentistas cubanos llamados “mambíses”. Al culminar la guerra y ser desmovilizado y enviado a España, se regresa a probar suerte a Cuba.

Huérfano de madre, trabaja como obrero agrícola en las plantaciones cañeras de la United Fruit Company, a la que pronto le ofrecerá servicios –junto a otros españoles– de maderas para las calderas de los ingenios azucareros y desmonte. Llega a tener bajo su mando a 300 trabajadores.

Fidel recuerda que su padre aprendió a leer y escribir de forma autodidacta y como un hombre “corto de genio, espíritu modesto y trabajador”. No olvidará la generosidad para con los peones agrícolas que quedaban desempleados luego de las cosechas, a los que siempre les tenderá una mano y les empleará en su finca de Birán.

Convertido en agricultor, don Ángel llega a poseer 900 hectáreas de su propiedad y otras 10 mil en arriendo, explotando bosques madereros y cultivos agrícolas.

Lina, segunda esposa de don Ángel (casados cuando Fidel cumple 17 años), aunque era hija de canarios había nacido en Pinar del Río, región occidental de Cuba.

Fidel la retrata con un cariño especial, era la que disciplinaba a los hijos, la que les preparaba los cocimientos para aliviar enfermedades, la cómplice de sus correrías y a que noche a noche los tapaba en sus camas. Alegre y bromista, siempre tendrá un apego especial con cada uno de ellos.

Los nombres de Fidel

En Todo el tiempo de los cedros, paisaje familiar de Fidel Castro, Katiuska Blanco cuenta que el nombre de Fidel se debió a que el eventual padrino de la creatura sería el amigo de don Ángel, Fidel Pino Santos, inmigrante canario y gran comerciante.

A los tres años de edad el niño será inscrito como: Fidel Casiano. Aunque cinco años más tarde, al ser bautizado en Santiago de Cuba se le llamará: Fidel Hipólito. Tanto Casiano como Hipólito corresponden al Santo del día en que nació Fidel, 13 de agosto.

Antes de matricularse en la universidad, en un nuevo registro personal, figura su actual nombre: Fidel Alejandro Castro Ruz.

Alejandro será el nombre/clave que utilizó en los preparativos del asalto al Cuartel Moncada y durante toda la lucha guerrillera en Cuba.

La infancia

En pocas páginas refiere con tanto detalle sus recuerdos de infancia como en el Guerrillero del tiempo.

Las palabras de Fidel logran trasladarnos a esas épocas remotas de su Birán natal, haciéndonos sentir aromas y hasta el calor de la región oriental.

Cuenta como a partir de los 3 años acompañará a sus hermanos mayores, Angelita y Ramón, a la escuela donde aprenderá a leer; en un caserío donde menos del 20% eran alfabetizados.

Asimismo, con particular atención recuerda como cada noche don Ángel tenía el hábito de pelar naranjas para luego depositarlas en el techo y a temprana hora de la mañana recogerlas y comerlas cubiertas de rocío. Tradición gallega, al parecer.

Pero, también Birán fue “escuela política” de un adolescente Fidel que tenía que leerle a los cocineros y otros trabajadores españoles el día a día de la guerra civil que había estallado en su país. Don Ángel tomará parte de los franquistas pero el cocinero Antonio García será un ferviente admirador de los republicanos. Otro que intervendrá en las discusiones será un “asturianito”, único hombre ilustrado del caserío y que dominaba siete idiomas. Trabajador agrícola como la gran mayoría, será encarcelado acusado de comunista.

Otros recuerdos que invaden su memoria son las correrías en su caballo Careto, para fugarse a los pinares.

Pese a ser el hijo del dueño del fundo, el niño y adolescente hace amistad y juega con los hijos del resto de los obreros agrícolas en un ambiente que el recuerda de pobres. Así, rememorará con afecto las escapadas a las grandes casas, que en realidad eran como bodegas con techo de hojas de palma, en las cuales vivían los trabajadores haitianos, con los cuales comía maní tostado.

Tempranamente cursará estudios en Santiago de Cuba, donde dará paso a sus primeras rebeliones. Eso es asunto para otra historia.

Tal como le hizo notar a Blanco, son sus padres, la finca, las amistades con negros y blancos, las jugarretas con los hijos “siempre descalzos” de los trabajadores los que irán conformando su carácter y destino.

