La relación entre la Iglesia Católica y el Gobierno

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por: Miguel F. Jiménez Canido *
El mensaje de paz por la llegada del Papa Francisco ha encontrado confluencia con el discurso social de Bolivia
La Iglesia Católica es la expresión institucional de la religión que profesa y con la cual se identifica la mayor parte de la población boliviana (78% aproximadamente). La estadística se inserta en una realidad latinoamericana que muestra al catolicismo específicamente como una religión mucho más dominante que otras según los datos de un último Informe del Latinobarómetro [1]. A este país, constitucionalmente laico, llega Francisco.

En Bolivia, la gran pregunta es si se trata solamente de una visita pastoral o si asistiremos a una visita protocolar con trascendencia política más que espiritual. Con argumentos a favor o en contra de la visita de Francisco a nuestro país, nadie puede desconocer la repercusión de su llegada. A continuación unos breves aportes contextuales respecto al estado de situación de las relaciones entre el gobierno nacional y la Iglesia Católica boliviana.

La Iglesia Católica y Bolivia

En Bolivia, la Iglesia Católica está representada por la Conferencia Episcopal Boliviana y tiene vigente con el Estado boliviano un Convenio Marco de cooperación interinstitucional en el cual se expresan con claridad los compromisos que asumen ambas partes en la búsqueda del VIVIR BIEN, en el marco de la doctrina social de la Iglesia.

En dicho Convenio básicamente se expresa la independencia entre el Estado y la Iglesia Católica, pero reconociendo la labor social que realiza esta última en las áreas de educación, salud y servicio social. A partir de esto se intenta impulsar una cooperación y complementariedad en beneficio de los más excluidos.

Por su parte, el proceso constituyente boliviano del que derivó nuestro texto constitucional aprobado en referéndum nacional y con una legitimidad irrefutables, el marco general de la refundación estatal, desde donde emergen los nuevos principios del Estado Plurinacional incidiendo de manera decisiva en la relación Estado e Iglesia. Puesto que a diferencia de la Constitución anterior, en la actual, la religión católica pierde su carácter de oficial.

Evidentemente esta normativa ahora consolidada tuvo –en todo su proceso de emisión de propuestas, debates y negociaciones– expectante a la Iglesia Católica en Bolivia, que en el marco interno de nuestra sociedad fue generando rupturas con el gobierno nacional en base al debate de ciertos temas sensibles que dividieron las opiniones y sirvieron a ciertos grupos o sectores de ambos actores para exacerbar ánimos y polarizar. Los púlpitos de cada domingo, los programas de televisión y las calles fueron los escenarios elegidos para “políticamente” fijar posturas, para encender debates más que para propiciarlos de cara a un entendimiento.

Los temas que ocasionaron el quiebre interno en la relación Estado/gobierno – Iglesia fueron: la enseñanza de la materia de religión, el debate en torno a la legalización del aborto, las uniones libres, el régimen autonómico, la gestión del conflicto en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) y el complejo tema que enfrenta el gobierno boliviano referido a la lucha contra el narcotráfico.

Al respecto, la Iglesia recurrentemente ha manifestado su preocupación en lo que considera que esta actividad ilícita crece fuertemente en Bolivia. De manera oficial sostiene que los hechos de violencia que se registran en ciertas regiones del país son un indicio de la presencia de carteles de la droga. Esta crítica al gobierno le ha valido a la Iglesia Católica recibir de los aludidos la denominación de partido político opositor.

En esencia, se ha instaurado una controversia en torno al rol político que desempeña la Iglesia, un debate que viene desde las posturas del Cardenal Julio Terrazas en el marco de la campaña por el régimen de autonomía departamental, pasando por la gestión del conflicto del TIPNIS, donde se advierte un debate poco productivo para la sociedad y para la feligresía en general.

Esta realidad representa una aproximación del Estado a otras religiones, confesiones y a las espiritualidades y cosmovisiones de los pueblos indígenas intentando desmontar una suerte de monopolio establecido por la Iglesia Católica a lo largo del tiempo que el gobierno pretende eliminar a través del pluralismo religioso.

