Jorge Mario Bergoglio y Luis Espinal, dos jesuitas diametralmente opuestos.

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Luis Espinal, sostenía que es un ideal muy rastrero el esperar a morir de senectud y vejez, que era mejor morir por algo. Y así fue, fue asesinado el 22 de marzo de 1980 por paramilitares del fascismo tras haber sido sometido a torturas. Lucho fue asesinado porque le resultaba demasiado incómodo al poder tener un incansable luchador y vocero de los pobres y los marginados, como era él.

En cambio Jorge Bergoglio, sumiso, en ese entonces jamás se declaró abiertamente defensor de los derechos humanos. Ojalá sólo hubiera pecado de omisión, pero no.

Bergoglio era el superior de los jesuitas en Argentina y retiró, en mayo de 1976, la licencia religiosa a los curas Francisco Jalics y Orlandio Yorio, dos jesuitas subordinados suyos, que habían adoptado una posición activista en la defensa de los derechos de los pobres. Ambos sacerdotes fueron secuestrados por un grupo de la ESMA poco después de perder la protección por orden de Bergoglio, y se les envió a la Escuela Militar donde fueron torturados. Bergoglio los había delatado.

El nuevo jefe de la Iglesia católica también fue a llamado a declarar como testigo, por petición de la Fiscalía y las Abuelas de Plaza de Mayo, en el juicio por el plan sistemático de robo de bebés, pero esa es otro pasaje de su historia de complicidad con la dictadura de Videla.

A Bergoglio no le importó desamparar a dos jesuitas que luchaban activamente contra la injusticia y por amor a los pobres. Uno de ellos pudo haber sido Luis Espinal.

El actual Papa es cómplice de un régimen que pisoteó los derechos humanos. Luis Espinal es martir de ese régimen de horror, contra el que luchó hasta la muerte.

Hoy, Bergoglio, Papa por mérito de su buena conducta ante el opresor, va a rendirle homenajes a quién sí gastó la vida por los demás.

Estoy segura de que en tiempos pasados de lucha contra las dictaduras que acosaban a América Latina, Bergoglio no le habría tendido la mano a Espinal, todo lo contrario, lo habría mandado a perseguir o por lo menos, le habría dado la espalda.

La lucha de Lucho Espinal no fue ni será nunca la de Jorge Bergoglio.

Tomado de: https://www.facebook.com/groups/LaPublicaBo/

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