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4777

El que debe vivir

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por: Redacción La Época
No deja de ser curioso que el imperio que fue capaz de controlar la política interna de toda Latinoamérica durante los 70’s, no haya podido eliminar a un solo individuo
“Matemos a Fidel”. Es posible que todos los directores de la CIA hayan pronunciado estas apalabras durante los últimos 56 años. Los diversos intentos de magnicidio perpetrados por esta oficina bien pueden ser comparados con las producciones más impresionantes sobre espionaje en Hollywood… o con cualquier episodio del Coyote y el Correcaminos.

En “El Mérito de Estar Vivo” el investigador cubano Luis Báez nos narra los más de 600 frustrados planes para matar al máximo líder de la revolución cubana. No especularemos sobre las consecuencias que puede tener para un proceso histórico el asesinato de figuras políticas relevantes. Franz Ferdinand es una anécdota aún muy cuestionable si se quiere argüir en favor del papel del individuo en la historia.

Solamente queremos reflexionar acerca de la eficacia de los servicios de inteligencia estadounidenses. No deja de ser curioso que el imperio que fue capaz de controlar la política interna de toda Latinoamérica durante los 70’s, asesinando a millones de personas, con un poderío militar jamás visto en la historia de la humanidad, no haya podido eliminar a un solo individuo.

¿Por qué? Una mirada rápida a los 638 complots para matar a Fidel Castro ofrece tres respuestas, que no se excluyen: a) no se pudo matar a Fidel porque todos los encargados de ejecutar el plan no tuvieron las agallas para llegar hasta las últimas consecuencias, b) no se pudo matar a Fidel porque la inteligencia cubana es posiblemente una de las mejores en el mundo o c) no se pudo matar a Fidel porque tiene mucha… mucha suerte.

Y sí, fueron 638 atentados con sus respectivos presupuestos y logística. No hay investigaciones acerca de cuánto dinero pagaron con sus impuestos los ciudadanos estadounidenses para tan fútil empresa. Si la respuesta saliera a la luz seguramente serían los jefes de la CIA los que tendrían sus días contados.

Pero sí existen otros datos. Por ejemplo, Fabián Escalante, ex director de la Inteligencia Cubana, que pudo detectar y evitar la mayor parte de estos atentados, ha contabilizado 634 planes para eliminar físicamente a Fidel. Si enumeramos cada intento con la administración de cada presidente estadounidense, tenemos la siguiente relación (ver tabla):

(Ver tabla en PDF adjunto en: http://www.la-epoca.com.bo/portada/1439294758/digital/#/6/zoomed)

También hubo otros intentos donde la suerte y la conciencia tuvieron mucho que ver con la no realización de estos macabros planes. Una de las anécdotas más contadas ocurrió a mediados de los años 60’s. Marita Lorenz, amante de Fidel en aquellos días, fue reclutada por la CIA para envenenarlo tras un reencuentro luego de casi 4 años de separación. Ella había escondido las cápsulas en su crema de rostro. Cuando Fidel volvió a la habitación las pastillas se habían disuelto y ella perdió la compostura. En medio de sus lágrimas ella admitió que había regresado para asesinarlo, a lo que él respondió, entregándole su arma, “adelante, dispara”. Ella simplemente dijo “no puedo”.

Pero antes y después de Marita los intentos de matar a Fidel fueron maquinados por personajes menos emocionales y atractivos. En un documental de Dollan Cannell titulado “638 ways to kill Fidel Castro” se mencionan a seis de los más persistentes aspirantes a magnicidas que planificaron la muerte del revolucionario:

Enrique Álvarez. Ex compañero universitario de Fidel Castro que intentó acribillarlo cuando éste era apenas un dirigente estudiantil. Décadas después se suicidó luego de enterarse que tenía cáncer.

Antonio Veciana. También ex compañero de universidad de Fidel. Luego de la revolución se autoexilió a Miami, desde donde contrabandeaba armas para grupos contrarrevolucionarios. Planificó cuatro intentos de asesinato contra Castro, siendo el más famoso el de 1971. Cuenta la historia que durante la histórica visita de Fidel a Chile, Veciano reclutó a dos asesinos a sueldo para que camuflaran un arma dentro de una cámara y le dispararán al presidente cubano en medio de una conferencia. Los asesinos llegaron, pero una vez frente a Fidel no se atrevieron a disparar. Veciano, que estaba “de vacaciones” en el lago Titicaca, tiró el teléfono al suelo en un ataque de ira.

Robert Mayhe. Ex agente del FBI. Fue uno de los coordinadores del plan para matar a Fidel que involucraba a Morita Lorenz. También conspiró en otros intentos de asesinato contra Fidel junto con dos de los mafiosos más poderosos de EE.UU.: Sam Giancana y Santos Traficante Jr. Ambos mafiosos se retractaron días antes de ejecutar el plan, que consistía en una arremetida armada contra un convoy que transportaba a Fidel.