Política Exterior Boliviana en su relación con la Iglesia

La política exterior boliviana, desde que asumió el gobierno el Presidente Evo Morales, ha sufrido modificaciones de fondo muy significativas. En la actualidad, el relacionamiento de Bolivia con el mundo está determinado por los intereses de su pueblo y por lograr la plena armonía entre el ser humano y la naturaleza.

En el ámbito de la religión, el VIVIR BIEN entiende que existe un continuo entre la biósfera y las sociedades basadas en la complementariedad de opuestos. Además contradice al concepto del futuro lineal sin énfasis en el pasado, por el contrario afirma la integración del pasado y futuro en el presente, en el que los individuos aprenden de la práctica a través de la experiencia, la observación de la naturaleza y la oralidad [2].

En el marco de las relaciones bilaterales del Estado Plurinacional y la Santa Sede, el Presidente Morales fue recibido por el Papa Benedicto XVI en mayo de 2010, una vez superado el periodo de tensiones con sectores de la Iglesia boliviana vividos durante la realización de la Asamblea Constituyente. En el encuentro ambos líderes conversaron sobre la necesidad de impregnar de una mayor sensibilidad social el trabajo a favor de la defensa del medio ambiente. Asimismo, Evo Morales entregó una carta en la cual le manifestó a la curia romana que es imprescindible democratizar y humanizar la estructura clerical y pidió que las mujeres puedan ejercer el sacerdocio en igualdad de condiciones que los varones.

¿Una nueva era en las relaciones?

En Marzo de 2013 el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, se convirtió en el primer Papa latinoamericano y en el primer jesuita en subir al “trono” de Pedro. Bergoglio decidió la denominación de Francisco en referencia al santo de los pobres, a San Francisco de Asís, y más allá de ese primer hecho simbólico viene demostrando al paso del tiempo y en muchas de sus declaraciones y acciones carisma, claridad en sus menajes y sencillez.

A más de dos años de su pontificado, la popularidad de Francisco parece haber renovado parcialmente a una desacreditada curia romana, que es quien administra la Santa Sede, y que ha estado marcada por denuncias de corrupción en las finanzas del Vaticano, sobre todo del Instituto para las Obras de Religión (IOR), la pederastia, la difusión de secretos del Vaticano por parte de un mayordomo conocido como el escándalo de las escuchas o “Vatileaks”, así como también batallas en los frentes teológicos dogmáticos donde la comunidad de files y seguidores del catolicismo esperan con expectativa cambios en la conservadora, y a veces para muchos retrógrada, postura de la Iglesia en temas como el matrimonio homosexual; los métodos anticonceptivos como herramienta de combatir los embarazos no deseados y la mortalidad materna; la ordenación de las mujeres dentro de la Iglesia; la situación del divorcio y la eutanasia, entre los más importantes.

El nuevo mensaje de paz, hermandad y solidaridad con justicia social del Papa Francisco ha encontrado confluencia con el discurso social de Bolivia y su gobierno. Incluso comparten la dura crítica hecha al sistema capitalista y a la sociedad de consumo imperante en nuestra época.

La justicia social, la adopción de normas a favor de los más desfavorecidos, el respeto a la diversidad cultural –que son ejes en la política interna y luego exterior de Bolivia–, se traducen en el discurso de Francisco en la exigencia de éste a sus sacerdotes y obispos a tener “olor a ovejas”, es decir a trabajar y a ponerse en el mismo plano de los feligreses. Ha llamado a cambiar el trato y a no juzgar a homosexuales, divorciados y a mujeres que se realizaron abortos y también ha llamado a los jóvenes a tener un rol más protagónico en la Iglesia. Parece ser que a Evo Morales le gusta el modo de ser del papa Francisco.

Como muestra de esta sintonía, en septiembre de 2013 el Presidente Evo visitó el Vaticano y en audiencia con el Papa conversaron sobre la situación socioeconómica y religiosa de Bolivia, de luchar contra la pobreza y la desigualdad social. Acordaron la necesidad de tener buenas relaciones entre la comunidad eclesial y el Estado respecto a temas de interés común y de servicio a la nación, se reconoció la contribución de la Iglesia en los ámbitos de educación, sanidad, apoyo a familias y asistencia de niños y ancianos.