Félix Rodríguez. Intentó matar a Fidel en tres ocasiones. No obstante, lo sobresaliente de este personaje es que aunque no pudo matar a al mayor de los Castro, sí tuvo mucho que ver en la muerte de Ernesto Che Guevara. En coordinación con los Marines, la CIA y el ejército boliviano, logró capturar al guerrillero. Fue él quien ordenó su ejecución.

Orlando Bosch. Posiblemente uno de los más siniestros personajes de la historia cubana. Odiado en más países. Fue el principal responsable de la explosión del vuelo 455 de Cubana de Aviación en 1976, que costó la vida 73 civiles. Este psicopático experto en química disparó un lanzamisiles con dirección a Cuba en un arranque de locura mientras juraba que mataría a Fidel. Coordinó tres intentos de asesinato del líder cubano.

Posada Carriles. También involucrado en la explosión del vuelo 455, se lo conoce por ser el principal responsable de otra explosión del Hotel Copacabana, en Cuba, que quitó la vida a un turista italiano que se hospedaba en aquel lugar. Coordinó cuatro atentados contra la vida de Fidel.

Rodolfo Frometa. El más joven de la lista, con no más de 55 años actualmente. Miembro del grupo contrarrevolucionario Comando F-4, una de las decenas de organizaciones que perpetraron miles de actos terroristas contra la el Estado y la población cubana. Admitió personalmente que planificó más de un atentado contra la vida de Fidel, y en su tiempo libre escenifica dicho asesinato con los otros delirantes miembros de su club.

Por cuestiones de espacio no podemos citar al resto de conspiradores y planes para matar a Fidel, que también incluyeron sub planes menos macabros para drogar al líder en público, administrarle una sustancia que le quitaría su mística barba, etc., etc. Lo cierto es que en este cumpleaños, el ex presidente cubano también debe celebrar, como dijo Báez: “El mérito de estar vivo”.

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4778

89 +

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por: Redacción La Época
El 1º de enero de 1959, desde el Ayuntamiento de Santiago de Cuba, Fidel pronuncia el discurso que confirma el triunfo de los rebeldes y la caída de la dictadura batistiana. Una semana más tarde, en Ciudad Libertad, habla por primera vez a los habaneros y advierte: “No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”.

Al estallar las guerras de independencia a fines de siglo XVIII en el Caribe, y tras ver el rumbo que toman las acciones en distintas regiones: abolición de la esclavitud, expropiación del latifundio, etc., la oligarquía cubana rechaza sumarse a la gesta liderada por Bolívar y pacta con los españoles su condición colonial con “algunos beneficios”.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, en el corazón del campo cubano, el plantador Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868, al redoble de una campana, libera a sus esclavos y da inicio a una guerra independentista que dura diez años pero que finalmente fracasa. En 1895 la lucha de liberación es reabierta, esta vez la encabeza José Martí y los veteranos de la contienda anterior, Antonio Maceo y Máximo Gómez.

Luego de treintaicinco años de lucha los patriotas cubanos ven izar su bandera el 20 de mayo de 1902. Sin embargo, la anhelada Patria nace al mundo cercenada. El Ejército de Estados Unidos, que la ocupa desde hace cuatro años, aboga por los intereses de Washington y resguarda una constitución en cuyo articulado se permite la intervención directa a la Isla cuando ellos lo estimen propicio; además, se “autoarriendan” parte del territorio de Guantánamo donde prontamente establecen una Base Naval.

Durante medio siglo la política criolla se debate entre presidentes constitucionales, dictaduras militares pero, en cualquier caso, gobiernos más o menos obedientes a los Estados Unidos. Las respuestas contra esta política entreguista se expresan en sendos levantamientos populares a fines de los 20 e inicios de los 30. En ellos destacan los jóvenes Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras y Raúl Roa. Las acciones fracasan.

En un nuevo intento por vestir a Cuba de dignidad y decoro, un joven Fidel Castro se hace de lo más lúcido de la tradición rebelde nacional, de Martí a Guiteras, y traza una estrategia para la conquista del poder político a través de una revolución social. El 26 de julio de 1953, junto a otros 120 compañeros, asalta el cuartel militar Moncada en Santiago de Cuba para proveerse de armas que le permitan dar inicio a la lucha armada. Falla. Es apresado, amnistiado y exiliado. Cinco años, cinco meses y cinco días después de aquellos sucesos triunfa a Revolución Cubana. Por primera vez en su historia conquista su plena independencia. Pero, como predijo Fidel, en lo adelante todo ha sido difícil.

La Revolución ha debido sortear invasiones territoriales, enfrentamientos entre superpotencias mundiales, aislamientos diplomáticos, boicots económicos, actos terroristas, magnicidios y un inhumano bloqueo económico que no tiene precedentes históricos. Fidel, siempre ha sorteado las dificultades conduciendo el país por buen camino. El 13 de agosto cumple 89 años, dedicamos esta edición al Comandante en Jefe y decimos: ¡89 +!

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4779

Fidel y Bolivia

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por: Carlos Moldiz *
Uno de los pueblos más sufridos, luchadores y trabajadores, sobre todo resistente, es el pueblo de Bolivia
Nuestro primer vínculo con Cuba fue establecido por Ernesto Che Guevara a través de sus viajes por Latinoamérica y sus luchas revolucionarias para unir al Tercer Mundo en contra del imperialismo estadounidense. Este primer paso fue continuado por el máximo Comandante de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, que, como veremos a continuación, siempre ha tenido a Bolivia en su corazón y pensamiento.

En agosto de 1964 Bolivia rompió formalmente relaciones diplomáticas con Cuba, presionada por el gobierno estadunidense entonces administrado por Lyndon B. Johnson. Esto fue parte de la política de aislar a la Revolución Cubana del resto del Continente, iniciada con la Alianza para el Progreso, de la mano de John F. Kennedy.

En enero de 1983, finalizado el periodo de las brutales dictaduras militares en Bolivia, el entonces presidente Hernán Siles Suazo restableció relaciones diplomáticas con la Isla. Diez años después, Fidel Castro visitaría nuestro país durante tres jornadas inolvidables para nuestro pueblo. Las declaraciones ofrecidas en esos días demuestran que aunque el mejor momento de las relaciones diplomáticas entre nuestros países se da a partir de la llegada de Evo Morales a la presidencia, la solidaridad cubana con nuestros problemas y desafíos viene de mucho más atrás.

Cuba y Bolivia

Actualmente sabemos del apoyo cubano principalmente por sus contribuciones a la democratización de la salud y la educación en Bolivia.

Desde 2006 hasta finales de 2014, cerca de 2000 profesionales de la salud cubanos realizaron más de 60 millones de consultas totalmente gratuitas, 132.255 cirugías de diverso tipo y complejidad, más de medio millón de intervenciones oftalmológicas que le devolvieron (o ayudaron a mantener) la vista a bolivianos que de otra forma no hubieran podido costear tales procedimientos. Sin contar la construcción de más de 40 centros hospitalarios en puntos donde el Estado boliviano estuvo ausente desde su nacimiento como República. Pero lo más admirable de este apoyo prestado en el terreno de la salud es que no se interrumpió ni una sola vez, ni siquiera durante septiembre de 2008, en los días más críticos del conflicto entre el gobierno central y la oposición regional.

También hay que añadir los logros alcanzados en el terreno de la educación. En diciembre de 2008 Bolivia se declaró como país libre de analfabetismo. Esto sólo fue posible gracias a los 30 mil televisores de 21 pulgadas, las más de 360 mil cartillas de alfabetización y el material logístico (incluyendo trasformadores de energía y paneles de energía solar) entregado por Cuba junto con el experimentado y exitoso método “Yo Sí Puedo”, que le permitió aprender a leer y escribir a más de millón y medio de bolivianos excluidos por el sistema educativo de su propio país. Amén por los más de 6 mil bolivianos que se forman en la prestigiosa carrera de medicina cubana.

Dos ejes del pensamiento de Fidel para Bolivia

Mucho antes de que el modelo neoliberal entrara en crisis en nuestro país, y mucho antes de que se propusiera la construcción de un Estado Plurinacional acompañado de un proceso de descolonización, Fidel ya habló al respecto cuando nos visitó en 1993. En diferentes charlas señaló los dos ejes de su pensamiento respecto a Bolivia: anticolonialismo y anticapitalismo.

“Los conquistadores, con su experiencia guerrera y tecnología, lograron dominar el continente fragmentándolo en muchas comunidades. Esta historia no puede seguir siendo ignorada. Después, los pueblos encontraron la ocasión de la independencia; pero sabemos lo que fue la independencia, donde prosiguió la esclavitud del africano y del indio (…) ¿Cuál es la causa de nuestra pobreza? ¿Cuál es la causa de que nos hayamos quedado rezagados en el mundo? La explotación colonial, neocolonial y la explotación actual. No quiero entrar en temas teóricos (…) pero sí podemos decir que el capitalismo no resolvió los problemas del mundo. Fue la causa del colonialismo”

“Cuando uno suma todo eso, tiene que admitir que uno de los pueblos más sufridos, luchadores y trabajadores, sobre todo resistente, es el pueblo de Bolivia, que hizo resistencia mucho antes de que comenzara la lucha por la independencia, porque fue para unos pocos y no para las grandes masas del pueblo”.