Tras el encuentro algo quedó claro, la reunión entre el Presidente Morales y el Sumo Pontífice abre una posibilidad de que el acercamiento pueda extenderse a la relación entre el gobierno y la jerarquía eclesiástica criolla. Pero sin dudas lo complicado es que la Iglesia retome los espacios de poder que perdió con la declaratoria de Estado laico en la Constitución. Espacios que en el pasado reciente le permitieron constituirse en actor político de primer orden, generando diálogos, conciliación y hasta corriente de opinión respecto a temas de agenda nacional e internacional.

Existen coincidencias temáticas de agenda entre el gobierno y la Iglesia Católica. A nivel internacional muchos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio son prioridades no solamente para los Estados miembros de Naciones Unidas sino también para el Vaticano que ve con preocupación la pobreza extrema y el hambre, la situación de niños y madres que mueren por falta de atención y cuidados médicos oportunos, la lucha contra la contaminación del medio ambiente, el cambio climático y el calentamiento global.

A modo de conclusión

Existe un distanciamiento evidente entre la Conferencia Episcopal Boliviana y el Gobierno. Estas rupturas que generan el distanciamiento son de índole programática para el gobierno y dogmáticas para la Iglesia, por lo que no se avizora un acercamiento real en el corto plazo. Por un lado el gobierno e encuentra intentando simbólica y operativamente desmontar estructuras y patrones históricos de poder, de dominación y explotación, donde considera que la Iglesia Católica representa en algo esa herencia colonial y de colonialidad.

Por su parte, la Iglesia en Bolivia, en franca concordancia con su dogmatismo y doctrina pese a la llegada de Francisco, sigue sosteniendo un discurso conservador y hasta a veces retrógrado sobre ciertos temas. En sus máximos representantes locales no ha calado el discurso reformista del pontífice, por el contrario, se advierten alegatos polarizadores y de no reconocimiento a una inminente crisis de la institución.

En esencia, el mayor desafío teológico que lanza el Estado boliviano a la Iglesia es el posicionamiento de la noción de Madre Tierra que cuestiona y relativiza el modelo patriarcal y androcrático del cristianismo.

Se debe incorporar la lógica de lo contradictorio (Jesús es Dios y Hombre al mismo tiempo) y dejar la lógica aristotélica de no contradicción para la vida de la Iglesia. En este punto se puede ahora desarrollar una teología científica, pues la nueva ciencia basada en la física cuántica, se basa en la lógica de lo contradictorio. Además se debe diseñar una teología intercultural, donde lo patriarcal y lo matriarcal encuentren una complementariedad y reconocer la simbiosis que los pueblos indígenas han realizado con el pensamiento monoteísta, trabajo que la Iglesia debería reconocer.

Finalmente, se puede apreciar que el buen relacionamiento del Presidente Evo Morales y del papa Francisco, en dos encuentros previos, abrió la posibilidad de consolidar su llegada a nuestro país. La visita de Francisco a tres ciudades bolivianas entre el 8 y 10 de julio ha viabilizado la coordinación logística entre el gobierno y la Iglesia, ha impregnado de fe a los católicos y, pese a voces críticas contra el gobierno por esta visita, se debe comprender que el Sumo Pontífice es un actor internacional de relevancia.

Por lo pronto, gobierno e Iglesia deben trabajar de manera esforzada con el propósito de generar sinergias que posibiliten desarrollar estrategias concertadas y complementariasen materia de educación, salud y servicio social en el marco de la misión de la Iglesia Católica en Bolivia y del Estado Plurinacional, para así eliminar las deudas sociales y exclusión y favorecer el desarrollo integral del ser humano, del pueblo boliviano y de cada persona en particular [3].


* Lic. en Relaciones Internacionales, funcionario de Despacho del Ministerio de Autonomías.

1 Banco de Datos en Línea; Corporación LATINOBAROMETRO; Abril de 2014; Santiago, Chile.

2 PACHECO Diego; “Vivir bien en armonía y equilibrio con la madre tierra”; Universidad de la Cordillera; 2013; 157 pp.

3 Convenio marco de cooperación interinstitucional entre la Iglesia Católica en Bolivia y el gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia; Artículo IV.

Tomado de: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4671

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