Conversando con los periodistas acerca de la sociedad de consumo que se despuntaba ya en esos días, aunque no con la intensidad actual, el Comandante dijo:

“Se habló del espíritu de la comunidad de los aimaras y quechuas y de las poblaciones indígenas. Ellos tenían un concepto diferente de la vida al que impusieron los conquistadores. Hace miles de años, el hombre demostró que se podía vivir de manera racional; pero el hombre moderno no puede vivir de manera racional con todos los recursos que tiene. No puede dar atención médica a todos los enfermos, alimento a toda la población ni empleo a todos”

Fidel y la coca, Fidel y el mar

Mucho antes de que lográsemos expulsar a la DEA de nuestro territorio y antes de que el movimiento cocalero encumbrara a uno de sus líderes en la presidencia de Bolivia, Fidel ya condenaba la hipócrita política antinarcóticos en la región.

“Yo pude percibir, desde el primer momento, el dolor y la amargura de la población frente a la política que el imperialismo quiere imponer con relación al consumo de coca, costumbre milenaria de este país (…) los bolivianos no inventaron la cocaína; la inventaron las sociedades de consumo. “

El apoyo de Fidel a la causa marítima boliviana viene de mucho antes de que Evo Morales llegara al Palacio de Gobierno. En 2013, nuestro presidente recibió una carta de apoyo en este tema, pero durante su visita en 1993 también habló al respecto, afirmando que:

“A alguien se le ocurrió cuestionar nuestro apoyo a Bolivia con relación a la salida al mar; ese apoyo es algo que hemos hecho toda la vida, en todos los foros internacionales, por considerar que una de las cosas más injustas y dañinas al desarrollo es que Bolivia no tenga salida al mar. ¡Ojalá pudiéramos regalarle un pedazo de mar! Estoy seguro de que nuestro pueblo no tardaría un segundo en concederlo.”

Fidel y Evo

Alguien cuenta que durante los días de inestabilidad política en septiembre de 2008 muchos ministros del Ejecutivo se mostraban indecisos y temerosos ante la posibilidad de un golpe de Estado o una invasión estadounidense. Durante aquellos días, y en los siguientes desafíos que le quedarían por delante al proceso boliviano, Fidel nunca dejó de alentar a nuestro pueblo y a nuestro Presidente.

La lealtad del líder cubano con la causa boliviana se expresa muy elocuentemente en un párrafo de una de sus reflexiones que solía publicar regularmente y que nos dedicara:

“En ese país, con los oligarcas de Santa Cruz a la vanguardia, cuatro de sus departamentos de los más fuertes económicamente, aspiran a declararse independientes y han proyectado, con el apoyo del Imperio, su programa de consultas populares, en las que los medios masivos han preparado el terreno y la opinión de los votantes con todo tipo de ilusiones y engaños. (…) Para los pueblos y gobiernos de América Latina será una prueba de fuego. Para nuestros médicos y educadores, cualquier cosa que ocurra en el país donde desempeñan su noble y pacífico trabajo, también lo será. Ellos, ante situaciones de peligro, no abandonarán a sus pacientes y alumnos.”

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4760

La epopeya cubana

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por: Claudio Katz *
El estancamiento y las privaciones que siguieron al derrumbe de la URSS se atenuaron, pero obligan a implementar un giro económico
Cuba aportó el mayor ideario de transformación social a varias generaciones de latinoamericanos. Su revolución conmovió a la juventud, convulsionó a las organizaciones políticas y sacudió a la izquierda.

En los años 60 el castrismo rompió todos los dogmas al demostrar que un proceso socialista era posible en el continente. A 90 millas de Miami introdujo generalizadas nacionalizaciones para responder a las conspiraciones del imperialismo. Posteriormente intentó una heroica extensión regional de la revolución.

La decisión cubana de resistir la restauración capitalista luego del colapso de la URSS generó un nuevo asombro. La población de una pequeña isla lindante con el centro imperial afrontó un sofocante aislamiento internacional y realizó inconmensurables esfuerzos para mantener su independencia.

La perdurabilidad de ese proceso fue determinante del cambio que ha registrado el escenario sudamericano. La reinstalación de una colonia estadounidense en Cuba habría obstruido la resurrección de los procesos radicales y limitado las victorias logradas contra el neoliberalismo.

Resulta muy difícil imaginar los avances de Venezuela o Bolivia sin el ejemplo de un país que supo confrontar con el poderío estadounidense. La repetición en la isla de la trayectoria seguida por Rusia o Europa del Este habría sepultado, por un largo período, todas las tradiciones revolucionarias transmitidas al continente.

Pero transcurridas más de dos décadas del desplome del desplome de la URSS y su bloque económico internacional (COMECOM) se han registrado importantes transformaciones en Cuba. Estos cambios contienen enormes posibilidades e incuestionables peligros.

Logros y desafíos

La principal enseñanza reciente de lo ocurrido en Cuba es la enorme capacidad de mejora popular que ofrece un esquema económico-social no capitalista. En medio de la penuria económica, el aislamiento diplomático, las provocaciones militares, las presiones financieras y la agresión mediática se logaron preservar parámetros de esperanza de vida, escolaridad o mortalidad infantil muy superiores al resto de la región.

Esta extraordinaria realización resulta incomprensible para los apologistas del capitalismo. Como no pueden presentar ejemplos equiparables, eluden cualquier mención de esos logros. Cuba demostró de qué forma se puede evitar el hambre, la delincuencia generalizada y la deserción escolar con escasos recursos.

El país afronta actualmente graves dificultades para mantener la gratuidad de los principales servicios, pero esas limitaciones son muy diferentes a las adversidades que predominan en los países semejantes.

Cuba no es Argentina, Brasil o México. Hay que comparar su situación con las economías latinoamericanas situados por debajo de ese escalón de desarrollo económico. Ninguno de esos casos puede exhibir el perfil de una isla sin desempleo, indigencia o pobreza masiva.

En la isla están cubiertas las necesidades básicas de la población. Todas las familias tienen acceso a la alimentación, la educación y la salud. La escasez de abastecimientos o la falta de variedad de los consumos, no incluyen a los bienes indispensables para garantizar esa cobertura.

Cuba cuenta con un excelente nivel de escolaridad. Un reciente estudio del Banco Mundial estima que su sistema educativo mantiene parámetros de formación profesional, en muchos planos semejantes al nivel de Finlandia, Singapur o Canadá (Lamrani, 2014).

También ha logrado un índice de esperanza de vida que supera en cinco años al resto del continente y cuenta con tasas de mortalidad reducidas en todos los grupos etarios. Consiguió el promedio más bajo de malnutrición de América Latina y uno de los porcentajes más elevados de conexión de viviendas a las redes de agua potable (Navarro, 2014).

El país preserva, además, el índice de seguridad alimenticia más elevado de la región y un bajísimo nivel pobreza (4%), en comparación a la media de Latinoamérica (35%) (Vandepitte, 2011). De acuerdo a las estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Cuba es uno de los tres países latinoamericanos que ha logrado ubicarse en el casillero de alto nivel de desarrollo (PNUD, 2014).

Pero la isla afronta un serio problema para sostener esos avances. El estancamiento y las privaciones que siguieron al derrumbe de la URSS se atenuaron, pero obligan a implementar un giro económico. Toda la sociedad reconoce esa impostergable necesidad, puesto que nadie ha podido recuperar el patrón de ingresos vigente en los años 70-80.

El desplome del sostén soviético fue seguido por un agravamiento del bloqueo estadounidense (ley Torricelli en 1992 y acta Helms Burton en 1996). Ese cerco obstruye el comercio y genera costos monumentales. Un barco que toca puerto cubano no puede amarrar en Estados Unidos y al principal mercado del mundo no puede ingresar un producto con componentes cubanos.

La isla ha sufrido periódicas provocaciones que obligan al estado a solventar un gravoso aparato militar defensivo. El gobierno cubano necesita mantener 600.000 hombres en condiciones de acción bélica inmediata y debe financiar una estructura armada totalmente desproporcionada para las dimensiones del país (Isa Conde, 2011).

Además, en los últimos años el país padeció fuertes adversidades comerciales y climáticas. Cayó el precio de las exportaciones (níquel) y subió el costo de las importaciones (alimentos). Hubo huracanes, sequías e inundaciones de gran intensidad, especialmente entre 1998 y 2008. Estos trastornos no provocaron tragedias humanas como habitualmente ocurre en el resto del continente, pero que implicaron costos millonarios. La crisis internacional generó también una reducción de los ingresos del turismo, a pesar del moderado aumento de los visitantes.

La economía es gestionada desde hace varios años con cierto déficit presupuestario y el nivel de actividad es sostenido al filo de la navaja. El equilibrio comercial es tan ajustado como la financiación externa.

Cuba resistió la restauración del capitalismo con el gran sacrificio que implicó el “período especial” de los años 90. El impacto económico del desplome de la URSS fue demoledor. Todo el comercio de la isla estaba asociado con los países del COMECON y las ventas de azúcar a ese bloque solventaban el conjunto de los gastos externos.

El país se quedó sin nada y tuvo que asegurar su defensa y abastecimiento de bienes básicos, en condiciones de encierro y colapso del transporte, la electricidad y el combustible. Muy pocos regímenes políticos han logrado sortear adversidades de esa envergadura.

Un reciente estudio explica la fuerza de esa resistencia por la memoria de las transformaciones sociales logradas en los años 60-70. También resalta el rechazo a convertir nuevamente a la isla en un burdel estadounidense. El trabajo traza una aleccionadora comparación con la devastación de derechos populares padecida por los países del COMECON, que reingresaron al capitalismo durante el mismo período (Morris, 2014).

Pero al cabo de esa experiencia, Cuba no está en condiciones de continuar el camino precedente al socialismo. Salta a la vista la imposibilidad de erigir en forma solitaria una sociedad de abundancia e igualdad, en una pequeña localidad del Caribe. La continuidad de la revolución permitió defender lo conquistado, pero no asegura el desarrollo productivo y el bienestar material que supondría la consolidación del socialismo. Si en la URSS se verificaron dificultades para forjar esa sociedad cortando lazos con el mercado mundial, es obvio que Cuba ni siquiera puede concebir esa posibilidad.

El importante cambio de contexto latinoamericano ha contribuido a revertir el aislamiento del país. Se aligeraron las privaciones y se normalizó el funcionamiento de la economía, especialmente a través de la cooperación con Venezuela. Pero este desahogo sólo ayuda a sostener lo conquistado.

Las reformas en curso

Para lidiar con este complejo escenario, el gobierno ha decidido ampliar la gravitación económica del mercado con el objetivo de favorecer la inversión. Después de muchas discusiones, y vacilaciones han comenzado a aplicarse las resoluciones discutidas desde el 2008 y sintetizadas en los lineamientos del 2011. Se relajan las restricciones vigentes para la pequeña actividad privada, se autoriza la creación de negocios y la contratación de empleados. También se anulará la libreta, habrá una paulatina liberalización de los precios y se buscará eliminar la existencia de dos monedas.

Las medidas incluyen una mayor autonomía en la gestión de las empresas estatales. Cada firma podrá manejar en forma descentralizada su presupuesto, adquirir insumos y vender productos en función de sus propios cálculos (PCC, 2011).

El objetivo inmediato es el ahorro de divisas. A diferencia de la ex URSS o China, Cuba no puede sobrevivir en la autarquía. Necesita dólares para adquirir combustibles e importar alimentos. Por esta razón se ha dispuesto reordenar las cuatro fuentes de ingreso de moneda dura: turismo, níquel, servicios profesionales y remesas.

Para reanimar la agricultura se entregarán tierras ociosas a la pequeña producción privada y a las cooperativas, buscando repetir la expansión que logró China en los años 80. Pero la isla no sólo enfrenta una escasa disponibilidad de tierras fértiles. También carga con un altísimo nivel de urbanización que dificulta los incentivos para trabajar en el sector rural.

El punto más conflictivo de las reformas es la introducción de un status de trabajadores “disponibles”, para todos los afectados por la reorganización de las empresas públicas. La falta de recursos obliga a transparentar la dura realidad de compañías deficitarias, que no pueden ser solventadas por el estado. Por esta razón se elimina el principio de garantía oficial del empleo. Se busca crear un nuevo segmento de ocupados en el sector privado y cooperativo, que absorba los recortes del trabajo estatal (Maiki, 2011).

El gobierno ha pospuesto reiteradamente decisiones que chocan con las aspiraciones de la revolución y con los valores pregonados durante décadas. Pero entiende que no le queda otro remedio. Las reformas pro-mercantiles son vistas como el único camino para superar el crítico estancamiento de la economía.

Estos cambios no implican por sí mismos un retorno al capitalismo. Este sistema presupone propiedad privada de las grandes empresas y bancos, formación de una clase dominante y generalización de la explotación. Las reformas no introducen ninguna de estas características. Amplían la gravitación de la gestión mercantil en el marco precedente. Se otorgan concesiones a la acumulación privada, con límites tendientes a evitar la restauración burguesa.

En los últimos años comenzaron a implementarse estos cambios. Se han dispuesto numerosas autorizaciones para la compra-venta de viviendas o automotores y se han distribuido parcelas cultivables. Aparecieron pequeños negocios (como los “paladares” de comidas) y numerosos emprendimientos comerciales.

Ya existe un clima de mayor actividad privada y se avizoran inversiones en el mejoramiento de las viviendas. La flexibilización introducida en este sector incluye restricciones a la propiedad de extranjeros y a la herencia, para evitar una corriente de compras desde Miami. Los principales convenios con empresas extranjeras están centrados en la renovación del Puerto de Mariel y en la construcción de una zona industrial en esa región.

Un punto crítico es la emigración de trabajadores calificados. Desde la eliminación de las trabas para viajar al exterior se ha registrado una fuerte corriente de salidas. Esta expatriación se verifica especialmente entre los graduados universitarios. Mientras no se genere trabajo para la masa de ingenieros, sociólogos o médicos será difícil frenar ese drenaje de materia gris.

La reorganización general del empleo ya comenzó con los 350.000 empleados que dieron el salto hacia los pequeños negocios. Los trabajadores por cuenta propia conforman una porción mínima (6%) de la fuerza laboral, pero podrían alcanzar un alto número en los próximos años.

El peligro de una gran oleada de corrupción junto a las reformas pro-mercado es una amenaza conocida. Hay más de 300 funcionarios enjuiciados o encarcelados por este motivo. Todos saben cómo esa enfermedad desangró a la ex URSS y afecta a China. Pero el principal desafío es acelerar el ritmo de crecimiento de una economía que no ha logrado expandirse a más del 2 o 3 % anual. Las inversiones son escasas y el financiamiento internacional no llega (Rodríguez, 2014).

Las reformas se desenvuelven hasta ahora en un marco semejante a la NEP ensayada en la URSS en los años 20 y en China en la era pre-Deng. No traspasan los límites compatibles con la continuidad de un proyecto socialista. La experiencia ha demostrado que el salto hacia el capitalismo no se produce por simple extensión del radio mercantil. Aparece cuando predomina el sector de la burocracia que favorece la reconversión de las elites en clases dominantes.

Lo ocurrido en la URSS demuestra que esa decisión política es el factor determinante del retorno al capitalismo. Las divisas para repetir este proceso de restauración no se encuentran en Cuba en manos de los funcionarios, sino entre los receptores de dólares. Pero los dirigentes definen cómo se utilizan esos recursos.

Referencias

• Alonso, Aurelio, (2013), “Cuba: mentalidades en confrontación ante el desafío del cambio”, Academia de Ciencias, La Habana, 13-7.

• Borón, Atilio, (2014), “Padura en Buenos Aires”, Rebelión, 6/05.

• Burbach, Roger, (2013), “Cuba: Una primavera cubana, Punto Final, n 775, enero.

• Campos, Pedro, (2011), “Una batalla estratégica en el seno de la Revolución, por el futuro del socialismo”, enlacesocialista.org.mx, 06/03.

• Cobas Avivar, Roberto, (2010), “La patria es ara, no pedestal”, kaosenlared.net, 28/9.

• Dacal Díaz, Ariel, (2013), “Apuntes para preguntarle al contexto”, 1er Encuentro de Psicología Social y Comunitaria, La Habana 4-6.

• Fernández Blanco, Roberto, (2011), “Consideraciones acerca del carácter burgués del Proyecto de lineamientos”, http://www.penultimosdias.com, 10/2.

• Guanche, Julio Cesar, (2011), “Cuba: Los distintos grupos sociales se enfrentan a los cambios en condiciones desiguales”, http://www.Kaosenlared, 14/6.

• Isa Conde, Narciso, “Transición del socialismo de estado al nuevo socialismo: el caso cubano”, old.kaosenlared.net, 6-4.

• Katz, Claudio, (2006), El porvenir del socialismo, Edición venezolana: Monte Ávila, Caracas.

• Lamrani, Salim, (2014), “Banco Mundial diz que Cuba tem o melhor sistema educativo”, http://www.brasildefato, 4/9.

• Maiki, Jorge, (2011), “Los retos de Cuba hoy”, postaportenia.blogspot.com /25/02.

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* Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: http://www.lahaine.org/katz – Este material, facilitado a La Época por el autor, forma parte de un trabajo mayor que lleva por título: La epopeya cubana (2014).

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4762